Devocional mesiánico

Masei

מַסְעֵי

Torá: Números 33:1–36:13 · Haftará: Jeremías 2:4-28; Jeremías 3:4 · Brit Hadashah: Santiago 4:1-12

Escucha la porción

Aliá 1

La porción esta semana

Resumen de la porción

Masei abre con el registro minucioso de las cuarenta y dos etapas del viaje de Israel desde Ramsés hasta las llanuras de Moab (Números 33:1-49). Luego Dios establece las fronteras de la tierra que se repartirá por sorteo (Números 34:1-29), ordena apartar cuarenta y ocho ciudades para los levitas —incluidas seis ciudades de refugio para quien mate sin intención— y fija las leyes sobre homicidio y sangre derramada (Números 35:1-34). La porción cierra con la resolución del caso de las hijas de Zelofehad, que conservan su herencia casándose dentro de su propia tribu (Números 36:1-13).

El hilo de la parashá

Lo que atraviesa Masei es la memoria del camino y la fidelidad a la herencia. Moisés no anota los viajes por nostalgia: cada campamento —Mara, Elim, Refidim— es un testigo de que Yehová mismo dirigió cada partida y cada llegada (Números 33:2). Pero la tierra que Israel está por recibir no es un regalo sin condiciones: si no expulsan a los ídolos, estos serán «astillas en sus ojos» (Números 33:55), y si derraman sangre inocente, contaminarán la tierra donde Yehová mismo habita (Números 35:34). Por eso las ciudades de refugio no son un detalle legal menor: son el mecanismo por el cual la justicia y la misericordia coexisten sin que la tierra quede manchada. Y el caso de las hijas de Zelofehad cierra el libro entero con la misma lógica: la herencia debe permanecer intacta, dentro de los límites que Dios trazó, generación tras generación (Números 36:7-9).

La haftará

Jeremías retoma el lenguaje mismo de Números 33 cuando pregunta por qué Israel dejó de decir: «¿Dónde está Yehová, el que nos sacó de Egipto, el que nos guió por el desierto?» (Jeremías 2:6). El profeta convierte el registro de viajes en una acusación: el pueblo olvidó el camino y, peor aún, contaminó la heredad que Dios les dio (Jeremías 2:7), exactamente lo que Números 35:34 advertía. La imagen de las cisternas rotas que no retienen agua (Jeremías 2:13) contrasta con Elim y sus doce manantiales: Israel cambió el agua viva del desierto por pozos vacíos de su propia construcción.

El Mesías en la porción

Las ciudades de refugio de Números 35 revelan algo que Santiago da por sentado: la violencia entre los hombres nace de deseos internos, no de las circunstancias (Santiago 4:1-2). La Torá ya distinguía entre el homicida que mata con enemistad y el que mata sin intención (Números 35:20-23), pero incluso este último quedaba confinado hasta un momento preciso: la muerte del sumo sacerdote (Números 35:25,28). Solo esa muerte liberaba al refugiado. El sumo sacerdote de Israel moría una sola vez y liberaba a todos los que estaban dentro del refugio en ese instante —una sombra precisa de aquel cuya muerte, ofrecida una sola vez, libera de manera permanente a quien ha huido a él. Donde la sangre del asesino debía derramarse para purificar la tierra (Números 35:33), la sangre del Sumo Sacerdote mesiánico purifica sin exigir más sangre.

Para la semana

Repasa tu propio registro de viajes: los lugares —literales o internos— desde donde Dios te ha sacado. Antes de discutir o pelear esta semana, pregúntate con Santiago 4:1 de dónde viene realmente el conflicto, y busca refugio en oración antes que en la razón propia.

Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.

Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo

Aliá 1 · Números 33:1-10

33:1 Este es el registro de los viajes que hicieron los hijos de Israel al salir de la tierra de Egipto, ordenados por escuadrones, bajo el mando de Moisés y Aarón. 33:2 Moisés anotó los lugares de donde partían en cada etapa de su viaje, siguiendo la orden de Yehová. Este es el registro de sus viajes y sus puntos de partida: 33:3 Salieron de Ramsés el día quince del primer mes. Al día siguiente de la Pascua, los israelitas marcharon victoriosos a la vista de todos los egipcios, 33:4 mientras estos enterraban a sus primogénitos, a quienes Yehová había herido de muerte. Yehová también había ejecutado sus juicios contra los dioses de Egipto. 33:5 Los israelitas salieron de Ramsés y acamparon en Sucot. 33:6 Salieron de Sucot y acamparon en Etam, que está al borde del desierto. 33:7 Salieron de Etam y regresaron a Pi-hahirot, que está frente a Baal-zefón, y acamparon frente a Migdol. 33:8 Salieron de Pi-hahirot y cruzaron por en medio del mar hacia el desierto. Marcharon durante tres días por el desierto de Etam, y acamparon en Mara. 33:9 Salieron de Mara y llegaron a Elim, donde había doce manantiales de agua y setenta palmeras, y allí acamparon. 33:10 Salieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo.

