Devocional mesiánico

Ki Tavó

כִּי־תָבוֹא

Shabat · 18 de septiembre de 2027

Torá: Deuteronomio 26:1–29:9 · Haftará: Isaías 60:1-22 · Brit Hadashah: Efesios 1:3-6; Apocalipsis 21:10-27

Escucha la porción

Aliá 1

La porción esta semana

Resumen de la porción

Moisés instruye al pueblo sobre el rito de las primicias (bikkurim): al entrar en la tierra, cada israelita llevará una canasta con los primeros frutos y recitará la historia de la redención desde Egipto. Luego viene la ceremonia de las piedras enyesadas en el monte Ebal, la división de las tribus entre Gerizim y Ebal para las bendiciones y las maldiciones, y el extenso catálogo de consecuencias del pacto —prosperidad si Israel escucha la voz de Yehová, desolación y dispersión si no lo hace. La porción cierra con Moisés recordando las maravillas del desierto y llamando al pueblo a guardar el pacto hecho en Moab.

El hilo de la parashá

Lo que sostiene toda la parashá es una sola pregunta: ¿de quién es la tierra, y de quién es el pueblo que la habita? El rito de las primicias responde antes de que llegue cualquier bendición o maldición: «he traído lo primero del fruto de la tierra, que tú, Yehová, me has dado» (Deuteronomio 26:10). No hay mérito propio en la cosecha; hay memoria de un padre errante y de una liberación inmerecida. Ese reconocimiento —que todo viene de la mano de Dios— es la condición previa para entender por qué las bendiciones de Deuteronomio 28 son reales y por qué las maldiciones también lo son: no son mecánicas, son la respuesta de un pacto vivo entre un Dios que ya dio y un pueblo que debe responder «con todo tu corazón y con toda tu alma» (Deuteronomio 26:16).

Las piedras del Ebal, enlucidas y escritas con «toda claridad» (Deuteronomio 27:8), hacen público lo que hasta entonces era palabra oída: la ley queda expuesta a la vista de toda la tierra que Israel va a poseer. El pacto no es privado ni sentimental; es una declaración ante testigos, ante las naciones, ante el cielo mismo, que exige un Amén repetido doce veces.

La haftará

Isaías 60 llega como el reverso necesario de las maldiciones de Deuteronomio 28. Donde Moisés advierte que Israel será «dispersado entre todos los pueblos» (Deuteronomio 28:64) y que su tierra quedará sin descanso, Isaías anuncia el día en que esa misma dispersión se revierte: «tus hijos vendrán de lejos» (Isaías 60:4), y no solo Israel regresa, sino que las naciones mismas «caminarán hacia tu luz» (Isaías 60:3). La maldición del exilio no tiene la última palabra; la tiene la gloria de Yehová levantándose sobre Sión.

El Mesías en la porción

Lo que Isaías ve como promesa, Apocalipsis lo muestra consumado: una ciudad donde «las naciones caminarán a su luz» (Apocalipsis 21:24), con puertas que «no se cerrarán de día» (Apocalipsis 21:25), eco literal de Isaías 60:11. Pero hay más: esa ciudad tiene doce puertas con los nombres de las doce tribus de Israel y doce cimientos con los nombres de los apóstoles del Cordero (Apocalipsis 21:12-14). Las piedras del Ebal, que llevaban escrita la ley para que todo Israel las leyera, encuentran su contraparte en estos cimientos que llevan escritos los nombres de quienes proclamaron el cumplimiento de esa ley en el Mesías. La tierra prometida en Deuteronomio 26 y la ciudad descendida del cielo en Apocalipsis 21 son la misma promesa en dos momentos de su despliegue.

Efesios añade la raíz de todo esto: antes de cualquier obediencia, hay elección. «Dios nos eligió en él antes de la creación del mundo» (Efesios 1:4), tal como Israel fue elegido «pueblo para su propiedad» (Deuteronomio 26:18) antes de haber cruzado el Jordán. La primicia que el israelita trae en su canasta y la alabanza «de su gloriosa gracia» (Efesios 1:6) responden a la misma lógica: la gratitud llega después del don, nunca antes.

