Devocional mesiánico
Devarim
דְּבָרִים
Shabat · 7 de agosto de 2027
Torá: Deuteronomio 1:1–3:22 · Haftará: Isaías 1:1-27 · Brit Hadashah: Hechos 9:1-21; 1 Timoteo 3:1-7
✦ La porción esta semana
Resumen de la porción
Devarim abre con Moisés de pie en las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra, recapitulando ante Israel los cuarenta años recorridos. Recuerda el nombramiento de jueces capaces (Deuteronomio 1:13), el envío de los doce hombres a explorar la tierra, la rebelión de la generación que se negó a subir por miedo, y la sentencia que dejó morir en el desierto a los adultos de esa generación. Cierra con el relato de las victorias recientes sobre Sehón y Og, prueba de que la tierra prometida ya empezaba a caer en manos de Israel.
El hilo de la parashá
El discurso entero es un acto de memoria, pero no memoria sentimental: Moisés recuerda para que la próxima generación no repita el error. El nudo de la porción está en Deuteronomio 1:21: «no temas ni desmayes». Esa frase se repite con variaciones (1:29, 2:4, 3:22) porque el pecado de Cades-barnea no fue falta de fuerza ni de promesa —la tierra era «buena» según el propio testimonio de los exploradores (1:25)— sino falta de confianza en la palabra que ya había sido dada. El pueblo murmuró creyendo que Jehová los odiaba (1:27), cuando en realidad los había llevado «como trae el hombre á su hijo» (1:31). Junto a esto corre otro hilo: la justicia estructurada. Antes de cualquier conquista, Moisés establece jueces «sabios y entendidos» que oigan «así al pequeño como al grande» (1:17). El orden de la comunidad y la fe para entrar en la promesa no son temas separados; son la misma obediencia mirada desde dos ángulos.
La haftará
Isaías retoma exactamente el segundo hilo de la parashá, pero mostrando su fracaso generaciones después. Donde Moisés instituyó jueces que no debían tener «respeto de personas» (Deuteronomio 1:17), Isaías denuncia príncipes que «no oyen en juicio al huérfano, ni llega á ellos la causa de la viuda» (Isaías 1:23). La tierra que se entró con temor y fe termina, siglos más tarde, convertida en «ciudad» que se hizo ramera (1:21) por la corrupción de los mismos oficios que Moisés había instituido con tanto cuidado. Y sin embargo, la haftará no cierra en juicio: «venid luego... si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos» (1:18). Es la misma tensión de Devarim —advertencia y esperanza entrelazadas— llevada a su extremo.
El Mesías en la porción
En Hechos 9 hay un hombre que avanza por un camino con una misión de destrucción, tal como los espías avanzaron hacia la tierra con un informe que traía muerte al corazón del pueblo (Deuteronomio 1:28). Y de ese camino sale una voz: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» (Hechos 9:4), la misma clase de intervención directa que interrumpió el temor de Israel con «no temáis, ni tengáis miedo» (Deuteronomio 1:29). Saulo, como Sehón, tenía el corazón endurecido en su curso (compárese Deuteronomio 2:30); pero a diferencia de Sehón, a Saulo se le abren los ojos, literalmente, tres días después. Y lo que sigue confirma el otro hilo de la parashá: el instrumento escogido no queda solo. Así como Moisés no podía «llevar solo» las cargas del pueblo y necesitó jueces (Deuteronomio 1:9-13), la comunidad que nace de la conversión de Saulo necesita obispos examinados, «aptos para enseñar», que gobiernen bien su casa antes de gobernar la congregación (1 Timoteo 3:2-5). La fe que entra en la promesa siempre necesita orden que la sostenga.
Para la semana
Toma un momento para recordar, por escrito, un episodio de tu propia vida donde el miedo —no la falta de promesa— te detuvo de entrar en algo que Dios ya había señalado como bueno. Pide luego, con la misma sobriedad de Isaías 1:17, examinar si en tu comunidad los que juzgan y cuidan realmente oyen «así al pequeño como al grande».
Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.