Aliá 2 · Números 33:11-49

33:11 Salieron del Mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin. 33:12 Salieron del desierto de Sin y acamparon en Dofca. 33:13 Salieron de Dofca y acamparon en Alús. 33:14 Salieron de Alús y acamparon en Refidim, donde no encontraron agua para que el pueblo bebiera. 33:15 Salieron de Refidim y acamparon en el desierto del Sinaí. 33:16 Salieron del desierto del Sinaí y acamparon en Kibrot-hataava. 33:17 Salieron de Kibrot-hataava y acamparon en Hazerot. 33:18 Salieron de Hazerot y acamparon en Ritma. 33:19 Salieron de Ritma y acamparon en Rimón-fares. 33:20 Salieron de Rimón-fares y acamparon en Libná. 33:21 Salieron de Libná y acamparon en Risa. 33:22 Salieron de Risa y acamparon en Ceelata. 33:23 Salieron de Ceelata y acamparon en el monte Sefer. 33:24 Salieron del monte Sefer y acamparon en Harada. 33:25 Salieron de Harada y acamparon en Macelot. 33:26 Salieron de Macelot y acamparon en Tahat. 33:27 Salieron de Tahat y acamparon en Taré. 33:28 Salieron de Taré y acamparon en Mitca. 33:29 Salieron de Mitca y acamparon en Hasmona. 33:30 Salieron de Hasmona y acamparon en Moserot. 33:31 Salieron de Moserot y acamparon en Bene-jaacán. 33:32 Salieron de Bene-jaacán y acamparon en Hor de Hagidgad. 33:33 Salieron de Hor de Hagidgad y acamparon en Jotbata. 33:34 Salieron de Jotbata y acamparon en Abrona. 33:35 Salieron de Abrona y acamparon en Ezión-geber. 33:36 Salieron de Ezión-geber y acamparon en Cades, en el desierto de Zin. 33:37 Salieron de Cades y acamparon en el monte Hor, en la frontera del país de Edom. 33:38 El sacerdote Aarón subió al monte Hor por orden de Yehová y murió allí. Esto ocurrió en el año cuarenta después de que los israelitas salieran de Egipto, el día primero del quinto mes. 33:39 Aarón tenía ciento veintitrés años cuando murió en el monte Hor. 33:40 El rey cananeo de Arad, que vivía en el Néguev, en la tierra de Canaán, se enteró de que los israelitas se acercaban. 33:41 Salieron del monte Hor y acamparon en Zalmona. 33:42 Salieron de Zalmona y acamparon en Punón. 33:43 Salieron de Punón y acamparon en Obot. 33:44 Salieron de Obot y acamparon en Ije-abarim, en la frontera de Moab. 33:45 Salieron de Ije-abarim y acamparon en Dibón-gad. 33:46 Salieron de Dibón-gad y acamparon en Almón-diblataim. 33:47 Salieron de Almón-diblataim y acamparon en los montes de Abarim, frente al monte Nebo. 33:48 Salieron de los montes de Abarim y acamparon en las llanuras de Moab, junto al río Jordán, frente a Jericó. 33:49 Sus campamentos a lo largo del Jordán se extendían desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim, en las llanuras de Moab.

