Devocional mesiánico

Vayishlaj

וַיִּשְׁלַח

Shabat · 28 de noviembre de 2026

Torá: Génesis 32:3–36:43 · Haftará: Abdías 1:1-21 · Brit Hadashah: Hebreos 11:11-20; Mateo 26:36-46

Escucha la porción

Aliá 1

La porción esta semana

Resumen de la porción

Jacob regresa a la tierra prometida y debe enfrentar a Esaú, de quien huyó veinte años atrás. Envía mensajeros, regalos y finalmente se queda solo de noche junto al Jaboc, donde lucha con un hombre hasta el amanecer y recibe el nombre de Israel. El encuentro con Esaú termina en abrazo, pero los hermanos se separan otra vez, cada uno a su territorio. La porción cierra con la tragedia de Dina en Siquem, el regreso de Jacob a Betel, la muerte de Raquel al dar a luz a Benjamín, la muerte de Isaac, y la genealogía de Esaú, padre de Edom.

El hilo de la parashá

Todo Vayishlaj gira sobre una noche de soledad antes de un encuentro que no se puede evitar. Génesis 32:24 lo dice sin adorno: «Jacob se quedó completamente solo». Antes había enviado mensajeros, había dividido su campamento, había calculado regalos — pero llega un punto donde ya no hay estrategia posible, solo lucha. El hombre lo hiere en la cadera; Jacob no lo suelta hasta recibir bendición. Sale de esa noche cojeando y transformado: «Ya no te llamarás Jacob, sino Israel» (Génesis 32:28). Solo entonces, marcado en el cuerpo, se inclina siete veces ante Esaú (Génesis 33:3) — ya no el suplantador que huye, sino el que ha visto a Dios cara a cara y sigue con vida (Génesis 32:30).

Pero la reconciliación fraterna no borra la historia. Simeón y Leví vengan a Dina con una violencia que Jacob mismo condena («Ustedes me han metido en un grave problema», Génesis 34:30), y los hermanos, Jacob y Esaú, terminan cada uno por su camino (Génesis 33:16-17). La bendición no anula las heridas ni las diferencias; las atraviesa.

La haftará

Abdías retoma exactamente esa separación de caminos entre los dos hermanos, siglos después, cuando ya son dos naciones. Edom, descendiente de Esaú, es juzgado no por su origen sino por lo que hizo en «el día de su desgracia» de su hermano (Abdías 1:12): se paró del lado equivocado, se alegró del mal ajeno. La genealogía extensa de Esaú en Génesis 36 no es relleno — establece quién es Edom antes de que Abdías anuncie su caída. El abrazo de Génesis 33 fue real, pero no garantizó la fidelidad de la descendencia. La haftará recuerda que la bendición de Peniel («el pueblo de Jacob recuperará lo que le pertenece», Abdías 1:17) sigue en pie aun cuando la hermandad histórica fracasa.

El Mesías en la porción

La noche del Jaboc encuentra su eco más nítido en Getsemaní. Jacob se aparta solo antes del encuentro que teme; Jesús se lleva a los discípulos pero avanza «un poco» para orar solo, con «una tristeza de muerte» (Mateo 26:37-38). Jacob lucha toda la noche y no suelta hasta ser bendecido; Jesús ora tres veces la misma súplica, y en cada una se rinde: «que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres» (Mateo 26:39). Jacob amanece cojeando pero dispuesto a encontrar a Esaú; Jesús, tras la tercera oración, se levanta y dice: «Levántense, vámonos» (Mateo 26:46), hacia el encuentro con el que viene a entregarlo. En ambos casos la lucha nocturna no evita el encuentro temido: lo hace posible. Hebreos 11:20 recuerda que Isaac bendijo «a Jacob y a Esaú respecto a las cosas venideras» — la promesa avanza aun a través de hermanos peleados y de noches de agonía, porque quien promete es fiel (Hebreos 11:11).

Para la semana

Antes de un encuentro que temes, no lo evites con solo estrategia: aparta un tiempo a solas para orar hasta rendirte, no hasta sentirte cómodo. La bendición suele llegar cojeando, no invicta.

Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.

Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo

Aliá 1 · Génesis 32:3-12

32:3 Luego Jacob envió mensajeros por delante para que fueran a buscar a su hermano Esaú en la tierra de Seír, en la región de Edom. 32:4 Y les ordenó: “Esto es lo que le dirán a mi señor Esaú: ‘Esto dice tu siervo Jacob: He vivido como extranjero con Labán, y me he quedado con él hasta ahora. 32:5 Tengo vacas, burros, ovejas, esclavos y esclavas. Envío este mensaje a mi señor, con la esperanza de ganarme su favor’”. 32:6 Los mensajeros regresaron a donde estaba Jacob y le dijeron: “Fuimos a ver a tu hermano Esaú. Ya viene a tu encuentro, y lo acompañan cuatrocientos hombres”. 32:7 Jacob se llenó de mucho miedo y angustia. Entonces dividió en dos campamentos a la gente que lo acompañaba, y también a las ovejas, las vacas y los camellos. 32:8 Pues pensó: “Si Esaú ataca a uno de los campamentos, el otro campamento podrá escapar”. 32:9 Luego Jacob oró: “Dios de mi abuelo Abraham, y Dios de mi padre Isaac; Yehová, tú me dijiste: ‘Regresa a tu tierra y a tus parientes, y yo te haré prosperar’. 32:10 No soy digno de la inmensa bondad y lealtad que le has mostrado a tu siervo. Cuando crucé este río Jordán, no tenía más que mi bastón, ¡y ahora he llegado a formar dos campamentos! 32:11 Por favor, sálvame de las manos de mi hermano Esaú, porque tengo miedo de que venga y me mate a mí, y también a las madres con sus hijos. 32:12 Tú mismo dijiste: ‘Ciertamente te haré prosperar, y haré que tu descendencia sea tan numerosa como la arena del mar, que no se puede contar’”.

Aliá 2 · Génesis 32:13-29

32:13 Jacob pasó la noche allí, y de lo que tenía a la mano escogió un regalo para su hermano Esaú: 32:14 doscientas cabras y veinte chivos, doscientas ovejas y veinte carneros, 32:15 treinta camellas lecheras con sus crías, cuarenta vacas y diez toros, y veinte burras y diez burritos. 32:16 Puso cada manada al cuidado de sus siervos, y les dijo: “Vayan delante de mí, y dejen un buen espacio entre manada y manada”. 32:17 Al que iba al frente le ordenó: “Cuando mi hermano Esaú te encuentre y te pregunte: ‘¿De quién eres sirviente? ¿A dónde vas? ¿Y de quién son estos animales que llevas adelante?’, 32:18 le contestarás: ‘Son de tu siervo Jacob. Es un regalo que le envía a mi señor Esaú. Y mire, él mismo viene detrás de nosotros’”. 32:19 Le dio la misma orden al segundo, al tercero y a todos los que iban detrás de las manadas: “Esto mismo le dirán a Esaú cuando se encuentren con él. 32:20 Y asegúrense de decirle: ‘Su siervo Jacob viene justo detrás de nosotros’”. Porque Jacob pensaba: “Lo apaciguaré con los regalos que van por delante, y cuando lo vea cara a cara, tal vez me reciba bien”. 32:21 Así que los regalos se fueron por delante, mientras que él pasó esa noche en el campamento. 32:22 Pero esa misma noche Jacob se levantó, tomó a sus dos esposas, a sus dos sirvientas y a sus once hijos, y cruzó el vado del río Jaboc. 32:23 Una vez que los hizo cruzar el arroyo, hizo pasar también todo lo que tenía. 32:24 Jacob se quedó completamente solo, y un hombre luchó con él hasta que amaneció. 32:25 Cuando el hombre se dio cuenta de que no podía vencer a Jacob, lo golpeó en la articulación de la cadera, y la cadera de Jacob se dislocó mientras luchaba con él. 32:26 Entonces el hombre le dijo: “¡Suéltame, que ya está amaneciendo!” Pero Jacob le respondió: “No te soltaré hasta que me bendigas”. 32:27 “¿Cómo te llamas?”, le preguntó el hombre. “Jacob”, contestó él. 32:28 Y el hombre le dijo: “Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”. 32:29 Entonces Jacob le pidió: “Por favor, dime tu nombre”. Pero él respondió: “¿Por qué me preguntas mi nombre?” Y allí mismo lo bendijo.

