Devocional mesiánico
Ki Tisá
כִּי תִשָּׂא
Shabat · 27 de febrero de 2027
Torá: Éxodo 30:11–34:35 · Haftará: 1 Reyes 18:1-39 · Brit Hadashah: 2 Corintios 3:1-18
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Aliá 1
✦ La porción esta semana
Ki Tisá — כִּי תִשָּׂא
Resumen de la porción
Dios instruye a Moshé sobre el rescate de las personas, la fuente de bronce, el aceite de la unción y el incienso, y llama a Bezaleel y Aholiab para la obra del santuario. Mientras Moshé está cuarenta días en el monte, el pueblo fabrica un becerro de oro y lo adora. Dios amenaza consumir a Israel, pero Moshé intercede; luego pide ver la gloria divina, y Dios pasa delante de él proclamando su nombre. La porción cierra con tablas nuevas y el rostro de Moshé resplandeciente, velado ante el pueblo.
El hilo de la parashá
El hilo que atraviesa Ki Tisá es la tensión entre la presencia de Dios y la fragilidad del pacto humano. Las instrucciones del principio —el shéquel de rescate, la fuente para lavarse, el aceite de unción, el shabat como señal perpetua— construyen un sistema donde acercarse a Dios exige mediación e intercesión constante. Y precisamente eso es lo que sigue: apenas Israel queda sin la presencia visible de Moshé, se corrompe. El becerro de oro no es un accidente aislado sino la prueba de que el pueblo, aun habiendo oído la voz de Dios en Sinaí, no puede sostener el pacto por sí mismo.
Lo que sigue es aún más revelador: Moshé no apela a la inocencia de Israel sino a la memoria del pacto con Abraham, Isaac e Israel («Éxodo 32:13»), y ofrece su propio nombre a cambio del perdón del pueblo («Éxodo 32:32»). Dios responde no destruyendo, sino revelando su carácter: «misericordioso, y piadoso; tardo para la ira» («Éxodo 34:6»). El pacto se renueva, pero el rostro de Moshé queda transformado por el encuentro, y ese resplandor debe ser velado («Éxodo 34:33»). La gloria es real, pero no puede sostenerse sin mediación ni ser contemplada sin velo.
La haftará
Elías en el Carmelo repite, siglos después, la misma pregunta que ardía bajo el becerro de oro: ¿a quién sirve Israel? «¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?» («1 Reyes 18:21»). Como en el desierto, el pueblo vacila entre el Dios que lo sacó de Egipto y los dioses fabricados por manos humanas. Y como Moshé, Elías intercede pidiendo que el fuego de Dios se manifieste no para destruir a Israel, sino para «volver atrás el corazón de ellos» («1 Reyes 18:37»). El fuego que cae sobre el altar es el mismo tipo de presencia gloriosa y terrible que pasó delante de Moshé en la peña: Dios se revela para restaurar, no para aniquilar.
El Mesías en la porción
Pablo toma directamente la imagen del rostro velado de Moshé («Éxodo 34:33») para explicar la diferencia entre los dos pactos: uno escrito en tablas de piedra, que trae gloria pero también velo, y otro escrito por el Espíritu «en tablas de carne del corazón» («2 Corintios 3:3»). El velo que Moshé se ponía no ocultaba solo el resplandor pasajero de su rostro, sino —según Pablo— algo más permanente: la incapacidad de contemplar sin mediación aquello que estaba destinado a desvanecerse («2 Corintios 3:13»). En el Mesías ese velo «es quitado» («2 Corintios 3:14»), no porque la gloria de Sinaí fuera falsa, sino porque hallaba su cumplimiento en una gloria mayor y permanente.
Hay aquí una tipología precisa: así como Moshé intercedió con su propio nombre para que Israel no fuera raído del libro de Dios («Éxodo 32:32»), el Mesías es descrito por Pablo como aquel por quien ahora «con cara descubierta» los creyentes contemplan la gloria del Señor y son transformados «de gloria en gloria» («2 Corintios 3:18»). El resplandor que asustaba a Israel se convierte en el resplandor que transforma.
Para la semana
Practica esta semana el examen honesto de tus propios "becerros": no ídolos exóticos, sino sustitutos concretos de la paciencia por la presencia visible de Dios. Elige un espacio breve de quietud diario para leer las Escrituras sin prisa, permitiendo que transformen —no solo informen— tu manera de mirar a Dios y al prójimo.
Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.
