Devocional mesiánico
Jukat–Balak
חֻקַּת־בָּלָק
Shabat · 17 de julio de 2027
Torá: Números 19:1–25:9 · Haftará: Miqueas 5:7–6:8 · Brit Hadashah: Juan 3:1-21; Hebreos 9:11-28; Romanos 11:25-32; 2 Pedro 2:15-16
Escucha la porción
Aliá 1
✦ La porción esta semana
Resumen de la porción
Jukat abre con la ordenanza de la vaca bermeja y su ceniza para purificar la impureza del contacto con la muerte. Israel llega a Cades, muere Miriam, falta el agua, y Moisés golpea la peña en lugar de hablarle, perdiendo la entrada a la tierra. Aarón muere en el monte Hor; el pueblo, mordido por serpientes tras quejarse, es sanado al mirar la serpiente de bronce alzada sobre una vara. Balak, rey de Moab, contrata a Balaam para maldecir a Israel, pero cada intento se convierte en bendición, culminando en la profecía de la estrella de Jacob.
El hilo de la parashá
Jukat–Balak es la porción de la muerte confrontada y de la palabra que no puede torcerse. La jukat (ordenanza) de la vaca bermeja trata la contaminación por la muerte —el enemigo final que ninguna ley humana puede resolver, solo un rito misterioso, «más allá de la razón», que Dios mismo prescribe. Ese tema no se queda en el capítulo 19: reaparece cuando Miriam muere, cuando Aarón muere, cuando el pueblo mismo enfrenta la muerte por las serpientes. La muerte recorre toda la parashá como sombra constante, y la respuesta de Dios es siempre la misma estructura: algo debe ser levantado, rociado, mirado, para que la vida continúe.
Luego el relato gira hacia Balaam, y el tema muta pero no cambia: así como la muerte no puede ser negociada por ritual humano, la bendición de Israel no puede ser revertida por maldición humana. «El dijo, ¿y no hará? habló, ¿y no lo ejecutará?» (Números 23:19). Balak paga, insiste, cambia de altar tres veces —y la palabra de Dios permanece inamovible hasta pronunciar «saldrá ESTRELLA de Jacob» (Números 24:17). La parashá entera es un testimonio de que ni la muerte ni el enemigo pueden alterar lo que Dios ha decretado sobre su pueblo.
La haftará
Miqueas retoma explícitamente el episodio: «acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Balaam» (Miqueas 6:5). El profeta usa ese recuerdo para plantear el verdadero pleito de Dios con Israel: no falta de ritual, sino falta de justicia y misericordia. La pregunta retórica —«¿daré mi primogénito por mi rebelión?» (Miqueas 6:7)— resuena con la vaca bermeja y sus cenizas: ningún sacrificio mecánico basta si no hay «hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios» (Miqueas 6:8). La haftará convierte el rito de Números 19 y la providencia de Números 22-24 en una sola lección: Dios provee el remedio, pero exige el corazón.
El Mesías en la porción
Yeshúa mismo señala la serpiente de bronce como figura de sí: «como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado» (Juan 3:14). El que mordido por la serpiente miraba y vivía sin mérito propio, solo por mirar, anticipa a quien cree y «no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:15). No es la mirada la que sana, sino aquello —Aquel— a quien se mira.
La vaca bermeja encuentra su cumplimiento en Hebreos: «la ceniza de la becerra, rociada á los inmundos, santifica para la purificación de la carne. ¿Cuánto más la sangre de Cristo... limpiará vuestras conciencias?» (Hebreos 9:13-14). Lo que la ceniza hacía por fuera, temporalmente, hasta la tarde, la sangre del Mesías lo hace por dentro, «una sola vez» (Hebreos 9:12), sin necesidad de repetición. Y la palabra irrevocable de Balaam sobre Israel —bendito el que Dios bendice— halla su eco final en Romanos: «todo Israel será salvo... porque sin arrepentimiento son las mercedes y la vocación de Dios» (Romanos 11:26,29).
Para la semana
Frente a la impureza que no puedes resolver por tus propios medios —duelo, culpa, fracaso— no fabriques tu propio remedio como Moisés golpeando la peña; mira a lo que Dios ha levantado. Esta semana, cuando la queja o el desánimo aparezcan, elige la disciplina simple de Miqueas 6:8: hacer juicio, amar misericordia, caminar humildemente, antes que buscar rituales o palabras que te alivien sin transformarte.
Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.