Aliá 3 · Génesis 32:30–33:5

32:30 Jacob llamó a aquel lugar Peniel, pues dijo: “He visto a Dios cara a cara, y sin embargo sigo con vida”. 32:31 El sol estaba saliendo cuando Jacob pasó por Peniel, y se fue cojeando a causa de su cadera. 32:32 Por eso, hasta el día de hoy, los israelitas no comen el tendón que está en la articulación de la cadera, porque a Jacob lo golpearon en ese mismo tendón de la cadera. 33:1 Jacob levantó la vista y vio que Esaú se acercaba con cuatrocientos hombres. Entonces repartió a los niños entre Lea, Raquel y las dos sirvientas. 33:2 Puso por delante a las sirvientas y a sus hijos, luego a Lea y a sus hijos, y por último a Raquel y a José. 33:3 Él mismo se adelantó y se inclinó hasta el suelo siete veces, antes de acercarse a su hermano. 33:4 Pero Esaú corrió a su encuentro, lo abrazó, se le echó al cuello y lo besó, y ambos lloraron. 33:5 Luego Esaú levantó la vista, y al ver a las mujeres y a los niños, preguntó: “¿Y quiénes son estos que vienen contigo?”. Jacob le respondió: “Son los hijos que Dios, en su bondad, le ha dado a tu siervo”.

Aliá 4 · Génesis 33:6-20

33:6 Entonces se acercaron las sirvientas con sus hijos, y se inclinaron. 33:7 Luego se acercaron Lea y sus hijos, y se inclinaron. Finalmente se acercaron José y Raquel, y también se inclinaron. 33:8 Esaú le preguntó: “¿Qué pretendes con todos estos rebaños con los que me he topado?”. Jacob contestó: “Ganarme el favor de mi señor”. 33:9 Pero Esaú le dijo: “Hermano mío, yo ya tengo mucho. Quédate con lo que es tuyo”. 33:10 Jacob insistió: “¡No, por favor! Si realmente me he ganado tu favor, acepta el regalo que te ofrezco. El ver tu rostro ha sido para mí como ver el rostro de Dios, ya que me has recibido muy bien. 33:11 Por favor, acepta este regalo que te he traído, porque Dios ha sido muy bueno conmigo y tengo de todo”. Y como Jacob le insistió, Esaú lo aceptó. 33:12 Luego Esaú le dijo: “Sigamos nuestro viaje; yo iré por delante de ti”. 33:13 Pero Jacob le contestó: “Mi señor sabe que los niños son delicados, y que las ovejas y las vacas que traen crías necesitan cuidado. Si se les apura un solo día, morirá todo el rebaño. 33:14 Por favor, adelántese mi señor a su siervo. Yo avanzaré poco a poco, al paso del ganado que va delante de mí y al paso de los niños, hasta que alcance a mi señor en Seír”. 33:15 Esaú le ofreció: “Permíteme dejarte a algunos de mis hombres”. Pero Jacob le dijo: “¿Para qué molestarte? Me basta con haberte caído bien, mi señor”. 33:16 Ese mismo día, Esaú emprendió el camino de regreso a Seír. 33:17 Jacob, por su parte, se dirigió a Sucot. Allí se construyó una casa y armó unos corrales para su ganado. Por eso a ese lugar se le llamó Sucot. 33:18 En su viaje desde Padán Aram, Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquén, en la tierra de Canaán, y acampó frente a la ciudad. 33:19 Por cien monedas de plata, les compró a los hijos de Jamor, el padre de Siquén, la parcela donde había armado su campamento. 33:20 Allí construyó un altar y lo llamó El Elohe Israel.

