Devocional mesiánico

Tazria–Metzorá

תַזְרִיעַ־מְצֹרָע

Torá: Levítico 12:1–15:33 · Haftará: 2 Reyes 7:3-20 · Brit Hadashah: Mateo 8:1-4; Lucas 5:12-16; Mateo 8:1-17

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Aliá 1

La porción esta semana

Resumen de la porción

Esta doble porción trata sobre pureza e impureza corporal: la mujer después de dar a luz, el tzaraat (traducido "lepra") en la piel, en las vestimentas y en las casas, y los flujos corporales que hacen impuro a una persona. En cada caso, el sacerdote es quien examina, declara y, cuando corresponde, restaura al afectado a la comunidad a través de un proceso de purificación con sangre, agua y sacrificio.

El hilo de la parashá

Lo que recorre estas aliyot no es higiene, sino un patrón teológico: hay condiciones que separan a una persona del campamento, del santuario, de la comunión con lo santo — y solo el sacerdote tiene la autoridad de declarar cuándo algo ha terminado su curso y puede volver a ingresar. Nótese que Levítico 13:3 dice que es el sacerdote quien "le dará por inmundo" — el diagnóstico no depende del sentir del enfermo ni de su propia evaluación, sino de una mirada autorizada que examina, espera, y vuelve a examinar. El metzorá (leproso) de Levítico 13:45-46 vive fuera del real, con vestidos rasgados, pregonando su propia condición: la impureza no es privada, es visible y afecta a toda la comunidad.

Pero la parashá no termina en la exclusión. Levítico 14 despliega un rito minucioso de restauración: dos avecillas, una muerta y una viva, sangre rociada, aceite derramado sobre la cabeza del purificado, sacrificios de expiación y de culpa. El sacerdote no solo diagnostica la muerte que hay en la carne; también administra el camino de regreso a la vida y a la comunión con Dios.

La haftará

Los cuatro leprosos de 2 Reyes 7:3 están, literalmente, fuera del real — a la entrada de la puerta, entre la muerte del hambre dentro de la ciudad y la muerte posible fuera. Son ellos, los excluidos por la ley de Levítico 13, quienes primero descubren que el campo enemigo ha sido abandonado y que hay abundancia para todo Israel. Los que la sociedad había declarado impuros son los mensajeros de las buenas nuevas: "hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos" (2 Reyes 7:9). El eco es directo: la restauración no llega primero a los que están dentro de los muros, sino a los que han sido apartados.

El Mesías en la porción

Cuando el leproso de Mateo 8:2 se postra y dice "Señor, si quisieres, puedes limpiarme", invoca precisamente el proceso de Levítico 13-14: alguien fuera del campamento que necesita ser examinado y declarado limpio por una autoridad. Yeshúa responde extendiendo la mano y tocándolo — un acto que, bajo la Torá, transmitiría impureza al que toca (compárese con el contacto contaminante descrito en Levítico 15:7,11). En cambio, aquí la pureza fluye hacia afuera desde Yeshúa hacia el enfermo: "Quiero; sé limpio" (Mateo 8:3). Él no evita la impureza; la revierte.

Y luego, con precisión notable, Yeshúa mismo ordena cumplir la ley: "ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés" (Mateo 8:4). No abroga el rito de Levítico 14; lo cumple como testimonio. El sacerdote seguirá examinando la carne sanada — pero ya sanada de antemano por la palabra del Mesías, que actúa como el Sacerdote mayor que diagnostica y restaura en un solo acto.

Para la semana

Practica esta semana la disciplina de no diagnosticarte ni diagnosticar a otros por tu propio criterio: así como el israelita llevaba su llaga al sacerdote en vez de decidir por sí mismo si estaba limpio, lleva tus propias "manchas" — vergüenzas, aislamientos, heridas escondidas — ante Aquel que tiene autoridad real para examinarlas y declarar su veredicto sobre ti.

Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.

Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo

Aliá 1 · Levítico 12:1–13:23

12:1 Yehová le habló a Moisés y le dijo: 12:2 “Diles a los israelitas: ‘Si una mujer queda embarazada y da a luz a un niño, será ceremonialmente impura durante siete días; será impura tal como lo es durante su período menstrual. 12:3 Al octavo día, el niño deberá ser circuncidado. 12:4 Después, la mujer deberá esperar treinta y tres días para purificarse del sangrado del parto. No debe tocar nada sagrado ni entrar al santuario hasta que se cumpla el tiempo de su purificación. 12:5 Pero si da a luz a una niña, será impura durante dos semanas, tal como en su período menstrual, y deberá esperar sesenta y seis días para purificarse del sangrado. 12:6 “‘Cuando se cumpla el tiempo de su purificación, ya sea por un niño o por una niña, la mujer llevará a la entrada de la Tienda del Encuentro un cordero de un año para un holocausto, y un pichón o una tórtola para una ofrenda por el pecado, y se los entregará al sacerdote. 12:7 El sacerdote los ofrecerá ante Yehová y hará expiación por ella. De esta manera la mujer quedará purificada de su flujo de sangre. “‘Este es el reglamento para la mujer que da a luz a un niño o a una niña. 12:8 Si no le alcanza para comprar un cordero, podrá llevar dos tórtolas o dos pichones: uno para el holocausto y el otro para la ofrenda por el pecado. El sacerdote hará expiación por ella, y quedará purificada’”. 13:1 Yehová les habló a Moisés y a Aarón, y les dijo: 13:2 “Si a alguien le sale en la piel una hinchazón, una erupción o una mancha brillante que pueda convertirse en una infección de lepra, esa persona deberá ser llevada ante el sacerdote Aarón, o ante uno de sus hijos, los sacerdotes. 13:3 El sacerdote examinará la infección en la piel. Si el vello en la zona infectada se ha vuelto blanco, y la infección parece haber penetrado más allá de la piel, se trata de una infección de lepra. Al examinar a la persona, el sacerdote la declarará impura. 13:4 Pero si la mancha en la piel es blanca, y no parece ser más profunda que la piel ni el vello se ha vuelto blanco, entonces el sacerdote aislará a la persona infectada durante siete días. 13:5 Al séptimo día, el sacerdote la examinará de nuevo. Si a su parecer la infección se ha detenido y no se ha extendido por la piel, el sacerdote la aislará durante siete días más. 13:6 El sacerdote la examinará por segunda vez al séptimo día. Si la infección se ha desvanecido y no se ha extendido por la piel, el sacerdote la declarará pura; se trata solo de una erupción. La persona lavará su ropa y quedará pura. 13:7 Sin embargo, si la erupción se extiende por la piel después de haberse presentado ante el sacerdote para ser declarada pura, deberá presentarse de nuevo ante él. 13:8 El sacerdote la examinará, y si ve que la erupción se ha extendido, la declarará impura; es lepra. 13:9 “Cuando alguien tenga una infección de lepra, será llevado ante el sacerdote, 13:10 quien lo examinará. Si en la piel hay una hinchazón blanca que ha vuelto blanco el vello, y hay carne viva en la hinchazón, 13:11 se trata de lepra crónica en la piel. El sacerdote declarará impura a esa persona, pero no la aislará, porque ya es impura. 13:12 “Si la lepra brota por todas partes y cubre toda la piel de la persona infectada, de la cabeza a los pies, hasta donde el sacerdote pueda ver, 13:13 entonces el sacerdote la examinará. Si la lepra ha cubierto todo el cuerpo, el sacerdote declarará pura a la persona. Todo su cuerpo se ha vuelto blanco, así que está puro. 13:14 Pero el día en que le aparezca carne viva, la persona será impura. 13:15 El sacerdote examinará la carne viva y la declarará impura. La carne viva es impura; es lepra. 13:16 Pero si la carne viva cambia y vuelve a ponerse blanca, la persona irá a ver al sacerdote. 13:17 El sacerdote la examinará, y si la llaga se ha puesto blanca, el sacerdote declarará pura a la persona; está pura. 13:18 “Si a alguien le sale un forúnculo en la piel y se le cura, 13:19 pero en su lugar aparece una hinchazón blanca o una mancha brillante de color blanco rojizo, la persona deberá mostrarse al sacerdote. 13:20 El sacerdote la examinará, y si la mancha parece más profunda que la piel y el vello se ha vuelto blanco, el sacerdote la declarará impura. Es una infección de lepra que ha brotado en el forúnculo. 13:21 Pero si el sacerdote la examina y ve que no tiene vello blanco ni es más profunda que la piel, y que ha ido desapareciendo, entonces el sacerdote la aislará durante siete días. 13:22 Si la mancha se extiende por la piel, el sacerdote la declarará impura; es una infección. 13:23 Pero si la mancha brillante no cambia ni se extiende, es solo la cicatriz del forúnculo, y el sacerdote la declarará pura.

