Devocional mesiánico
Toldot
תּוֹלְדוֹת
Shabat · 14 de noviembre de 2026
Torá: Génesis 25:19–28:9 · Haftará: Malaquías 1:1–2:7 · Brit Hadashah: Romanos 9:1-13
Escucha la porción
Aliá 1
✦ La porción esta semana
Resumen de la porción
Isaac ora por Rebeca, estéril, y ella concibe mellizos que luchan en su vientre; Yehová le anuncia que el mayor servirá al menor. Esaú, el primogénito cazador, vende su primogenitura por un guiso de lentejas. Isaac repite el patrón de su padre negando a su esposa, y prospera en Gerar hasta hacer pacto con Abimelec. La porción cierra con el engaño de Rebeca y Jacob para obtener la bendición paterna, la ira de Esaú, y la huida de Jacob a Padán Aram con la bendición de Abraham sobre él.
El hilo de la parashá
Toldot es la historia de una elección que precede a toda obra humana. Antes de que Jacob y Esaú nacieran, antes de que uno cazara o el otro se quedara en las tiendas, Yehová ya había hablado: «el mayor servirá al menor» (Génesis 25:23). Todo lo que sigue —el guiso de lentejas, las pieles de cabrito, el engaño ante Isaac ciego— no es lo que causa la elección, sino lo que la revela en la historia. Esaú desprecia su primogenitura con sus propias palabras: «¿de qué me sirven a mí los derechos de primogenitura?» (Génesis 25:32). Jacob, por engaño humano, recibe lo que ya le pertenecía por promesa divina.
El paralelo entre Isaac y Abraham es deliberado: la misma hambre (Génesis 26:1), el mismo miedo con la esposa (Génesis 26:7), la misma promesa de descendencia y tierra (Génesis 26:3-4). Dios no bendice a Isaac por mérito propio sino «por amor a mi siervo Abraham» (Génesis 26:24). La bendición corre por línea de promesa, no de esfuerzo.
La haftará
Malaquías retoma la misma pareja de hermanos generaciones después: «amé a Jacob, y a Esaú lo rechacé» (Malaquías 1:2-3), y usa esa elección antigua para confrontar a un pueblo que, siendo el elegido, trata a Dios con desprecio —ofreciendo animales cojos y ciegos, tratando su mesa como cosa despreciable (Malaquías 1:8,13). El contraste es agudo: Dios eligió a Jacob sin que hubiera hecho nada para merecerlo, y los descendientes de ese mismo Jacob ahora deshonran al Padre que los honró primero (Malaquías 1:6).
El Mesías en la porción
Pablo cita literalmente esta parashá —«su descendencia será contada como de Isaac» (Romanos 9:7), «el mayor servirá al menor» (Romanos 9:12), «amé a Jacob, aborrecí a Esaú» (Romanos 9:13)— para explicar que la palabra de Dios no depende de la carne sino de la promesa (Romanos 9:6-8). Isaac mismo es figura de esto: hijo no de la fuerza natural de Abraham sino de la oración y la promesa (Génesis 25:21), tal como Pablo recuerda que Sara tendría un hijo «al tiempo señalado» (Romanos 9:9). El Mesías desciende de esta línea de elección no por carne sino por promesa (Romanos 9:5), y su llegada confirma que la elección de Dios nunca descansó en el mérito de Jacob ni en el desprecio de Esaú, sino en el llamado del que llama (Romanos 9:11).
Para la semana
Examina esta semana si tratas lo sagrado —tu tiempo con Dios, tu ofrenda, tu obediencia— como Esaú trató su primogenitura: algo que se cambia fácilmente por lo urgente. La elección de Dios no se ganó con obras; tampoco se honra con descuido.
Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.