✦ Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo
Aliá 1 · Deuteronomio 1:1-10
1:1 ESTAS son las palabras que habló Moisés á todo Israel de esta parte del Jordán en el desierto, en el llano delante del mar Bermejo, entre Parán, y Thopel, y Labán, y Haseroth, y Dizahab. 1:2 Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea. 1:3 Y fué, que á los cuarenta años, en el mes undécimo, al primero del mes, Moisés habló á los hijos de Israel conforme á todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos; 1:4 Después que hirió á Sehón rey de los Amorrheos, que habitaba en Hesbón, y á Og rey de Basán, que habitaba en Astarot en Edrei: 1:5 De esta parte del Jordán, en tierra de Moab, resolvió Moisés declarar esta ley, diciendo: 1:6 Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Harto habéis estado en este monte; 1:7 Volveos, partíos é id al monte del Amorrheo, y á todas sus comarcas, en el llano, en el monte, y en los valles, y al mediodía, y á la costa de la mar, á la tierra del Cananeo, y el Líbano, hasta el gran río, el río Eufrates. 1:8 Mirad, yo he dado la tierra en vuestra presencia; entrad y poseed la tierra que Jehová juró á vuestros padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les daría á ellos y á su simiente después de ellos. 1:9 Y yo os hablé entonces, diciendo: Yo no puedo llevaros solo: 1:10 Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí sois hoy vosotros como las estrellas del cielo en multitud.
Aliá 2 · Deuteronomio 1:11-21
1:11 ¡ Jehová Dios de vuestros padres añada sobre vosotros como sois mil veces, y os bendiga, como os ha prometido! 1:12 ¿ Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas, y vuestros pleitos? 1:13 Dad me de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes. 1:14 Y me respondisteis, y dijisteis: Bueno es hacer lo que has dicho. 1:15 Y tomé los principales de vuestras tribus, varones sabios y expertos, y púselos por jefes sobre vosotros, jefes de millares, y jefes de cientos, y jefes de cincuenta, y cabos de diez, y gobernadores á vuestras tribus. 1:16 Y entonces mandé á vuestros jueces, diciendo: Oid entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre el hombre y su hermano, y el que le es extranjero. 1:17 No tengáis respeto de personas en el juicio: así al pequeño como al grande oiréis: no tendréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios: y la causa que os fuere difícil, la traeréis á mí, y yo la oiré. 1:18 Os mandé, pues, en aquel tiempo todo lo que habíais de hacer. 1:19 Y partidos de Horeb, anduvimos todo aquel grande y terrible desierto que habéis visto, por el camino del monte del Amorrheo, como Jehová nuestro Dios nos lo mandó; y llegamos hasta Cades-barnea. 1:20 Entonces os dije: Llegado habéis al monte del Amorrheo, el cual Jehová nuestro Dios nos da. 1:21 Mira, Jehová tu Dios ha dado delante de ti la tierra: sube y posée la, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes.
Aliá 3 · Deuteronomio 1:22-38
1:22 Y llegasteis á mí todos vosotros, y dijisteis: Enviemos varones delante de nosotros, que nos reconozcan la tierra y nos traigan de vuelta razón del camino por donde hemos de subir, y de las ciudades adonde hemos de llegar. 1:23 Y el dicho me pareció bien: y tomé doce varones de vosotros, un varón por tribu: 1:24 Y se encaminaron, y subieron al monte, y llegaron hasta la arroyada de Escol, y reconocieron la tierra. 1:25 Y tomaron en sus manos del fruto del país, y nos lo trajeron, y diéronnos cuenta, y dijeron: Es buena la tierra que Jehová nuestro Dios nos da. 1:26 Empero no quisisteis subir, antes fuisteis rebeldes al dicho de Jehová vuestro Dios; 1:27 Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrecía, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en mano del Amorrheo para destruirnos. 1:28 ¿A dónde subimos? Nuestros hermanos han hecho desfallecer nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y muradas hasta el cielo; y también vimos allí hijos de gigantes. 1:29 Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos. 1:30 Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme á todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos; 1:31 Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre á su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta que habéis venido á este lugar. 1:32 Y aun con esto no creisteis en Jehová vuestro Dios, 1:33 El cual iba delante de vosotros por el camino, para reconoceros el lugar donde habíais de asentar el campo, con fuego de noche para mostraros el camino por donde anduvieseis, y con nube de día. 1:34 Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y enojóse, y juró diciendo: 1:35 No verá hombre alguno de estos de esta mala generación, la buena tierra que juré había de dar á vuestros padres, 1:36 Excepto Caleb hijo de Jephone: él la verá, y á él le daré la tierra que pisó, y á sus hijos; porque cumplió en pos de Jehová. 1:37 Y también contra mí se airó Jehová por vosotros, diciendo: Tampoco tú entrarás allá: 1:38 Josué hijo de Nun, que está delante de ti, él entrará allá: anímale; porque él la hará heredar á Israel.