Aliá 2 · Levítico 13:24-39

13:24 “Si alguien se hace una quemadura en la piel, y la carne viva de la quemadura se convierte en una mancha brillante de color blanco rojizo o blanco, 13:25 el sacerdote la examinará. Si el vello en la mancha se ha vuelto blanco y la mancha parece más profunda que la piel, es lepra que ha brotado en la quemadura. El sacerdote declarará impura a la persona; es una infección de lepra. 13:26 Pero si el sacerdote la examina y ve que no tiene vello blanco ni es más profunda que la piel, y que ha ido desapareciendo, entonces el sacerdote la aislará durante siete días. 13:27 Al séptimo día el sacerdote la examinará de nuevo. Si la mancha se ha extendido por la piel, el sacerdote la declarará impura; es una infección de lepra. 13:28 Si la mancha brillante no cambia ni se extiende, sino que ha ido desapareciendo, es solo la hinchazón de la quemadura. El sacerdote declarará pura a la persona, pues es solo la cicatriz de la quemadura. 13:29 “Si a un hombre o a una mujer le sale una llaga en la cabeza o en la barba, 13:30 el sacerdote examinará la llaga. Si parece más profunda que la piel y el pelo en esa parte es amarillento y fino, el sacerdote declarará impura a la persona. Se trata de tiña, que es lepra en la cabeza o en la barba. 13:31 Pero si el sacerdote examina la infección de la tiña y no parece ser más profunda que la piel, aunque no tenga pelo negro, aislará a la persona infectada durante siete días. 13:32 Al séptimo día el sacerdote examinará la infección. Si la tiña no se ha extendido ni tiene pelo amarillento, y no parece ser más profunda que la piel, 13:33 la persona deberá rasurarse, pero no se rasurará la parte afectada por la tiña. Luego el sacerdote la aislará durante siete días más. 13:34 Al séptimo día el sacerdote examinará la tiña. Si no se ha extendido por la piel ni parece ser más profunda, el sacerdote declarará pura a la persona. Esta deberá lavar su ropa y quedará pura. 13:35 Pero si la tiña se extiende por la piel después de que la persona fue declarada pura, 13:36 el sacerdote la examinará de nuevo. Si la tiña se ha extendido, el sacerdote ya no tendrá que buscar el pelo amarillento; la persona es impura. 13:37 Pero si a su parecer la tiña ha dejado de extenderse y le ha salido pelo negro, la tiña está curada. La persona está pura, y el sacerdote así lo declarará. 13:38 “Si a un hombre o a una mujer le salen manchas brillantes y blancas en la piel, 13:39 el sacerdote deberá examinar a la persona. Si las manchas en la piel son de un blanco pálido, es una erupción inofensiva que ha brotado en la piel. La persona está pura.

Aliá 3 · Levítico 13:40-54

13:40 “Si a un hombre se le cae el pelo de la cabeza y se queda calvo, está puro. 13:41 Si se le cae el pelo de la parte de enfrente y se queda medio calvo, está puro. 13:42 Pero si en la parte calva, ya sea atrás o adelante, le sale una llaga de color blanco rojizo, es lepra que está brotando. 13:43 Entonces el sacerdote lo examinará. Si la hinchazón de la llaga es de color blanco rojizo, parecida a la lepra en el resto del cuerpo, 13:44 el hombre está leproso. Es impuro, y el sacerdote sin duda lo declarará impuro; la infección la tiene en la cabeza. 13:45 “La persona enferma de lepra deberá andar con la ropa rasgada y el pelo despeinado. Deberá cubrirse la parte inferior de la cara y gritar: ‘¡Impuro! ¡Impuro!’. 13:46 Mientras le dure la enfermedad, será impura. Como es impura, deberá vivir aislada; su lugar de residencia estará fuera del campamento. 13:47 “Si en una prenda de lana o de lino aparece una mancha de moho parecido a la lepra, 13:48 ya sea en el tejido o en el hilado del lino o de la lana, o en algún artículo de cuero, 13:49 y si la mancha es verdosa o rojiza, se trata de una plaga de moho y deberá mostrarse al sacerdote. 13:50 El sacerdote examinará la mancha y aislará el artículo afectado durante siete días. 13:51 Al séptimo día lo examinará de nuevo. Si la mancha se ha extendido en el vestido, en el tejido, en el hilado o en el cuero, sin importar para qué se use el cuero, la plaga es un moho destructivo y el artículo es impuro. 13:52 El sacerdote deberá quemar la prenda, el tejido o el hilado, ya sea de lana o de lino, o cualquier artículo de cuero que tenga la plaga, porque es un moho destructivo. Deberá quemarse por completo. 13:53 “Pero si el sacerdote lo examina y ve que la mancha no se ha extendido, 13:54 ordenará que laven el artículo afectado y lo aislará durante siete días más.