Aliá 5 · Génesis 34:1–35:11

34:1 Un día, Dina, la hija que Lea le había dado a Jacob, salió a visitar a las jóvenes del lugar. 34:2 Al verla, Siquén, hijo de Jamor el heveo, que era el jefe de aquella región, la agarró, se acostó con ella y la deshonró. 34:3 Pero se enamoró perdidamente de Dina, la hija de Jacob; amó a la joven y le habló con ternura. 34:4 Entonces Siquén le dijo a su padre Jamor: “Consígueme a esta joven para que sea mi esposa”. 34:5 Jacob se enteró de que Siquén había deshonrado a su hija Dina. Pero como sus hijos estaban en el campo con el ganado, no dijo nada hasta que ellos regresaron. 34:6 Mientras tanto, Jamor, el padre de Siquén, fue a hablar con Jacob. 34:7 Al enterarse de lo sucedido, los hijos de Jacob regresaron del campo. Estaban indignados y furiosos, porque Siquén había cometido una infamia en Israel al acostarse con la hija de Jacob, algo que jamás debía hacerse. 34:8 Jamor habló con ellos y les dijo: “Mi hijo Siquén está perdidamente enamorado de la hija de ustedes. Por favor, dénsela por esposa. 34:9 Emparentemos: dennos a sus hijas, y cásense ustedes con las nuestras. 34:10 Quédense a vivir con nosotros. La tierra está a su disposición; vivan y hagan negocios aquí, y adquieran propiedades”. 34:11 Siquén también les rogó al padre y a los hermanos de Dina: “Concédanme este favor, y yo les daré todo lo que me pidan. 34:12 Fijen un precio alto por la dote y los regalos, y yo pagaré lo que me pidan; pero denme a la joven por esposa”. 34:13 Como Siquén había deshonrado a su hermana Dina, los hijos de Jacob les respondieron a Siquén y a su padre Jamor con engaños. 34:14 Les dijeron: “No podemos hacer eso. Entregar a nuestra hermana a un hombre incircunciso sería una vergüenza para nosotros. 34:15 Sólo aceptaremos con esta condición: que ustedes se hagan como nosotros y que todos sus varones sean circuncidados. 34:16 Si lo hacen, les daremos a nuestras hijas y nos casaremos con las de ustedes. Nos quedaremos a vivir con ustedes y seremos un solo pueblo. 34:17 Pero si no aceptan y no se circuncidan, nos llevaremos a nuestra hermana y nos iremos”. 34:18 La propuesta les pareció bien a Jamor y a su hijo Siquén. 34:19 El joven no tardó en hacerlo, pues estaba muy enamorado de la hija de Jacob, y además era el hombre más respetado de toda su familia. 34:20 Así que Jamor y su hijo Siquén fueron a la puerta de su ciudad y hablaron con sus conciudadanos: 34:21 “Estos hombres son pacíficos. Dejemos que se queden a vivir y a hacer negocios en nuestra tierra, pues hay lugar de sobra para ellos. Podremos casarnos con sus hijas, y darles las nuestras. 34:22 Pero ellos aceptarán quedarse a vivir entre nosotros y ser un solo pueblo con una sola condición: que todos nuestros varones sean circuncidados, así como ellos lo están. 34:23 ¿Acaso no pasarán a ser nuestros todos sus rebaños, sus bienes y sus animales? Aceptemos su condición, y así se quedarán a vivir con nosotros”. 