✦ Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo
Aliá 1 · Números 19:1–20:6
19:1 Yehová les habló a Moisés y a Aarón, diciendo: 19:2 “Esta es una exigencia de la ley que Yehová ha ordenado. Diles a los hijos de Israel que te traigan una vaca roja y sin defectos, que no tenga manchas y a la que nunca se le haya puesto un yugo. 19:3 Se la entregarán al sacerdote Eleazar, y él la sacará fuera del campamento y ordenará que la maten en su presencia. 19:4 Luego, el sacerdote Eleazar tomará con el dedo un poco de la sangre y la rociará siete veces hacia la parte delantera de la Tienda del Encuentro. 19:5 Después mandará quemar la vaca a la vista de todos; se quemará su piel, su carne, su sangre y hasta su estiércol. 19:6 El sacerdote tomará un pedazo de madera de cedro, una rama de hisopo y un hilo rojo, y los arrojará al fuego donde se quema la vaca. 19:7 Luego el sacerdote lavará su ropa y se bañará con agua, y después podrá entrar al campamento, aunque quedará impuro hasta el anochecer. 19:8 El hombre que quemó la vaca también lavará su ropa y se bañará con agua, y quedará impuro hasta el anochecer. 19:9 “Un hombre que esté puro recogerá las cenizas de la vaca y las pondrá en un lugar limpio fuera del campamento. Allí se guardarán para que la comunidad de los hijos de Israel las use en el agua de purificación. Esta es una ofrenda por el pecado. 19:10 El hombre que recoja las cenizas lavará su ropa y quedará impuro hasta el anochecer. Esta será una regla permanente para los hijos de Israel y para los extranjeros que vivan entre ellos. 19:11 “Cualquiera que toque el cadáver de una persona quedará impuro durante siete días. 19:12 Deberá purificarse con esa agua el tercer y el séptimo día, y entonces quedará limpio. Pero si no se purifica el tercer día, tampoco quedará limpio el séptimo día. 19:13 Cualquiera que toque a un muerto y no se purifique, contamina el tabernáculo de Yehová, y esa persona será eliminada de Israel. Como no se le roció el agua de purificación, sigue estando impuro. Su impureza permanece en él. 19:14 “Esta es la regla para cuando alguien muera dentro de una tienda: cualquiera que entre en la tienda y todo el que ya esté adentro quedará impuro durante siete días. 19:15 Y toda vasija que esté destapada, sin una tapa bien ajustada, quedará impura. 19:16 “Si alguien en el campo toca el cuerpo de un hombre muerto a espada, o un cadáver, o un hueso humano, o una tumba, quedará impuro por siete días. 19:17 “Para purificar a la persona impura, pondrán en una vasija un poco de la ceniza de la vaca quemada como ofrenda por el pecado, y le echarán agua fresca de manantial. 19:18 Luego, una persona pura tomará una rama de hisopo, la mojará en el agua y rociará la tienda, todos los utensilios y a las personas que estaban allí. También rociará al que haya tocado el hueso humano, al asesinado, al muerto o a la tumba. 19:19 La persona pura rociará a la impura el tercer y el séptimo día. El séptimo día terminará de purificarla; entonces la persona impura lavará su ropa, se bañará con agua, y quedará limpia al anochecer. 19:20 Pero si una persona impura no se purifica, será expulsada de la asamblea, porque ha profanado el santuario de Yehová. Como no se le roció el agua de purificación, sigue estando impura. 19:21 Esta será una regla permanente para todos. El que rocíe el agua de purificación también deberá lavar su ropa, y cualquiera que toque el agua de purificación quedará impuro hasta el anochecer. 19:22 “Cualquier cosa que toque la persona impura quedará impura, y todo el que toque esa cosa también quedará impuro hasta el anochecer”. 20:1 En el mes primero, toda la comunidad de los hijos de Israel llegó al desierto de Zin, y el pueblo se estableció en Cades. Allí murió Miriam y allí mismo fue enterrada. 20:2 Como no había agua para la comunidad, el pueblo se amotinó contra Moisés y Aarón. 20:3 Se pusieron a pelear con Moisés, diciéndole: “¡Ojalá hubiéramos muerto cuando nuestros hermanos cayeron muertos delante de Yehová! 20:4 ¿Por qué han traído a la asamblea de Yehová a este desierto? ¿Para que muramos aquí junto con nuestro ganado? 20:5 ¿Por qué nos sacaron de Egipto para traernos a este lugar tan horrible? Aquí no hay dónde sembrar, no hay higueras, ni viñedos, ni granados; ¡y ni siquiera hay agua para beber!”. 20:6 Moisés y Aarón se alejaron de la asamblea, fueron a la entrada de la Tienda del Encuentro y se postraron rostro en tierra. Entonces la gloria de Yehová se les apareció.