Para la semana

Antes de pedir algo a Dios esta semana, nombra en voz alta lo que ya has recibido de su mano —como el israelita ante el sacerdote con su canasta. Escoge un mandamiento concreto de esta porción, como el cuidado del extranjero y del huérfano (Deuteronomio 26:12-13), y ponlo en práctica de manera tangible antes del sábado.

Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.

Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo

Aliá 1 · Deuteronomio 26:1-11

26:1 Cuando entres en la tierra que Yehová tu Dios te da en herencia, la poseas y habites en ella, 26:2 tomarás parte de los primeros frutos de la tierra que traigas de la tierra que Yehová tu Dios te da. Lo pondrás en un cesto, e irás al lugar que Yehová tu Dios elija para hacer habitar allí su nombre. 26:3 Te acercarás al sacerdote que estará en esos días y le dirás: “Hoy profeso a Yehová tu Dios que he llegado a la tierra que Yehová juró a nuestros padres que nos daría.” 26:4 El sacerdote tomará la canasta de tu mano y la depositará ante el altar de Yehová tu Dios. 26:5 Responderás y dirás ante Yehová tu Dios: “Mi padre era un sirio dispuesto a perecer. Descendió a Egipto y vivió allí, siendo pocos. Allí se convirtió en una nación grande, poderosa y populosa. 26:6 Los egipcios nos maltrataron, nos afligieron y nos impusieron trabajos forzados. 26:7 Entonces clamamos a Yehová, el Dios de nuestros padres. Yehová escuchó nuestra voz y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión. 26:8 Yehová nos sacó de Egipto con mano poderosa, con brazo extendido, con gran terror, con señales y con prodigios; 26:9 y nos ha traído a este lugar, y nos ha dado esta tierra, una tierra que fluye leche y miel. 26:10 Ahora, he aquí que he traído lo primero del fruto de la tierra, que tú, Yehová, me has dado”. Lo pondrás delante de Yehová tu Dios, y adorarás ante Yehová tu Dios. 26:11 Te alegrarás de todo el bien que Yehová tu Dios te ha dado a ti y a tu casa, a ti, al levita y al extranjero que está entre ustedes.

Aliá 2 · Deuteronomio 26:12-15

26:12 Cuando hayas terminado de diezmar todo tu producto en el tercer año, que es el año del diezmo, se lo darás al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, para que coman dentro de tus puertas y se sacien. 26:13 Dirás ante Yehová tu Dios: “He sacado de mi casa las cosas sagradas, y también se las he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, según todo tu mandamiento que me has ordenado. No he transgredido ninguno de tus mandamientos, ni los he olvidado. 26:14 No he comido de él en mi luto, ni he quitado nada de él mientras estaba impuro, ni he dado de él para los muertos. He escuchado la voz de Yehová, mi Dios. He hecho conforme a todo lo que me has ordenado. 26:15 Mira desde tu santa morada, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel y la tierra que nos has dado, como lo juraste a nuestros padres, una tierra que fluye leche y miel.”

Aliá 3 · Deuteronomio 26:16-19

26:16 Hoy el Señor, tu Dios, te manda a cumplir estos estatutos y ordenanzas. Por lo tanto, los guardarás y los pondrás en práctica con todo tu corazón y con toda tu alma. 26:17 Hoy has declarado que Yehová es tu Dios, y que quieres andar por sus caminos, guardar sus estatutos, sus mandamientos y sus ordenanzas, y escuchar su voz. 26:18 Yehová ha declarado hoy que ustedes son un pueblo para su propiedad, como les ha prometido, y que deben guardar todos sus mandamientos. 26:19 Él te pondrá en alto sobre todas las naciones que ha hecho, en alabanza, en nombre y en honor, y para que seas un pueblo santo para Yehová tu Dios, como él ha dicho.