✦ Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo
Aliá 1 · Génesis 25:19–26:5
25:19 Ésta es la historia de Isaac, el hijo de Abraham. 25:20 Isaac tenía cuarenta años cuando se casó con Rebeca, que era hija de Betuel y hermana de Labán, los arameos de Padán Aram. 25:21 Isaac oró a Yehová en favor de su esposa, porque ella no podía tener hijos. Yehová escuchó su oración, y Rebeca quedó embarazada. 25:22 Pero como los niños luchaban dentro de su vientre, ella exclamó: “Si esto va a ser así, ¿para qué sigo viva?” Entonces fue a consultar a Yehová, 25:23 y Yehová le contestó: “En tu vientre hay dos naciones, de tus entrañas saldrán dos pueblos divididos. Uno de los pueblos será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor”. 25:24 Cuando llegó el momento de dar a luz, resultó que llevaba gemelos en el vientre. 25:25 El primero en nacer era pelirrojo, y tenía el cuerpo tan cubierto de vello que parecía un abrigo de pieles; por eso le pusieron por nombre Esaú. 25:26 Luego nació su hermano, agarrado del talón de Esaú con una mano; por eso le pusieron por nombre Jacob. Isaac tenía sesenta años cuando nacieron. 25:27 Los niños crecieron. Esaú se convirtió en un hábil cazador, un hombre de campo, mientras que Jacob era un hombre tranquilo que prefería quedarse en las tiendas. 25:28 Isaac prefería a Esaú porque le gustaba comer de lo que él cazaba, pero Rebeca prefería a Jacob. 25:29 Un día, Jacob estaba preparando un guiso. En eso llegó Esaú del campo, agotado por el hambre, 25:30 y le dijo a Jacob: “Por favor, dame un poco de ese guiso rojo, porque me muero de hambre”. Por eso a Esaú también se le conoció como Edom. 25:31 Jacob le respondió: “Primero véndeme tus derechos de primogenitura”. 25:32 Esaú dijo: “Me estoy muriendo de hambre, ¿de qué me sirven a mí los derechos de primogenitura?” 25:33 Jacob insistió: “Júramelo ahora mismo”. Esaú se lo juró, y de esa manera le vendió a Jacob sus derechos de primogenitura. 25:34 Luego Jacob le dio a Esaú pan y guiso de lentejas. Esaú comió y bebió, luego se levantó y se fue. Así de poco le importaron a Esaú sus derechos de hijo mayor. 26:1 Hubo otra época de hambre en la región, además de la primera que hubo en tiempos de Abraham. Por eso, Isaac se fue a Gerar, donde estaba Abimelec, rey de los filisteos. 26:2 Allí Yehová se le apareció y le dijo: “No bajes a Egipto. Quédate a vivir en la tierra que yo te indicaré. 26:3 Quédate a vivir en esta tierra, y yo estaré contigo y te bendeciré. A ti y a tu descendencia les daré todas estas tierras, y así cumpliré el juramento que le hice a tu padre Abraham. 26:4 Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y le daré todas estas tierras. Por medio de tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra, 26:5 porque Abraham me obedeció y cumplió mis preceptos, mis mandamientos, mis normas y mis leyes”.
Aliá 2 · Génesis 26:6-12
26:6 Así que Isaac se quedó a vivir en Gerar. 26:7 Cuando los hombres del lugar le preguntaban por su esposa, él respondía: “Es mi hermana”. Tenía miedo de decir que era su esposa, pues pensaba: “Los hombres de este lugar me matarán por causa de Rebeca, porque es muy hermosa”. 26:8 Isaac ya llevaba mucho tiempo allí cuando Abimelec, rey de los filisteos, se asomó a una ventana y lo vio acariciando a su esposa Rebeca. 26:9 Abimelec mandó llamar a Isaac y le dijo: “¡Así que ella es tu esposa! ¿Por qué dijiste que era tu hermana?” Isaac le respondió: “Porque pensé que me matarían por su culpa”. 26:10 Abimelec le reclamó: “¿Qué es lo que nos has hecho? Cualquiera del pueblo podría haberse acostado con tu esposa, ¡y tú nos habrías hecho culpables de un gran pecado!” 26:11 Entonces Abimelec le dio esta orden a todo el pueblo: “Cualquiera que toque a este hombre o a su esposa, será condenado a muerte”. 26:12 Isaac sembró en aquella región, y ese mismo año cosechó cien veces lo que había sembrado, porque Yehová lo bendijo.