Aliá 2 · Números 20:7-21
20:7 Y Yehová le dijo a Moisés: 20:8 “Toma la vara y, junto con tu hermano Aarón, reúnan a la comunidad. Háblenle a la roca a la vista de todos, y ella dará su agua. Así sacarán agua de la roca para darle de beber a la comunidad y a su ganado”. 20:9 Moisés tomó la vara que estaba delante de Yehová, tal como él se lo había ordenado. 20:10 Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés les dijo: “¡Escuchen, rebeldes! ¿Acaso tendremos que sacarles agua de esta roca?”. 20:11 Enseguida Moisés levantó la mano, golpeó la roca dos veces con su vara, y brotó agua en abundancia. Así pudieron beber la comunidad y su ganado. 20:12 Pero Yehová les dijo a Moisés y a Aarón: “Por cuanto no confiaron en mí para honrar mi santidad ante los hijos de Israel, no serán ustedes los que lleven a esta asamblea a la tierra que les he dado”. 20:13 Estas son las aguas de Meribá, donde los hijos de Israel se rebelaron contra Yehová, y donde él demostró su santidad. 20:14 Desde Cades, Moisés le envió mensajeros al rey de Edom con el siguiente mensaje: “Así dice tu hermano Israel: Tú sabes muy bien todas las dificultades por las que hemos pasado; 20:15 cómo nuestros antepasados se fueron a Egipto, y cómo vivimos allí durante muchos años. Los egipcios nos maltrataron tanto a nosotros como a nuestros antepasados. 20:16 Pero clamamos a Yehová, y él escuchó nuestra voz, envió un ángel y nos sacó de Egipto. Ahora estamos en Cades, una ciudad que está en la frontera de tu territorio. 20:17 “Te pedimos que nos dejes pasar por tu país. Prometemos no pasar por los campos sembrados ni por los viñedos, y tampoco beberemos agua de tus pozos. Iremos por el Camino del Rey, sin desviarnos ni a la derecha ni a la izquierda, hasta salir de tu territorio”. 20:18 Pero el rey de Edom le respondió: “No pasarán por mi territorio. Si lo intentan, saldré a atacarlos con la espada”. 20:19 Los hijos de Israel le insistieron: “Iremos por el camino principal, y si nosotros o nuestro ganado llegamos a beber de tu agua, te la pagaremos. Solo queremos pasar a pie, nada más”. 20:20 Pero el rey volvió a decir: “¡No pasarán!”. Y salió el rey de Edom a enfrentarlos con un ejército grande y fuertemente armado. 20:21 Como Edom se negó a dejarlos pasar por su territorio, los israelitas tuvieron que desviarse del camino.
Aliá 3 · Números 20:22–21:20
20:22 Toda la comunidad de los hijos de Israel partió de Cades y llegó al monte Hor. 20:23 Allí, en el monte Hor, cerca de la frontera de Edom, Yehová les dijo a Moisés y a Aarón: 20:24 “Ha llegado la hora de que Aarón se reúna con sus antepasados. Él no entrará en la tierra que les he dado a los hijos de Israel, porque ustedes desobedecieron mis órdenes en las aguas de Meribá. 20:25 Toma a Aarón y a su hijo Eleazar, y llévalos a la cumbre del monte Hor. 20:26 Quítale a Aarón su ropa sacerdotal y pónsela a su hijo Eleazar. Aarón morirá allí y se reunirá con sus antepasados”. 20:27 Moisés hizo tal como Yehová le ordenó. Subieron al monte Hor a la vista de toda la comunidad. 20:28 Moisés le quitó a Aarón su ropa sacerdotal y se la puso a Eleazar. Allí mismo, en la cumbre de la montaña, murió Aarón. Después, Moisés y Eleazar bajaron del monte. 20:29 Y cuando toda la comunidad se enteró de que Aarón había muerto, todo el pueblo de Israel hizo duelo por él durante treinta días. 21:1 El cananeo, rey de Arad, que vivía en la zona del Néguev, se enteró de que Israel venía por el camino de Atarim. Atacó a Israel y tomó a algunos de ellos como prisioneros. 21:2 Entonces Israel le hizo una promesa a Yehová, diciendo: “Si de verdad entregas a este pueblo en nuestras manos, destruiremos sus ciudades por completo”. 21:3 Yehová escuchó la petición de Israel y les entregó a los cananeos; y los israelitas los destruyeron por completo a ellos y a sus ciudades. Por eso, ese lugar fue llamado Horma. 21:4 Partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para rodear el territorio de Edom. Pero la gente se impacientó mucho por el cansancio del viaje, 21:5 y comenzaron a hablar contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos sacaron de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡No hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!”. 21:6 Entonces Yehová envió serpientes venenosas entre el pueblo; estas mordieron a la gente, y muchos israelitas murieron. 21:7 El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado al hablar contra Yehová y contra ti. Ruégale a Yehová que aleje a las serpientes de nosotros”. Y Moisés oró por el pueblo. 21:8 Yehová le dijo a Moisés: “Haz la figura de una serpiente venenosa y ponla sobre un poste. Todo el que sea mordido y la mire, vivirá”. 21:9 Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre el poste. Y sucedía que, si una serpiente mordía a alguien, esa persona miraba a la serpiente de bronce y se salvaba. 21:10 Luego los hijos de Israel partieron y acamparon en Obot. 21:11 Salieron de Obot y acamparon en Ije-abarim, en el desierto que está frente a Moab, hacia el este. 21:12 De allí avanzaron y acamparon en el valle de Zered. 21:13 Salieron de allí y acamparon al otro lado del río Arnón, que está en el desierto y se extiende desde la frontera de los amorreos. El Arnón es la frontera de Moab, y separa a los moabitas de los amorreos. 21:14 Por eso se dice en el Libro de las Guerras de Yehová: “Vaheb en Sufa, los arroyos del Arnón, 21:15 y la ladera de los arroyos que llega hasta la ciudad de Ar y descansa en la frontera de Moab”. 21:16 De allí continuaron hasta Beer, el pozo donde Yehová le dijo a Moisés: “Reúne al pueblo y yo les daré agua”. 21:17 Entonces Israel cantó esta canción: “¡Brota, pozo! ¡Cántenle! 21:18 El pozo que cavaron los líderes, que los nobles del pueblo abrieron, con sus cetros y con sus bastones”. Del desierto viajaron a Mataná; 21:19 de Mataná a Nahaliel; de Nahaliel a Bamot; 21:20 y de Bamot al valle que está en el territorio de Moab, en la cumbre del monte Pisga, con vista al desierto.