Aliá 4 · Deuteronomio 1:39–2:1
1:39 Y vuestros chiquitos, de los cuales dijisteis serán por presa, y vuestros hijos que no saben hoy bueno ni malo, ellos entrarán allá, y á ellos la daré, y ellos la heredarán. 1:40 Y vosotros volveos, y partíos al desierto camino del mar Bermejo. 1:41 Entonces respondisteis y me dijisteis: Pecado hemos contra Jehová; nosotros subiremos y pelearemos, conforme á todo lo que Jehová nuestro Dios nos ha mandado. Y os armasteis cada uno de sus armas de guerra, y os apercibisteis para subir al monte. 1:42 Y Jehová me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; porque no seáis heridos delante de vuestros enemigos. 1:43 Y os hablé, y no disteis oído; antes fuisteis rebeldes al dicho de Jehová, y persistiendo con altivez, subisteis al monte. 1:44 Y salió el Amorrheo, que habitaba en aquel monte, á vuestro encuentro, y os persiguieron, como hacen las avispas, y os derrotaron en Seir, persiguiéndoos hasta Horma. 1:45 Y volvisteis, y llorasteis delante de Jehová; pero Jehová no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído. 1:46 Y estuvisteis en Cades por muchos días, como en los días que habéis estado. 2:1 Y VOLVIMOS, y partímonos al desierto camino del mar Bermejo, como Jehová me había dicho; y rodeamos el monte de Seir por muchos días.
Aliá 5 · Deuteronomio 2:2-30
2:2 Y Jehová me habló, diciendo: 2:3 Harto habéis rodeado este monte; volveos al aquilón. 2:4 Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el término de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; mas vosotros guardaos mucho: 2:5 No os metáis con ellos; que no os daré de su tierra ni aun la holladura de la planta de un pie; porque yo he dado por heredad á Esaú el monte de Seir. 2:6 Compraréis de ellos por dinero las viandas, y comeréis; y también compraréis de ellos el agua, y beberéis: 2:7 Pues Jehová tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos: él sabe que andas por este gran desierto: estos cuarenta años Jehová tu Dios fué contigo; y ninguna cosa te ha faltado. 2:8 Y pasamos de nuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, por el camino de la llanura de Elath y de Esiongeber. Y volvimos, y pasamos camino del desierto de Moab. 2:9 Y Jehová me dijo: No molestes á Moab, ni te empeñes con ellos en guerra, que no te daré posesión de su tierra; porque yo he dado á Ar por heredad á los hijos de Lot. 2:10 ( Los Emimeos habitaron en ella antes, pueblo grande, y numeroso, y alto como gigantes: 2:11 Por gigantes eran ellos también contados, como los Anaceos; y los Moabitas los llaman Emimeos. 2:12 Y en Seir habitaron antes los Horeos, á los cuales echaron los hijos de Esaú; y los destruyeron de delante de sí, y moraron en lugar de ellos; como hizo Israel en la tierra de su posesión que les dió Jehová.) 2:13 Levantaos ahora, y pasad el arroyo de Zered. Y pasamos el arroyo de Zered. 2:14 Y los días que anduvimos de Cades-barnea hasta que pasamos el arroyo de Zered, fueron treinta y ocho años; hasta que se acabó toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campo, como Jehová les había jurado. 2:15 Y también la mano de Jehová fué sobre ellos para destruirlos de en medio del campo, hasta acabarlos. 2:16 Y aconteció que cuando se hubieron acabado de morir todos los hombres de guerra de entre el pueblo, 2:17 Jehová me habló, diciendo: 2:18 Tú pasarás hoy el término de Moab, á Ar, 2:19 Y te acercarás delante de los hijos de Ammón: no los molestes, ni te metas con ellos; porque no te tengo de dar posesión de la tierra de los hijos de Ammón; que á los hijos de Lot la he dado por heredad. 2:20 ( Por tierra de gigantes fué también ella tenida: habitaron en ella gigantes en otro tiempo, á los cuales los Ammonitas llamaban Zomzommeos; 2:21 Pueblo grande, y numeroso, y alto, como los Anaceos; á los cuales Jehová destruyó de delante de los Ammonitas, quienes les sucedieron, y habitaron en su lugar: 2:22 Como hizo con los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, de delante de los cuales destruyó á los Horeos; y ellos les sucedieron, y habitaron en su lugar hasta hoy. 2:23 Y á los Heveos que habitaban en Haserin hasta Gaza, los Caftoreos que salieron de Caftor los destruyeron, y habitaron en su lugar.) 