Devocional mesiánico

Miketz

מִקֵּץ

Shabat · 12 de diciembre de 2026

Torá: Génesis 41:1–44:17 · Haftará: 1 Reyes 3:15–4:1 · Brit Hadashah: Romanos 10:1-13

Escucha la porción

Aliá 1

La porción esta semana

Resumen de la porción

Faraón sueña con vacas y espigas que nadie sabe interpretar, hasta que José, sacado de la cárcel, declara que Dios anuncia siete años de hartura seguidos de siete de hambre. Faraón pone a José sobre toda la tierra de Egipto. Cuando el hambre llega a Canaán, los hermanos de José descienden a comprar alimento y se presentan ante él sin reconocerlo, mientras él los prueba, retiene a Simeón y exige ver a Benjamín. La porción cierra con la copa escondida en el saco de Benjamín y Judá ofreciéndose como siervo en su lugar.

El hilo de la parashá

Miketz significa «al cabo», y ese es el ritmo de toda la porción: las cosas ocultas se revelan en el tiempo que Dios ha fijado, no antes. Faraón no entiende su propio sueño; los hermanos no reconocen a su propio hermano; ninguno de ellos sabe que está caminando dentro de un plan que ya fue mostrado años atrás, en otros sueños, en Canaán. José mismo lo dice sin rodeos: «No está en mí; Dios será el que responda paz á Faraón» (Génesis 41:16).

Lo notable es que José, ya exaltado, no se da a conocer de inmediato a sus hermanos. Los interroga, los encarcela tres días, les exige a Benjamín, esconde dinero y una copa en sus costales. No es crueldad: es prueba. «En esto seréis probados» (Génesis 42:15). Judá, el mismo que antes propuso vender a José, ahora se ofrece como fiador de Benjamín: «Yo lo fío; á mí me pedirás cuenta de él» (Génesis 43:9). El hermano que entregó a José por plata ahora entrega su propia vida como garantía. Ese giro en Judá es el corazón silencioso de la parashá.

La haftará

Salomón, recién ungido, no pide riquezas sino discernimiento para juzgar entre lo oculto y lo verdadero, y Dios le concede resolver un caso donde dos mujeres reclaman lo mismo y solo una dice la verdad. El texto lo resume: «vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar» (1 Reyes 3:28). José hace exactamente esto con sus hermanos: no tiene espada ni cuchillo, pero tiene la misma sabiduría dada para descubrir lo que está escondido en el corazón de los hombres —su arrepentimiento genuino o su indiferencia—. Ambos relatos muestran a un gobernante puesto por Dios que usa el discernimiento no para castigar sino para sacar a la luz la verdad y, con ella, la vida.

El Mesías en la porción

Pablo describe a Israel con celo de Dios pero sin reconocer lo que tiene delante: «ignorando la justicia de Dios... no se han sujetado á la justicia de Dios» (Romanos 10:3). Es la imagen exacta de los diez hermanos postrados ante José, «rostro por tierra» (Génesis 42:6), sin saber que el señor de la tierra que los alimenta es su propia sangre. José no se identifica de inmediato: los deja hablar, los prueba, espera. El reconocimiento llega, pero al cabo, no antes.

José, gobernando sobre Egipto, abre sus graneros a «toda la tierra» (Génesis 41:57), no solo a su familia. Así también Pablo cierra: «no hay diferencia de Judío y de Griego... todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» (Romanos 10:12-13). El pan que sostiene a las naciones viene de manos del hermano no reconocido —figura viva de Aquel a quien su propio pueblo no reconoció al principio, pero que sostiene con vida a todo el que se acerca a él, judío o gentil.

Para la semana

Practica esta semana el discernimiento paciente antes que el juicio apresurado: pregunta, escucha, espera el tiempo de Dios antes de exigir reconocimiento inmediato de nadie, ni de que te lo den a ti. Y donde haya algo por confesar —como Judá con Benjamín— ofrécete, no te escondas.

Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.

Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo

Aliá 1 · Génesis 41:1-14

41:1 Pasaron dos años completos, y un día el faraón tuvo un sueño. Soñó que estaba de pie junto al río Nilo, 41:2 y que del río subían siete vacas hermosas y muy gordas, las cuales se pusieron a pastar entre los juncos de la orilla. 41:3 Detrás de ellas subieron del río otras siete vacas, pero éstas eran muy feas y flacas, y se pararon junto a las primeras vacas en la orilla del río. 41:4 ¡Y resulta que las vacas feas y flacas se comieron a las siete vacas hermosas y gordas! En ese momento el faraón se despertó. 41:5 Volvió a dormirse y tuvo un segundo sueño. Soñó que siete espigas de trigo, llenas y hermosas, crecían de un solo tallo. 41:6 Detrás de ellas brotaron otras siete espigas, pero éstas eran delgadas y estaban resecas por el viento del este. 41:7 ¡Y las espigas delgadas se tragaron a las siete espigas gruesas y llenas! El faraón se despertó y se dio cuenta de que había sido un sueño. 41:8 A la mañana siguiente, el faraón amaneció muy preocupado, así que mandó llamar a todos los adivinos y sabios de Egipto. Les contó sus sueños, pero no hubo nadie que se los pudiera interpretar. 41:9 Entonces el jefe de los coperos se dirigió al faraón y le dijo: “Hoy debo confesar mis faltas. 41:10 Hace tiempo, el faraón se enojó con sus servidores, y nos metió en la cárcel de la casa del capitán de la guardia, a mí y al jefe de los panaderos. 41:11 Una noche, los dos tuvimos un sueño, y cada sueño tenía su propio significado. 41:12 Con nosotros estaba un joven hebreo, que era esclavo del capitán de la guardia. Le contamos nuestros sueños, y él nos los interpretó, dándole a cada uno el significado de su sueño. 41:13 Y las cosas sucedieron tal como él nos las había interpretado: a mí se me devolvió mi cargo, y al otro lo ahorcaron”. 41:14 Entonces el faraón mandó llamar a José. Lo sacaron rápidamente del calabozo; él se afeitó, se cambió de ropa y se presentó ante el faraón.