34:24 Todos los hombres que salían por la puerta de la ciudad estuvieron de acuerdo con Jamor y con su hijo Siquén, y todos los varones de la ciudad fueron circuncidados. 34:25 Al tercer día, cuando más les dolía la herida, Simeón y Leví, que eran dos de los hijos de Jacob y hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, entraron a la ciudad sin que nadie lo sospechara y mataron a todos los varones. 34:26 Mataron a filo de espada a Jamor y a su hijo Siquén, sacaron a Dina de la casa de Siquén, y se fueron. 34:27 Luego los otros hijos de Jacob pasaron sobre los muertos y saquearon la ciudad, para vengarse por la deshonra de su hermana. 34:28 Se apoderaron de sus rebaños, sus vacas y sus burros, y de todo lo que había tanto en la ciudad como en el campo. 34:29 Se llevaron todas sus riquezas y saquearon todo lo que había en las casas, llevándose prisioneros a los niños y a las mujeres. 34:30 Entonces Jacob les reclamó a Simeón y a Leví: “¡Ustedes me han metido en un grave problema! Me han hecho odioso ante los habitantes de esta tierra, ante los cananeos y los ferezeos. Nosotros somos pocos; si se unen contra mí y me atacan, seremos destruidos yo y toda mi familia”. 34:31 Pero ellos respondieron: “¿Acaso íbamos a permitir que tratara a nuestra hermana como a una prostituta?” 35:1 Dios le dijo a Jacob: “Levántate, sube a Betel y quédate a vivir allí. Construye allí un altar al Dios que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú”. 35:2 Entonces Jacob les dijo a su familia y a todos los que lo acompañaban: “Desháganse de los dioses extranjeros que tienen entre ustedes, purifíquense y cámbiense de ropa. 35:3 Preparémonos para subir a Betel. Allí construiré un altar al Dios que me escuchó cuando estadi angustiado, y que me ha acompañado en todo mi camino”. 35:4 Así que ellos le entregaron a Jacob todos los dioses extranjeros que tenían, y también los aretes que llevaban en las orejas; y Jacob los enterró debajo del roble que está cerca de Siquén. 35:5 Cuando reanudaron su viaje, un pánico enviado por Dios se apoderó de las ciudades vecinas, de modo que nadie persiguió a los hijos de Jacob. 35:6 Jacob y todos los que lo acompañaban llegaron a Luz (es decir, Betel), en la tierra de Canaán. 35:7 Allí construyó un altar, y a ese lugar lo llamó El Betel, porque allí Dios se le había revelado cuando huía de su hermano. 35:8 Por esos días murió Débora, la nodriza de Rebeca, y la enterraron al pie de Betel, debajo del roble. Por eso aquel lugar fue llamado Alón Bacut. 35:9 Dios se le apareció de nuevo a Jacob cuando regresaba de Padán Aram, y lo bendijo. 35:10 Dios le dijo: “Tu nombre es Jacob, pero ya no te llamarás así. De ahora en adelante tu nombre será Israel”. Y así le puso por nombre Israel. 35:11 Además, Dios le dijo: “Yo soy el Dios Todopoderoso. Sé fecundo y multiplícate. De ti nacerán una nación y una comunidad de naciones, y de tu descendencia surgirán reyes.

