Devocional mesiánico
Vayetzé
וַיֵּצֵא
Shabat · 21 de noviembre de 2026
Torá: Génesis 28:10–32:2 · Haftará: Oseas 12:12–14:9 · Brit Hadashah: Juan 1:19-51
Escucha la porción
Aliá 1
✦ La porción esta semana
Resumen de la porción
Jacob huye de Esaú hacia Harán y, en el camino, sueña con una escalera que une el cielo y la tierra, donde Dios renueva la promesa hecha a Abraham. Llega a casa de Labán, sirve catorce años por Lea y Raquel, y ve nacer once hijos entre ellas y sus siervas. Después de veinte años de trabajo y engaños mutuos, Jacob parte de vuelta a Canaán, hace un pacto con Labán en Galaad, y en el camino le salen al encuentro ángeles de Dios en Mahanaim.
El hilo de la parashá
Vayetzé es la historia de un hombre que sale con lo puesto —«tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera»— y descubre que el lugar más desnudo de su vida es «casa de Dios, y puerta del cielo» (Génesis 28:17). Todo lo que sigue en la parashá es comentario a esa revelación: Jacob sirve, es engañado, engaña, cuenta ovejas y años, y en cada etapa Dios cumple lo que dijo en Betel sin que Jacob lo pida dos veces. La piedra de cabecera se convierte en título, luego en majano de testigo con Labán (Génesis 31:45-46); la misma materia —piedra desnuda— marca el principio y el final del exilio de Jacob. El tema no es la astucia de Jacob con las varas de álamo, ni la rivalidad de las hermanas, sino la fidelidad callada de un Dios que dijo «no te dejaré hasta tanto que haya hecho lo que te he dicho» (Génesis 28:15) y que cumple esa palabra a través de engaños, hijos no deseados y veinte años de trabajo ajeno.
La haftará
Oseas retoma esta misma historia siglos después, no como nostalgia sino como espejo: «Jacob huyó a tierra de Aram, y sirvió Israel por mujer, y por mujer fue pastor» (Oseas 12:12). El profeta usa el peregrinaje de Jacob para confrontar a un Israel que, teniendo la misma promesa, se ha llenado de ídolos como los que Raquel escondió bajo la albarda. Pero Oseas no cierra en juicio: termina con una promesa de sanidad y florecimiento —«Yo seré a Israel como rocío» (Oseas 14:5)— que hace eco directo de la voz que Jacob oyó en Betel: un Dios que persigue al que huye, no para destruirlo, sino para traerlo de vuelta.
El Mesías en la porción
La escalera de Jacob encuentra su cumplimiento explícito en boca de Yeshúa: «De aquí adelante veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre» (Juan 1:51). Jacob vio una escalera; Natanael y los discípulos encuentran a la Escalera misma. Lo que en Betel era un lugar —«no es otra cosa que casa de Dios» (Génesis 28:17)— en Yohanán se vuelve una persona: el punto donde el cielo y la tierra se tocan ya no es una piedra ungida con aceite, sino el hombre a quien Natanael reconoce como «Hijo de Dios» y «Rey de Israel» (Juan 1:49). Jacob despertó y supo que Dios estaba en ese lugar sin haberlo sabido antes; Natanael, bajo la higuera, es visto antes de saber que era visto.
Para la semana
Antes de pedir una señal grande, vale la pena notar los lugares ordinarios —una piedra de cabecera, un pozo de pastores— donde Dios ya está actuando sin anuncio. Esta semana, al levantarte, considera nombrar con gratitud un lugar concreto de tu rutina como lo hizo Jacob con Betel, reconociendo que la provisión de estos veinte años no dependió de tu astucia con las varas, sino de la palabra que Dios ya había dado.
Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.