Aliá 3 · Génesis 26:13-22
26:13 Su riqueza fue aumentando, hasta que llegó a ser un hombre muy rico y poderoso. 26:14 Llegó a tener tantas ovejas y vacas, y tantos sirvientes, que los filisteos le tuvieron envidia. 26:15 Por eso, taparon con tierra todos los pozos que los sirvientes de su padre habían cavado en tiempos de Abraham. 26:16 Incluso Abimelec le dijo a Isaac: “Vete de aquí, porque te has vuelto mucho más poderoso que nosotros”. 26:17 Así que Isaac se fue de allí, acampó en el valle de Gerar y se quedó a vivir en ese lugar. 26:18 Isaac volvió a abrir los pozos de agua que habían sido cavados en tiempos de su padre Abraham, y que los filisteos habían tapado después de su muerte. A estos pozos les puso los mismos nombres que su padre les había dado. 26:19 Un día, los sirvientes de Isaac estaban cavando en el valle y encontraron un pozo de agua fresca. 26:20 Pero los pastores de Gerar se pelearon con los pastores de Isaac, reclamando: “¡Esta agua es nuestra!” Por eso Isaac llamó a ese pozo Esek, porque se habían peleado con él. 26:21 Luego cavaron otro pozo, y también se pelearon por él; así que lo llamó Sitná. 26:22 Se alejó de allí y cavó otro pozo, y por ese no se pelearon. A ese lo llamó Rejobot, pues dijo: “Ahora Yehová nos ha dado espacio, y prosperaremos en esta tierra”.
Aliá 4 · Génesis 26:23-29
26:23 De allí, Isaac subió a Beerseba. 26:24 Esa misma noche Yehová se le apareció y le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre Abraham. No tengas miedo, porque yo estoy contigo. Por amor a mi siervo Abraham, te bendeciré y multiplicaré tu descendencia”. 26:25 Isaac construyó allí un altar e invocó el nombre de Yehová. Allí armó su campamento, y sus sirvientes cavaron un pozo. 26:26 Abimelec fue a visitarlo desde Gerar, acompañado por su amigo Ajuzat y por Ficol, el jefe de su ejército. 26:27 Isaac les preguntó: “¿A qué vienen, si ustedes me odian y me echaron de su tierra?” 26:28 Ellos le respondieron: “Hemos visto claramente que Yehová está contigo. Por eso pensamos que debería haber un acuerdo bajo juramento entre nosotros y tú. Queremos hacer un pacto contigo: 26:29 júranos que no nos harás ningún daño, así como nosotros no te hemos tocado, sino que te hemos tratado bien y te dejamos ir en paz. ¡Tú eres el bendito de Yehová!”
Aliá 5 · Génesis 26:30–27:27
26:30 Isaac les preparó un banquete, y comieron y bebieron. 26:31 A la mañana siguiente se levantaron temprano y se hicieron un juramento mutuo. Luego Isaac los despidió, y ellos se fueron en paz. 26:32 Ese mismo día llegaron los sirvientes de Isaac y le informaron acerca del pozo que habían estado cavando. “¡Encontramos agua!”, le dijeron. 26:33 Isaac llamó a ese pozo Sibá. Por eso, hasta el día de hoy, la ciudad se llama Beerseba. 26:34 Cuando Esaú tenía cuarenta años, se casó con Judit, hija de Beerí el hitita, y con Basemat, hija de Elón el hitita. 26:35 Estas dos mujeres les causaron mucha amargura a Isaac y a Rebeca. 27:1 Cuando Isaac envejeció y perdió la vista, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: “¡Hijo mío!” —“Aquí estoy” —respondió él. 27:2 Entonces Isaac le dijo: “Mira, ya soy viejo y no sé qué día voy a morir. 27:3 Así que toma tus armas, tu arco y tus flechas, sal al campo y cázame algún animal. 27:4 Prepárame un guiso sabroso, como a mí me gusta, y tráemelo para que coma. Así te daré mi bendición antes de morir”. 27:5 Rebeca estaba escuchando mientras Isaac hablaba con su hijo Esaú. Así que, cuando Esaú se fue al campo a cazar el animal para su padre, 27:6 Rebeca le dijo a su hijo Jacob: “Acabo de escuchar a tu padre hablar con tu hermano Esaú. Le estaba diciendo: 27:7 ‘Cázame un animal y prepárame un guiso sabroso, para que yo coma y te bendiga en presencia de Yehová antes de morir’. 27:8 Ahora bien, hijo mío, escúchame y haz exactamente lo que te ordeno: 27:9 ve al rebaño y tráeme dos de los mejores cabritos. Yo prepararé con ellos un guiso sabroso para tu padre, tal como a él le gusta. 