✦ Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo
Aliá 1 · Éxodo 30:11–31:17
30:11 Yehová le habló a Moisés y le dijo: 30:12 “Cuando hagas un censo para contar a los israelitas, cada uno deberá darle a Yehová un rescate por su vida al ser contado. Así no caerá ninguna plaga sobre ellos por hacer el censo. 30:13 Todo el que sea censado deberá pagar medio siclo de plata, pesado según el siclo oficial del santuario (un siclo equivale a veinte geras). Este medio siclo es una ofrenda para Yehová. 30:14 Todos los mayores de veinte años que sean censados deberán dar esta ofrenda a Yehová. 30:15 Cuando entreguen esta ofrenda a Yehová para pagar el rescate por sus vidas, el rico no dará más de medio siclo, ni el pobre dará menos. 30:16 Recibirás el dinero de este rescate pagado por los israelitas, y lo usarás para los gastos de la Carpa de Reunión. Esto le servirá de recordatorio a los israelitas ante Yehová, de que han pagado el rescate por sus vidas.” 30:17 Yehová le habló a Moisés y le dijo: 30:18 “Harás un lavamanos de bronce, con su base de bronce. Lo pondrás entre la Carpa de Reunión y el altar, y lo llenarás de agua. 30:19 Aarón y sus hijos usarán esa agua para lavarse las manos y los pies. 30:20 Siempre que entren a la Carpa de Reunión, o cuando se acerquen al altar para servir y presentar las ofrendas quemadas a Yehová, deberán lavarse con agua para no morir. 30:21 Se lavarán las manos y los pies para no morir. Esta será una ley permanente para Aarón y sus descendientes, de generación en generación.” 30:22 Yehová le dijo también a Moisés: 30:23 “Toma las siguientes especias finas: cinco kilos de mirra líquida; dos kilos y medio de canela aromática; dos kilos y medio de caña aromática; 30:24 cinco kilos de casia (pesado todo según el peso oficial del santuario), y unos cuatro litros de aceite de oliva. 30:25 Con estos ingredientes prepararás el aceite sagrado para la unción, mezclándolo con el mismo cuidado que un perfumista prepara un perfume. Será el aceite sagrado para la unción. 30:26 Con este aceite ungirás la Carpa de Reunión, el arca del pacto, 30:27 la mesa con todos sus utensilios, el candelabro con sus utensilios, el altar del incienso, 30:28 el altar de los holocaustos con todos sus utensilios, y el lavamanos con su base. 30:29 De esta manera los consagrarás, y serán cosas santísimas. Cualquier cosa que los toque quedará santificada. 30:30 También ungirás a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que me sirvan como sacerdotes. 30:31 Y les dirás a los israelitas: ‘Este será mi aceite sagrado para la unción, de generación en generación. 30:32 No lo derramen sobre el cuerpo de cualquier persona, ni preparen ningún otro aceite con esta misma fórmula. Es sagrado, y ustedes deben tratarlo como algo sagrado. 30:33 Cualquiera que prepare una mezcla igual a esta, o que unja con él a alguien que no sea sacerdote, será expulsado de su pueblo’”. 30:34 Yehová le dijo a Moisés: “Toma cantidades iguales de las siguientes especias aromáticas: resina, uña aromática, gálbano e incienso puro. 30:35 Con estos ingredientes prepararás un incienso aromático, mezclado con el cuidado de un perfumista. Échale sal para que sea puro y sagrado. 30:36 Muele una parte hasta convertirla en polvo fino, y ponlo frente al arca del pacto en la Carpa de Reunión, que es donde yo me encontraré contigo. Este incienso será algo santísimo para ustedes. 30:37 No preparen nunca este mismo incienso para uso personal; considérenlo como algo sagrado y exclusivo para Yehová. 30:38 Cualquiera que haga un incienso como este para disfrutar de su fragancia, será expulsado de su pueblo.” 31:1 Yehová le habló a Moisés y le dijo: 31:2 “Mira, he escogido personalmente a Bezalel, que es hijo de Uri y nieto de Hur, de la tribu de Judá. 31:3 Lo he llenado del Espíritu de Dios, y le he dado gran sabiduría, inteligencia y capacidad creativa para hacer toda clase de trabajos artesanales. 31:4 Él es experto en diseñar obras de arte, en trabajar el oro, la plata y el bronce; 31:5 en cortar y engastar piedras preciosas, en tallar madera, y en toda clase de artesanías. 