Aliá 2 · Génesis 41:15-38

41:15 El faraón le dijo a José: “Tuve un sueño y no hay nadie que pueda interpretarlo. Pero me han dicho que tú sólo necesitas oír un sueño para interpretarlo”. 41:16 José le respondió: “Yo no puedo hacerlo, pero Dios le dará al faraón una respuesta favorable”. 41:17 Entonces el faraón le contó su sueño a José: “En mi sueño, yo estaba de pie a la orilla del río Nilo, 41:18 y del río subían siete vacas hermosas y muy gordas, las cuales se pusieron a pastar entre los juncos. 41:19 Detrás de ellas subieron otras siete vacas, tan flacas, huesudas y de aspecto tan horrible, que jamás había visto vacas tan feas en toda la tierra de Egipto. 41:20 ¡Y las vacas flacas y feas se comieron a las siete primeras vacas gordas! 41:21 Pero después de habérselas comido, nadie se habría dado cuenta, porque seguían viéndose tan flacas y horribles como antes. En ese momento me desperté. 41:22 Volví a dormirme, y en mi sueño vi que siete espigas de trigo, llenas y hermosas, crecían de un solo tallo. 41:23 Detrás de ellas brotaron otras siete espigas, pero éstas eran delgadas, marchitas y resecas por el viento del este. 41:24 ¡Y las espigas delgadas se tragaron a las siete espigas hermosas! Les he contado esto a los adivinos, pero no hay nadie que me lo pueda explicar”. 41:25 Entonces José le dijo al faraón: “Los dos sueños del faraón significan lo mismo. Dios le ha mostrado al faraón lo que está a punto de hacer. 41:26 Las siete vacas hermosas representan siete años, y las siete espigas hermosas también representan siete años; los dos sueños son uno solo. 41:27 Las siete vacas flacas y feas que subieron después, y las siete espigas delgadas y resecas por el viento del este, también representan siete años, pero serán siete años de hambre. 41:28 Es tal como le he dicho al faraón: Dios le ha mostrado lo que está a punto de hacer. 41:29 Vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto. 41:30 Pero después de ellos, vendrán siete años de hambre. Se olvidará toda la abundancia en la tierra de Egipto, y el hambre arruinará al país. 41:31 El hambre que vendrá será tan terrible que nadie volverá a acordarse de los tiempos de abundancia en la tierra. 41:32 El hecho de que el faraón haya tenido el sueño dos veces significa que Dios ya ha tomado la decisión, y que la llevará a cabo muy pronto. 41:33 “Por lo tanto, el faraón debería buscar a un hombre inteligente y sabio, para ponerlo a cargo de la tierra de Egipto. 41:34 Además, el faraón debería nombrar inspectores en todo el país, para que cobren la quinta parte de las cosechas de Egipto durante los siete años de abundancia. 41:35 Que recolecten todo el alimento posible durante estos años buenos que vienen, y que bajo la autoridad del faraón almacenen el grano en las ciudades y lo guarden como reserva. 41:36 Este alimento servirá de reserva para el país durante los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto, para que la gente no muera de hambre”. 41:37 La propuesta le pareció muy buena al faraón y a todos sus funcionarios. 41:38 Así que el faraón les preguntó: “¿Acaso podremos encontrar a otro hombre como éste, que tenga el espíritu de Dios?”

Aliá 3 · Génesis 41:39-52

41:39 Y a José le dijo: “Puesto que Dios te ha revelado todo esto, no hay nadie más inteligente y sabio que tú. 41:40 Tú estarás a cargo de mi casa, y todo mi pueblo obedecerá tus órdenes. Sólo yo tendré más autoridad que tú, porque soy el rey”. 41:41 El faraón añadió: “Desde este momento, te pongo a cargo de toda la tierra de Egipto”. 41:42 Luego, el faraón se quitó el anillo con su sello oficial y se lo puso a José en la mano. Lo mandó vestir con ropas de lino fino y le puso un collar de oro en el cuello. 41:43 Lo hizo subir al segundo carruaje en importancia, y los guardias gritaban delante de él: “¡Abran paso!” Así fue como José quedó a cargo de toda la tierra de Egipto. 41:44 Y el faraón le dijo a José: “Yo soy el faraón, pero sin tu permiso nadie levantará una mano ni moverá un pie en toda la tierra de Egipto”. 41:45 El faraón le puso a José el nombre egipcio de Zafnat Panea, y le dio por esposa a Asenat, que era hija de Potifera, el sacerdote de la ciudad de On. Y José salió a inspeccionar toda la tierra de Egipto. 41:46 José tenía treinta años cuando comenzó a servir al faraón, rey de Egipto. Salió de la presencia del rey y recorrió todo el país. 41:47 Durante los siete años de abundancia, la tierra produjo grandes cosechas. 41:48 José recolectó todo el alimento producido en Egipto durante esos siete años, y lo almacenó en las ciudades. En cada ciudad guardó el alimento de los campos vecinos. 41:49 Fue tanto el trigo que José almacenó, que parecía la arena del mar; era tanto que hasta dejó de contarlo o llevar un registro. 41:50 Antes de que llegaran los años de hambre, José tuvo dos hijos con Asenat, la hija de Potifera, el sacerdote de On. 41:51 Al primero lo llamó Manasés, porque dijo: “Dios me ha hecho olvidar de todos mis sufrimientos y de toda la familia de mi padre”. 41:52 Al segundo lo llamó Efraín, porque dijo: “Dios me ha hecho dar frutos en la tierra donde he sufrido”.