27:10 Luego se lo llevarás a tu padre para que coma, y así él te dará su bendición antes de morir”. 27:11 Pero Jacob le dijo a su madre Rebeca: “Mira que mi hermano Esaú es un hombre muy velludo, y yo no. 27:12 ¿Qué pasa si mi padre me toca? Se dará cuenta de que lo estoy engañando, y en lugar de bendición, atraeré sobre mí una maldición”. 27:13 Su madre le respondió: “¡Que esa maldición caiga sobre mí, hijo mío! Tú sólo hazme caso, y ve a traerme los cabritos”. 27:14 Entonces Jacob fue a buscarlos y se los llevó a su madre, y ella preparó un guiso sabroso, tal como le gustaba a su padre. 27:15 Luego Rebeca sacó la mejor ropa de su hijo mayor Esaú, la cual tenía guardada en casa, y con ella vistió a su hijo menor Jacob. 27:16 Con las pieles de los cabritos le cubrió las manos y la parte sin vello del cuello. 27:17 Finalmente, le entregó a Jacob el guiso sabroso y el pan que había preparado. 27:18 Jacob se acercó a su padre y le dijo: “¡Padre mío!” “Aquí estoy respondió Isaac. ¿Quién eres, hijo mío?” 27:19 Jacob le contestó: “Soy Esaú, tu hijo mayor. Ya hice lo que me pediste. Por favor, siéntate y come de lo que he cazado, para que puedas darme tu bendición”. 27:20 Isaac le preguntó a su hijo: “¿Cómo es que lo encontraste tan rápido, hijo mío?” “Porque Yehová tu Dios me ayudó a encontrarlo”, respondió él. 27:21 Entonces Isaac le dijo a Jacob: “Acércate, hijo mío, para que pueda tocarte y saber si realmente eres mi hijo Esaú o no”. 27:22 Jacob se acercó a su padre Isaac. Al tocarlo, Isaac dijo: “La voz es la de Jacob, pero las manos son las de Esaú”. 27:23 Así que no lo reconoció, porque sus manos estaban velludas como las de su hermano Esaú, y lo bendijo. 27:24 Sin embargo, volvió a preguntarle: “¿De verdad eres mi hijo Esaú?” “Sí, lo soy” respondió Jacob. 27:25 Entonces Isaac le dijo: “Sírveme, para que coma de la caza de mi hijo y te dé mi bendición”. Jacob le sirvió, e Isaac comió; también le trajo vino, y él bebió. 27:26 Luego su padre Isaac le dijo: “Acércate y bésame, hijo mío”. 27:27 Jacob se acercó y lo besó. Cuando Isaac sintió el olor de su ropa, lo bendijo con estas palabras: “Miren, el olor de mi hijo es como el olor de un campo bendecido por Yehová.
Aliá 6 · Génesis 27:28–28:4
27:28 ¡Que Dios te conceda el rocío del cielo, la riqueza de la tierra, y abundancia de trigo y de vino nuevo! 27:29 Que los pueblos te sirvan, y que las naciones se inclinen ante ti. Sé el señor de tus hermanos, y que los hijos de tu madre se inclinen ante ti. ¡Maldito sea el que te maldiga, y bendito sea el que te bendiga!” 27:30 Isaac acababa de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de la presencia de su padre, cuando su hermano Esaú llegó de cazar. 27:31 También él preparó un guiso sabroso, se lo llevó a su padre y le dijo: “Levántate, padre mío, y come de lo que tu hijo ha cazado, para que me des tu bendición”. 27:32 Su padre Isaac le preguntó: “¿Y tú quién eres?” “Soy tu hijo mayor, Esaú” respondió él. 27:33 Isaac se asustó muchísimo y, temblando, le dijo: “Entonces, ¿quién fue el que cazó un animal y me lo trajo? Yo comí de todo antes de que tú llegaras. Ya le he dado mi bendición, y bendito quedará”. 27:34 Al escuchar las palabras de su padre, Esaú dio un grito lleno de amargura y le suplicó: “¡Bendíceme también a mí, padre mío!” 27:35 Pero Isaac le respondió: “Tu hermano vino y me engañó, y se llevó tu bendición”. 27:36 Esaú exclamó: “¡Con razón le pusieron por nombre Jacob! Ya me ha engañado dos veces: primero me quitó mis derechos de hijo mayor, y ahora me ha quitado mi bendición”. Y le preguntó a su padre: “¿No has guardado ninguna bendición para mí?” 27:37 Isaac le contestó a Esaú: “Ya lo he puesto como señor tuyo, y a todos sus parientes los he puesto como sus servidores; lo he provisto de trigo y de vino. ¿Qué puedo hacer ahora por ti, hijo mío?” 27:38 Esaú le rogó a su padre: “¿Acaso tienes una sola bendición, padre mío? ¡Bendíceme también a mí!” Y Esaú se puso a llorar a gritos. 