Aliá 4 · Levítico 13:55–14:20

13:55 Después de que el artículo haya sido lavado, el sacerdote lo examinará. Si la mancha no ha cambiado de aspecto, aunque no se haya extendido, el artículo es impuro y deberás quemarlo. Es una corrosión, sin importar de qué lado esté el desgaste. 13:56 Si el sacerdote lo examina y ve que la mancha se ha desvanecido después de lavarlo, entonces recortará la parte manchada del vestido, del cuero, del tejido o del hilado. 13:57 Pero si la mancha vuelve a aparecer, significa que la plaga se está extendiendo. Deberás quemar el artículo que tenga la plaga. 13:58 En cambio, si al lavar la prenda, el tejido, el hilado o el artículo de cuero, la mancha desaparece, se lavará por segunda vez y el artículo quedará puro”. 13:59 Este es el reglamento sobre la plaga de moho en una prenda de lana o de lino, en un tejido, en un hilado o en un artículo de cuero, para declararlos puros o impuros. 14:1 Yehová le habló a Moisés y le dijo: 14:2 “Este será el reglamento para la persona con lepra en el día de su purificación. La persona será llevada ante el sacerdote, 14:3 quien saldrá fuera del campamento para examinarla. Si la infección de lepra se le ha curado, 14:4 el sacerdote ordenará que traigan dos aves vivas y puras, madera de cedro, hilo escarlata y ramas de hisopo para la persona que se va a purificar. 14:5 Luego el sacerdote ordenará que degüellen una de las aves sobre una olla de barro con agua de manantial. 14:6 Tomará el ave viva junto con la madera de cedro, el hilo escarlata y el hisopo, y los mojará todos, incluida el ave viva, en la sangre del ave degollada sobre el agua de manantial. 14:7 Rociará esa sangre siete veces sobre la persona que se está purificando de la lepra y la declarará pura. Después soltará el ave viva en campo abierto. 14:8 “La persona que se está purificando deberá lavar su ropa, rasurarse todo el pelo y bañarse; de este modo quedará pura. Después podrá entrar al campamento, pero tendrá que quedarse fuera de su propia tienda durante siete días. 14:9 Al séptimo día volverá a rasurarse todo el pelo: la cabeza, la barba, las cejas y cualquier otro pelo que tenga. Lavará su ropa y se bañará, y entonces quedará pura. 14:10 “Al octavo día, la persona tomará dos corderos sin defecto, una cordera de un año sin defecto, tres kilos de harina fina amasada con aceite como ofrenda de cereal, y un log de aceite. 14:11 El sacerdote que realiza la purificación presentará a la persona, junto con sus ofrendas, ante Yehová a la entrada de la Tienda del Encuentro. 14:12 “El sacerdote tomará uno de los corderos y el log de aceite, y los presentará como ofrenda por la culpa; los presentará ante Yehová como ofrenda mecida. 14:13 Degollará el cordero en el área del santuario, en el mismo lugar donde se degüellan los animales para la ofrenda por el pecado y para el holocausto. El sacrificio por la culpa, al igual que el sacrificio por el pecado, le pertenece al sacerdote; es una ofrenda muy santa. 14:14 El sacerdote tomará un poco de la sangre de la ofrenda por la culpa y se la untará a la persona en el lóbulo de la oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho. 14:15 Luego el sacerdote echará un poco del log de aceite en la palma de su propia mano izquierda, 14:16 mojará el dedo derecho en el aceite y lo rociará con el dedo siete veces delante de Yehová. 14:17 Del aceite que le quede en la mano, le untará un poco a la persona en el lóbulo de la oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho, exactamente encima de la sangre de la ofrenda por la culpa. 14:18 Y el resto del aceite que le quede en la mano se lo untará a la persona en la cabeza. Así el sacerdote hará expiación por esa persona delante de Yehová. 14:19 “Después el sacerdote presentará la ofrenda por el pecado para hacer expiación por la persona que se está purificando. Luego degollará el animal para el holocausto, 14:20 y ofrecerá en el altar tanto el holocausto como la ofrenda de cereal. Así el sacerdote hará expiación por la persona, y esta quedará pura.