Aliá 3 · Números 33:50–34:15

33:50 Allí en las llanuras de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó, Yehová le habló a Moisés y le dijo: 33:51 “Diles a los hijos de Israel: ‘Cuando crucen el río Jordán para entrar en la tierra de Canaán, 33:52 deberán expulsar a todos los habitantes del país. Destruirán todos sus ídolos de piedra y sus imágenes de metal, y derribarán todos sus altares paganos. 33:53 Tomarán posesión de la tierra y se establecerán en ella, porque yo les he dado esa tierra para que sea suya. 33:54 Repartirán la tierra por sorteo, según sus clanes familiares. A las tribus más grandes les darán una porción mayor de tierra, y a las más pequeñas les darán una porción menor. Cada tribu recibirá la tierra que le toque en el sorteo, según la tribu de sus antepasados. 33:55 “‘Pero si no expulsan a los habitantes del país, los que ustedes dejen allí se convertirán en una molestia. Serán como astillas en sus ojos y como espinas en sus costados, y les harán la vida imposible en la tierra donde ustedes vivan. 33:56 Y al final, yo les haré a ustedes lo mismo que pensaba hacerles a ellos’”. 34:1 Yehová le habló a Moisés y le dijo: 34:2 “Dales estas instrucciones a los hijos de Israel: ‘Cuando entren a la tierra de Canaán, esta será la tierra que recibirán como herencia, con las siguientes fronteras: 34:3 La frontera sur comenzará en el desierto de Zin, a lo largo de la frontera de Edom. Su límite sur comenzará en el extremo oriental del Mar Muerto. 34:4 Luego, la frontera girará hacia el sur por la subida de Acrabim, pasará por Zin y llegará hasta el sur de Cades-barnea. De allí continuará hacia Hazar-adar y pasará por Asmón. 34:5 Desde Asmón, la frontera girará hacia el arroyo de Egipto, y terminará en el mar Mediterráneo. 34:6 “‘La frontera occidental será la costa del mar Mediterráneo. Ese será su límite por el oeste. 34:7 “‘La frontera norte será la siguiente: trazarán una línea desde el mar Mediterráneo hasta el monte Hor. 34:8 Del monte Hor trazarán la línea hasta Lebo-hamat, y la frontera pasará por Zedad. 34:9 Luego continuará hasta Zifrón y terminará en Hazar-enán. Esta será su frontera norte. 34:10 “‘Para la frontera oriental, trazarán una línea desde Hazar-enán hasta Sefam. 34:11 Desde Sefam, la frontera bajará hasta Ribla, al este de Aín, y continuará bajando hasta tocar la orilla oriental del mar de Galilea. 34:12 Luego la frontera seguirá el curso del río Jordán y terminará en el Mar Muerto. Estas serán las fronteras de su país’”. 34:13 Moisés les dio la siguiente orden a los israelitas: “Esta es la tierra que se repartirán por sorteo, la cual Yehová ha ordenado que se entregue a las nueve tribus y a la media tribu; 34:14 porque las familias de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la mitad de la tribu de Manasés ya han recibido su herencia. 34:15 Estas dos tribus y media ya recibieron su tierra al este del río Jordán, frente a Jericó, hacia la salida del sol”.

Aliá 4 · Números 34:16-29

34:16 Yehová le habló a Moisés y le dijo: 34:17 “Estos son los hombres encargados de repartir la tierra: el sacerdote Eleazar y Josué, hijo de Nun. 34:18 Además de ellos, nombrarás a un líder de cada tribu para que ayude a repartir la tierra. 34:19 Estos son los nombres de los líderes elegidos: De la tribu de Judá, Caleb, hijo de Jefone. 34:20 De la tribu de Simeón, Semuel, hijo de Amiud. 34:21 De la tribu de Benjamín, Elidad, hijo de Quislón. 34:22 De la tribu de Dan, el líder Buqui, hijo de Jogli. 34:23 De los descendientes de José: de la tribu de Manasés, el líder Haniel, hijo de Efod. 34:24 Y de la tribu de Efraín, el líder Kemuel, hijo de Siftán. 34:25 De la tribu de Zabulón, el líder Elizafán, hijo de Parnac. 34:26 De la tribu de Isacar, el líder Paltiel, hijo de Azán. 34:27 De la tribu de Aser, el líder Ahiud, hijo de Selomi. 34:28 De la tribu de Neftalí, el líder Pedael, hijo de Amiud”. 34:29 Estos son los hombres que Yehová designó para repartir la herencia de los israelitas en la tierra de Canaán.

Aliá 5 · Números 35:1-8

35:1 En las llanuras de Moab, junto al río Jordán, frente a Jericó, Yehová le dijo a Moisés: 35:2 “Ordénales a los israelitas que, de las tierras que reciban como herencia, les den a los levitas ciudades donde vivir, junto con los pastizales que rodean esas ciudades. 35:3 Los levitas tendrán las ciudades para vivir, y los pastizales serán para su ganado, sus rebaños y todos sus animales. 35:4 “Los pastizales de las ciudades que les entreguen a los levitas se extenderán unos mil codos hacia afuera, medidos desde la muralla de la ciudad en todas direcciones. 35:5 Fuera de la muralla medirán dos mil codos hacia el este, dos mil hacia el sur, dos mil hacia el oeste y dos mil hacia el norte, dejando a la ciudad en el centro. Así serán los campos de pastoreo para sus ciudades. 35:6 “De las ciudades que les entreguen a los levitas, seis serán ciudades de refugio, a las que podrá huir cualquier persona que haya matado a alguien. Además de esas seis, les darán otras cuarenta y dos ciudades. 35:7 En total, le entregarán a la tribu de Leví cuarenta y ocho ciudades con sus respectivos pastizales. 35:8 Las ciudades las tomarán de las tierras que reciban los israelitas; las tribus que tengan más territorio darán más ciudades, y las tribus con menos territorio darán menos. Cada tribu dará ciudades a los levitas en proporción al tamaño de su herencia”.