✦ Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo
Aliá 1 · Génesis 28:10-22
28:10 Jacob salió de Beerseba y emprendió el viaje hacia Jarán. 28:11 Al llegar a cierto lugar, se detuvo para pasar la noche, porque el sol ya se había puesto. Tomó una de las piedras del lugar, la usó como almohada y se acostó a dormir allí. 28:12 Entonces tuvo un sueño: vio una escalinata que estaba apoyada en la tierra y cuya parte superior llegaba hasta el cielo; y vio que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. 28:13 Arriba de ella estaba Yehová, quien le dijo: “Yo soy Yehová, el Dios de tu abuelo Abraham y el Dios de Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra sobre la que estás acostado. 28:14 Tus descendientes serán tan numerosos como el polvo de la tierra, y te extenderás hacia el occidente y el oriente, hacia el norte y el sur. Por medio de ti y de tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra. 28:15 Yo estoy contigo; te protegeré por dondequiera que vayas y te traeré de vuelta a esta tierra. No te abandonaré hasta cumplir con todo lo que te he prometido”. 28:16 Al despertar de su sueño, Jacob pensó: “¡En verdad Yehová está en este lugar, y yo no lo sabía!” 28:17 Lleno de temor, exclamó: “¡Qué impresionante es este lugar! No es otra cosa que la casa de Dios y la puerta del cielo”. 28:18 A la mañana siguiente, Jacob se levantó temprano, tomó la piedra que le había servido de almohada, la erigió como un pilar y derramó aceite sobre ella. 28:19 A ese lugar le puso por nombre Betel, aunque al principio la ciudad se llamaba Luz. 28:20 Luego Jacob hizo esta promesa: “Si Dios me acompaña y me protege en este viaje que estoy haciendo, y si me da alimento para comer y ropa para vestirme, 28:21 y si regreso sano y salvo a la casa de mi padre, entonces Yehová será mi Dios. 28:22 Esta piedra que he erigido como pilar será casa de Dios; y de todo lo que Dios me dé, le entregaré la décima parte”.
Aliá 2 · Génesis 29:1-17
29:1 Jacob continuó su viaje y llegó a la tierra de los pueblos del oriente. 29:2 Al mirar, vio un pozo en el campo y tres rebaños de ovejas descansando junto a él, porque de ese pozo abrevaban a los rebaños. La piedra que cubría la boca del pozo era muy grande. 29:3 Cuando se juntaban allí todos los rebaños, los pastores quitaban la piedra de la boca del pozo para dar de beber a las ovejas, y luego volvían a poner la piedra en su lugar. 29:4 Jacob les preguntó a los pastores: “Hermanos míos, ¿de dónde son ustedes?” Ellos respondieron: “Somos de Jarán”. 29:5 Él les dijo: “¿Conocen a Labán, el nieto de Nacor?” Y ellos dijeron: “Sí, lo conocemos”. 29:6 Jacob les preguntó: “¿Cómo está él?” Ellos contestaron: “Está bien. Miren, allí viene su hija Raquel con las ovejas”. 29:7 Jacob les dijo: “Todavía es pleno día, y aún no es hora de encerrar el ganado. Denles de beber a las ovejas y llévenlas a pastar”. 29:8 Pero ellos dijeron: “No podemos hacerlo hasta que se junten todos los rebaños y quiten la piedra de la boca del pozo. Sólo entonces podremos darles de beber a las ovejas”. 29:9 Todavía estaba hablando con ellos cuando llegó Raquel con el rebaño de su padre, pues ella era la pastora. 29:10 Cuando Jacob vio a Raquel, hija de Labán, el hermano de su madre, y vio también las ovejas de su tío Labán, se acercó, quitó la piedra de la boca del pozo y les dio de beber a las ovejas. 29:11 Luego Jacob besó a Raquel y se echó a llorar de alegría. 29:12 Jacob le contó a Raquel que él era pariente de su padre y que era hijo de Rebeca. Entonces ella corrió a contárselo a su padre. 29:13 Tan pronto como Labán oyó las noticias acerca de Jacob, el hijo de su hermana, corrió a recibirlo, lo abrazó, lo besó y lo llevó a su casa. Allí Jacob le contó todo lo que había pasado. 29:14 Labán le dijo: “¡Realmente eres de mi propia sangre!” Y Jacob se quedó con él todo un mes. 29:15 Entonces Labán le dijo a Jacob: “No vas a trabajar para mí de balde sólo porque eres mi pariente. Dime, ¿cuánto quieres ganar?” 29:16 Labán tenía dos hijas: la mayor se llamaba Lea, y la menor se llamaba Raquel. 29:17 Lea tenía los ojos apagados, pero Raquel era de hermosa figura y muy atractiva.