2:24 Levantaos, partid, y pasad el arroyo de Arnón: he aquí he dado en tu mano á Sehón rey de Hesbón, Amorrheo, y á su tierra: comienza á tomar posesión, y empéñate con él en guerra. 2:25 Hoy comenzaré á poner tu miedo y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo; los cuales oirán tu fama, y temblarán, y angustiarse han delante de ti. 2:26 Y envié mensajeros desde el desierto de Cademoth á Sehón rey de Hesbón, con palabras de paz, diciendo: 2:27 Pasaré por tu tierra por el camino: por el camino iré, sin apartarme á diestra ni á siniestra: 2:28 La comida me venderás por dinero, y comeré: el agua también me darás por dinero, y beberé: solamente pasaré á pie; 2:29 Como lo hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitaban en Seir, y los Moabitas que habitaban en Ar; hasta que pase el Jordán á la tierra que nos da Jehová nuestro Dios. 2:30 Mas Sehón rey de Hesbón no quiso que pasásemos por el territorio suyo; porque Jehová tu Dios había endurecido su espíritu, y obstinado su corazón para entregarlo en tu mano, como hoy.
Aliá 6 · Deuteronomio 2:31–3:14
2:31 Y díjome Jehová: He aquí yo he comenzado á dar delante de ti á Sehón y á su tierra; comienza á tomar posesión, para que heredes su tierra. 2:32 Y saliónos Sehón al encuentro, él y todo su pueblo, para pelear en Jaas. 2:33 Mas Jehová nuestro Dios lo entregó delante de nosotros; y herimos á él y á sus hijos, y á todo su pueblo. 2:34 Y tomamos entonces todas sus ciudades, y destruimos todas las ciudades, hombres, y mujeres, y niños; no dejamos ninguno: 2:35 Solamente tomamos para nosotros las bestias, y los despojos de las ciudades que habíamos tomado. 2:36 Desde Aroer, que está junto á la ribera del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en el arroyo, hasta Galaad, no hubo ciudad que escapase de nosotros: todas las entregó Jehová nuestro Dios en nuestro poder. 2:37 Solamente á la tierra de los hijos de Ammón no llegaste, ni á todo lo que está á la orilla del arroyo de Jaboc ni á las ciudades del monte, ni á lugar alguno que Jehová nuestro Dios había prohibido. 3:1 Y VOLVIMOS, y subimos camino de Basán, y saliónos al encuentro Og rey de Basán para pelear, él y todo su pueblo, en Edrei. 3:2 Y díjome Jehová: No tengas temor de él, porque en tu mano he entregado á él y á todo su pueblo, y su tierra: y harás con él como hiciste con Sehón rey Amorrheo, que habitaba en Hesbón. 3:3 Y Jehová nuestro Dios entregó también en nuestra mano á Og rey de Basán, y á todo su pueblo, al cual herimos hasta no quedar de él ninguno. 3:4 Y tomamos entonces todas sus ciudades; no quedó ciudad que no les tomásemos: sesenta ciudades, toda la tierra de Argob, del reino de Og en Basán. 3:5 Todas éstas eran ciudades fortalecidas con alto muro, con puertas y barras; sin otras muy muchas ciudades sin muro. 3:6 Y destruímoslas, como hicimos á Sehón rey de Hesbón, destruyendo en toda ciudad hombres, mujeres, y niños. 3:7 Y tomamos para nosotros todas las bestias, y los despojos de las ciudades. 3:8 También tomamos en aquel tiempo de mano de dos reyes Amorrheos que estaban de esta parte del Jordán, la tierra desde el arroyo de Arnón hasta el monte de Hermón: 3:9 ( Los Sidonios llaman á Hermón Sirión; y los Amorrheos, Senir:) 3:10 Todas las ciudades de la llanura, y todo Galaad, y todo Basán hasta Salchâ y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán. 3:11 Porque sólo Og rey de Basán había quedado de los gigantes que quedaron. He aquí su cama, una cama de hierro, ¿ no está en Rabbath de los hijos de Ammón?; la longitud de ella de nueve codos, y su anchura de cuatro codos, al codo de un hombre. 3:12 Y esta tierra que heredamos entonces desde Aroer, que está al arroyo de Arnón, y la mitad del monte de Galaad con sus ciudades, dí á los Rubenitas y á los Gaditas: 3:13 Y el resto de Galaad, y todo Basán, del reino de Og, dí lo á la media tribu de Manasés; toda la tierra de Argob, todo Basán, que se llamaba la tierra de los gigantes. 3:14 Jair hijo de Manasés tomó toda la tierra de Argob hasta el término de Gessur i y Machâti; y llamóla de su nombre Basán-havoth-jair, hasta hoy.