Aliá 5 · Levítico 14:21-32

14:21 “Pero si la persona es pobre y no le alcanza para tanto, tomará solo un cordero como ofrenda por la culpa. El cordero se presentará como ofrenda mecida para hacer expiación por ella. Además, llevará un kilo de harina fina amasada con aceite como ofrenda de cereal, un log de aceite, 14:22 y dos tórtolas o dos pichones, según lo que pueda pagar. Una de las aves será para la ofrenda por el pecado y la otra para el holocausto. 14:23 “Al octavo día llevará todo esto al sacerdote para su purificación, a la entrada de la Tienda del Encuentro, delante de Yehová. 14:24 El sacerdote tomará el cordero de la ofrenda por la culpa y el log de aceite, y los presentará ante Yehová como ofrenda mecida. 14:25 Luego degollará el cordero de la ofrenda por la culpa, tomará un poco de la sangre y se la untará a la persona en el lóbulo de la oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho. 14:26 El sacerdote echará un poco del aceite en la palma de su propia mano izquierda, 14:27 y con el dedo derecho rociará el aceite siete veces delante de Yehová. 14:28 Luego le untará un poco de ese aceite a la persona en el lóbulo de la oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho, exactamente en el mismo lugar donde le untó la sangre de la ofrenda por la culpa. 14:29 El aceite que le sobre en la mano se lo untará a la persona en la cabeza, para hacer expiación por ella delante de Yehová. 14:30 Finalmente, el sacerdote ofrecerá las tórtolas o los pichones que la persona haya podido pagar. 14:31 Presentará una de las aves como ofrenda por el pecado y la otra como holocausto, junto con la ofrenda de cereal. Así el sacerdote hará expiación delante de Yehová por la persona que se está purificando”. 14:32 Este es el reglamento para el que tiene una infección de lepra y no le alcanza para pagar las ofrendas normales para su purificación.