Aliá 3 · Génesis 29:18–30:13
29:18 Como Jacob se había enamorado de Raquel, le dijo a Labán: “Trabajaré para ti siete años a cambio de Raquel, tu hija menor”. 29:19 Labán respondió: “Es mejor que te la dé a ti y no a un extraño. Quédate conmigo”. 29:20 Así que Jacob trabajó siete años para casarse con Raquel, pero le parecieron unos pocos días por el gran amor que le tenía. 29:21 Cumplido el tiempo, Jacob le dijo a Labán: “Entrégame a mi esposa, pues ya he cumplido mi tiempo, para que me case con ella”. 29:22 Entonces Labán reunió a toda la gente del lugar e hizo una gran fiesta. 29:23 Pero al anochecer, Labán tomó a su hija Lea y se la entregó a Jacob, y Jacob tuvo relaciones con ella. 29:24 Como sirvienta para su hija Lea, Labán le dio a su propia sirvienta Zilpá. 29:25 A la mañana siguiente, Jacob se dio cuenta de que era Lea. Así que le reclamó a Labán: “¿Qué es esto que me has hecho? ¿Acaso no trabajé para ti a cambio de Raquel? ¿Por qué me has engañado?” 29:26 Labán le contestó: “La costumbre de nuestro país no permite entregar a la hija menor antes que a la mayor. 29:27 Cumple con la semana de bodas de ésta, y también te daremos a la otra, a cambio de que trabajes para mí otros siete años”. 29:28 Jacob aceptó, y cuando terminó la semana de bodas con Lea, Labán le dio por esposa a su hija Raquel. 29:29 Como sirvienta para su hija Raquel, Labán le dio a su propia sirvienta Bilhá. 29:30 Jacob tuvo relaciones también con Raquel, y la amó mucho más que a Lea. Y se quedó trabajando para Labán otros siete años. 29:31 Cuando Yehová vio que Lea no era amada, le concedió hijos, mientras que Raquel era estéril. 29:32 Lea quedó embarazada y dio a luz un hijo, al que llamó Rubén, pues dijo: “Yehová ha visto mi aflicción; seguramente ahora mi esposo me amará”. 29:33 Volvió a quedar embarazada y dio a luz otro hijo, y dijo: “Yehová escuchó que yo no era amada, y por eso me dio también este hijo”. Y lo llamó Simeón. 29:34 Quedó embarazada de nuevo y dio a luz un tercer hijo. Entonces dijo: “Ahora sí mi esposo se unirá a mí, porque le he dado tres hijos”. Por eso lo llamó Leví. 29:35 Volvió a quedar embarazada y dio a luz otro hijo. Entonces dijo: “Esta vez alabaré a Yehová”. Por eso lo llamó Judá. Después de esto, dejó de tener hijos. 30:1 Cuando Raquel se dio cuenta de que no le podía dar hijos a Jacob, sintió envidia de su hermana y le dijo a Jacob: “¡Dame hijos o me muero!” 30:2 Jacob se enojó con Raquel y le contestó: “¿Acaso ocupo el lugar de Dios, que es quien te ha negado tener hijos?” 30:3 Ella le dijo: “Aquí tienes a mi sirvienta Bilhá. Ten relaciones con ella, para que dé a luz sobre mis rodillas y por medio de ella yo también pueda tener una familia”. 30:4 Así que Raquel le dio a su sirvienta Bilhá por esposa, y Jacob tuvo relaciones con ella. 30:5 Bilhá quedó embarazada y le dio un hijo a Jacob. 30:6 Entonces Raquel dijo: “Dios me ha hecho justicia; ha escuchado mi voz y me ha dado un hijo”. Por eso lo llamó Dan. 30:7 Bilhá, la sirvienta de Raquel, volvió a quedar embarazada y le dio un segundo hijo a Jacob. 30:8 Y Raquel dijo: “He tenido una lucha terrible con mi hermana, pero he vencido”. Por eso lo llamó Neftalí. 30:9 Al ver Lea que había dejado de tener hijos, tomó a su sirvienta Zilpá y se la dio a Jacob por esposa. 30:10 Zilpá, la sirvienta de Lea, le dio un hijo a Jacob. 30:11 Entonces Lea exclamó: “¡Qué afortunada soy!” Y lo llamó Gad. 30:12 Después Zilpá, la sirvienta de Lea, le dio un segundo hijo a Jacob. 30:13 Y Lea dijo: “¡Qué feliz soy! Las mujeres me llamarán feliz”. Y lo llamó Aser.