31:6 Además, le he asignado como ayudante a Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan. Y a todos los demás artesanos expertos les he dado la sabiduría necesaria para hacer todo lo que te he ordenado: 31:7 la Carpa de Reunión, el arca del pacto y el propiciatorio que la cubre, todos los muebles de la Carpa, 31:8 la mesa con sus utensilios, el candelabro de oro puro con sus utensilios, el altar del incienso, 31:9 el altar de los holocaustos con todos sus utensilios, el lavamanos con su base, 31:10 las ropas finamente tejidas, las ropas sagradas para el sacerdote Aarón y las ropas para que sus hijos oficien como sacerdotes, 31:11 el aceite de la unción y el incienso aromático para el Lugar Santo. Ellos deberán hacerlo todo exactamente como te lo he ordenado.” 31:12 Yehová le habló a Moisés y le dijo: 31:13 “Diles a los israelitas: ‘Asegúrense de respetar mis sábados, porque es una señal de mi pacto entre ustedes y yo, de generación en generación. Así sabrán que yo soy Yehová, quien los santifica. 31:14 Respeten el sábado, porque es un día sagrado para ustedes. Cualquiera que lo profane será condenado a muerte; y si alguien trabaja en ese día, será expulsado de su pueblo. 31:15 Tienen seis días para trabajar, pero el séptimo día es un día de descanso absoluto, consagrado a Yehová. Cualquiera que trabaje en el día de descanso será condenado a muerte. 31:16 Por lo tanto, los israelitas guardarán el sábado y lo celebrarán de generación en generación como un pacto eterno. 31:17 Será una señal permanente entre los israelitas y yo; porque en seis días Yehová hizo los cielos y la tierra, y el séptimo día descansó’”.
Aliá 2 · Éxodo 31:18–33:11
31:18 Cuando Yehová terminó de hablar con Moisés en el monte Sinaí, le dio las dos tablas del pacto, que eran de piedra y estaban escritas por el dedo mismo de Dios. 32:1 El pueblo, al ver que Moisés tardaba tanto en bajar de la montaña, se juntó alrededor de Aarón y le dijo: “¡Ándale, haznos dioses que nos guíen! Porque no sabemos qué le pasó a ese tal Moisés, el hombre que nos sacó de Egipto.” 32:2 Aarón les contestó: “Quítenles los aretes de oro a sus esposas, a sus hijos y a sus hijas, y tráiganmelos”. 32:3 Entonces todo el pueblo se quitó los aretes de oro que llevaban puestos y se los entregaron a Aarón. 32:4 Él recibió el oro, lo trabajó con un cincel y fundió un becerro de metal. Al verlo, el pueblo gritó: “¡Israel, estos son tus dioses que te sacaron de Egipto!”. 32:5 Cuando Aarón vio el entusiasmo de la gente, construyó un altar frente al becerro y anunció: “¡Mañana tendremos una fiesta en honor a Yehová!”. 32:6 Al día siguiente, todos se levantaron temprano, ofrecieron holocaustos y presentaron sacrificios de paz. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y después se levantaron para divertirse y hacer un desastre. 32:7 Entonces Yehová le dijo a Moisés: “Baja enseguida, porque tu pueblo, el que sacaste de Egipto, se ha corrompido. 32:8 Muy rápido se desviaron del camino que yo les marqué. Se hicieron un becerro de metal fundido, se han inclinado ante él, le han ofrecido sacrificios y han dicho: ‘¡Israel, estos son tus dioses que te sacaron de Egipto!’”. 32:9 Yehová le dijo además a Moisés: “Me he fijado en este pueblo, y es un pueblo muy terco y rebelde. 32:10 ¡Déjame en paz! Mi enojo va a estallar contra ellos y los voy a destruir. Pero a ti te convertiré en una gran nación”. 32:11 Pero Moisés le suplicó a Yehová su Dios: “Oh Yehová, ¿por qué vas a descargar tu enojo contra tu pueblo, al que sacaste de Egipto con tanto poder y con mano fuerte? 32:12 ¿Por qué darles a los egipcios el gusto de decir: ‘Dios los sacó con malas intenciones, solo para matarlos en las montañas y borrarlos de la faz de la tierra’? ¡Cálmate! No dejes que tu enojo te lleve a destruir a tu pueblo. 32:13 Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac e Israel, a quienes les juraste por ti mismo: ‘Haré que sus descendientes sean tan numerosos como las estrellas del cielo, y les daré a sus descendientes toda esta tierra que les prometí, para que sea de ellos para siempre’”. 32:14 Al oír esto, Yehová cambió de parecer y ya no destruyó a su pueblo como había amenazado. 32:15 Moisés se dio la vuelta y bajó de la montaña, llevando en sus manos las dos tablas del pacto. Estaban escritas por los dos lados, tanto por el frente como por el reverso. 32:16 Las tablas eran obra de Dios, y la escritura grabada en ellas era de Dios mismo. 32:17 Cuando Josué escuchó el griterío de la gente, le dijo a Moisés: “¡Suena como si hubiera guerra en el campamento!”