Aliá 7 · Deuteronomio 3:15-22
3:15 Y á Machîr dí á Galaad. 3:16 Y á los Rubenitas y Gaditas dí de Galaad hasta el arroyo de Arnón, el medio del arroyo por término; hasta el arroyo de Jaboc, término de los hijos de Ammón: 3:17 Asimismo la campiña, y el Jordán, y el término, desde Cinereth hasta la mar del llano, el mar Salado, las vertientes abajo del Pisga al oriente. 3:18 Y os mandé entonces, diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado esta tierra para que la poseáis: pasaréis armados delante de vuestros hermanos los hijos de Israel todos los valientes. 3:19 Solamente vuestras mujeres, vuestros niños, y vuestros ganados, ( yo sé que tenéis mucho ganado,) quedarán en vuestras ciudades que os he dado, 3:20 Hasta que Jehová dé reposo á vuestros hermanos, así como á vosotros, y hereden también ellos la tierra que Jehová vuestro Dios les da á la otra parte del Jordán: entonces os volveréis cada uno á su heredad que yo os he dado. 3:21 Mandé también á Josué entonces, diciendo: Tus ojos vieron todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho á aquellos dos reyes: así hará Jehová á todos los reinos á los cuales pasarás tú. 3:22 No los temáis; que Jehová vuestro Dios, él es el que pelea por vosotros.
✦ Haftará (Profetas)
1:1 VISIÓN de Isaías hijo de Amoz, la cual vió sobre Judá y Jerusalem, en días de Uzzías, Jotham, Achâz y Ezechîas, reyes de Judá. 1:2 Oid, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y engrandecílos, y ellos se rebelaron contra mí. 1:3 El buey conoce á su dueño, y el asno el pesebre de su señor: Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento. 1:4 ¡ Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron á Jehová, provocaron á ira al Santo de Israel, tornáronse atrás. 1:5 ¿ Para qué habéis de ser castigados aún? todavía os rebelaréis. Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. 1:6 Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa ilesa, sino herida, hinchazón y podrida llaga: no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. 1:7 Vuestra tierra está destruída, vuestras ciudades puestas á fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida de extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños. 1:8 Y queda la hija de Sión como choza en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada. 1:9 Si Jehová de los ejércitos no hubiera hecho que nos quedasen muy cortos residuos, como Sodoma fuéramos, y semejantes á Gomorra. 1:10 Príncipes de Sodoma, oid la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. 1:11 ¿ Para qué á mí, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de animales gruesos: no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. 1:12 ¿ Quién demandó esto de vuestras manos, cuando vinieseis á presentaros delante de mí, para hollar mis atrios? 1:13 No me traigáis más vano presente: el perfume me es abominación: luna nueva y sábado, el convocar asambleas, no las puedo sufrir: son iniquidad vuestras solemnidades. 1:14 Vuestras lunas nuevas y vuestras solemnidades tiene aborrecidas mi alma: me son gravosas; cansado estoy de llevarlas. 1:15 Cuando extendiereis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos: asimismo cuando multiplicareis la oración, yo no oiré: llenas están de sangre vuestras manos. 1:16 Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo: 1:17 Aprended á hacer bien; buscad juicio, restituid al agraviado, oid en derecho al huérfano, amparad á la viuda. 1:18 Venid luego, dirá Jehová, y estemos á cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán á ser como blanca lana. 1:19 Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra: 1:20 Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos á espada: porque la boca de Jehová lo ha dicho. 1:21 ¿ Cómo te has tornado ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de juicio, en ella habitó equidad; mas ahora, homicidas. 