Aliá 4 · Deuteronomio 27:1-10

27:1 Moisés y los ancianos de Israel ordenaron al pueblo diciendo: “Guarden todo el mandamiento que hoy les ordeno. 27:2 El día en que pases el Jordán a la tierra que Yehová tu Dios te da, levantarás grandes piedras y las cubrirás con yeso. 27:3 En ellas escribirás todas las palabras de esta ley, cuando hayas pasado, para entrar en la tierra que Yehová tu Dios te da, una tierra que fluye leche y miel, como Yehová, el Dios de tus padres, te ha prometido. 27:4 Cuando hayas cruzado el Jordán, colocarás estas piedras que hoy te ordeno en el monte Ebal, y las cubrirás con yeso. 27:5 Allí construirás un altar a Yehová, tu Dios, un altar de piedras. No usarás ninguna herramienta de hierro en ellas. 27:6 Construirás el altar del Señor, tu Dios, con piedras sin cortar. En él ofrecerás holocaustos al Señor, tu Dios. 27:7 Sacrificarás ofrendas de paz y comerás en él. Te alegrarás ante el Señor, tu Dios. 27:8 Escribirás en las piedras todas las palabras de esta ley con toda claridad.” 27:9 Moisés y los sacerdotes levitas hablaron a todo Israel diciendo: “¡Cállate y escucha, Israel! Hoy te has convertido en el pueblo de Yehová, tu Dios. 27:10 Por lo tanto, obedecerás la voz de Yehová, tu Dios, y pondrás en práctica sus mandamientos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy.”

Aliá 5 · Deuteronomio 27:11–28:6

27:11 Ese mismo día Moisés ordenó al pueblo diciendo: 27:12 “Estos se pondrán en el monte Gerizim para bendecir al pueblo, cuando hayan cruzado el Jordán: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín. 27:13 Estos estarán en el monte Ebal para la maldición: Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí. 27:14 Los levitas dirán en voz alta a todos los hombres de Israel: 27:15 ‘Maldito el hombre que hace una imagen grabada o fundida, abominación a Yehová, obra de las manos del artesano, y la coloca en secreto.’ Todo el pueblo responderá y dirá: “Amén”. 27:16 ‘Maldito el que deshonra a su padre o a su madre’. Todo el pueblo dirá: “Amén”. 27:17 ‘Maldito el que quita el mojón de su vecino’. Todo el pueblo dirá: “Amén”. 27:18 “Maldito el que extravía a los ciegos en el camino”. Todo el pueblo dirá: “Amén”. 27:19 ‘Maldito el que niega la justicia al extranjero, al huérfano y a la viuda’. Todo el pueblo dirá: “Amén”. 27:20 ‘Maldito el que se acuesta con la mujer de su padre, porque deshonra el lecho de su padre.’ Todo el pueblo dirá: “Amén”. 27:21 ‘Maldito sea el que se acueste con cualquier clase de animal’. Todo el pueblo dirá: “Amén”. 27:22 ‘Maldito el que se acueste con su hermana, con la hija de su padre o con la hija de su madre’. Todo el pueblo dirá: “Amén”. 27:23 ‘Maldito el que se acuesta con su suegra’. Todo el pueblo dirá: “Amén”. 27:24 ‘Maldito el que mata en secreto a su prójimo’. Todo el pueblo dirá: “Amén”. 27:25 ‘Maldito el que acepta un soborno para matar a un inocente’. Todo el pueblo dirá: “Amén”. 27:26 ‘Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley poniéndolas en práctica.’ Todo el pueblo dirá: “Amén””. 28:1 Si escuchas atentamente la voz del Señor, tu Dios, y cumples todos los mandamientos que hoy te ordeno, el Señor, tu Dios, te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra. 28:2 Todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán, si escuchas la voz de Yehová tu Dios. 28:3 Serás bendecido en la ciudad, y serás bendecido en el campo. 28:4 Serás bendecido en el fruto de tu cuerpo, en el fruto de tu tierra, en el fruto de tus animales, en la cría de tu ganado y en las crías de tu rebaño. 28:5 Serán bendecidos tu cesto y tu artesa de amasar. 28:6 Serás bendecido cuando entres, y serás bendecido cuando salgas.