Aliá 4 · Números 21:21–22:12
21:21 Israel envió mensajeros a Sehón, rey de los amorreos, para decirle: 21:22 “Déjanos pasar por tu país. Prometemos no desviarnos por los campos ni por los viñedos, ni beberemos agua de tus pozos. Iremos por el Camino del Rey, hasta salir de tu territorio”. 21:23 Pero Sehón no le permitió a Israel cruzar por su territorio. Al contrario, reunió a todo su ejército y salió al desierto para atacar a Israel; al llegar a Jahaz, se enfrentó a ellos. 21:24 Israel lo derrotó a filo de espada y se adueñó de su territorio desde el río Arnón hasta el río Jaboc, llegando hasta la frontera de los amonitas, pues la frontera de los hijos de Amón estaba bien fortificada. 21:25 Israel tomó todas esas ciudades y se estableció en ellas, incluyendo Hesbón y todos sus poblados. 21:26 Hesbón era la capital de Sehón, el rey amorreo, quien había peleado contra el anterior rey de Moab y le había quitado todo su territorio hasta el río Arnón. 21:27 Por eso dicen los poetas: “¡Vengan a Hesbón! ¡Que sea reconstruida y afirmada la ciudad de Sehón! 21:28 Porque de Hesbón salió un fuego, una llama de la ciudad de Sehón, que devoró a Ar de Moab y a los señores de las colinas del Arnón. 21:29 ¡Pobre de ti, Moab! ¡Estás arruinado, pueblo de Quemos! Ha dejado a sus hijos como fugitivos, y a sus hijas como prisioneras, de Sehón, rey de los amorreos. 21:30 Pero nosotros los destruimos a flechazos. Hesbón está en ruinas hasta Dibón. Los hemos destruido hasta Nofa, que se extiende hasta Medeba”. 21:31 Así se estableció Israel en la tierra de los amorreos. 21:32 Luego Moisés mandó a unos hombres a explorar Jazer. Capturaron sus poblados y expulsaron a los amorreos que vivían allí. 21:33 Después dieron la vuelta y subieron por el camino de Basán. Pero Og, el rey de Basán, salió con todo su ejército para atacarlos en Edrei. 21:34 Yehová le dijo a Moisés: “No le tengas miedo, porque lo he entregado en tus manos junto con todo su ejército y su tierra. Harás con él lo mismo que hiciste con Sehón, el rey amorreo que vivía en Hesbón”. 21:35 Así que los israelitas lo mataron a él, a sus hijos y a todo su ejército, sin dejar a nadie con vida; y se adueñaron de su tierra. 22:1 Luego los hijos de Israel avanzaron y acamparon en las llanuras de Moab, al otro lado del río Jordán, frente a Jericó. 22:2 Cuando Balac, hijo de Zipor, se enteró de todo lo que Israel les había hecho a los amorreos, 22:3 los de Moab se llenaron de miedo, porque el pueblo de Israel era muy grande. Estaban aterrorizados por culpa de los israelitas. 22:4 Entonces Moab les dijo a los ancianos de Madián: “Esa multitud va a arrasar con todo lo que tenemos alrededor, como un toro se come el pasto del campo”. Balac, hijo de Zipor, era el rey de Moab en ese tiempo. 22:5 Mandó mensajeros a buscar a Balaam, hijo de Beor, que vivía en Petor, junto al río Éufrates, en su tierra natal. El mensaje decía: “Presta atención: un pueblo entero ha salido de Egipto. Son tantos que cubren toda la tierra y han acampado justo enfrente de mí. 22:6 Por favor, ven y maldice a este pueblo por mí, porque son más fuertes que nosotros. Tal vez así pueda derrotarlos y echarlos del país. Yo sé muy bien que a quien tú bendices le va bien, y a quien tú maldices le va mal”. 22:7 Los ancianos de Moab y de Madián se fueron llevando dinero para pagarle por la adivinación. Cuando llegaron a donde estaba Balaam, le dieron el mensaje de Balac. 22:8 Balaam les respondió: “Quédense aquí esta noche, y les daré una respuesta mañana, según lo que Yehová me diga”. Y los líderes de Moab se quedaron con Balaam. 22:9 Dios se le apareció a Balaam y le preguntó: “¿Quiénes son estos hombres que están contigo?”. 22:10 Balaam le contestó a Dios: “Balac, hijo de Zipor, rey de Moab, me mandó este mensaje: 22:11 ‘Un pueblo que salió de Egipto ha cubierto toda la tierra. Ven y maldícelos por mí; a lo mejor así logro pelear contra ellos y expulsarlos’”. 22:12 Pero Dios le dijo a Balaam: “No vayas con ellos. Tampoco maldigas a ese pueblo, porque es un pueblo bendito”.