Aliá 4 · Génesis 30:14-27
30:14 Un día, durante la cosecha del trigo, Rubén fue al campo, encontró unas mandrágoras y se las llevó a su madre Lea. Al verlas, Raquel le dijo a Lea: “Por favor, dame algunas de las mandrágoras de tu hijo”. 30:15 Pero Lea le contestó: “¿Te parece poco haberme quitado a mi esposo, que ahora también quieres quitarme las mandrágoras de mi hijo?” Y Raquel respondió: “Está bien. A cambio de las mandrágoras de tu hijo, Jacob dormirá contigo esta noche”. 30:16 Al atardecer, cuando Jacob regresaba del campo, Lea salió a su encuentro y le dijo: “Hoy tienes que dormir conmigo, porque he pagado por ti con las mandrágoras de mi hijo”. Y esa noche él durmió con ella. 30:17 Dios escuchó a Lea, y ella quedó embarazada y le dio un quinto hijo a Jacob. 30:18 Lea dijo: “Dios me ha dado mi recompensa por haberle dado mi sirvienta a mi esposo”. Por eso lo llamó Isacar. 30:19 Lea volvió a quedar embarazada y le dio un sexto hijo a Jacob. 30:20 Y dijo Lea: “Dios me ha dado un hermoso regalo. Ahora sí mi esposo se quedará a vivir conmigo, porque le he dado seis hijos”. Y lo llamó Zabulón. 30:21 Más tarde dio a luz una hija, a la que llamó Dina. 30:22 Entonces Dios se acordó de Raquel, escuchó su ruego y le concedió tener hijos. 30:23 Quedó embarazada, dio a luz un hijo y dijo: “Dios me ha quitado la vergüenza”. 30:24 Lo llamó José, y dijo: “¡Que Yehová me añada otro hijo!” 30:25 Después de que Raquel dio a luz a José, Jacob le dijo a Labán: “Déjame ir; quiero regresar a mi propia tierra. 30:26 Entrégame a mis esposas y a mis hijos, por quienes he trabajado para ti, y me iré. Tú bien sabes cómo he trabajado para ti”. 30:27 Labán le respondió: “Por favor, quédate. Me he dado cuenta de que Yehová me ha bendecido gracias a ti”.
Aliá 5 · Génesis 30:28–31:16
30:28 Y añadió: “Dime cuánto quieres ganar, y yo te lo pagaré”. 30:29 Jacob le contestó: “Tú sabes cómo he trabajado para ti y cómo ha prosperado tu ganado bajo mi cuidado. 30:30 Lo poco que tenías antes de que yo llegara se ha multiplicado enormemente, pues Yehová te ha bendecido desde que estoy aquí. Pero, ¿cuándo voy a trabajar para mi propia familia?” 30:31 Y preguntó Labán: “¿Qué quieres que te dé?” Jacob respondió: “No me des nada. Si aceptas esta propuesta, seguiré cuidando y apacentando tus ovejas. 30:32 Déjame pasar hoy por todos tus rebaños y apartar toda oveja manchada o moteada, y todas las ovejas negras, así como todos los cabritos manchados o moteados. Ése será mi salario. 30:33 El día de mañana, mi honradez responderá por mí. Cuando vengas a revisar mi salario, todo cabrito que no esté manchado ni moteado, y toda oveja que no sea negra y que esté conmigo, será considerado un robo”. 30:34 Labán aceptó: “De acuerdo. Que sea tal como dices”. 30:35 Pero ese mismo día, Labán apartó los chivos rayados y manchados, y todas las cabras moteadas y manchadas, es decir, todos los que tenían alguna mancha blanca, junto con todas las ovejas negras, y los puso al cuidado de sus hijos. 30:36 Luego puso una distancia de tres días de camino entre él y Jacob. Mientras tanto, Jacob siguió cuidando el resto del rebaño de Labán. 30:37 Entonces Jacob tomó ramas verdes de álamo, de almendro y de plátano, y les quitó tiras de corteza para que se vieran franjas blancas en las ramas. 30:38 Luego puso las ramas peladas frente a los rebaños, en los canales de los bebederos donde los animales venían a tomar agua. Allí se apareaban al venir a beber. 30:39 Como los rebaños se apareaban frente a las ramas, las crías nacían rayadas, moteadas y manchadas. 30:40 Jacob apartaba los corderos y ponía al rebaño frente a los animales rayados y negros del rebaño de Labán. Así formó sus propios rebaños y no los mezcló con los de Labán. 30:41 Además, cada vez que los animales más fuertes y robustos estaban en celo, Jacob ponía las ramas en los bebederos, frente a los animales, para que se aparearan cerca de ellas. 30:42 Pero cuando se trataba de los animales más débiles, no ponía las ramas. Así que los animales débiles eran para Labán, y los fuertes para Jacob. 