Aliá 6 · Génesis 35:12–36:19

35:12 La tierra que les di a Abraham y a Isaac, te la doy a ti, y también se la daré a tus descendientes”. 35:13 Y Dios se alejó del lugar donde había hablado con él. 35:14 Entonces Jacob levantó un monumento de piedra en el lugar donde Dios le había hablado, y sobre él derramó una ofrenda de vino y aceite. 35:15 Jacob llamó Betel a ese lugar donde Dios le había hablado. 35:16 Luego partieron de Betel. Cuando todavía faltaba un tramo para llegar a Efrata, a Raquel le llegaron los dolores de parto, y tuvo un parto muy difícil. 35:17 Mientras sufría con los dolores, la partera le dijo: “¡No tengas miedo, que vas a tener otro hijo varón!” 35:18 Y al dar su último suspiro (porque estaba a punto de morir), Raquel lo llamó Benoní, pero su padre le puso por nombre Benjamín. 35:19 Así murió Raquel, y la enterraron en el camino que va hacia Efrata (es decir, Belén). 35:20 Sobre su tumba Jacob levantó un monumento, el cual señala la tumba de Raquel hasta el día de hoy. 35:21 Israel siguió su viaje y armó su campamento más allá de Migdal Eder. 35:22 Mientras Israel vivía en esa región, Rubén fue y se acostó con Bilhá, la concubina de su padre. Y cuando Israel se enteró de esto, se enojó muchísimo. Los hijos de Jacob fueron doce. 35:23 Los hijos de Lea fueron: Rubén (el hijo mayor de Jacob), Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. 35:24 Los hijos de Raquel fueron: José y Benjamín. 35:25 Los hijos de Bilhá, la sirvienta de Raquel, fueron: Dan y Neftalí. 35:26 Los hijos de Zilpá, la sirvienta de Lea, fueron: Gad y Aser. Éstos fueron los hijos de Jacob que nacieron en Padán Aram. 35:27 Jacob llegó a donde estaba su padre Isaac en Mamre, cerca de Quiriat Arba (es decir, Hebrón), donde Abraham e Isaac habían vivido como extranjeros. 35:28 Isaac vivió ciento ochenta años. 35:29 Exhaló su último suspiro y murió a una edad muy avanzada, anciano y satisfecho de la vida, y fue a reunirse con sus antepasados. Sus hijos Esaú y Jacob lo sepultaron. 36:1 Ésta es la historia de los descendientes de Esaú, es decir, Edom. 36:2 Esaú tomó por esposas a mujeres cananeas: a Adá, hija de Elón el hitita; a Aholibama, hija de Aná y nieta de Zibeón el heveo; 36:3 y a Basemat, la hija de Ismael y hermana de Nebaiot. 36:4 Adá le dio a Esaú un hijo llamado Elifaz, y Basemat dio a luz a Reuel. 36:5 Aholibama dio a luz a Jeús, Jalam y Coré. Éstos fueron los hijos de Esaú que nacieron en la tierra de Canaán. 36:6 Esaú tomó a sus esposas, a sus hijos y a sus hijas, y a todas las personas de su familia, junto con su ganado, todos sus animales y todos los bienes que había acumulado en Canaán, y se fue a otra región, lejos de su hermano Jacob. 36:7 Lo hizo porque los bienes de ambos eran tantos que ya no podían vivir juntos. La tierra donde vivían como extranjeros no podía sostenerlos a causa de sus grandes rebaños. 36:8 Así fue como Esaú, es decir, Edom, se estableció en la región montañosa de Seír. 36:9 Ésta es la historia de los descendientes de Esaú, antepasado de los edomitas, en la región montañosa de Seír. 36:10 Éstos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Adá, la esposa de Esaú; y Reuel, hijo de Basemat, la esposa de Esaú. 36:11 Los hijos de Elifaz fueron Temán, Omar, Zefo, Gatam y Cenaz. 36:12 Elifaz, el hijo de Esaú, tuvo una concubina llamada Timna, la cual le dio un hijo llamado Amalec. Éstos son los descendientes de Adá, la esposa de Esaú. 36:13 Los hijos de Reuel fueron Nahat, Zera, Sama y Miza. Éstos son los descendientes de Basemat, la esposa de Esaú. 36:14 Éstos son los hijos que Aholibama, esposa de Esaú, hija de Aná y nieta de Zibeón, le dio a Esaú: Jeús, Jalam y Coré. 36:15 Éstos son los jefes de las tribus descendientes de Esaú. De los hijos de Elifaz, el hijo mayor de Esaú, salieron los siguientes jefes: Temán, Omar, Zefo, Cenaz, 36:16 Coré, Gatam y Amalec. Éstos son los jefes que descienden de Elifaz en la tierra de Edom, y son los descendientes de Adá. 36:17 De los descendientes de Reuel, hijo de Esaú, salieron los siguientes jefes: Nahat, Zera, Sama y Miza. Éstos son los jefes que descienden de Reuel en la tierra de Edom, y son los descendientes de Basemat, la esposa de Esaú. 36:18 De los descendientes de Aholibama, la esposa de Esaú, salieron los siguientes jefes: Jeús, Jalam y Coré. Éstos son los jefes que descienden de Aholibama, la esposa de Esaú e hija de Aná. 36:19 Éstos son los hijos de Esaú, es decir, Edom, y éstos son sus jefes.