Aliá 5 · Números 22:13-38
22:13 A la mañana siguiente, Balaam se levantó y les dijo a los líderes enviados por Balac: “Regresen a su país, porque Yehová no me da permiso para ir con ustedes”. 22:14 Los líderes moabitas regresaron a Balac y le informaron: “Balaam no quiso venir con nosotros”. 22:15 Balac insistió y envió a otro grupo de líderes, un grupo más numeroso y más importante que el primero. 22:16 Cuando llegaron, le dijeron a Balaam: “Esto es lo que dice Balac, hijo de Zipor: ‘Por favor, no dejes que nada te impida venir a ayudarme. 22:17 Te pagaré muy bien y haré todo lo que me pidas. ¡Por favor, ven y maldice a este pueblo por mí!’”. 22:18 Pero Balaam les respondió a los sirvientes de Balac: “Aunque Balac me regalara su palacio lleno de plata y de oro, yo no podría desobedecer a Yehová mi Dios en nada, ni en lo más mínimo. 22:19 De todos modos, quédense aquí esta noche, para ver qué otra cosa me dice Yehová”. 22:20 Esa noche, Dios se le apareció a Balaam y le dijo: “Ya que estos hombres han venido a buscarte, levántate y ve con ellos; pero solo harás lo que yo te indique”. 22:21 A la mañana siguiente, Balaam se levantó, le puso la silla a su burra y se fue con los líderes de Moab. 22:22 Pero Dios se enojó mucho porque él iba con ellos. Mientras Balaam iba montado en su burra, acompañado por dos de sus sirvientes, el ángel de Yehová se paró en el camino para cerrarle el paso. 22:23 Cuando la burra vio al ángel de Yehová parado en el camino con la espada desenvainada, se salió del camino y se metió al campo. Balaam agarró a golpes a la burra para que volviera al camino. 22:24 Más adelante, el ángel de Yehová se paró en un callejón estrecho entre dos viñedos, que tenía muros de piedra a ambos lados. 22:25 Al ver la burra al ángel de Yehová, se pegó contra la pared, aplastándole el pie a Balaam; así que él la volvió a golpear. 22:26 El ángel de Yehová se adelantó otra vez y se paró en un paso tan estrecho que no había forma de hacerse ni a la derecha ni a la izquierda. 22:27 Cuando la burra volvió a ver al ángel de Yehová, se echó al suelo debajo de Balaam. Balaam se enfureció y agarró a la burra a bastonazos. 22:28 Entonces Yehová hizo que la burra hablara, y ella le dijo a Balaam: “¿Qué te he hecho para que me golpees por tercera vez?”. 22:29 Balaam le contestó a la burra: “¡Te estás burlando de mí! ¡Si tuviera una espada a la mano, te mataría ahora mismo!”. 22:30 La burra le dijo a Balaam: “¿Acaso no soy tu burra? ¡Toda tu vida me has montado! ¿Alguna vez te había hecho algo así?”. “No, nunca”, respondió él. 22:31 En ese momento, Yehová le abrió los ojos a Balaam y pudo ver al ángel de Yehová parado en el camino, con la espada desenvainada. Balaam bajó la cabeza y se postró rostro en tierra. 22:32 El ángel de Yehová le preguntó: “¿Por qué golpeaste a tu burra estas tres veces? Yo soy el que te está cerrando el paso, porque el camino que llevas me desagrada. 22:33 La burra me vio y se apartó de mí estas tres veces. Si no se hubiera apartado, a ti ya te habría matado, y a ella la habría dejado viva”. 22:34 Balaam le dijo al ángel de Yehová: “He pecado, no sabía que estabas bloqueando el camino. Pero si te parece mal que yo vaya, me regresaré ahora mismo”. 22:35 El ángel de Yehová le dijo: “Puedes ir con ellos, pero tendrás que decir únicamente las palabras que yo te diga”. Y Balaam continuó su viaje con los líderes enviados por Balac. 22:36 Cuando Balac supo que Balaam estaba por llegar, salió a recibirlo a una ciudad moabita que está en la frontera del río Arnón, justo en el límite de su territorio. 22:37 Balac le dijo a Balaam: “¿Por qué no veniste cuando te mandé llamar? ¿Acaso crees que no tengo poder para pagarte bien y darte honores?”. 22:38 Balaam le contestó: “Pues aquí me tienes, ya llegué. Pero no te hagas ilusiones, porque yo no puedo decir lo que se me antoje. Solo podré decir las palabras que Dios ponga en mi boca”.