30:43 De esta manera el hombre prosperó muchísimo, y llegó a tener grandes rebaños, además de sirvientas, sirvientes, camellos y burros. 31:1 Jacob se enteró de lo que andaban diciendo los hijos de Labán: “Jacob se ha adueñado de todo lo que era de nuestro padre; toda su riqueza la ha sacado de los bienes de nuestro padre”. 31:2 Además, Jacob notó que la actitud de Labán hacia él ya no era la misma de antes. 31:3 Entonces Yehová le dijo a Jacob: “Regresa a la tierra de tus padres y a tus parientes, y yo estaré contigo”. 31:4 Así que Jacob mandó llamar a Raquel y a Lea para que fueran al campo, donde estaba su rebaño, 31:5 y les dijo: “Me he dado cuenta de que la actitud del padre de ustedes hacia mí ya no es la misma de antes; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo. 31:6 Ustedes bien saben que he trabajado para su padre con todas mis fuerzas. 31:7 Sin embargo, él me ha engañado y me ha cambiado el salario diez veces; pero Dios no le ha permitido hacerme ningún daño. 31:8 Si él decía: ‘Los animales manchados serán tu salario’, entonces todo el rebaño tenía crías manchadas; y si decía: ‘Los rayados serán tu salario’, entonces todo el rebaño tenía crías rayadas. 31:9 De esta manera, Dios le ha quitado el ganado al padre de ustedes y me lo ha dado a mí. 31:10 Una vez, durante la época de celo del rebaño, tuve un sueño en el que vi que los machos que se apareaban con las hembras eran rayados, manchados y moteados. 31:11 En ese sueño, el ángel de Dios me llamó: ‘¡Jacob!’, y yo le respondí: ‘Aquí estoy’. 31:12 Y él me dijo: ‘Fíjate bien, y verás que todos los machos que se aparean con el rebaño son rayados, manchados y moteados, porque he visto todo lo que Labán te está haciendo. 31:13 Yo soy el Dios de Betel, donde ungiste un pilar y donde me hiciste una promesa. Levántate ahora mismo, sal de esta tierra y regresa a la tierra donde naciste’”. 31:14 Raquel y Lea le respondieron: “¿Acaso nos queda alguna herencia en la casa de nuestro padre? 31:15 ¿No nos trata ya como a extranjeras? No solo nos vendió, sino que además se ha gastado todo lo que pagaste por nosotras. 31:16 En realidad, toda la riqueza que Dios le ha quitado a nuestro padre nos pertenece a nosotras y a nuestros hijos. Así que haz todo lo que Dios te ha ordenado”.
Aliá 6 · Génesis 31:17-42
31:17 Entonces Jacob se preparó, montó a sus hijos y a sus esposas en los camellos, 31:18 y se llevó todo su ganado y todas las posesiones que había acumulado en Padán Aram, para ir a la tierra de Canaán, a la casa de su padre Isaac. 31:19 Como Labán había ido a esquilar sus ovejas, Raquel aprovechó para robarse los terafines de su padre. 31:20 Además, Jacob engañó a Labán el arameo, ocultándole que se iba a fugar. 31:21 Así que huyó con todo lo que tenía. Cruzó el río Éufrates y se dirigió hacia la región montañosa de Galaad. 31:22 Al tercer día, le avisaron a Labán que Jacob se había escapado. 31:23 Entonces Labán reunió a sus parientes y lo persiguió durante siete días, hasta que lo alcanzó en los montes de Galaad. 31:24 Pero esa noche, Dios se le apareció a Labán el arameo en un sueño y le advirtió: “¡Cuidado con decirle a Jacob una sola palabra, ya sea buena o mala!” 31:25 Cuando Labán alcanzó a Jacob, éste ya había levantado su campamento en la montaña. Así que Labán y sus parientes también acamparon en la montaña de Galaad. 31:26 Y Labán le reclamó a Jacob: “¿Qué te pasa? ¿Por qué me has engañado y te has llevado a mis hijas como si fueran prisioneras de guerra? 31:27 ¿Por qué huiste a escondidas y me engañaste? ¡Si me lo hubieras dicho, yo te habría despedido con gran alegría, con cantos y música de panderos y arpas! 31:28 Ni siquiera me dejaste despedirme de mis nietos y de mis hijas con un beso. ¡Te has portado como un tonto! 31:29 Yo tengo el poder para hacerles mucho daño; pero anoche el Dios del padre de ustedes me habló y me dijo: ‘¡Cuidado con decirle a Jacob una sola palabra, ya sea buena o mala!’ 31:30 Entiendo que te hayas ido porque extrañabas mucho la casa de tu padre, pero ¿por qué tenías que robarte mis dioses?” 