Aliá 4 · Génesis 41:53–42:18

41:53 Finalmente, los siete años de abundancia en la tierra de Egipto llegaron a su fin, 41:54 y comenzaron los siete años de hambre, tal como José lo había anunciado. Hubo hambre en todos los demás países, pero en todo Egipto había alimento. 41:55 Cuando el hambre comenzó a sentirse en todo Egipto, el pueblo le rogó al faraón que les diera de comer. Pero el faraón les dijo a todos los egipcios: “Vayan a ver a José, y hagan todo lo que él les diga”. 41:56 Como el hambre se había extendido por toda la tierra, José abrió las bodegas y les vendió trigo a los egipcios, pues la situación en Egipto era muy grave. 41:57 Y de todos los países llegaba gente a Egipto para comprarle trigo a José, porque el hambre en todo el mundo era terrible. 42:1 Cuando Jacob se enteró de que había trigo en Egipto, les dijo a sus hijos: “¿Por qué se quedan ahí mirándose unos a otros?” 42:2 Y añadió: “He oído que hay trigo en Egipto. Bajen allá y compren trigo para nosotros, para que podamos sobrevivir y no muramos”. 42:3 Así que los diez hermanos de José bajaron a Egipto para comprar trigo. 42:4 Pero Jacob no dejó que Benjamín, el hermano de José, se fuera con ellos, porque pensó: “No vaya a ser que le pase alguna desgracia”. 42:5 Entre los que iban a comprar trigo se encontraban los hijos de Israel, pues el hambre también había llegado a la tierra de Canaán. 42:6 Como José era el gobernador del país, era él quien le vendía el trigo a toda la gente. Así que los hermanos de José llegaron y se inclinaron ante él, con el rostro hasta el suelo. 42:7 En cuanto José vio a sus hermanos, los reconoció; pero fingió ser un extraño y les habló con dureza: “¿De dónde vienen?”, les preguntó. Ellos le respondieron: “Venimos de la tierra de Canaán, para comprar alimentos”. 42:8 Aunque José reconoció a sus hermanos, ellos no lo reconocieron a él. 42:9 Entonces José se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: “¡Ustedes son espías! Han venido a ver cuáles son los puntos débiles de nuestro país”. 42:10 Ellos le respondieron: “¡No, señor nuestro! Sus siervos sólo han venido a comprar alimentos. 42:11 Todos nosotros somos hijos de un mismo padre. Somos hombres honrados; sus siervos jamás han sido espías”. 42:12 Pero él les insistió: “¡Mienten! Ustedes han venido a ver los puntos débiles de nuestro país”. 42:13 Ellos le explicaron: “Nosotros, sus siervos, somos doce hermanos, hijos de un mismo padre en la tierra de Canaán. Nuestro hermano menor se quedó hoy con nuestro padre, y el otro ya ha muerto”. 42:14 José les respondió: “Es tal como les dije: ¡ustedes son espías! 42:15 Y de esta manera los voy a poner a prueba: ¡Juro por la vida del faraón que no saldrán de aquí hasta que su hermano menor venga a este lugar! 42:16 Manden a uno de ustedes a buscar a su hermano, mientras los demás se quedan en la cárcel. Así comprobaremos si lo que dicen es verdad; y si no, ¡por la vida del faraón, es porque son espías!” 42:17 Y los metió a todos juntos en la cárcel durante tres días. 42:18 Al tercer día, José les dijo: “Hagan lo siguiente, y conservarán la vida, pues yo temo a Dios.