Aliá 6 · Números 22:39–23:26
22:39 Balaam se fue con Balac y llegaron a Quiriat-huzot. 22:40 Allí Balac sacrificó vacas y ovejas, y les mandó porciones de carne a Balaam y a los líderes que lo acompañaban. 22:41 A la mañana siguiente, Balac llevó a Balaam a los cerros consagrados a Baal, desde donde pudo ver a una parte del pueblo de Israel. 23:1 Balaam le dijo a Balac: “Constrúyeme aquí siete altares, y prepárame siete toros y siete carneros”. 23:2 Balac hizo lo que Balaam le pidió, y juntos ofrecieron un toro y un carnero en cada uno de los altares. 23:3 Entonces Balaam le dijo a Balac: “Quédate aquí junto a tu ofrenda mientras yo me alejo un poco. A lo mejor Yehová viene a encontrarse conmigo, y yo te informaré todo lo que él me muestre”. Balaam se fue solo a un cerro desierto. 23:4 Y Dios se le apareció a Balaam. Balaam le dijo: “He preparado siete altares, y en cada uno he ofrecido un toro y un carnero”. 23:5 Yehová le dio a Balaam el mensaje que debía entregar, diciéndole: “Regresa a donde está Balac y dile esto”. 23:6 Balaam regresó y encontró a Balac todavía de pie junto a su ofrenda, acompañado por todos los líderes de Moab. 23:7 Entonces Balaam pronunció esta profecía: “Desde Aram me hizo venir Balac; el rey de Moab me trajo desde los montes del este. Me dijo: ‘Ven, maldice a Jacob por mí; ven, condena a Israel’. 23:8 Pero, ¿cómo puedo maldecir a quien Dios no ha maldecido? ¿Cómo puedo condenar a quien Yehová no ha condenado? 23:9 Desde lo alto de las rocas los veo, desde las colinas los observo. Son un pueblo que vive apartado, que no se considera como las demás naciones. 23:10 ¿Quién puede contar el polvo que es Jacob, o calcular siquiera a una cuarta parte de Israel? ¡Ojalá yo muera como mueren los hombres justos! ¡Ojalá mi fin sea como el de ellos!”. 23:11 Balac le reclamó a Balaam: “¿Qué me has hecho? Te traje para que maldijeras a mis enemigos, ¡y resulta que los has llenado de bendiciones!”. 23:12 Pero Balaam le respondió: “Tengo que tener mucho cuidado de decir exactamente lo que Yehová ponga en mi boca”. 23:13 Balac le dijo: “Por favor, ven conmigo a otro lugar desde donde puedas verlos. Solo podrás ver a una parte del pueblo, no a todos. Maldícelos desde allí por mí”. 23:14 Así que lo llevó al campo de Zofim, a la cumbre del monte Pisga. Allí volvió a construir siete altares y ofreció un toro y un carnero en cada altar. 23:15 Balaam le dijo a Balac: “Quédate aquí junto a tu ofrenda mientras yo voy a encontrarme con Dios allá”. 23:16 Yehová se encontró con Balaam, le dio un mensaje y le ordenó: “Regresa a donde está Balac y dile esto”. 23:17 Balaam regresó y encontró a Balac de pie junto a su ofrenda, rodeado de los líderes de Moab. Balac le preguntó: “¿Qué dijo Yehová?”. 23:18 Entonces Balaam pronunció su profecía: “¡Pon atención, Balac, y escucha! ¡Escúchame bien, hijo de Zipor! 23:19 Dios no es un simple humano para andar mintiendo, ni cambia de opinión como los mortales. ¿Acaso él promete algo y no lo cumple? ¿Acaso habla y no lo hace realidad? 23:20 Escucha: he recibido la orden de bendecir; él los ha bendecido, y yo no puedo cambiar eso. 23:21 Dios no le ha encontrado faltas a Jacob, ni ha visto maldad en Israel. Yehová su Dios está con ellos, y lo aclaman como a su Rey. 23:22 Dios los sacó de Egipto; son tan fuertes como un toro salvaje. 23:23 No hay brujería que valga contra Jacob, ni adivinación que funcione contra Israel. De Jacob y de Israel ahora se dirá: ‘¡Miren las maravillas que ha hecho Dios!’. 23:24 Es un pueblo que se levanta como leona; que se yergue como un león. No descansa hasta tragarse a su presa, hasta beber la sangre de sus víctimas”. 23:25 Entonces Balac le dijo a Balaam: “¡Si no los vas a maldecir, por lo menos no los bendigas!”. 23:26 Y Balaam le respondió: “¿No te advertí ya que tengo que hacer todo lo que Yehová me ordene?”.