Aliá 6 · Levítico 14:33–15:15

14:33 Yehová les habló a Moisés y a Aarón, y les dijo: 14:34 “Cuando ustedes entren en la tierra de Canaán, la cual les doy en posesión, y yo envíe una plaga de moho sobre alguna de las casas de su tierra, 14:35 el dueño de la casa irá y le dirá al sacerdote: ‘Me parece que hay una plaga de moho en mi casa’. 14:36 El sacerdote ordenará que desocupen la casa antes de entrar a examinar la plaga, para que nada de lo que hay adentro sea declarado impuro. Después de eso, el sacerdote entrará a examinar la casa. 14:37 Examinará la mancha, y si ve que en las paredes hay cavidades verdosas o rojizas que parecen penetrar más allá de la superficie, 14:38 saldrá de la casa, cerrará la puerta y la dejará aislada durante siete días. 14:39 Al séptimo día, el sacerdote regresará y la examinará. Si la mancha se ha extendido por las paredes, 14:40 ordenará que quiten las piedras manchadas y las tiren en un lugar impuro fuera de la ciudad. 14:41 Hará que raspen todo el interior de la casa, y el polvo raspado lo echarán en un lugar impuro fuera de la ciudad. 14:42 Luego pondrán otras piedras en lugar de las primeras y revocarán la casa con mezcla nueva. 14:43 “Si la plaga vuelve a aparecer en la casa después de que le quitaron las piedras, la rasparon y la revocaron, 14:44 el sacerdote entrará a examinarla. Si la mancha se ha extendido, es un moho destructivo en la casa, y la casa es impura. 14:45 Deberán derrumbar la casa por completo —las piedras, la madera y todo el revoco— y llevarán los escombros a un lugar impuro fuera de la ciudad. 14:46 “Cualquiera que entre en la casa mientras esté cerrada quedará impuro hasta el atardecer. 14:47 El que duerma o coma allí dentro deberá lavar su ropa. 14:48 “Pero si el sacerdote entra a examinar la casa después de haber sido revocada y ve que la mancha no se ha extendido, la declarará pura, pues la plaga se ha curado. 14:49 Para purificar la casa, tomará dos aves, madera de cedro, hilo escarlata y ramas de hisopo. 14:50 Degollará una de las aves sobre una olla de barro con agua de manantial. 14:51 Luego tomará la madera de cedro, el hisopo, el hilo escarlata y el ave viva, los mojará en la sangre del ave degollada y en el agua de manantial, y rociará la casa siete veces. 14:52 Purificará la casa con la sangre del ave, el agua de manantial, el ave viva, la madera de cedro, el hisopo y el hilo escarlata. 14:53 Finalmente, soltará el ave viva fuera de la ciudad, en campo abierto. Así hará expiación por la casa y esta quedará pura”. 14:54 Este es el reglamento para cualquier clase de infección de lepra o tiña, 14:55 para el moho en la ropa o en las casas, 14:56 y para las hinchazones, erupciones y manchas brillantes. 14:57 Sirve para enseñar cuándo algo es impuro y cuándo es puro. Este es el reglamento sobre la lepra. 15:1 Yehová les habló a Moisés y a Aarón, y les dijo: 15:2 “Díganles a los israelitas: ‘Cualquier hombre que tenga un flujo de su cuerpo es impuro a causa de ese flujo. 15:3 Su impureza consiste en lo siguiente: ya sea que el flujo le salga del cuerpo o que se le retenga, el hombre es impuro. 15:4 “‘Cualquier cama donde se acueste y cualquier mueble donde se siente serán impuros. 15:5 El que toque la cama del hombre impuro deberá lavar su ropa y bañarse, y quedará impuro hasta el atardecer. 15:6 El que se siente en el mismo lugar donde se sentó el hombre impuro deberá lavar su ropa y bañarse, y quedará impuro hasta el atardecer. 15:7 “‘El que toque el cuerpo de ese hombre deberá lavar su ropa y bañarse, y quedará impuro hasta el atardecer. 15:8 “‘Si el hombre del flujo le escupe a alguien que está puro, esa persona deberá lavar su ropa y bañarse, y quedará impura hasta el atardecer. 15:9 “‘Cualquier montura que use el hombre del flujo será impura. 15:10 Cualquiera que toque lo que haya estado debajo de él quedará impuro hasta el atardecer. El que cargue con esas cosas deberá lavar su ropa y bañarse, y quedará impuro hasta el atardecer. 15:11 “‘Si el hombre del flujo toca a alguien sin haberse lavado primero las manos, esa persona deberá lavar su ropa y bañarse, y quedará impura hasta el atardecer. 15:12 “‘Cualquier olla de barro que toque el hombre del flujo deberá romperse, y cualquier utensilio de madera que toque deberá lavarse con agua. 15:13 “‘Cuando el hombre sane de su flujo, contará siete días para su purificación. Luego lavará su ropa y se bañará en agua de manantial, y quedará puro. 15:14 “‘Al octavo día tomará dos tórtolas o dos pichones, se presentará ante Yehová a la entrada de la Tienda del Encuentro y se los entregará al sacerdote. 15:15 El sacerdote ofrecerá una de las aves como ofrenda por el pecado y la otra como holocausto. Así el sacerdote hará expiación por él delante de Yehová a causa de su flujo.