Aliá 5 · Génesis 42:19–43:15

42:19 Si realmente son hombres honrados, que uno de ustedes se quede preso en la cárcel, mientras los demás se llevan el trigo para calmar el hambre en sus casas. 42:20 Pero tendrán que traerme a su hermano menor. De esa manera podré comprobar si dicen la verdad, y no morirán”. Ellos estuvieron de acuerdo. 42:21 Y se decían unos a otros: “La verdad es que nos estamos ganando este castigo por lo que le hicimos a nuestro hermano. Vimos su gran angustia cuando nos rogaba por su vida, pero no le hicimos caso. ¡Por eso nos ha sobrevenido esta desgracia!” 42:22 Entonces Rubén les reclamó: “¿Acaso no les dije que no le hicieran daño al muchacho? Pero ustedes no me escucharon. ¡Ahora tenemos que pagar por su sangre!” 42:23 Ellos no sabían que José les estaba entendiendo, porque había estado hablando con ellos por medio de un intérprete. 42:24 José se alejó de ellos y se puso a llorar. Luego regresó, habló de nuevo con ellos, y ordenó que tomaran a Simeón y lo ataran frente a todos. 42:25 Después José mandó que les llenaran sus costales con trigo, que pusieran el dinero de cada uno dentro de su propio costal, y que les dieran provisiones para el viaje. Así se hizo con ellos. 42:26 Los hermanos cargaron el trigo en sus burros y emprendieron el viaje. 42:27 Por la noche, al llegar al lugar donde iban a acampar, uno de ellos abrió su costal para darle de comer a su burro, ¡y vio que su dinero estaba en la boca del costal! 42:28 Y les dijo a sus hermanos: “¡Me devolvieron mi dinero! ¡Aquí está, dentro de mi costal!” Se les heló la sangre y, temblando de miedo, se dijeron unos a otros: “¿Qué es esto que Dios nos ha hecho?” 42:29 Cuando llegaron a la tierra de Canaán, a donde estaba su padre Jacob, le contaron todo lo que les había pasado: 42:30 “Aquel hombre, el gobernador del país, nos habló con dureza y nos trató como si fuéramos espías. 42:31 Nosotros le dijimos: ‘Somos hombres honrados, nunca hemos sido espías. 42:32 Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre. Uno ya murió, y el menor se quedó hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán’. 42:33 Pero ese hombre, el gobernador del país, nos contestó: ‘Con esto podré comprobar si realmente son hombres honrados: dejen a uno de ustedes conmigo, llévense trigo para calmar el hambre en sus casas, y váyanse. 42:34 Tráiganme a su hermano menor. Así sabré que no son espías, sino hombres honrados. Entonces les devolveré a su hermano y podrán hacer negocios en este país’”. 42:35 Y resulta que, al vaciar sus costales, ¡cada uno encontró su paquete de dinero dentro de su costal! Cuando ellos y su padre vieron los paquetes de dinero, se asustaron muchísimo. 42:36 Su padre Jacob les reclamó: “¡Ustedes me van a dejar sin hijos! José ya no está, Simeón ya no está, ¡y ahora se quieren llevar a Benjamín! ¡Todo está en mi contra!” 42:37 Rubén le dijo a su padre: “Si no te lo traigo de regreso, puedes matar a mis dos hijos. Déjalo a mi cuidado, que yo te lo devolveré”. 42:38 Pero Jacob le contestó: “Mi hijo no irá con ustedes. Su hermano ya murió, y solo me queda él. Si le pasa alguna desgracia en el viaje que van a emprender, ¡harán que este viejo baje al Seol lleno de dolor!” 43:1 El hambre era muy grave en toda la región. 43:2 Cuando se acabaron el trigo que habían traído de Egipto, su padre les dijo: “Vuelvan allá y cómprennos un poco más de comida”. 43:3 Pero Judá le advirtió: “Aquel hombre nos advirtió muy seriamente: ‘No volverán a ver mi rostro si no traen a su hermano con ustedes’. 43:4 Si dejas que nuestro hermano vaya con nosotros, bajaremos a comprarte comida. 43:5 Pero si no lo dejas ir, no bajaremos; porque aquel hombre nos dijo: ‘No volverán a ver mi rostro si no traen a su hermano con ustedes’”. 43:6 Israel se quejó: “¿Por qué me trataron tan mal? ¿Por qué le dijeron a ese hombre que tenían otro hermano?” 43:7 Ellos le respondieron: “Es que el hombre nos preguntó directamente por nosotros y por nuestra familia. Nos dijo: ‘¿Todavía vive su padre? ¿Tienen algún otro hermano?’ Nosotros sólo contestamos a sus preguntas. ¿Cómo íbamos a saber que nos pediría que lleváramos a nuestro hermano?” 43:8 Entonces Judá le dijo a su padre Israel: “Deja que el muchacho vaya conmigo. Así nos pondremos en camino de inmediato, y podremos sobrevivir. De lo contrario, moriremos nosotros, tú y nuestros niños. 43:9 Yo me hago responsable de él; a mí me pedirás cuentas. Si no te lo traigo de regreso y lo pongo sano y salvo delante de ti, seré culpable ante ti toda mi vida. 43:10 La verdad es que, si no nos hubiéramos demorado tanto, ¡ya habríamos ido y regresado dos veces!” 43:11 Entonces su padre Israel les dijo: “Si no hay más remedio, háganlo. Tomen de los mejores productos de nuestra tierra, échenlos en sus costales, y llévenselos a ese hombre como regalo: un poco de bálsamo, un poco de miel, especias, mirra, nueces y almendras. 43:12 Llévense también el doble de dinero, porque tienen que devolver el dinero que apareció en la boca de sus costales. Tal vez fue una equivocación. 43:13 Tomen también a su hermano, y prepárense para volver a ver a aquel hombre. 43:14 ¡Que el Dios Todopoderoso haga que ese hombre se compadezca de ustedes, y que les devuelva a su otro hermano y a Benjamín! En cuanto a mí, si he de perder a mis hijos, me quedaré sin ellos”. 43:15 Así que los hermanos tomaron los regalos, el doble del dinero y a Benjamín, y bajaron a Egipto para presentarse ante José.