Aliá 7 · Números 23:27–25:9
23:27 Balac insistió: “Ven, vamos a intentar en otro lugar. A lo mejor a Dios le parece bien que los maldigas desde allí”. 23:28 Balac se llevó a Balaam a la cumbre del monte Peor, que tiene vista hacia el desierto. 23:29 Y Balaam volvió a pedirle: “Constrúyeme aquí siete altares, y prepárame siete toros y siete carneros”. 23:30 Balac hizo lo que Balaam le pidió, y ofreció un toro y un carnero en cada altar. 24:1 Al ver Balaam que a Yehová le agradaba bendecir a Israel, ya no fue a buscar presagios mágicos como las otras veces. En lugar de eso, dirigió su mirada hacia el desierto. 24:2 Al alzar la vista y ver al pueblo de Israel acampado, ordenado por tribus, el Espíritu de Dios vino sobre él, 24:3 y pronunció esta profecía: “Mensaje de Balaam, hijo de Beor; mensaje del hombre que ve con claridad. 24:4 Mensaje del que escucha las palabras de Dios, del que tiene visiones del Todopoderoso, del que cae al suelo pero tiene los ojos bien abiertos: 24:5 ¡Qué hermosas son tus tiendas, Jacob! ¡Qué bellos son tus campamentos, Israel! 24:6 Se extienden como valles, como jardines junto a un río; son como áloes plantados por Yehová, como cedros junto al agua. 24:7 De sus cántaros el agua se desborda; su semilla tendrá agua en abundancia. Su rey será más poderoso que Agag, y su reino será muy respetado. 24:8 Dios los sacó de Egipto; son tan fuertes como un toro salvaje. Israel devorará a las naciones enemigas; les romperá los huesos y los atravesará con sus flechas. 24:9 Se acuesta a descansar como un león; como una leona, ¿quién se atreve a despertarlo? ¡Benditos sean los que te bendigan, y malditos los que te maldigan!”. 24:10 Balac se enfureció tanto con Balaam que golpeó las manos de rabia y le dijo: “Te mandé llamar para que maldijeras a mis enemigos, ¡y resulta que ya los has bendecido tres veces! 24:11 ¡Lárgate ya a tu casa! Pensaba darte grandes honores, pero ya ves que Yehová te ha dejado sin nada”. 24:12 Balaam le contestó a Balac: “Yo se lo advertí muy bien a los mensajeros que me enviaste. Les dije: 24:13 ‘Aunque Balac me regalara su palacio lleno de plata y oro, yo no podría desobedecer la orden de Yehová haciendo algo bueno o malo por mi propia cuenta. Solo puedo decir lo que Yehová me ordene decir’. 24:14 Así que ahora me regreso a mi tierra. Pero antes de irme, te voy a anunciar lo que este pueblo le hará al tuyo en el futuro”. 24:15 Y pronunció esta profecía: “Mensaje de Balaam, hijo de Beor; mensaje del hombre que ve con claridad. 24:16 Mensaje del que escucha las palabras de Dios, del que conoce la sabiduría del Altísimo, del que tiene visiones del Todopoderoso, del que cae al suelo pero tiene los ojos bien abiertos: 24:17 Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no está cerca. Una estrella surgirá de Jacob; un rey se levantará en Israel. Le aplastará la cabeza a Moab, y acabará con todos los descendientes de Set. 24:18 Conquistará a Edom; se adueñará de Seir, su enemigo, mientras que Israel se fortalecerá. 24:19 De Jacob saldrá un líder que destruirá a los que queden en la ciudad”. 24:20 Luego Balaam vio a los amalecitas y pronunció esta profecía: “Amalec fue la primera entre las naciones, pero al final será destruida por completo”. 24:21 Después vio a los quenitas y pronunció esta profecía: “Tu casa es muy segura; has puesto tu nido en las rocas. 24:22 Pero los quenitas serán destruidos, hasta que Asiria se los lleve prisioneros”. 24:23 Finalmente, pronunció esta otra profecía: “¡Ay! ¿Quién podrá sobrevivir cuando Dios haga esto? 24:24 Llegarán barcos desde las costas de Quitim; oprimirán a Asiria y a Heber, pero al final, ellos también serán destruidos”. 24:25 Después de esto, Balaam se levantó y se regresó a su tierra; y Balac también se fue por su lado. 25:1 Mientras Israel estaba acampado en Sitim, el pueblo comenzó a prostituirse con las mujeres de Moab; 25:2 pues ellas invitaban a los hombres a los sacrificios de sus dioses. El pueblo comió de los sacrificios y se inclinó ante esos dioses. 25:3 De esta manera, Israel se unió a la adoración de Baal de Peor, y el enojo de Yehová se encendió contra Israel. 25:4 Yehová le dijo a Moisés: “Reúne a todos los líderes del pueblo y ahórquenlos delante de Yehová a plena luz del día, para que el ardiente enojo de Yehová se aparte de Israel”. 25:5 Entonces Moisés les dijo a los jueces de Israel: “Cada uno de ustedes debe matar a aquellos de sus hombres que se hayan unido a Baal de Peor”. 25:6 En ese momento, un hombre de Israel llegó al campamento trayendo a una mujer madianita para presentarla a sus familiares. Lo hizo a la vista de Moisés y de toda la comunidad israelita, mientras ellos lloraban a la entrada de la Tienda del Encuentro. 25:7 Cuando Finees, hijo de Eleazar y nieto del sacerdote Aarón, vio esto, se levantó de en medio de la asamblea, tomó una lanza en su mano, 25:8 y siguió al israelita hasta el interior de la tienda. Allí los atravesó a los dos por el vientre, tanto al hombre de Israel como a la mujer. Con esto se detuvo la plaga que estaba matando a los israelitas. 25:9 Sin embargo, veinticuatro mil personas murieron a causa de esa plaga.