Aliá 6 · Deuteronomio 28:7–29:1

28:7 El Señor hará que tus enemigos que se levanten contra ti sean golpeados delante de ti. Saldrán contra ti por un camino, y huirán ante ti por siete caminos. 28:8 El Señor ordenará que te bendigan en tus graneros y en todo lo que hagas. Te bendecirá en la tierra que el Señor, tu Dios, te da. 28:9 El Señor te establecerá como pueblo santo para sí mismo, como te ha jurado, si guardas los mandamientos del Señor tu Dios y andas en sus caminos. 28:10 Todos los pueblos de la tierra verán que ustedes son llamados por el nombre de Yehová, y tendrán miedo de ustedes. 28:11 Yehová te concederá abundante prosperidad en el fruto de tu cuerpo, en el fruto de tu ganado y en el fruto de tu tierra, en la tierra que Yehová juró a tus padres que te daría. 28:12 El Señor te abrirá su buen tesoro en el cielo, para dar la lluvia de tu tierra a su tiempo, y para bendecir toda la obra de tu mano. Prestarás a muchas naciones, y no pedirás prestado. 28:13 El Señor te hará ser la cabeza y no la cola. Solo estarás arriba, y no estarás abajo, si escuchas los mandamientos de Yehová tu Dios que hoy te ordeno, para que los cumplas y los pongas en práctica, 28:14 y no te apartes de ninguna de las palabras que hoy te ordeno, ni a la derecha ni a la izquierda, para ir en pos de otros dioses para servirles. 28:15 Pero si no escuchas la voz del Señor, tu Dios, para cumplir con todos sus mandamientos y sus estatutos que hoy te ordeno, todas estas maldiciones caerán sobre ti y te alcanzarán. 28:16 Serás maldecido en la ciudad, y serás maldecido en el campo. 28:17 Tu cesto y tu artesa serán malditos. 28:18 El fruto de tu cuerpo, el fruto de tu tierra, la cría de tu ganado y las crías de tu rebaño serán maldecidos. 28:19 Serás maldecido cuando entres, y serás maldecido cuando salgas. 28:20 El Señor enviará sobre ti maldición, confusión y reprensión en todo lo que hagas, hasta que seas destruido y perezcas rápidamente, a causa de la maldad de tus obras, con las que me has abandonado. 28:21 El Señor hará que la peste se adhiera a ti, hasta que te consuma de la tierra a la que entras para poseerla. 28:22 El Señor te atacará con tisis, con fiebre, con inflamación, con calor abrasador, con espada, con tizón y con moho. Te perseguirán hasta que perezcas. 28:23 El cielo que está sobre tu cabeza será de bronce, y la tierra que está debajo de ti será de hierro. 28:24 El Señor hará que la lluvia de tu tierra sea polvo y polvillo. Descenderá sobre ti desde el cielo, hasta que seas destruido. 28:25 El Señor hará que seas golpeado ante tus enemigos. Saldrás por un camino contra ellos, y huirás por siete caminos ante ellos. Serán arrojados de un lado a otro entre todos los reinos de la tierra. 28:26 Sus cadáveres serán el alimento de todas las aves del cielo y de los animales de la tierra, y no habrá nadie que los espante. 28:27 El Señor los golpeará con los forúnculos de Egipto, con los tumores, con el escorbuto y con la picazón, de los cuales no podrán curarse. 28:28 El Señor te golpeará con la locura, con la ceguera y con el asombro del corazón. 28:29 Andarás a tientas en el mediodía, como el ciego anda a tientas en la oscuridad, y no prosperarás en tus caminos. Solo serás oprimido y robado siempre, y no habrá quien te salve. 28:30 Te desposarás con una mujer, y otro hombre se acostará con ella. Construirás una casa, y no habitarás en ella. Plantarás una viña, y no aprovecharás su fruto. 28:31 Tu buey será sacrificado ante tus ojos, y no comerás nada de él. Tu burro será arrebatado con violencia ante tu rostro, y no te será devuelto. Tus ovejas serán entregadas a tus enemigos, y no tendrás quien te salve. 28:32 Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo. Tus ojos mirarán y fallarán con anhelo por ellos todo el día. No habrá poder en tu mano. 28:33 Una nación que no conoces comerá el fruto de tu tierra y todo tu trabajo. Solo serás oprimido y aplastado siempre, 28:34 de modo que las vistas que veas con tus ojos te volverán loco. 28:35 El Señor te herirá en las rodillas y en las piernas con una úlcera de la que no podrás curarte, desde la planta del pie hasta la coronilla. 28:36 El Señor te llevará a ti, y a tu rey que pondrás sobre ti, a una nación que no has conocido, ni tú ni tus padres. Allí servirán a otros dioses de madera y de piedra. 28:37 Se convertirán en un asombro, en un proverbio y en una palabra entre todos los pueblos a los que el Señor los lleve. 28:38 Llevarás mucha semilla al campo, y recogerás poca, porque la langosta la consumirá. 28:39 Plantarás viñas y las labrarás, pero no beberás del vino ni cosecharás, porque los gusanos se las comerán. 