Aliá 6 · Génesis 43:16-29

43:16 Cuando José vio que Benjamín venía con ellos, le dijo al administrador de su casa: “Lleva a estos hombres a mi casa, mata un animal y prepáralo, porque hoy al mediodía comerán conmigo”. 43:17 El administrador hizo lo que José le había ordenado, y los llevó a la casa. 43:18 Pero ellos se asustaron al ver que los llevaban a la casa de José, y pensaron: “Nos traen aquí por el dinero que apareció en nuestros costales la primera vez. Seguro que nos van a tender una trampa, nos atacarán, nos convertirán en sus esclavos y se quedarán con nuestros burros”. 43:19 Por eso, al llegar a la puerta de la casa, se acercaron al administrador 43:20 y le dijeron: “¡Por favor, señor nuestro! La primera vez que bajamos, realmente vinimos a comprar comida. 43:21 Pero cuando llegamos al lugar donde íbamos a pasar la noche y abrimos nuestros costales, ¡cada uno encontró todo su dinero en la boca de su propio costal! Aquí lo traemos de regreso con nosotros. 43:22 Además, traemos más dinero para comprar comida. No tenemos idea de quién puso ese dinero en nuestros costales”. 43:23 “Tranquilos, no tengan miedo”, les contestó el administrador. “Su Dios, el Dios de su padre, les ha dado un tesoro en sus costales. Yo recibí el dinero que ustedes pagaron”. Luego les sacó a Simeón y se lo entregó. 43:24 El administrador hizo pasar a los hombres a la casa de José, les dio agua para que se lavaran los pies, y también les dio forraje para sus burros. 43:25 Como ellos ya se habían enterado de que iban a comer allí, prepararon los regalos para cuando José llegara al mediodía. 43:26 Cuando José llegó a la casa, ellos le entregaron los regalos que le habían llevado, y se inclinaron ante él hasta el suelo. 43:27 José les preguntó cómo estaban, y luego les dijo: “¿Cómo está su padre, aquel anciano del que me hablaron? ¿Todavía vive?” 43:28 “Su siervo, nuestro padre, está muy bien y todavía vive”, respondieron ellos, inclinándose con profundo respeto. 43:29 Al levantar la vista, José vio a su hermano Benjamín, el hijo de su propia madre, y preguntó: “¿Es éste su hermano menor, del que me hablaron?” Y a Benjamín le dijo: “¡Que Dios te bendiga, hijo mío!”