✦ Haftará (Profetas)
5:7 El resto de Jacob estará en medio de muchos pueblos como el rocío que manda Yehová, como la lluvia sobre el pasto, que no depende del hombre ni espera nada de los seres humanos. 5:8 El resto de Jacob estará entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como un león entre los animales del bosque, como un león joven entre las manadas de ovejas, que al pasar, pisotea y despedaza, y no hay nadie que pueda rescatarlas. 5:9 Tu mano se levantará contra tus adversarios, y todos tus enemigos serán destruidos. 5:10 “En aquel día”, dice Yehová, “les quitaré a ustedes sus caballos y destruiré sus carros de guerra. 5:11 Destruiré las ciudades de su país y derribaré todas sus fortalezas. 5:12 Acabaré con la brujería que ustedes practican, y no tendrán más adivinos. 5:13 Destruiré sus ídolos y sus estatuas sagradas, y no volverán ustedes a adorar lo que hicieron con sus manos. 5:14 Arrancaré de entre ustedes sus imágenes de Asera y destruiré sus ciudades. 5:15 Con terrible ira ejecutaré mi venganza sobre las naciones que no me obedecieron”. 6:1 Escuchen ahora lo que dice Yehová: “Levántate, presenta tu caso ante las montañas, y que las colinas oigan lo que tienes que decir. 6:2 Escuchen, montañas, la acusación de Yehová, y ustedes, cimientos eternos de la tierra; porque Yehová tiene un pleito contra su pueblo, y va a entrar en juicio con Israel. 6:3 Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he cansado? ¡Contéstame! 6:4 Yo te saqué de la tierra de Egipto, y te rescaté de la casa de la esclavitud. Envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a Miriam. 6:5 Pueblo mío, recuerda ahora lo que planeó Balac, rey de Moab, y lo que le respondió Balaam hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que reconozcas las victorias de Yehová”. 6:6 ¿Con qué me presentaré ante Yehová? ¿Cómo me inclinaré ante el Dios Altísimo? ¿Debo presentarme ante él con holocaustos, con terneros de un año? 6:7 ¿Se complacerá Yehová con miles de carneros, o con diez mil ríos de aceite? ¿Debo dar a mi hijo mayor por mi rebeldía? ¿Al fruto de mi vientre por el pecado de mi alma? 6:8 Él ya te ha dicho, oh hombre, lo que es bueno. ¿Qué es lo que Yehová pide de ti? Solamente que actúes con justicia, que ames la fidelidad y que te humilles ante tu Dios.
✦ Brit Hadashah (Pacto Renovado)
3:1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un líder entre los judíos. 3:2 Se acercó a Jesús de noche y le dijo: “Rabí, sabemos que eres un maestro venido de Dios, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él”. 3:3 Jesús le contestó: “Te aseguro que si uno no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”. 3:4 Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?” 3:5 Jesús respondió: “En verdad te digo que el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. 3:6 Lo que nace de la carne es carne. Lo que nace del Espíritu es espíritu. 3:7 No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que nacer de nuevo’. 3:8 El viento sopla donde quiere, y ustedes oyen su sonido, pero no saben de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu”. 3:9 Nicodemo le respondió: “¿Cómo puede ser esto?” 3:10 Jesús le respondió: “¿Eres tú maestro de Israel y no entiendes estas cosas? 3:11 De cierto te digo que hablamos lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, y ustedes no reciben nuestro testimonio. 3:12 Si les he dicho cosas terrenales y no creen, ¿cómo creerán si les digo cosas celestiales? 3:13 Nadie ha subido al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre, que está en el cielo. 3:14 Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe ser levantado el Hijo del Hombre, 3:15 para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 3:16 Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 3:17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 3:18 El que cree en él no es juzgado. El que no cree ya ha sido juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. 3:19 Esta es la sentencia: la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 3:20 Porque todo el que hace el mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean expuestas. 3:21 Pero el que hace la verdad viene a la luz, para que se revelen sus obras, que han sido hechas en Dios”.
9:11 Pero Cristo, habiendo venido como sumo sacerdote de los bienes venideros, a través del mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 9:12 ni por la sangre de machos cabríos y becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. 9:13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los impuros, santifican para la purificación de la carne, 9:14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará sus conciencias de obras muertas para que sirvan al Dios vivo? 9:15 Por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para el perdón de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. 9:16 Porque donde hay testamento, es necesario que conste la muerte del testador. 9:17 Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido mientras el testador vive. 9:18 Por tanto, ni siquiera el primer pacto fue instituido sin sangre. 9:19 Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, 9:20 diciendo: “Esta es la sangre del pacto que Dios les ha ordenado.” 9:21 Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los utensilios del ministerio. 9:22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no hay perdón. 9:23 Era, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fueran purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. 9:24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; 9:25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. 9:26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. 9:27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 9:28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que lo esperan.
11:25 Porque no quiero que ignoren, hermanos, este misterio, para que no sean sabios en su propia opinión, de que a Israel le ha sucedido un endurecimiento parcial, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles, 11:26 y así se salve todo Israel. Como está escrito, “Saldrá de Sión el Libertador, y apartará la impiedad de Jacob. 11:27 Este es mi pacto con ellos, cuando les quite sus pecados”. 11:28 En cuanto a las buenas noticias, son enemigos por causa de ustedes. Pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. 11:29 Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables. 11:30 Porque así como ustedes en el pasado fueron desobedientes a Dios, pero ahora han obtenido misericordia por su desobediencia, 11:31 así también éstos han sido ahora desobedientes, para que por la misericordia que se les ha mostrado, obtengan también misericordia. 11:32 Porque Dios ha obligado a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos.
2:15 Han abandonado el camino recto y se han extraviado para seguir el camino de Balaam, hijo de Beor, que amó el dinero ganado con la maldad, 2:16 pero fue reprendido por su desobediencia: un burro mudo habló con voz humana y frenó la locura del profeta.