Aliá 7 · Levítico 15:16-33

15:16 “‘Si a un hombre le sale semen, deberá bañar todo su cuerpo en agua y quedará impuro hasta el atardecer. 15:17 Cualquier ropa o cuero que se manche de semen deberá lavarse con agua y quedará impuro hasta el atardecer. 15:18 Si un hombre y una mujer tienen relaciones sexuales y a él le sale semen, ambos deberán bañarse y quedarán impuros hasta el atardecer. 15:19 “‘Cuando una mujer tenga su período menstrual, su impureza durará siete días. Cualquiera que la toque quedará impuro hasta el atardecer. 15:20 “‘Cualquier lugar donde ella se acueste o se siente durante su período será impuro. 15:21 Cualquiera que toque la cama de ella deberá lavar su ropa y bañarse, y quedará impuro hasta el atardecer. 15:22 Cualquiera que toque el mueble donde ella se sentó deberá lavar su ropa y bañarse, y quedará impuro hasta el atardecer. 15:23 Ya sea que toque la cama o el mueble, quedará impuro hasta el atardecer. 15:24 “‘Si un hombre se acuesta con ella y entra en contacto con la sangre de su menstruación, quedará impuro durante siete días, y cualquier cama donde él se acueste será impura. 15:25 “‘Si una mujer tiene un flujo de sangre durante muchos días fuera de su período normal, o si el sangrado le dura más tiempo de lo normal, será impura todo el tiempo que le dure el flujo, tal como en los días de su menstruación. 15:26 Cualquier cama donde se acueste y cualquier mueble donde se siente durante esos días serán impuros, igual que en los días de su menstruación. 15:27 Cualquiera que toque esas cosas quedará impuro, por lo que deberá lavar su ropa y bañarse, y quedará impuro hasta el atardecer. 15:28 “‘Cuando la mujer sane de su flujo, contará siete días, y después quedará pura. 15:29 Al octavo día tomará dos tórtolas o dos pichones y se los llevará al sacerdote a la entrada de la Tienda del Encuentro. 15:30 El sacerdote ofrecerá una de las aves como ofrenda por el pecado y la otra como holocausto. Así el sacerdote hará expiación por ella delante de Yehová a causa de su flujo impuro. 15:31 “‘De esta manera ustedes mantendrán a los israelitas separados de sus cosas impuras, para que no mueran por contaminar mi santuario que está en medio de ellos’”. 15:32 Este es el reglamento para el hombre que tiene un flujo o al que le sale semen y queda impuro; 15:33 para la mujer que está en su período menstrual; para el hombre o la mujer que tenga un flujo, y para el hombre que se acueste con una mujer impura.

Haftará (Profetas)

7:3 Había cuatro hombres que tenían lepra a la entrada de la ciudad. Ellos se dijeron unos a otros: “¿Qué hacemos aquí sentados esperando la muerte? 7:4 Si decidimos entrar en la ciudad, nos moriremos de hambre, porque allá no hay nada que comer. Y si nos quedamos aquí, también moriremos. Así que vengan, vamos a entregarnos al campamento de los sirios. Si nos perdonan la vida, viviremos; y si nos matan, de todos modos íbamos a morir”. 7:5 Al anochecer, se levantaron y se fueron hacia el campamento de los sirios. Cuando llegaron a la entrada del campamento, ¡vieron que no había nadie! 7:6 Y es que el Señor había hecho que el ejército sirio oyera un estruendo de carros de guerra, caballos y de un gran ejército. Los sirios se dijeron unos a otros: “¡Miren! El rey de Israel ha contratado a los reyes de los hititas y a los reyes de Egipto para que nos ataquen”. 7:7 Por eso se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos y sus burros. Dejaron el campamento tal como estaba y salieron huyendo para salvar la vida. 7:8 Cuando los leprosos llegaron al borde del campamento, entraron en una tienda, comieron y bebieron; luego se llevaron plata, oro y ropa, y fueron a esconderlo todo. Regresaron, entraron en otra tienda, tomaron también varias cosas y las escondieron. 7:9 Entonces se dijeron unos a otros: “No estamos haciendo bien. Hoy es un día de buenas noticias y nos estamos quedando callados. Si esperamos hasta que amanezca, nos van a castigar. ¡Vengan! Vamos de una vez al palacio del rey para dar el aviso”. 7:10 Fueron, pues, y llamaron a los guardias de la puerta de la ciudad y les dijeron: “Fuimos al campamento de los sirios y no encontramos a nadie; no se oía ni un alma. Solo estaban los caballos y los burros amarrados, y las tiendas tal como las dejaron”. 7:11 Entonces los guardias gritaron la noticia y el aviso llegó hasta el palacio del rey. 7:12 El rey se levantó a media noche y les dijo a sus oficiales: “Ahora les voy a explicar lo que los sirios nos están haciendo. Como saben que tenemos mucha hambre, se salieron del campamento para esconderse en el campo. Han de estar pensando: ‘En cuanto salgan de la ciudad, los atraparemos vivos y entraremos en Samaria’”. 7:13 Pero uno de sus oficiales respondió: “Por favor, deje que unos hombres tomen cinco de los pocos caballos que nos quedan (total, a esos caballos les va a pasar lo mismo que a todos los israelitas que quedan aquí, que ya están por morir). Mandémoslos para ver qué pasa”. 7:14 Así que tomaron dos carros con sus caballos, y el rey los envió hacia el ejército sirio con esta orden: “Vayan y vean qué pasó”. 7:15 Los mensajeros siguieron el rastro hasta el río Jordán, y vieron que todo el camino estaba lleno de ropa y equipo que los sirios habían tirado en su apuro por escapar. Luego regresaron y se lo informaron al rey. 7:16 Entonces la gente salió y saqueó el campamento de los sirios. Así fue como se vendieron siete litros de harina fina por una moneda de plata, y quince litros de cebada por una moneda de plata, tal como Yehová lo había dicho. 7:17 El rey había puesto al oficial que era su brazo derecho a cargo de la puerta de la ciudad, pero la gente lo atropelló y murió pisoteado, tal como el hombre de Dios lo había anunciado cuando el rey fue a verlo. 7:18 Sucedió exactamente lo que el hombre de Dios le había dicho al rey: “Mañana a esta hora, en la entrada de Samaria, se venderán quince litros de cebada por una moneda de plata, y siete litros de harina fina por una moneda de plata”. 7:19 Aquel oficial le había respondido al hombre de Dios: “¡Ni aunque Yehová abriera ventanas en el cielo podría pasar algo así!” Y Eliseo le había dicho: “Pues lo verás con tus propios ojos, pero no comerás nada de eso”. 7:20 Y así le pasó: la gente lo atropelló en la puerta de la ciudad, y allí murió.