Aliá 7 · Génesis 43:30–44:17

43:30 José tuvo que salir rápidamente de allí, porque se conmovió profundamente al ver a su hermano y sintió ganas de llorar. Entró a su cuarto y allí se puso a llorar. 43:31 Luego se lavó la cara, salió, y controlando sus emociones ordenó: “¡Sirvan la comida!” 43:32 A José le sirvieron en una mesa aparte, y a sus hermanos en otra. A los egipcios que comían con él también les sirvieron aparte, pues los egipcios no pueden comer con los hebreos, ya que lo consideran algo repugnante. 43:33 A los hermanos los sentaron frente a José en orden de edad, desde el mayor hasta el menor, lo cual los dejó muy asombrados, mirándose unos a otros. 43:34 José ordenó que les pasaran porciones de la comida que le servían a él, ¡y la porción de Benjamín era cinco veces más grande que la de los demás! Ese día comieron, bebieron y se alegraron con José. 44:1 José le dio esta orden al administrador de su casa: “Llena de alimento los costales de estos hombres, todo lo que puedan llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal. 44:2 Además, pon mi copa de plata en la boca del costal del más joven, junto con el dinero que pagó por su trigo”. El administrador hizo todo tal como José se lo había ordenado. 44:3 Al amanecer, despidieron a los hombres y los dejaron ir con sus burros. 44:4 Todavía no se habían alejado mucho de la ciudad, cuando José le dijo a su administrador: “¡Prepárate y persigue a esos hombres! Cuando los alcances, pregúntales: ‘¿Por qué han pagado mal por bien? 44:5 ¿Acaso no es ésta la copa en la que bebe mi señor, y la que usa para adivinar? ¡Han cometido una gran maldad!’” 44:6 Cuando el administrador los alcanzó, les repitió estas mismas palabras. 44:7 Ellos le respondieron: “¿Por qué nos habla así mi señor? ¡Lejos estén sus siervos de hacer semejante cosa! 44:8 Fíjese que el dinero que encontramos en la boca de nuestros costales se lo trajimos de regreso desde la tierra de Canaán. ¿Cómo íbamos a robar plata u oro de la casa de su señor? 44:9 Si usted encuentra la copa en poder de alguno de sus siervos, ¡que ese hombre muera, y el resto de nosotros seremos esclavos de mi señor!” 44:10 El administrador les dijo: “De acuerdo, que sea como ustedes dicen: aquel a quien se le encuentre la copa será mi esclavo, y los demás quedarán libres de culpa”. 44:11 Rápidamente, cada uno bajó su costal al suelo y lo abrió. 44:12 El administrador los revisó, empezando por el costal del mayor y terminando con el del menor. ¡Y la copa apareció en el costal de Benjamín! 44:13 Llenos de angustia, se rasgaron la ropa, cargaron de nuevo sus burros y regresaron a la ciudad. 44:14 Cuando Judá y sus hermanos llegaron a la casa de José, él todavía estaba allí. Ellos se postraron hasta el suelo delante de él. 44:15 José les reclamó: “¿Qué es lo que han hecho? ¿Acaso no saben que un hombre como yo puede adivinar las cosas?” 44:16 Judá le respondió: “¿Qué le podemos decir a mi señor? ¿Qué le podemos contestar? ¿Cómo podremos justificarnos? Dios ha descubierto la maldad de sus siervos. Aquí nos tiene; somos esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquel a quien se le encontró la copa”. 44:17 Pero José declaró: “¡Lejos esté de mí hacer semejante cosa! Sólo aquel a quien se le encontró la copa será mi esclavo; en cuanto a ustedes, regresen en paz a donde está su padre”.