. 32:18 Pero Moisés le respondió: “No son gritos de victoria, ni son lamentos de derrota. Lo que escucho son cantos de fiesta”. 32:19 En cuanto Moisés se acercó al campamento y vio el becerro y a la gente bailando, se enfureció tanto que arrojó las tablas y las hizo pedazos al pie de la montaña. 32:20 Agarró el becerro que habían hecho, lo tiró al fuego y lo molió hasta hacerlo polvo; luego esparció el polvo sobre el agua y obligó a los israelitas a bebérsela. 32:21 Después Moisés le reclamó a Aarón: “¿Qué te hizo este pueblo para que los hicieras cometer un pecado tan grave?” 32:22 Aarón le contestó: “¡No te enojes conmigo, mi señor! Tú sabes muy bien que esta gente siempre está buscando hacer lo malo. 32:23 Me dijeron: ‘Haznos dioses que nos guíen, porque no sabemos qué le pasó a ese tal Moisés, el hombre que nos sacó de Egipto’. 32:24 Y yo les dije: ‘El que tenga oro, que se lo quite’. Me lo dieron, lo eché al fuego, ¡y salió este becerro!”. 32:25 Moisés vio que el pueblo estaba descontrolado, ya que Aarón los había dejado hacer lo que querían, para burla de sus enemigos; 32:26 así que se paró a la entrada del campamento y gritó: “¡El que esté del lado de Yehová, que se una a mí!”. Y todos los hombres de la tribu de Leví se juntaron con él. 32:27 Entonces Moisés les ordenó: “Así dice Yehová, el Dios de Israel: ‘¡Pónganse la espada al cinto! Recorran todo el campamento, de un lado a otro, y maten cada uno a su hermano, a su amigo y a su vecino’”. 32:28 Los levitas obedecieron la orden de Moisés, y ese día murieron unas tres mil personas del pueblo. 32:29 Moisés les dijo: “Hoy ustedes se han consagrado al servicio de Yehová, pues no les importó matar a sus propios hijos o hermanos; y por eso hoy él los ha bendecido.” 32:30 Al día siguiente, Moisés le dijo al pueblo: “Ustedes han cometido un pecado muy grave. Pero ahora voy a subir a hablar con Yehová; tal vez logre que los perdone”. 32:31 Moisés regresó a donde estaba Yehová y le dijo: “¡Ay, Señor! Este pueblo ha cometido un pecado terrible al hacerse dioses de oro. 32:32 Te ruego que los perdones; pero si no vas a perdonarlos, ¡bórrame a mí del libro que has escrito!”. 32:33 Yehová le respondió a Moisés: “Solo borraré de mi libro al que haya pecado contra mí. 32:34 Ahora ve y guía al pueblo hacia el lugar que te dije. Mi ángel irá delante de ti. Pero el día que yo venga a castigar, los castigaré por su pecado”. 32:35 Y así Yehová castigó al pueblo con una plaga, por culpa del becerro que obligaron a hacer a Aarón. 33:1 Yehová le dijo a Moisés: “Anda, vete de aquí, tú y el pueblo que sacaste de Egipto. Suban hacia la tierra que le prometí a Abraham, a Isaac y a Jacob cuando les dije: ‘A sus descendientes se la daré’. 33:2 Yo enviaré un ángel delante de ti, y expulsaré a los cananeos, a los amorreos, a los hititas, a los ferezeos, a los heveos y a los jebuseos. 33:3 Suban a esa tierra donde abundan la leche y la miel. Pero yo no iré en medio de ustedes, porque son un pueblo muy terco, y podría destruirlos en el camino.” 33:4 Al oír el pueblo esta mala noticia, se pusieron de luto y nadie usó sus joyas. 33:5 Porque Yehová le había dicho a Moisés: “Diles a los israelitas: ‘Ustedes son un pueblo muy terco. Si yo los acompañara por un solo momento, los destruiría. Así que quítense ahora mismo sus joyas, para que yo decida qué voy a hacer con ustedes’”. 33:6 Y así lo hicieron: los israelitas se quitaron sus joyas desde que estuvieron en el monte Horeb en adelante. 33:7 Moisés tenía la costumbre de armar la Carpa de Reunión a buena distancia, fuera del campamento. Todo el que quería consultar a Yehová tenía que salir a la Carpa de Reunión, fuera del campamento. 33:8 Cuando Moisés salía hacia la Carpa, todo el pueblo se levantaba y se quedaba de pie a la entrada de su propia carpa, y seguían a Moisés con la mirada hasta que él entraba. 33:9 En cuanto Moisés entraba a la Carpa, la columna de nube bajaba y se quedaba a la entrada, y Yehová hablaba con Moisés. 33:10 Al ver la columna de nube detenida a la entrada de la Carpa, todo el pueblo se ponía de pie y adoraba a Dios, cada uno a la entrada de su propia carpa. 33:11 Yehová hablaba con Moisés cara a cara, como cuando alguien platica con un amigo. Después Moisés regresaba al campamento, pero su joven ayudante Josué, hijo de Nun, nunca se apartaba de la Carpa.