31:31 Jacob le respondió: “Me fui así porque tuve miedo, pues pensé que me quitarías a tus hijas por la fuerza. 31:32 Pero en cuanto a tus dioses, si los encuentras en poder de alguien aquí, esa persona morirá. Revisa todo lo que tengo delante de nuestros parientes, y si encuentras algo tuyo, llévatelo”. Y es que Jacob no sabía que Raquel se los había robado. 31:33 Labán entró a buscar en la tienda de Jacob, luego en la de Lea, y en la de las dos sirvientas, pero no encontró nada. Al salir de la tienda de Lea, entró en la de Raquel. 31:34 Pero Raquel había tomado los terafines y los había escondido en la montura de su camello, y luego se había sentado sobre ellos. Labán revisó toda la tienda, pero no los encontró. 31:35 Entonces ella le dijo a su padre: “Por favor, señor mío, no te enojes si no me levanto para saludarte, pero es que estoy en mi período”. Labán buscó por todas partes, pero no encontró los terafines. 31:36 Entonces Jacob se enojó y le reclamó a Labán: “¿Cuál es mi delito? ¿Qué pecado he cometido, para que me persigas con tanta furia? 31:37 Ya revisaste todas mis cosas, ¿acaso encontraste algo que pertenezca a tu casa? ¡Ponlo aquí, delante de mis parientes y de los tuyos, para que ellos juzguen quién de los dos tiene la razón! 31:38 En estos veinte años que he estado contigo, tus ovejas y tus cabras jamás abortaron, ni nunca me comí un solo carnero de tus rebaños. 31:39 Nunca te llevé los restos de los animales despedazados por las fieras, sino que yo mismo asumía la pérdida. Y tú me cobrabas todo lo que se robaban, ya fuera de día o de noche. 31:40 De día me consumía el calor, y de noche el frío; ¡hasta el sueño se me espantaba! 31:41 Así pasé veinte años en tu casa: catorce años trabajé por tus dos hijas, y seis años por tu rebaño, ¡y me cambiaste el salario diez veces! 31:42 Si el Dios de mi padre, el Dios de Abraham y el Temor de Isaac, no hubiera estado conmigo, seguramente me habrías despedido con las manos vacías. Pero Dios vio mi aflicción y el duro trabajo de mis manos, y anoche te reprendió”.
Aliá 7 · Génesis 31:43–32:2
31:43 Labán le respondió a Jacob: “Estas mujeres son mis hijas, estos niños son mis nietos, y estos rebaños son míos. ¡Todo lo que ves me pertenece! Pero, ¿qué les puedo hacer ahora a mis hijas o a los hijos que han tenido? 31:44 Ven, hagamos un pacto tú y yo, y que quede como un testimonio entre nosotros”. 31:45 Entonces Jacob tomó una piedra y la erigió como un pilar. 31:46 Luego les dijo a sus parientes: “Junten piedras”. Ellos tomaron piedras e hicieron un montón, y comieron allí, junto al montón. 31:47 Labán llamó a ese montón Yegar Sahaduta, pero Jacob lo llamó Galaad. 31:48 Y Labán declaró: “Este montón es hoy un testigo entre tú y yo”. Por eso se le llamó Galaad, 31:49 y también Mizpá, porque Labán añadió: “Que Yehová nos vigile a los dos cuando estemos lejos el uno del otro. 31:50 Si maltratas a mis hijas, o si tomas otras esposas además de ellas, aunque no haya nadie con nosotros, recuerda que Dios es testigo entre tú y yo”. 31:51 Labán también le dijo a Jacob: “Mira este montón y este pilar que he levantado entre nosotros. 31:52 Que este montón y este pilar nos sirvan de testigos de que yo no pasaré de aquí para hacerte daño, y de que tú tampoco pasarás de aquí para hacerme daño. 31:53 Que el Dios de Abraham y el Dios de Nacor, el Dios del padre de ellos, juzgue entre nosotros”. Entonces Jacob hizo un juramento en el nombre del Temor de su padre Isaac. 31:54 Luego Jacob ofreció un sacrificio en la montaña, e invitó a sus parientes a comer. Después de comer, pasaron la noche en la montaña. 31:55 A la mañana siguiente, Labán se levantó temprano, besó y bendijo a sus nietos y a sus hijas, y emprendió el camino de regreso a su casa. 32:1 Mientras Jacob seguía su camino, unos ángeles de Dios salieron a su encuentro. 32:2 Al verlos, Jacob exclamó: “¡Este es el campamento de Dios!” Por eso llamó a aquel lugar Mahanaim.