Brit Hadashah (Pacto Renovado)

8:1 Cuando Jesús bajó de la montaña, grandes multitudes lo siguieron. 8:2 Resulta que un hombre enfermo de lepra se le acercó, se arrodilló ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes sanarme”. 8:3 Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: “Sí quiero. ¡Queda sano!”. Y al instante, el hombre quedó limpio de su lepra. 8:4 Entonces Jesús le dijo: “Mira, no se lo cuentes a nadie. Ve, preséntate ante el sacerdote y ofrece la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”.

5:12 Mientras estaba en una de las ciudades, he aquí que había un hombre lleno de lepra. Al ver a Jesús, se postró sobre su rostro y le rogó diciendo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. 5:13 Extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero. Queda limpio”. Inmediatamente la lepra lo abandonó. 5:14 Le ordenó que no se lo dijera a nadie: “Pero vete y muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que ha mandado Moisés, para que les sirva de testimonio.” 5:15 Pero la noticia sobre él se extendió mucho más, y se reunieron grandes multitudes para escuchar y ser curados por él de sus enfermedades. 5:16 Pero él se retiró al desierto y oró.

8:1 Cuando Jesús bajó de la montaña, grandes multitudes lo siguieron. 8:2 Resulta que un hombre enfermo de lepra se le acercó, se arrodilló ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes sanarme”. 8:3 Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: “Sí quiero. ¡Queda sano!”. Y al instante, el hombre quedó limpio de su lepra. 8:4 Entonces Jesús le dijo: “Mira, no se lo cuentes a nadie. Ve, preséntate ante el sacerdote y ofrece la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”. 8:5 Cuando Jesús entró en Capernaúm, un capitán del ejército romano se le acercó para pedirle ayuda. 8:6 Le dijo: “Señor, mi sirviente está en cama en la casa, paralítico, y sufre terriblemente”. 8:7 Jesús le respondió: “Iré a sanarlo”. 8:8 Pero el capitán contestó: “Señor, yo no merezco que entres a mi casa. Solamente da la orden, y mi sirviente sanará. 8:9 Porque yo mismo soy un hombre bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes. Le digo a uno: ‘Ve’, y va; y le digo a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi sirviente: ‘Haz esto’, y lo hace”. 8:10 Al escuchar esto, Jesús se asombró y les dijo a los que lo seguían: “Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con una fe tan grande. 8:11 Les digo que muchos vendrán del este y del oeste, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos. 8:12 Pero los que debían pertenecer al Reino serán echados a la oscuridad de afuera, donde habrá llanto y crujir de dientes”. 8:13 Y Jesús le dijo al capitán: “Vete a tu casa. Que se te conceda lo que has creído”. Y su sirviente quedó sano en ese mismo momento. 8:14 Cuando Jesús entró en la casa de Pedro, vio a la suegra de este en cama, enferma con fiebre. 8:15 Él le tocó la mano y la fiebre se le quitó. Ella se levantó y se puso a atenderlo. 8:16 Al anochecer, le llevaron a muchas personas que tenían demonios. Con una sola palabra expulsó a los espíritus y sanó a todos los enfermos. 8:17 Esto sucedió para que se cumpliera lo que dijo el profeta Isaías: “Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades”.