27:39 Entonces su padre Isaac le dijo: “Vivirás lejos de las riquezas de la tierra y lejos del rocío que cae del cielo. 27:40 Vivirás de tu espada y servirás a tu hermano. Pero cuando no lo soportes más, te arrancarás su yugo del cuello”. 27:41 A partir de ese momento, Esaú guardó un profundo rencor contra Jacob por la bendición que su padre le había dado, y pensó: “Ya se acercan los días de guardar luto por mi padre. En cuanto muera, mataré a mi hermano Jacob”. 27:42 Pero alguien le contó a Rebeca lo que estaba planeando su hijo mayor. Entonces mandó llamar a su hijo menor Jacob y le dijo: “Mira, tu hermano Esaú se está consolando con la idea de matarte. 27:43 Así que, hijo mío, escúchame bien: prepárate y huye de inmediato a Jarán, a la casa de mi hermano Labán. 27:44 Quédate con él un tiempo, hasta que se le pase el enojo a tu hermano. 27:45 Cuando se calme su ira y olvide lo que le has hecho, yo mandaré a buscarte. ¿Por qué habría de perderlos a los dos en un solo día?” 27:46 Luego Rebeca le dijo a Isaac: “Ya no aguanto la vida por culpa de estas mujeres hititas. Si Jacob llega a casarse con una hitita, con una de las mujeres de esta tierra, ¡más me valdría morir!” 28:1 Entonces Isaac llamó a Jacob, lo bendijo y le dio esta orden: “No te cases con ninguna de las mujeres de Canaán. 28:2 Prepárate y ve a Padán Aram, a la casa de tu abuelo Betuel. Cásate allá con una de las hijas de Labán, el hermano de tu madre. 28:3 Que el Dios Todopoderoso te bendiga, te haga muy fecundo y multiplique tu descendencia, hasta que llegues a formar una multitud de naciones. 28:4 Que también te dé la bendición de Abraham, a ti y a tus descendientes, para que tomes posesión de esta tierra donde ahora vives como extranjero, la cual Dios le dio a Abraham”.
Aliá 7 · Génesis 28:5-9
28:5 Así fue como Isaac despidió a Jacob, quien se dirigió a Padán Aram, a la casa de Labán, que era hijo de Betuel el arameo y hermano de Rebeca, la madre de Jacob y Esaú. 28:6 Esaú se dio cuenta de que Isaac había bendecido a Jacob y lo había enviado a Padán Aram para buscar esposa allí, y que al bendecirlo le había ordenado: “No te cases con ninguna mujer de Canaán”. 28:7 También supo que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y que se había ido a Padán Aram. 28:8 Al ver Esaú que a su padre Isaac no le agradaban las mujeres cananeas, 28:9 fue a ver a Ismael, el hijo de Abraham, y además de las esposas que ya tenía, se casó con Majalat, que era hija de Ismael y hermana de Nebaiot.
✦ Haftará (Profetas)
1:1 Esta es una profecía: la palabra de Yehová dirigida a Israel por medio de Malaquías. 1:2 “Yo los he amado”, dice Yehová. Pero ustedes dicen: “¿En qué nos has amado?”. “¿Acaso Esaú no era hermano de Jacob?”, dice Yehová. “Sin embargo, amé a Jacob, 1:3 y a Esaú lo rechacé; convertí sus montes en un desierto y les dejé su herencia a los chacales”. 1:4 Aunque Edom diga: “Hemos sido destruidos, pero volveremos a reconstruir las ruinas”, el Señor de los Ejércitos dice: “Ellos reconstruirán, pero yo lo derribaré; los llamarán ‘Tierra de Maldad’ y ‘El pueblo contra el que Yehová estará enojado para siempre’”. 1:5 Ustedes lo verán con sus propios ojos y dirán: “¡Grande es Yehová, aun más allá de las fronteras de Israel!”. 1:6 “El hijo honra a su padre, y el siervo a su amo. Si yo soy padre, ¿dónde está el honor que merezco? Y si soy amo, ¿dónde está el respeto que se me debe?”, les dice el Señor de los Ejércitos a ustedes, sacerdotes, que desprecian mi nombre. “Y todavía preguntan: ‘¿En qué hemos despreciado tu nombre?’. 1:7 Ustedes ofrecen pan impuro sobre mi altar. Y preguntan: ‘¿En qué te hemos ofendido?’. En que dicen: ‘La mesa de Yehová no merece respeto’. 