✦ Haftará (Profetas)
12:12 Jacob huyó a la tierra de Aram. Allí Israel trabajó para conseguir esposa; cuidó rebaños para pagar por ella. 12:13 Por medio de un profeta, Yehová sacó a Israel de Egipto, y por medio de un profeta lo cuidó. 12:14 Efraín ha provocado la ira amarga de su Señor; por lo tanto, él le hará pagar por la sangre derramada, y le devolverá sus ofensas”. 13:1 Cuando Efraín hablaba, infundía temor. Llegó a ser muy importante en Israel, pero se hizo culpable al adorar a Baal, y murió. 13:2 Ahora pecan cada vez más, y con su plata se han hecho imágenes fundidas, ídolos diseñados según su propio entendimiento, todos ellos obra de artesanos. ¡Y hasta dicen: “Que los hombres que ofrecen sacrificios besen a los becerros”! 13:3 Por eso serán como la niebla de la mañana, como el rocío que desaparece temprano, como la paja que el viento se lleva de la era, y como el humo que sale por la chimenea. 13:4 “Sin embargo, yo soy Yehová tu Dios desde que estabas en la tierra de Egipto. No reconocerás a ningún otro dios más que a mí, porque fuera de mí no hay ningún salvador. 13:5 Yo te cuidé en el desierto, en esa tierra de gran sequía. 13:6 Cuando tuvieron buenos pastos, se llenaron; y al estar satisfechos, su corazón se llenó de orgullo. Por eso se olvidaron de mí. 13:7 Por lo tanto, seré para ellos como un león; como un leopardo los acecharé en el camino. 13:8 Los atacaré como una osa a la que le han robado sus cachorros, y les desgarraré el corazón. Allí los devoraré como una leona; ¡los animales salvajes los harán pedazos! 13:9 Estás destruido, Israel, porque te pusiste en contra mía, en contra de tu única ayuda. 13:10 ¿Dónde está ahora tu rey para que te salve en todas tus ciudades? ¿Y dónde están tus gobernantes, de los que decías: ‘Dame un rey y líderes’? 13:11 En mi enojo te di un rey, y en mi furia te lo quité. 13:12 La culpa de Efraín está acumulada; su pecado está guardado. 13:13 Le llegarán dolores de mujer de parto. Es un hijo necio, porque cuando llega el momento de nacer, no se acomoda en la matriz. 13:14 ¿Acaso los rescataré del poder del Seol? ¡¿Los redimiré de la muerte?! ¡Muerte, ¿dónde están tus plagas?! ¡Seol, ¿dónde está tu destrucción?! “Ya no tendré más compasión de ellos. 13:15 Aunque Efraín prospere entre sus hermanos, vendrá un viento del este; un viento de Yehová que sube desde el desierto. Su manantial se secará, y su fuente quedará agotada. Ese viento saqueará el tesoro de todos sus objetos valiosos. 13:16 Samaria cargará con su culpa, porque se ha rebelado contra su Dios. Caerán a filo de espada; sus niños serán estrellados contra el suelo, y a sus mujeres embarazadas les abrirán el vientre”. 14:1 Israel, regresa a Yehová tu Dios, porque has caído por tu propio pecado. 14:2 Lleven con ustedes palabras de arrepentimiento y regresen a Yehová. Díganle: “Perdona todos nuestros pecados, y acepta lo bueno que te ofrecemos; te presentamos el fruto de nuestros labios. 14:3 Asiria no podrá salvarnos. Ya no montaremos en caballos de guerra; ni volveremos a llamar ‘dioses nuestros’ a la obra de nuestras manos, porque solo en ti el huérfano encuentra compasión”. 14:4 “Yo sanaré su infidelidad. Los amaré por mi propia voluntad; porque mi enojo se ha apartado de ellos. 14:5 Seré como el rocío para Israel. Florecerá como un lirio, y echará raíces tan profundas como los árboles del Líbano. 14:6 Sus ramas se extenderán; su belleza será como la del olivo, y su fragancia como la de los cedros del Líbano. 14:7 Los que vivan bajo su sombra volverán a florecer como el trigo y a brotar como la vid; su fama será como la del vino del Líbano. 14:8 Efraín dirá: ‘¿Qué tengo que ver yo con los ídolos?’ Yo le responderé y lo cuidaré. Soy como un pino siempre verde; tu fruto proviene de mí”. 14:9 El que sea sabio, que entienda estas cosas; el que sea inteligente, que las comprenda. Porque los caminos de Yehová son rectos, y los justos caminan por ellos, pero los rebeldes tropiezan y caen.