Aliá 3 · Éxodo 33:12-16
33:12 Moisés le dijo a Yehová: “Mira, tú me has dicho: ‘Lleva a este pueblo a la tierra prometida’, pero no me has dicho a quién vas a enviar conmigo. También me has dicho: ‘Te conozco por tu nombre y te has ganado mi favor’. 33:13 Así que, si de verdad me he ganado tu favor, te ruego que me enseñes tus caminos; así podré conocerte y seguir contando con tu favor. Y recuerda que esta nación es tu propio pueblo.” 33:14 Yehová le respondió: “Mi presencia irá contigo, y yo te daré descanso”. 33:15 Moisés le contestó: “Si tu presencia no va a ir con nosotros, mejor no nos hagas salir de aquí. 33:16 ¿Cómo va a saber la gente que este pueblo y yo contamos con tu favor, si no vienes con nosotros? Tu presencia es lo que nos hace diferentes, a mí y a tu pueblo, de todas las demás naciones de la tierra.”
Aliá 4 · Éxodo 33:17-23
33:17 Y Yehová le dijo a Moisés: “Voy a hacer esto que me pides, porque te has ganado mi favor y te conozco por tu nombre.” 33:18 Entonces Moisés le rogó: “¡Por favor, déjame ver tu gloria!” 33:19 Yehová le respondió: “Haré pasar toda mi bondad delante de ti, y pronunciaré mi nombre, Yehová, en tu presencia. Tendré compasión de quien yo quiera tener compasión, y tendré misericordia de quien yo quiera tener misericordia”. 33:20 Y agregó: “Pero no podrás ver mi rostro, porque nadie puede verme y seguir con vida.” 33:21 Yehová también le dijo: “Mira, aquí a mi lado hay un lugar sobre la roca; párate ahí. 33:22 Cuando pase mi gloria, te meteré en una grieta de la roca y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. 33:23 Después quitaré mi mano y podrás ver mi espalda, pero mi rostro no lo verás.”
Aliá 5 · Éxodo 34:1-9
34:1 Yehová le dijo a Moisés: “Corta dos tablas de piedra iguales a las primeras. Yo voy a escribir en ellas las mismas palabras que estaban en las primeras tablas que rompiste. 34:2 Prepárate para mañana temprano, y sube al monte Sinaí. Allí te presentarás ante mí, en la cima de la montaña. 34:3 Nadie debe subir contigo, ni debe verse a nadie en toda la montaña. Tampoco deben andar pastando ovejas ni vacas frente a la montaña”. 34:4 Moisés cortó dos tablas de piedra iguales a las primeras; se levantó muy temprano y subió al monte Sinaí tal como Yehová se lo había ordenado, llevando en sus manos las dos tablas de piedra. 34:5 Yehová bajó en la nube, se detuvo allí junto a él y pronunció su nombre: Yehová. 34:6 Yehová pasó por delante de Moisés, proclamando: “¡Yehová! ¡Yehová! Dios compasivo y misericordioso, lento para enojarse y lleno de amor inagotable y fidelidad. 34:7 Que mantiene su amor por mil generaciones, que perdona la maldad, la rebeldía y el pecado; pero que no deja sin castigo al culpable, sino que castiga la maldad de los padres en los hijos y en los nietos, hasta la tercera y la cuarta generación.” 34:8 De inmediato, Moisés se inclinó hasta tocar el suelo con la frente y lo adoró. 34:9 Y le dijo: “Señor, si de verdad me he ganado tu favor, te ruego que Yehová nos acompañe. Es cierto que somos un pueblo muy terco, pero perdona nuestra maldad y nuestro pecado, y acéptanos como tu propio pueblo.”