Aliá 7 · Génesis 36:20-43

36:20 Éstos son los hijos de Seír el horeo, los habitantes originales de la tierra: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná, 36:21 Disón, Ezer y Disán. Éstos son los jefes de los horeos, descendientes de Seír en la tierra de Edom. 36:22 Los hijos de Lotán fueron Horí y Hemán. La hermana de Lotán se llamaba Timna. 36:23 Los hijos de Sobal fueron Alván, Manajat, Ebal, Sefo y Onam. 36:24 Los hijos de Zibeón fueron Aja y Aná. Éste es el mismo Aná que descubrió los manantiales de aguas termales en el desierto, mientras cuidaba los burros de su padre Zibeón. 36:25 Los hijos de Aná fueron Disón y Aholibama, la hija de Aná. 36:26 Los hijos de Disón fueron Hemdán, Esbán, Itrán y Querán. 36:27 Los hijos de Ezer fueron Bilhán, Zaaván y Acán. 36:28 Los hijos de Disán fueron Uz y Arán. 36:29 Éstos son los jefes de los horeos: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná, 36:30 Disón, Ezer y Disán. Éstos son los jefes horeos, según sus clanes en la región de Seír. 36:31 Éstos son los reyes que gobernaron en la tierra de Edom antes de que los israelitas tuvieran un rey: 36:32 Bela, hijo de Beor, reinó en Edom. Su ciudad se llamaba Dinaba. 36:33 Cuando murió Bela, lo sucedió en el trono Jobab, que era hijo de Zera y de la ciudad de Bosra. 36:34 Cuando murió Jobab, lo sucedió Jusam, de la tierra de los temanitas. 36:35 Cuando murió Jusam, lo sucedió Hadad, el hijo de Bedad, quien derrotó a Madián en el campo de Moab. Su ciudad se llamaba Avit. 36:36 Cuando murió Hadad, lo sucedió Samlá, de la ciudad de Masreca. 36:37 Cuando murió Samlá, lo sucedió Saúl, de la ciudad de Rejobot, que está junto al río. 36:38 Cuando murió Saúl, lo sucedió Baal Janán, hijo de Acbor. 36:39 Cuando murió Baal Janán, hijo de Acbor, lo sucedió Hadar. Su ciudad se llamaba Pau. Su esposa fue Mehetabel, hija de Matred y nieta de Mezab. 36:40 Éstos son los nombres de los jefes que descienden de Esaú, según sus familias, lugares y nombres: los jefes Timna, Alva, Jetet, 36:41 Aholibama, Ela, Pinón, 36:42 Cenaz, Temán, Mibzar, 36:43 Magdiel e Iram. Éstos son los jefes de Edom, según los lugares donde se establecieron y las tierras que ocuparon. Éste es Esaú, el padre de los edomitas.

Haftará (Profetas)