Haftará (Profetas)

3:15 Cuando Salomón despertó, se dio cuenta de que había sido un sueño. Regresó a Jerusalén, se presentó ante el arca del pacto del Señor, ofreció holocaustos y sacrificios de paz, y dio un banquete para todos sus servidores. 3:16 Tiempo después, dos prostitutas fueron a presentarse ante el rey. 3:17 Una de ellas dijo: “Señor mío, esta mujer y yo vivimos en la misma casa. Yo tuve un hijo estando ella allí conmigo. 3:18 Tres días después de mi parto, ella también dio a luz. Estábamos solas; no había nadie más con nosotras en la casa. 3:19 Pero una noche, el hijo de esta mujer murió porque ella se acostó sobre él. 3:20 Entonces ella se levantó a medianoche, mientras yo dormía, y me quitó a mi hijo que estaba a mi lado. Lo puso en su cama y puso a su hijo muerto junto a mí. 3:21 Cuando me levanté por la mañana para amamantar a mi hijo, vi que estaba muerto. Pero al fijarme bien con la luz del día, me di cuenta de que no era el hijo que yo había tenido”. 3:22 Pero la otra mujer dijo: “¡No! El niño que vive es el mío, y el muerto es el tuyo”. Y la primera insistía: “¡No! El muerto es el tuyo, y el que vive es el mío”. Así discutían delante del rey. 3:23 El rey dijo: “Una dice: “Este es mi hijo, el que está vivo; el tuyo es el muerto”. La otra dice: “No, tu hijo es el muerto y el mío es el que vive””. 3:24 Entonces el rey ordenó: “Tráiganme una espada”. Y le llevaron una espada al rey. 3:25 Luego dijo: “Partan al niño vivo en dos, y denle la mitad a una y la otra mitad a la otra”. 3:26 Entonces la madre del niño vivo, conmovida profundamente por el amor a su hijo, le suplicó al rey: “¡Por favor, mi señor! Dele a ella el niño vivo, ¡pero no lo mate!”. Pero la otra decía: “Ni para mí ni para ti. ¡Que lo partan!”. 3:27 Entonces el rey decidió: “Entréguenle el niño vivo a la primera mujer. No lo maten, porque ella es su verdadera madre”. 3:28 Todo Israel se enteró de la sentencia que el rey había dictado, y sintieron un gran respeto por él, pues vieron que Dios le había dado sabiduría para impartir justicia. 4:1 El rey Salomón gobernó sobre todo Israel.

Brit Hadashah (Pacto Renovado)

10:1 Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios es por Israel, para que se salve. 10:2 Porque doy testimonio de ellos de que tienen celo por Dios, pero no según el conocimiento. 10:3 Porque ignorando la justicia de Dios, y tratando de establecer su propia justicia, no se sometieron a la justicia de Dios. 10:4 Porque Cristo es el cumplimiento de la ley para la justicia de todo el que cree. 10:5 Porque Moisés escribe sobre la justicia de la ley: “El que las cumpla vivirá por ellas”. 10:6 Pero la justicia que es de la fe dice esto: “No digas en tu corazón: “¿Quién subirá al cielo? (es decir, hacer bajar a Cristo); 10:7 o, ‘¿Quién bajará al abismo? (es decir, hacer subir a Cristo de entre los muertos)”. 10:8 Pero, ¿qué dice? “La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón”, es decir, la palabra de fe que predicamos: 10:9 que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. 10:10 Porque con el corazón se cree para obtener la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. 10:11 Porque la Escritura dice: “El que cree en él no quedará defraudado”. 10:12 Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, y es rico para todos los que le invocan. 10:13 Porque “Todo el que invoque el nombre del Señor se salvará”.