28:40 Tendrás olivos en todo tu territorio, pero no te ungirás con el aceite, porque tus aceitunas se caerán. 28:41 Engendrarás hijos e hijas, pero no serán tuyos, porque irán al cautiverio. 28:42 Las langostas consumirán todos tus árboles y el fruto de tu tierra. 28:43 El extranjero que está en medio de ustedes se elevará sobre ustedes cada vez más alto, y ustedes bajarán cada vez más. 28:44 Él te prestará, y tú no le prestarás a él. Él será la cabeza, y tú serás la cola. 28:45 Todas estas maldiciones vendrán sobre ti, te perseguirán y te alcanzarán, hasta que seas destruido, porque no escuchaste la voz de Yehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos que te ordenó. 28:46 Serán para ti y para tu descendencia una señal y una maravilla para siempre. 28:47 Porque no serviste a Yehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas; 28:48 por eso servirás a tus enemigos que Yehová envía contra ti, con hambre, con sed, con desnudez y con falta de todas las cosas. Pondrá un yugo de hierro sobre tu cuello hasta que te haya destruido. 28:49 Yehová traerá contra ti una nación desde muy lejos, desde el extremo de la tierra, como vuela el águila: una nación cuya lengua no entenderás, 28:50 una nación de rostro feroz, que no respeta a los ancianos, ni muestra favor a los jóvenes. 28:51 Comerán el fruto de tu ganado y el fruto de tu tierra, hasta destruirte. Tampoco te dejarán el grano, el vino nuevo, el aceite, la cría de tu ganado, ni las crías de tu rebaño, hasta que te hagan perecer. 28:52 Te asediarán en todas tus puertas hasta que se derrumben tus muros altos y fortificados en los que confiabas en toda tu tierra. Te asediarán en todas tus puertas por toda tu tierra que el Señor tu Dios te ha dado. 28:53 Comerás el fruto de tu propio cuerpo, la carne de tus hijos y de tus hijas, que el Señor tu Dios te ha dado, en el asedio y en la angustia con que te angustiarán tus enemigos. 28:54 El hombre tierno entre ustedes, y muy delicado, su ojo será malo para con su hermano, para con la mujer que ama, y para con el resto de sus hijos que le quedan, 28:55 de modo que no dará a ninguno de ellos de la carne de sus hijos que comerá, porque no le queda nada, en el asedio y en la angustia con que los angustiarán sus enemigos en todas sus puertas. 28:56 La mujer tierna y delicada de entre ustedes, que no se atreve a poner la planta de su pie en el suelo por delicadeza y ternura, su ojo será malvado hacia el marido que ama, hacia su hijo, hacia su hija, 28:57 hacia su joven que sale de entre sus pies, y hacia sus hijos que da a luz; porque los comerá a escondidas por falta de todo en el asedio y en la angustia con que los angustiará su enemigo en sus puertas. 28:58 Si no observas para hacer todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, para que temas este nombre glorioso y temible, Yehová tu Dios, 28:59 entonces Yehová hará que tus plagas y las plagas de tu descendencia sean temibles, incluso grandes plagas, y de larga duración, y enfermedades graves, y de larga duración. 28:60 Hará que vuelvan a caer sobre ti todas las enfermedades de Egipto, de las que tenías miedo; y se aferrarán a ti. 28:61 También todas las enfermedades y todas las plagas que no están escritas en el libro de esta ley, Yehová las traerá sobre ustedes hasta que sean destruidos. 28:62 Quedarán pocos en número, aunque eran como las estrellas del cielo por la multitud, porque no escucharon la voz de Yehová su Dios. 28:63 Sucederá que así como Yehová se alegró de ti para hacerte bien y multiplicarte, así Yehová se alegrará de ti para hacerte perecer y destruirte. Serán arrancados de la tierra que van a poseer. 28:64 El Señor los dispersará entre todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo de la tierra. Allí servirán a otros dioses que no conocieron, ni ustedes ni sus padres, a la madera y a la piedra. 28:65 Entre esas naciones no encontrarás descanso, ni habrá reposo para la planta de tu pie; sino que el Señor te dará allí un corazón tembloroso, ojos cansados y alma triste. 28:66 Tu vida colgará en la duda ante ti. Tendrás miedo de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida. 28:67 Por la mañana dirás: “¡Ojalá fuera la tarde!” y al atardecer dirás: “¡Ojalá fuera la mañana!” por el miedo de tu corazón que temerás, y por las vistas que verán tus ojos. 28:68 El Señor los llevará de nuevo a Egipto con barcos, por el camino que les dije que no volverían a ver. Allí se ofrecerán a sus enemigos como esclavos y esclavas, y nadie los comprará. 29:1 Estas son las palabras de la alianza que Yehová ordenó a Moisés que hiciera con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además de la alianza que hizo con ellos en Horeb.