✦ Brit Hadashah (Pacto Renovado)
1:19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas de Jerusalén para preguntarle: “¿Quién eres tú?” 1:20 Declaró, y no negó, sino declaró: “Yo no soy el Cristo”. 1:21 Le preguntaron: “¿Entonces qué? ¿Eres tú Elías?” Él dijo: “No lo soy”. “¿Eres el profeta?” Él respondió: “No”. 1:22 Le dijeron entonces: “¿Quién eres tú? Danos una respuesta para llevarla a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?” 1:23 Dijo: “Soy la voz del que clama en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como dijo el profeta Isaías”. 1:24 Los enviados eran de los fariseos. 1:25 Le preguntaron: “¿Por qué, pues, bautizas si no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?” 1:26 Juan les respondió: “Yo bautizo en agua, pero entre ustedes hay uno que no conocen. 1:27 Él es el que viene después de mí, el que es preferido antes que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de la sandalia”. 1:28 Estas cosas sucedieron en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba. 1:29 Al día siguiente, vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo: “¡Aquí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! 1:30 Este es aquel de quien dije: ‘Después de mí viene un hombre que es preferido antes que yo, porque era antes que yo’. 1:31 Yo no lo conocía, pero por eso vine a bautizar en agua, para que fuera revelado a Israel”. 1:32 Juan dio testimonio diciendo: “He visto al Espíritu descender del cielo como una paloma, y permaneció sobre él. 1:33 Yo no lo reconocí, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: ‘Sobre quien veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, es el que bautiza en el Espíritu Santo’. 1:34 He visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”. 1:35 Al día siguiente, Juan estaba de pie con dos de sus discípulos, 1:36 y mirando a Jesús mientras caminaba, dijo: “¡Aquí está el Cordero de Dios!” 1:37 Los dos discípulos lo oyeron hablar y siguieron a Jesús. 1:38 Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dijo: “¿Qué buscan?” Le dijeron: “Rabí” (que se interpreta como Maestro), “¿dónde te alojas?” 1:39 Les dijo: “Vengan y vean”. Fueron y vieron dónde se alojaba, y se quedaron con él ese día. Era alrededor de la hora décima. 1:40 Uno de los que oyeron a Juan y lo siguieron fue Andrés, hermano de Simón Pedro. 1:41 Este encontró primero a su propio hermano, Simón, y le dijo: “¡Hemos encontrado al Mesías!” (que es, interpretado, Cristo). 1:42 Lo llevó a Jesús. Jesús lo miró y le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Jonás. Serás llamado Cefas” (que es, por interpretación, Pedro). 1:43 Al día siguiente, decidido a salir a Galilea, encontró a Felipe. Jesús le dijo: “Sígueme”. 1:44 Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. 1:45 Felipe encontró a Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas: Jesús de Nazaret, hijo de José”. 1:46 Natanael le dijo: “¿Puede salir algo bueno de Nazaret?” Felipe le dijo: “Ven a ver”. 1:47 Jesús vio que Natanael se acercaba a él, y dijo de él: “¡Aquí tienen a un verdadero israelita, en quien no hay engaño!” 1:48 Natanael le dijo: “¿De qué me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. 1:49 Natanael le respondió: “¡Rabí, tú eres el Hijo de Dios! Tú eres el Rey de Israel”. 1:50 Jesús le respondió: “¿Crees solo porque te he dicho que te vi debajo de la higuera? Verás cosas más grandes que estas”. 1:51 Le dijo: “Te aseguro que de aquí en adelante verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre”.