Aliá 6 · Números 35:9-34

35:9 Yehová le habló a Moisés y le dijo: 35:10 “Diles a los israelitas: ‘Cuando crucen el río Jordán para entrar a la tierra de Canaán, 35:11 deberán escoger ciudades de refugio. Allí podrá huir cualquier persona que haya matado a alguien accidentalmente. 35:12 Estas ciudades le servirán de refugio para escapar del familiar que busque vengar la muerte. Así, el acusado no morirá sin antes haber sido juzgado por la comunidad. 35:13 Las ciudades que aparten serán seis ciudades de refugio. 35:14 Tres de ellas estarán al este del río Jordán, y las otras tres estarán en la tierra de Canaán. Esas serán las ciudades de refugio. 35:15 Estas seis ciudades servirán de refugio tanto para los israelitas como para los extranjeros o residentes temporales que vivan entre ustedes. Cualquiera que mate a alguien por accidente podrá huir a una de estas ciudades. 35:16 “‘Pero si alguien golpea a una persona con un objeto de hierro y la mata, entonces es un asesino, y el asesino será condenado a muerte. 35:17 Si la golpea con una piedra del tamaño suficiente como para matar a alguien, y la persona muere, entonces es un asesino, y el asesino será condenado a muerte. 35:18 O si la golpea con un palo de madera del tamaño suficiente como para matar a alguien, y la persona muere, es un asesino, y el asesino morirá. 35:19 El familiar encargado de vengar la sangre matará al asesino; cuando lo encuentre, lo matará. 35:20 Si lo empujó con malicia, o si se escondió y le arrojó un objeto con la intención de matarlo, 35:21 o si le pegó con los puños por pura enemistad y lo mató, entonces el atacante debe morir, porque es un asesino. El vengador de la sangre lo matará en cuanto lo encuentre. 35:22 “‘Pero supongamos que alguien empuja a otro de repente, sin que haya enemistad de por medio, o le arroja algún objeto sin la intención de hacerle daño, 35:23 o deja caer una piedra lo suficientemente grande como para matar a una persona, y al caer la mata, sin haberla visto, sin ser su enemigo y sin tener la intención de lastimarla. 35:24 En esos casos, la comunidad deberá juzgar entre el atacante y el vengador de la sangre, de acuerdo a estas reglas. 35:25 La comunidad protegerá a la persona acusada de homicidio y no la entregará al vengador de la sangre. La escoltarán de regreso a la ciudad de refugio a la que había huido, y allí deberá quedarse hasta que muera el sumo sacerdote que fue ungido con el aceite sagrado. 35:26 “‘Pero si el acusado sale de los límites de la ciudad de refugio a la que huyó, 35:27 y el vengador de la sangre lo encuentra fuera de la ciudad de refugio y lo mata, el vengador no será culpable de asesinato. 35:28 Porque el acusado debía haberse quedado dentro de la ciudad de refugio hasta la muerte del sumo sacerdote. Solo después de la muerte del sumo sacerdote, el acusado podrá regresar a su propia tierra. 35:29 “‘Estas serán las normas legales que deberán aplicar en todos los lugares donde vivan, generación tras generación. 35:30 “‘Si alguien mata a una persona, el asesino será condenado a muerte únicamente por el testimonio de varios testigos. Nadie podrá ser condenado a muerte por el testimonio de una sola persona. 35:31 “‘No se aceptará ningún rescate para salvarle la vida a un asesino condenado a muerte. Esa persona tendrá que morir irremediablemente. 35:32 “‘Tampoco aceptarán ningún rescate por alguien que haya huido a una ciudad de refugio, para permitirle regresar a vivir a su tierra antes de que muera el sumo sacerdote. 35:33 “‘No contaminen la tierra donde viven, porque el derramamiento de sangre contamina la tierra. Y la única manera de purificar la tierra por la sangre derramada es con la sangre del asesino que la derramó. 35:34 Así que no contaminen la tierra donde viven, porque yo también vivo allí; yo, Yehová, vivo en medio de los hijos de Israel’”.