Aliá 6 · Éxodo 34:10-26
34:10 Yehová le contestó: “Mira, voy a hacer un pacto: delante de todo tu pueblo haré milagros tan grandes que jamás se han visto en toda la tierra ni en ninguna otra nación. Y todos los pueblos que te rodean verán lo que Yehová puede hacer, porque haré cosas asombrosas a través de ti. 34:11 Obedece todo lo que te ordeno hoy. Voy a expulsar de tu presencia a los amorreos, a los cananeos, a los hititas, a los ferezeos, a los heveos y a los jebuseos. 34:12 Ten mucho cuidado de no hacer ningún pacto con los habitantes de la tierra a donde vas, para que no se conviertan en una trampa para ustedes. 34:13 Al contrario, derrumben sus altares, hagan pedazos sus piedras sagradas y corten sus imágenes de la diosa Asera. 34:14 No adoren a ningún otro dios, porque Yehová, cuyo nombre es Celoso, exige lealtad absoluta. 34:15 “No hagas ningún pacto con los habitantes del país, porque cuando ellos se prostituyan adorando a sus dioses y ofrezcan sus sacrificios, podrían invitarte y tú terminarías comiendo de sus ofrendas. 34:16 Además, podrías tomar a las hijas de ellos para que se casen con tus hijos, y cuando ellas se prostituyan adorando a sus dioses, harán que tus hijos también se prostituyan tras ellos. 34:17 “No se harán ídolos de metal fundido. 34:18 “Celebrarán la fiesta del pan sin levadura. Durante siete días comerán pan sin levadura en el mes de Abib, tal como te lo ordené, porque en ese mes salieron de Egipto. 34:19 “El primer hijo que nazca me pertenece. Lo mismo aplica para las primeras crías machos de tus vacas y ovejas. 34:20 Pero la primera cría de un burro la podrás rescatar entregando un cordero a cambio; si no la rescatas, tendrás que romperle el cuello al burrito. También deberás rescatar a todos tus hijos mayores. Nadie debe presentarse ante mí con las manos vacías. 34:21 “Tienes seis días a la semana para trabajar, pero el séptimo día debes descansar; incluso en las épocas de siembra y de cosecha tendrás que descansar. 34:22 “Celebrarás la fiesta de las Semanas, que es la fiesta de los primeros frutos de la cosecha del trigo, y también la fiesta de la Cosecha al final del año. 34:23 Tres veces al año todos los hombres se presentarán ante el Señor Yehová, el Dios de Israel. 34:24 Yo expulsaré a las naciones que te rodean y ampliaré tu territorio; y nadie intentará apoderarse de tus tierras cuando subas a presentarte ante Yehová tu Dios, tres veces al año. 34:25 “No ofrezcas la sangre de mi sacrificio junto con pan que tenga levadura. Tampoco dejes que sobre nada del sacrificio de la Pascua para la mañana siguiente. 34:26 “Llevarás a la casa de Yehová tu Dios lo mejor de los primeros frutos de tus cosechas. “No cocines a un cabrito en la leche de su propia madre”.
Aliá 7 · Éxodo 34:27-35
34:27 Yehová le dijo a Moisés: “Escribe estas palabras, porque en ellas se basa el pacto que he hecho contigo y con Israel”. 34:28 Moisés se quedó allí con Yehová durante cuarenta días y cuarenta noches, sin comer ni beber nada. Y escribió en las tablas las palabras del pacto, es decir, los Diez Mandamientos. 34:29 Cuando Moisés bajó del monte Sinaí trayendo en sus manos las dos tablas del pacto, no se había dado cuenta de que la piel de su cara brillaba por haber estado hablando con Dios. 34:30 Al ver Aarón y todos los israelitas que la cara de Moisés brillaba, tuvieron miedo de acercarse a él. 34:31 Pero Moisés los llamó; entonces Aarón y todos los líderes de la comunidad se acercaron, y Moisés habló con ellos. 34:32 Después se acercaron todos los israelitas, y Moisés les transmitió todos los mandamientos que Yehová le había dado en el monte Sinaí. 34:33 Cuando Moisés terminó de hablar con ellos, se tapó la cara con un velo. 34:34 Siempre que Moisés entraba a la presencia de Yehová para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía; y al salir, les comunicaba a los israelitas lo que Dios le había ordenado. 34:35 Como los israelitas veían que la cara de Moisés brillaba, él volvía a taparse la cara con el velo, hasta que entraba de nuevo a hablar con Dios.