1:1 Visión de Abdías. Esto es lo que dice el Señor Yehová acerca de Edom. Hemos oído noticias de parte de Yehová, y un mensajero ha sido enviado a las naciones para decirles: “¡Levántense! Vamos a la guerra contra Edom”. 1:2 “Mira, te he hecho pequeño entre las naciones, y todos te desprecian. 1:3 La soberbia de tu corazón te ha engañado. Tú, que vives en las grietas de las rocas y pones tu casa en lo más alto, dices en tu corazón: ‘¿Quién podrá derribarme hasta el suelo?’. 1:4 Aunque vueles tan alto como el águila y pongas tu nido entre las estrellas, de allí te haré caer”, dice Yehová. 1:5 “Si vinieran a ti ladrones o asaltantes nocturnos —¡qué desastre te espera!—, ¿no robarían solo lo que necesitan? Si vinieran a ti vendimiadores, ¿no dejarían al menos unas cuantas uvas? 1:6 ¡Pero mira cómo han saqueado a Esaú! ¡Cómo han rebuscado hasta sus tesoros más escondidos! 1:7 Todos tus aliados te han llevado hasta la frontera; te engañaron y te derrotaron los que estaban en paz contigo. Los que comían de tu pan te pusieron una trampa, y tú ni cuenta te diste. 1:8 ¿Acaso no haré yo en aquel día”, dice Yehová, “que desaparezcan los sabios de Edom y el entendimiento del monte de Esaú? 1:9 Tus valientes en Temán se llenarán de terror, y así todos en el monte de Esaú serán eliminados en la matanza. 1:10 Por la violencia que cometiste contra tu hermano Jacob, te cubrirá la vergüenza y serás destruido para siempre. 1:11 El día que te quedaste allí parado, mientras extraños se llevaban sus riquezas y extranjeros entraban por sus puertas para repartirse a Jerusalén, tú te portaste como uno de ellos. 1:12 No debiste alegrarte del mal de tu hermano en el día de su desgracia. No debiste burlarte del pueblo de Judá en el día de su ruina, ni hablar con tanto orgullo en el día de su angustia. 1:13 No debiste entrar por la puerta de mi pueblo en el día de su desastre, ni deleitarte viendo su sufrimiento, ni robar sus riquezas en el día de su desgracia. 1:14 No debiste apostarte en las encrucijadas para matar a los que escapaban, ni entregar a los sobrevivientes en el día de la angustia. 1:15 ¡Porque el día de Yehová se acerca para todas las naciones! Lo mismo que tú hiciste, se te hará a ti; tus acciones recaerán sobre tu propia cabeza. 1:16 Porque así como ustedes bebieron el cáliz de mi ira en mi monte santo, así lo beberán siempre todas las naciones; beberán y tragarán, hasta que desaparezcan como si nunca hubieran existido. 1:17 Pero en el monte de Sión habrá sobrevivientes, y será un lugar santo; y el pueblo de Jacob recuperará lo que le pertenece. 1:18 La familia de Jacob será un fuego y la familia de José una llama, pero la familia de Esaú será como la paja; le prenderán fuego y la consumirán, y no quedará ningún sobreviviente de la familia de Esaú”. Yehová mismo lo ha dicho. 1:19 Los del sur poseerán el monte de Esaú, y los de las tierras bajas poseerán la tierra de los filisteos. Poseerán los campos de Efraín y los de Samaria, y Benjamín se quedará con Galaad. 1:20 Los exiliados de este ejército de Israel que viven entre los cananeos poseerán la tierra hasta Sarepta; y los exiliados de Jerusalén que están en Sefarad poseerán las ciudades del Néguev. 1:21 Los libertadores subirán al monte de Sión para gobernar sobre el monte de Esaú; y el reino será de Yehová.

Brit Hadashah (Pacto Renovado)

11:11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque consideró fiel al que lo había prometido. 11:12 Por lo cual también, de uno, y ese ya casi muerto, salieron descendientes como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. 11:13 Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, creyéndolo y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 11:14 Porque los que dicen tales cosas, claramente dan a entender que buscan una patria; 11:15 pues si hubieran estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tendrían tiempo de volver. 11:16 Pero anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. 11:17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su hijo unigénito, 11:18 habiéndosele dicho: “En Isaac te será llamada descendencia”; 11:19 considerando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también lo volvió a recibir. 11:20 Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a las cosas venideras.

26:36 Luego Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo a sus discípulos: “Siéntense aquí mientras voy allá a orar”. 26:37 Se llevó con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentir una tristeza y una angustia muy grandes. 26:38 Entonces les dijo: “Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo”. 26:39 Jesús se adelantó un poco, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y oró diciendo: “Padre mío, si es posible, líbrame de este sufrimiento; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”. 26:40 Luego regresó a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Entonces le dijo a Pedro: “¿Así que no han podido mantenerse despiertos conmigo ni siquiera una hora? 26:41 Manténganse despiertos y oren, para que no caigan en tentación. Es cierto que el espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil”. 26:42 Se alejó por segunda vez y oró diciendo: “Padre mío, si no es posible que me libres de este sufrimiento sin que yo lo pase, que se haga tu voluntad”. 26:43 Al regresar, los volvió a encontrar dormidos, porque tenían los ojos pesados por el sueño. 26:44 Así que los dejó, se alejó de nuevo y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 26:45 Después regresó a donde estaban sus discípulos y les dijo: “¿Todavía siguen durmiendo y descansando? Miren, ya ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 26:46 ¡Levántense, vámonos! Miren, ahí viene el que me va a traicionar”.