Aliá 7 · Números 36:1-13

36:1 Se acercaron los jefes de las familias del clan de Galaad. Galaad era hijo de Maquir, que a su vez era hijo de Manasés, del linaje de José. Estos líderes se presentaron ante Moisés y ante los demás jefes de familia de Israel, 36:2 y les dijeron: “Yehová le ordenó a mi señor repartir la tierra como herencia entre los israelitas mediante un sorteo. Y mi señor también recibió la orden de Yehová de entregar la porción de nuestro hermano Zelofehad a sus hijas. 36:3 Pero, si ellas se casan con hombres de otras tribus de Israel, la tierra que heredaron será restada de nuestra propiedad familiar y pasará a ser parte de la tribu con la que se casen. De esta manera, esa porción desaparecerá de la tierra que nos tocó en suerte. 36:4 Y cuando llegue el año del Jubileo para los israelitas, la herencia de ellas quedará incorporada de forma permanente a la tribu a la que pertenezcan, perdiéndose así para siempre de la herencia de la tribu de nuestros antepasados”. 36:5 Entonces Moisés les dio a los israelitas la siguiente orden de parte de Yehová: “Los de la tribu de José tienen razón en lo que dicen. 36:6 Esto es lo que Yehová ha ordenado con respecto a las hijas de Zelofehad: ‘Ellas son libres de casarse con quien quieran, siempre y cuando se casen con hombres que pertenezcan a un clan de la tribu de su padre. 36:7 De esta manera, ninguna herencia en Israel pasará de una tribu a otra, sino que cada israelita conservará la tierra que heredó de la tribu de sus antepasados. 36:8 Y cualquier mujer que herede tierras en una de las tribus de Israel, deberá casarse con un hombre de su propia tribu. Así, cada israelita conservará la herencia de sus padres, 36:9 y ninguna porción de tierra pasará de una tribu a otra. Cada tribu de Israel mantendrá intacta su propia herencia’”. 36:10 Las hijas de Zelofehad hicieron exactamente lo que Yehová le ordenó a Moisés: 36:11 Maala, Tirsa, Hogla, Milca y Noa se casaron con sus primos, hijos de los hermanos de su padre. 36:12 Al casarse dentro de los clanes de los descendientes de Manasés, hijo de José, su herencia permaneció dentro de la tribu y de la familia de su padre. 36:13 Estos son los mandamientos y las leyes que Yehová les dio a los israelitas por medio de Moisés, mientras estaban acampados en las llanuras de Moab, junto al río Jordán, frente a Jericó.

Haftará (Profetas)