✦ Haftará (Profetas)
18:1 Mucho tiempo después, en el tercer año de la sequía, Yehová le dio este mensaje a Elías: “Ve a presentarte ante Acab, porque pronto enviaré lluvia sobre la tierra”. 18:2 Así que Elías fue a ver a Acab. Mientras tanto, el hambre era terrible en Samaria. 18:3 Acab llamó a Abdías, el administrador de su palacio. (Abdías era un fiel seguidor de Yehová; 18:4 cuando Jezabel estaba matando a los profetas de Yehová, Abdías salvó a cien de ellos y los escondió en dos cuevas, cincuenta en cada una, y les dio comida y agua). 18:5 Acab le dijo a Abdías: “Recorre todo el país, ve a todos los manantiales y arroyos. Tal vez encontremos suficiente pasto para salvar a los caballos y a las mulas, y así no perderemos a nuestros animales”. 18:6 Se repartieron el territorio para recorrerlo: Acab se fue por un lado y Abdías por otro. 18:7 Mientras Abdías iba por el camino, se encontró con Elías. Al reconocerlo, se inclinó hasta el suelo y le preguntó: “¿De verdad eres tú, mi señor Elías?”. 18:8 Elías respondió: “Sí, soy yo. Ve y dile a tu señor: “Aquí está Elías””. 18:9 Pero Abdías contestó: “¿Qué pecado he cometido para que me entregues a Acab para que me mate? 18:10 Tan cierto como que vive Yehová, tu Dios, no hay nación ni reino donde mi señor no te haya mandado buscar. Cuando en un lugar decían: “Aquí no está”, él hacía que ese reino o nación jurara que no te habían encontrado. 18:11 ¡Y ahora tú me pides que vaya a decirle a mi señor que aquí estás! 18:12 En cuanto yo me aleje de ti, el Espíritu de Yehová te llevará a quién sabe dónde. Si yo voy con el aviso a Acab y él no te encuentra, ¡me matará! Recuerda que yo, tu servidor, he honrado al Señor desde mi juventud. 18:13 ¿No te han contado lo que hice cuando Jezabel mataba a los profetas de Yehová? Escondí a cien de ellos en dos cuevas, cincuenta en cada una, y les di pan y agua. 18:14 ¡Y ahora tú me pides que vaya a decirle a mi señor que aquí estás! ¡Me va a matar!”. 18:15 Pero Elías le dijo: “Tan cierto como que vive Yehová de los Ejércitos, a quien yo sirvo, te aseguro que hoy mismo me presentaré ante Acab”. 18:16 Entonces Abdías fue a buscar a Acab, le dio el aviso, y Acab salió al encuentro de Elías. 18:17 En cuanto Acab vio a Elías, le dijo: “¿Así que eres tú, el que trae la desgracia a Israel?”. 18:18 Elías respondió: “No soy yo quien ha traído la desgracia a Israel, sino tú y la familia de tu padre. Ustedes han abandonado los mandamientos de Yehová y se han ido tras los baales. 18:19 Ahora, ordena que todo Israel se reúna conmigo en el monte Carmelo. Trae también a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y a los cuatrocientos profetas de la diosa Asera, que comen a la mesa de Jezabel”. 18:20 Acab mandó llamar a todos los israelitas y reunió a los profetas en el monte Carmelo. 18:21 Elías se puso frente a todo el pueblo y les dijo: “¿Hasta cuándo van a estar dudando entre dos opiniones? Si Yehová es el verdadero Dios, síganlo a él; pero si lo es Baal, entonces sigan a Baal”. Pero el pueblo no respondió nada. 18:22 Entonces Elías les dijo: “Yo soy el único que queda de los profetas de Yehová, mientras que de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta. 18:23 Que nos traigan dos toros. Que ellos elijan uno, lo corten en pedazos y lo pongan sobre la leña, pero sin encender fuego. Yo prepararé el otro toro y lo pondré sobre la leña, también sin encender fuego. 18:24 Invoquen ustedes el nombre de su dios, y yo invocaré el nombre de Yehová. ¡El Dios que responda enviando fuego, ese es el verdadero Dios!”. Todo el pueblo respondió: “¡Estamos de acuerdo!”. 18:25 Elías les dijo a los profetas de Baal: “Elijan un toro y prepárenlo primero, ya que ustedes son muchos. Invoquen el nombre de su dios, pero no enciendan el fuego”. 18:26 Ellos tomaron el toro, lo prepararon e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía. Gritaban: “¡Baal, respóndenos!”. Pero no se oía nada ni nadie respondía, mientras ellos saltaban alrededor del altar que habían construido. 18:27 Al mediodía, Elías empezó a burlarse de ellos: “¡Griten más fuerte! les decía. ¡Seguro que es un dios! Tal vez está ocupado meditando, o fue al baño, o anda de viaje. ¡A lo mejor está durmiendo y tienen que despertarlo!”