1:8 Cuando ustedes ofrecen un animal ciego para el sacrificio, ¿acaso no está mal? Y cuando ofrecen uno cojo o enfermo, ¿tampoco está mal? ¡Vayan y preséntenselo a su gobernador! ¿Creen que él se pondrá contento o que los recibirá con gusto?”, dice el Señor de los Ejércitos. 1:9 “Y ahora, supliquen el favor de Dios, para que se compadezca de nosotros. Pero con esa clase de ofrendas que ustedes traen, ¿creen que él los va a aceptar?”, dice Yehová de los Ejércitos. 1:10 “¡Ojalá hubiera entre ustedes alguien que cerrara las puertas del templo, para que no encendieran el fuego de mi altar en vano! No estoy nada contento con ustedes — dice el Señor de los Ejércitos —, ni voy a aceptar las ofrendas que me traen. 1:11 Porque desde donde sale el sol hasta donde se pone, mi nombre es grande entre las naciones. En todas partes se ofrece incienso a mi nombre, y una ofrenda pura; porque mi nombre es grande entre las naciones”, dice el Señor de los Ejércitos. 1:12 “Pero ustedes lo profanan cuando dicen: ‘La mesa de Yehová está impura, y su comida es despreciable’. 1:13 También dicen: ‘¡Miren, qué aburrido es esto!’, y lo desprecian”, dice el Señor de los Ejércitos. “Ustedes traen animales robados, cojos y enfermos, y me los presentan como ofrenda. ¿Creen que voy a aceptar eso de sus manos?”, dice Yehová. 1:14 “Maldito sea el tramposo que tiene un macho sano en su rebaño, se lo promete al Señor, pero luego le sacrifica un animal defectuoso. Porque yo soy un gran Rey — dice el Señor de los Ejércitos —, y mi nombre es temido entre las naciones”. 2:1 “Ahora, sacerdotes, este mandamiento es para ustedes. 2:2 Si no escuchan, y si no se toman en serio el dar gloria a mi nombre — dice el Señor de los Ejércitos —, entonces enviaré la maldición sobre ustedes, y maldeciré sus bendiciones. De hecho, ya las he maldecido, porque no se lo toman en serio. 2:3 Miren, yo reprenderé a su descendencia, y les untaré estiércol en la cara, el estiércol de sus fiestas, y serán barridos junto con él. 2:4 Así sabrán que les he enviado este mandamiento, para que mi pacto con Leví se mantenga”, dice el Señor de los Ejércitos. 2:5 “Mi pacto con él fue de vida y de paz, y se las di para que me mostrara reverencia; y él me reverenció, y tuvo un profundo respeto por mi nombre. 2:6 La ley de la verdad estaba en su boca, y en sus labios no se halló ninguna injusticia. Caminó conmigo en paz y en rectitud, y apartó a muchos de la maldad. 2:7 Porque los labios del sacerdote deben guardar el conocimiento, y la gente debe buscar la ley en su boca; porque él es el mensajero de Yehová de los Ejércitos.
✦ Brit Hadashah (Pacto Renovado)
9:1 Digo la verdad en Cristo. No miento, pues mi conciencia testifica conmigo en el Espíritu Santo 9:2 que tengo una gran pena y un dolor incesante en mi corazón. 9:3 Porque desearía ser yo mismo separado de Cristo por mis hermanos, mis parientes según la carne 9:4 que son israelitas; de los cuales es la adopción, la gloria, las alianzas, la entrega de la ley, el servicio y las promesas; 9:5 de los cuales son los padres, y de los cuales es Cristo en cuanto a la carne, que es sobre todo, Dios, bendito por siempre. Amén. 9:6 Pero no es que la palabra de Dios haya quedado en nada. Porque no todos los que son de Israel son de Israel. 9:7 Tampoco, por ser descendientes de Abraham, son todos hijos. Pero, “su descendencia será contada como de Isaac”. 9:8 Es decir, no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios, sino que son contados como herederos los hijos de la promesa. 9:9 Porque esta es una palabra de promesa: “Al tiempo señalado vendré, y Sara tendrá un hijo.” 9:10 No sólo eso, sino que Rebeca también concibió por uno, por nuestro padre Isaac. 9:11 Porque no habiendo nacido aún, ni habiendo hecho nada bueno o malo, para que el propósito de Dios según la elección se mantenga, no por las obras, sino por el que llama, 9:12 se le dijo: “El mayor servirá al menor.” 9:13 Como está escrito: “A Jacob lo amé, pero a Esaú lo aborrecí”.