Aliá 7 · Deuteronomio 29:2-9

29:2 Moisés llamó a todo Israel y les dijo: Sus ojos han visto todo lo que Yehová hizo en la tierra de Egipto a Faraón, a todos sus siervos, y a toda su tierra; 29:3 las grandes pruebas que vieron sus ojos, las señales y esos grandes prodigios. 29:4 Pero Yehová no les ha dado hasta hoy corazón para conocer, ojos para ver y oídos para oír. 29:5 Los he conducido cuarenta años por el desierto. Sus ropas no se han envejecido en ustedes, y sus sandalias no se han envejecido en sus pies. 29:6 No han comido pan, ni han bebido vino o bebida fuerte, para que sepan que yo soy Yehová, su Dios. 29:7 Cuando llegaron a este lugar, Sehón, rey de Hesbón, y Og, rey de Basán, salieron a combatir contra nosotros, y los derrotamos. 29:8 Tomamos su tierra y la dimos en herencia a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de los manasitas. 29:9 Guarden, pues, las palabras de este pacto y pónganlas por obra, para que prosperen en todo lo que hagan.

Haftará (Profetas)

60:1 “¡Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz y la gloria de Yehová ha nacido sobre ti! 60:2 Porque miren que las tinieblas cubrirán la tierra y una densa oscuridad a los pueblos; pero sobre ti amanecerá Yehová y sobre ti se manifestará su gloria. 60:3 Las naciones caminarán hacia tu luz y los reyes hacia el resplandor de tu amanecer. 60:4 Levanta tus ojos a tu alrededor y mira: todos ellos se reúnen y vienen hacia ti. Tus hijos vendrán de lejos y tus hijas serán traídas en brazos. 60:5 Entonces verás esto y estarás radiante; tu corazón se estremecerá y se ensanchará de gozo, porque a ti pasará la abundancia del mar y las riquezas de las naciones vendrán a ti. 60:6 Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá; vendrán todos los de Sabá trayendo oro e incienso, y proclamarán las alabanzas de Yehová. 60:7 Todos los rebaños de Cedar se reunirán para ti; los carneros de Nebaiot estarán a tu servicio; serán aceptados sobre mi altar como ofrenda agradable, y yo embelleceré mi templo glorioso. 60:8 ¿Quiénes son estos que vuelan como nubes y como palomas hacia sus palomares? 60:9 Ciertamente las naciones de las costas esperan en mí, y los barcos de Tarsis vienen al frente, para traer a tus hijos de lejos, con su plata y su oro, para honrar el nombre de Yehová tu Dios, el Santo de Israel, porque él te ha llenado de gloria. 60:10 Extranjeros reconstruirán tus muros y sus reyes te servirán; porque aunque en mi enojo te castigué, en mi bondad he tenido compasión de ti. 60:11 Tus puertas estarán siempre abiertas, no se cerrarán de día ni de noche, para que te traigan las riquezas de las naciones y te traigan a sus reyes en procesión. 60:12 Porque la nación o el reino que no te sirva perecerá; esas naciones serán totalmente destruidas. 60:13 La gloria del Líbano vendrá a ti: el ciprés, el pino y el abeto juntos, para embellecer el lugar de mi santuario; y yo honraré el lugar donde descansan mis pies. 60:14 Los hijos de los que te oprimieron vendrán a humillarse ante ti; todos los que te despreciaban se postrarán a tus pies y te llamarán: Ciudad de Yehová, Sión del Santo de Israel. 60:15 En lugar de ser la abandonada y aborrecida, por donde nadie quería pasar, te convertiré en una joya eterna, en el gozo de todas las generaciones. 60:16 Alimentarás tu vida con la riqueza de las naciones, con el tesoro de los reyes; y sabrás que yo, Yehová, soy tu Salvador y tu Redentor, el Poderoso de Jacob. 60:17 En vez de bronce traeré oro, en vez de hierro, plata; en vez de madera, bronce, y en vez de piedras, hierro. Pondré a la paz como tu gobernante y a la justicia como tu autoridad. 60:18 Ya no se oirá hablar de violencia en tu tierra, ni de ruina o destrucción en tus fronteras; a tus muros los llamarás: Salvación, y a tus puertas: Alabanza. 60:19 El sol ya no será tu luz durante el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que Yehová será tu luz eterna y tu Dios será tu esplendor. 60:20 Tu sol no se pondrá jamás ni tu luna perderá su luz, porque Yehová será tu luz eterna y tus días de luto habrán terminado. 60:21 Todo tu pueblo será justo y poseerá la tierra para siempre; ellos son el renuevo que yo planté, la obra de mis manos para mostrar mi gloria. 60:22 El más pequeño se convertirá en un millar, y el menor en una nación poderosa. Yo, Yehová, haré que esto suceda pronto a su debido tiempo”.