2:4 ¡Escuchen la palabra de Yehová, descendientes de Jacob y todas las familias de Israel! 2:5 Así dice el Señor: “¿Qué falta encontraron sus antepasados en mí, para que se alejaran tanto de mi lado? Se fueron tras ídolos inútiles y terminaron haciéndose inútiles ellos mismos. 2:6 Nunca preguntaron: ‘¿Dónde está Yehová, el que nos sacó de Egipto, el que nos guió por el desierto, por una tierra de llanuras y barrancos, por una tierra seca y de sombras de muerte, por una tierra donde nadie pasa y donde ningún ser humano vive?’. 2:7 Yo los traje a una tierra fértil para que comieran de sus frutos y de su abundancia. Pero ustedes entraron y contaminaron mi tierra; hicieron de mi heredad algo repugnante. 2:8 Los sacerdotes no preguntaron: ‘¿Dónde está Yehová?’. Los expertos en la ley no me conocieron, los gobernantes se rebelaron contra mí, los profetas hablaron en nombre de Baal y se fueron tras lo que no sirve para nada. 2:9 “Por eso, todavía voy a entablar un pleito contra ustedes”, dice Yehová, “y también contra los hijos de sus hijos. 2:10 Crucen a las islas de Chipre y miren; envíen a alguien a Cedar y fíjense bien, vean si alguna vez ha pasado algo parecido. 2:11 ¿Hay alguna nación que haya cambiado sus dioses, aunque en realidad no son dioses? ¡Pero mi pueblo ha cambiado al que es su gloria por algo que no sirve para nada! 2:12 “¡Espántense, cielos, ante esto! ¡Tiemblen de horror y queden desolados!”, dice Yehová. 2:13 “Porque mi pueblo ha cometido dos pecados: me abandonaron a mí, que soy la fuente de agua viva, y cavaron sus propias cisternas, cisternas rotas que no pueden retener el agua. 2:14 ¿Es Israel un esclavo? ¿Acaso nació en la esclavitud? ¿Por qué, entonces, lo han convertido en botín de guerra? 2:15 Los leones han rugido contra él, lanzando sus gritos. Han dejado su tierra desolada, sus ciudades están quemadas y nadie vive en ellas. 2:16 Incluso la gente de Menfis y de Tafnes te han roto la cabeza. 2:17 “¿No te buscaste esto tú misma por haber abandonado a Yehová tu Dios, precisamente cuando él te guiaba por el camino? 2:18 Y ahora, ¿qué ganas con ir a Egipto a beber el agua del Nilo? ¿O qué ganas con ir a Asiria a beber el agua del Éufrates? 2:19 “Tu propia maldad te dará una lección, y tu infidelidad te castigará. Reconoce y mira qué malo y amargo resulta que hayas abandonado a Yehová tu Dios, y que no me tengas ningún temor”, dice el Señor, Yehová de los Ejércitos. 2:20 “Porque hace mucho tiempo que rompí tu yugo y te quité las cadenas; pero tú dijiste: ‘¡No quiero servir!’. En cambio, en cada colina alta y bajo todo árbol frondoso, te entregaste a la prostitución. 2:21 Yo te había plantado como una vid de la mejor calidad, con una semilla totalmente pura. ¿Cómo es que te has vuelto ante mis ojos una vid extraña y degenerada? 2:22 Aunque te laves con lejía y uses mucho jabón, la mancha de tu pecado sigue estando frente a mí”, dice el Señor Yehová. 2:23 “¿Cómo te atreves a decir: ‘No me he contaminado, no me he ido tras los baales’? Mira cómo te portaste en el valle; reconoce lo que has hecho. Eres como una camella ligera que corre de un lado a otro, 2:24 como una burra salvaje acostumbrada al desierto, que olfatea el viento en su ardor. Cuando está en celo, ¿quién la puede frenar? Los que la buscan no tienen que cansarse; en su época de celo la encontrarán. 2:25 “No corras hasta que se te gasten los pies, ni hasta que se te seque la garganta. Pero tú respondes: ‘¡No pierdas el tiempo! Yo amo a los extraños y me iré tras ellos’. 2:26 Así como un ladrón se siente avergonzado cuando lo atrapan, así se avergonzará el pueblo de Israel: ellos, sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes y sus profetas. 2:27 A un trozo de madera le dicen: ‘Tú eres mi padre’, y a una piedra: ‘Tú me diste la vida’. Me han dado la espalda y no la cara; pero cuando están en problemas dicen: ‘¡Levántate y sálvanos!’. 2:28 “¿Y dónde están esos dioses que te fabricaste? ¡Que se levanten ellos, a ver si pueden salvarte cuando estés en aprietos! Porque tú, Judá, tienes tantos dioses como ciudades.

3:4 ¿No acabas de llamarme: ‘¡Padre mío, tú eres el amigo de mi juventud!’?

Brit Hadashah (Pacto Renovado)

4:1 ¿De dónde vienen las guerras y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no provienen de sus propios malos deseos que combaten en sus miembros? 4:2 Codician, y no tienen. Asesinan y arden de envidia, pero no pueden obtener. Pelean y se hacen la guerra. No tienen, porque no piden. 4:3 Piden, y no reciben, porque piden con malos motivos, para gastarlo en sus propios placeres. 4:4 ¡Gente infiel! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por eso, cualquiera que decide ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios. 4:5 ¿O piensan que la Escritura dice en vano: “El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente”? 4:6 Pero él nos da mayor gracia. Por eso dice: “Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes”. 4:7 Sométanse, pues, a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. 4:8 Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. Limpien sus manos, pecadores; y ustedes, los de doble ánimo, purifiquen sus corazones. 4:9 Laméntense, aflíjanse y lloren. Que su risa se convierta en llanto y su alegría en tristeza. 4:10 Humíllense ante el Señor, y él los exaltará. 4:11 Hermanos, no hablen mal los unos de los otros. El que habla mal de un hermano o juzga a su hermano, habla mal de la ley y juzga a la ley. Y si juzgas a la ley, ya no eres cumplidor de la ley, sino juez de ella. 4:12 Hay un solo legislador y juez, que puede salvar y destruir. Pero tú, ¿quién eres para juzgar a tu prójimo?