. 18:28 Ellos gritaban con todas sus fuerzas y se hacían heridas con cuchillos y lanzas, como era su costumbre, hasta que la sangre les chorreaba por el cuerpo. 18:29 Pasó el mediodía y siguieron gritando frenéticamente hasta la hora del sacrificio de la tarde, pero no hubo voz ni respuesta; nadie les hizo caso. 18:30 Entonces Elías le dijo a todo el pueblo: “Acérquense a mí”. Todo el pueblo se acercó, y él se puso a reparar el altar de Yehová, que estaba en ruinas. 18:31 Elías tomó doce piedras, una por cada tribu de los hijos de Jacob, a quien Yehová le había dicho: “Tu nombre será Israel”. 18:32 Con las piedras construyó un altar en honor a Yehová. Luego hizo una zanja alrededor del altar donde cabían unos quince litros de semilla. 18:33 Acomodó la leña, cortó el toro en pedazos y los puso sobre ella. Entonces dijo: “Llenen cuatro cántaros con agua y derrámenla sobre el sacrificio y sobre la leña”. 18:34 Luego dijo: “Háganlo otra vez”, y lo hicieron. “Háganlo por tercera vez”, ordenó, y así lo hicieron. 18:35 El agua corría alrededor del altar y hasta la zanja se llenó por completo. 18:36 A la hora del sacrificio de la tarde, el profeta Elías se acercó al altar y oró: “Yehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, demuestra hoy que tú eres el Dios de Israel, que yo soy tu servidor y que he hecho todo esto por orden tuya. 18:37 ¡Respóndeme, Yehová, respóndeme! Que este pueblo sepa que tú, Yehová, eres Dios, y que tú estás haciendo que sus corazones se vuelvan a ti”. 18:38 En ese momento, cayó el fuego de Yehová y quemó el sacrificio, la leña, las piedras y hasta el polvo, y secó el agua que estaba en la zanja. 18:39 Al ver esto, todo el pueblo se inclinó hasta el suelo y exclamó: “¡Yehová es Dios! ¡Yehová es Dios!”.
✦ Brit Hadashah (Pacto Renovado)
3:1 ¿Acaso empezamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O necesitamos, como algunos, presentarles cartas de recomendación o pedírselas a ustedes? 3:2 Ustedes mismos son nuestra carta, escrita en nuestro corazón, conocida y leída por todos. 3:3 Es evidente que ustedes son una carta de Cristo, escrita por nosotros, no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra, sino en corazones humanos. 3:4 Esta es la confianza que tenemos ante Dios por medio de Cristo. 3:5 No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos para afirmar que algo proviene de nosotros. Nuestra competencia proviene de Dios, 3:6 quien nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no basado en la letra de la ley, sino en el Espíritu. Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida. 3:7 Ahora bien, si el ministerio que traía la muerte, el cual fue grabado en letras sobre piedra, vino con tal gloria que los israelitas no podían fijar la vista en el rostro de Moisés debido a su resplandor, un resplandor que ya se estaba desvaneciendo, 3:8 ¿no será aún más glorioso el ministerio del Espíritu? 3:9 Si el ministerio que trae condenación fue glorioso, ¡cuánto más glorioso será el ministerio que trae la justicia! 3:10 De hecho, lo que fue glorioso en aquel tiempo, ya no lo es tanto, si se compara con la gloria que lo supera. 3:11 Y si lo que era pasajero se manifestó con gloria, ¡cuánto mayor será la gloria de lo que permanece! 3:12 Por lo tanto, como tenemos esta esperanza, hablamos con mucha franqueza. 3:13 No hacemos como Moisés, que se cubría el rostro con un velo para que los israelitas no vieran el final de ese resplandor pasajero. 3:14 Pero la mente de ellos se cerró. De hecho, hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, ese mismo velo sigue ahí. No les ha sido quitado, porque solo en Cristo se quita ese velo. 3:15 Hasta hoy, siempre que leen a Moisés, un velo les cubre el corazón. 3:16 Pero cuando alguien se vuelve al Señor, el velo es quitado. 3:17 Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 3:18 Por lo tanto, todos nosotros, que miramos a cara descubierta la gloria del Señor como en un espejo, somos transformados a su misma imagen, de gloria en gloria, por la acción del Señor, que es el Espíritu.