Brit Hadashah (Pacto Renovado)

1:3 Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en los lugares celestiales con toda clase de bendiciones espirituales en Cristo. 1:4 Pues Dios nos eligió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él. En amor, 1:5 nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, 1:6 para alabanza de su gloriosa gracia, la cual nos concedió gratuitamente en su Hijo amado.

21:10 Me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, 21:11 con la gloria de Dios. Su luz era como una piedra preciosísima, como una piedra de jaspe, clara como el cristal; 21:12 tenía un muro grande y alto con doce puertas, y a las puertas doce ángeles, y nombres escritos en ellas, que son los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel. 21:13 Al este había tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas y al oeste tres puertas. 21:14 El muro de la ciudad tenía doce cimientos, y en ellos doce nombres de los doce Apóstoles del Cordero. 21:15 El que hablaba conmigo tenía como medida una caña de oro para medir la ciudad, sus puertas y sus muros. 21:16 La ciudad es cuadrada. Su longitud es tan grande como su anchura. Midió la ciudad con la caña: doce mil doce estadios. Su longitud, su anchura y su altura son iguales. 21:17 Su muro tiene ciento cuarenta y cuatro codos, según la medida de un hombre, es decir, de un ángel. 21:18 La construcción de su muro era de jaspe. La ciudad era de oro puro, como el vidrio puro. 21:19 Los cimientos de la muralla de la ciudad estaban adornados con toda clase de piedras preciosas. El primer cimiento era de jaspe; el segundo, de zafiro; el tercero, de calcedonia; el cuarto, de esmeralda; 21:20 el quinto, de sardónica; el sexto, de sardio; el séptimo, de crisolita; el octavo, de berilo; el noveno, de topacio; el décimo, de crisoprasa; el undécimo, de jacinto; y el duodécimo, de amatista. 21:21 Las doce puertas eran doce perlas. Cada una de las puertas estaba hecha de una perla. La calle de la ciudad era de oro puro, como el cristal transparente. 21:22 No vi ningún templo en ella, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo. 21:23 La ciudad no necesita que brillen el sol ni la luna, porque la gloria misma de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero. 21:24 Las naciones caminarán a su luz. Los reyes de la tierra llevan a ella la gloria y el honor de las naciones. 21:25 Sus puertas no se cerrarán de día (porque allí no habrá noche), 21:26 y traerán a ella la gloria y el honor de las naciones para que puedan entrar. 21:27 De ninguna manera entrará en ella nada profano, ni nadie que cause abominación o mentira, sino sólo los que están escritos en el libro de la vida del Cordero.