1:22 Tu plata se ha tornado escorias, tu vino mezclado está con agua. 1:23 Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones: todos aman las dádivas, y van tras las recompensas: no oyen en juicio al huérfano, ni llega á ellos la causa de la viuda. 1:24 Por tanto, dice el Señor Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, vengaréme de mis adversarios: 1:25 Y volveré mi mano sobre ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré todo tu estaño: 1:26 Y restituiré tus jueces como al principio, y tus consejeros como de primero: entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel. 1:27 Sión con juicio será rescatada, y los convertidos de ella con justicia.
✦ Brit Hadashah (Pacto Renovado)
9:1 Y SAULO, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al príncipe de los sacerdotes, 9:2 Y demandó de él letras para Damasco á las sinagogas, para que si hallase algunos hombres ó mujeres de esta secta, los trajese presos á Jerusalem. 9:3 Y yendo por el camino, aconteció que llegando cerca de Damasco, súbitamente le cercó un resplandor de luz del cielo; 9:4 Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿ por qué me persigues? 9:5 Y él dijo: ¿ Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús á quien tú persigues: dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 9:6 El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿ qué quieres que haga? Y el Señor le dice: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que te conviene hacer. 9:7 Y los hombres que iban con Saulo, se pararon atónitos, oyendo á la verdad la voz, mas no viendo á nadie. 9:8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía á nadie: así que, llevándole por la mano, metiéronle en Damasco; 9:9 Donde estuvo tres días sin ver, y no comió, ni bebió. 9:10 Había entonces un discípulo en Damasco llamado Ananías, al cual el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. 9:11 Y el Señor le dijo: Levántate, y ve á la calle que se llama la Derecha, y busca en casa de Judas á uno llamado Saulo, de Tarso: porque he aquí, él ora; 9:12 Y ha visto en visión un varón llamado Ananías, que entra y le pone la mano encima, para que reciba la vista. 9:13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oído á muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho á tus santos en Jerusalem: 9:14 Y aun aquí tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes de prender á todos los que invocan tu nombre. 9:15 Y le dijo el Señor: Ve: porque instrumento escogido me es éste, para que lleve mi nombre en presencia de los Gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel: 9:16 Porque yo le mostraré cuánto le sea menester que padezca por mi nombre. 9:17 Ananías entonces fué, y entró en la casa, y poniéndole las manos encima, dijo: Saulo hermano, el Señor Jesús, que te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno de Espíritu Santo. 9:18 Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al punto la vista: y levantándose, fué bautizado. 9:19 Y como comió, fué confortado. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. 9:20 Y luego en las sinagogas predicaba á Cristo, diciendo que éste era el Hijo de Dios. 9:21 Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿ No es éste el que asolaba en Jerusalem á los que invocaban este nombre, y á eso vino acá, para llevarlos presos á los príncipes de los sacerdotes?
3:1 PALABRA fiel: Si alguno apetece obispado, buena obra desea. 3:2 Conviene, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una mujer, solícito, templado, compuesto, hospedador, apto para enseñar; 3:3 No amador del vino, no heridor, no codicioso de torpes ganancias, sino moderado, no litigioso, ajeno de avaricia; 3:4 Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad; 3:5 ( Porque el que no sabe gobernar su casa, ¿ cómo cuidará de la iglesia de Dios?) 3:6 No un neófito, porque inflándose no caiga en juicio del diablo. 3:7 También conviene que tenga buen testimonio de los extraños, porque no caiga en afrenta y en lazo del diablo.