Devocional mesiánico

Vaerá

וָאֵרָא

Shabat · 9 de enero de 2027

Torá: Éxodo 6:2–9:35 · Haftará: Ezequiel 28:25–29:21 · Brit Hadashah: Romanos 9:14-33; Apocalipsis 16:1-21

Escucha la porción

Aliá 1

La porción esta semana

Resumen de la porción

Dios se revela a Moisés bajo el nombre Yehová, un nombre que los patriarcas no conocieron en su plenitud, y le ordena confrontar al faraón. Moisés duda de su capacidad para hablar, pero Dios lo confirma junto a Aarón como su vocero ante el rey de Egipto. Comienza entonces la secuencia de señales: la vara convertida en serpiente, y las primeras plagas —sangre, ranas, piojos, moscas, peste del ganado, úlceras y granizo— mientras el corazón del faraón se endurece plaga tras plaga.

El hilo de la parashá

Toda la parashá gira sobre una frase que Dios repite como un estribillo: «para que sepan que yo soy Yehová» (Éxodo 6:7, 7:5, 7:17, 9:14, 9:29). No se trata solo de liberar a un pueblo esclavo, sino de que el nombre mismo de Dios —oculto hasta entonces bajo el título de El Shadai (Éxodo 6:3)— se manifieste en la historia mediante hechos que ni los magos de Egipto pueden imitar del todo (Éxodo 8:18). Cada plaga es un argumento contra los dioses del río y de la tierra que Egipto adoraba, y cada vez que el faraón cede un poco y luego «se pone terco» (Éxodo 8:15, 9:34), el texto muestra que el endurecimiento no es un obstáculo al plan de Dios, sino parte de él: «para multiplicar mis señales» (Éxodo 7:3).

Moisés objeta dos veces que es «torpe para hablar» (Éxodo 6:12, 6:30), y Dios no le quita la debilidad: le da un hermano y una vara. El poder no viene de la elocuencia de Moisés sino de la palabra que Dios pone en su boca. Ese es el hilo: Yehová se da a conocer no a pesar de la fragilidad humana, sino a través de ella, y no a pesar de la resistencia del poder humano, sino sobre ella.

La haftará

Ezequiel profetiza contra el faraón como «gran monstruo marino» que se jacta: «El río es mío, yo mismo lo hice» (Ezequiel 29:3). Es el mismo orgullo que el faraón del Éxodo mostró al negarse una y otra vez a reconocer a Yehová sobre las aguas de Egipto. El profeta anuncia que Egipto quedará devastado y disperso, y que solo entonces «sabrán que yo soy Yehová» (Ezequiel 29:6, 29:9, 29:16) —el mismo estribillo de la Torá, siglos después, sobre el mismo país. La haftará confirma que el juicio sobre Egipto no fue un episodio cerrado en el desierto, sino un patrón que Dios repite cuando un poder terrenal se atribuye lo que pertenece solo a Él.

El Mesías en la porción

Pablo cita directamente esta parashá en Romanos: «la Escritura dice al Faraón: Para esto mismo te hice levantar, para mostrar en ti mi poder» (Romanos 9:17), retomando Éxodo 9:16 casi palabra por palabra. Pablo no suaviza el endurecimiento del faraón (Éxodo 9:12); lo usa para mostrar que la misericordia de Dios —la que llama tanto a judíos como a gentiles (Romanos 9:24)— no depende del mérito humano sino de la soberanía del alfarero sobre el barro (Romanos 9:21), la misma soberanía que decidió cuándo endurecer y cuándo ablandar al rey de Egipto.

El libro de Apocalipsis retoma las plagas mismas como vocabulario: agua convertida en sangre (Apocalipsis 16:4, cf. Éxodo 7:20), úlceras malignas (Apocalipsis 16:2, cf. Éxodo 9:10), espíritus como ranas (Apocalipsis 16:13, cf. Éxodo 8:6), granizo devastador (Apocalipsis 16:21, cf. Éxodo 9:24). Egipto no fue un evento aislado sino un molde: el juicio final repetirá las señales del Éxodo porque el mismo Dios que sacó a su pueblo de la esclavitud es quien un día sacará a toda la creación del poder que la esclaviza.

Para la semana

Antes de pedir a Dios que ablande una situación difícil, pregúntate si tú mismo estás endurecido ante alguna palabra suya que ya has escuchado varias veces, como el faraón ante cada plaga. Elige esta semana una instrucción concreta de la Escritura que sueles posponer, y actúa sobre ella sin esperar una señal más.

Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.

Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo

Aliá 1 · Éxodo 6:2-13

6:2 Dios habló con Moisés y le dijo: “Yo soy Yehová. 6:3 Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso, pero no me di a conocer a ellos por mi nombre: Yehová. 6:4 También establecí mi pacto con ellos, prometiendo darles la tierra de Canaán, la tierra donde vivieron como extranjeros. 6:5 Además, he escuchado los gemidos de los hijos de Israel, a quienes los egipcios tienen esclavizados, y me he acordado de mi pacto. 6:6 Por lo tanto, diles a los hijos de Israel: ‘Yo soy Yehová. Los sacaré de los duros trabajos de Egipto, los liberaré de su esclavitud y los rescataré con gran poder y con fuertes castigos. 6:7 Los tomaré como mi propio pueblo y yo seré su Dios. Entonces sabrán que yo soy Yehová, su Dios, el que los saca de los duros trabajos de Egipto. 6:8 Los llevaré a la tierra que juré darles a Abraham, a Isaac y a Jacob, y se la daré como herencia. Yo soy Yehová’”. 6:9 Moisés les comunicó todo esto a los hijos de Israel, pero ellos no le hicieron caso, porque estaban muy desanimados por culpa de la cruel esclavitud. 6:10 Entonces Yehová le dijo a Moisés: 6:11 “Ve y dile al faraón, rey de Egipto, que deje salir de su país a los hijos de Israel.” 6:12 Pero Moisés le contestó a Yehová: “Si los hijos de Israel no me hacen caso, ¿cómo me va a escuchar el faraón, si soy tan torpe para hablar?” 6:13 Sin embargo, Yehová les habló a Moisés y a Aarón, y les dio órdenes estrictas para los hijos de Israel y para el faraón, rey de Egipto, con el fin de sacar a los israelitas del país.

Aliá 2 · Éxodo 6:14-28

6:14 Estos son los jefes de las familias patriarcales. Los hijos de Rubén, el primogénito de Israel, fueron: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmí. Estas son las familias de Rubén. 6:15 Los hijos de Simeón fueron: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zóhar y Saúl, hijo de una mujer cananea. Estas son las familias de Simeón. 6:16 Estos son los nombres de los hijos de Leví, según sus descendientes: Gersón, Coat y Merari. Leví vivió ciento treinta y siete años. 6:17 Los hijos de Gersón fueron: Libní y Simeí, con sus respectivas familias. 6:18 Los hijos de Coat fueron: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. Coat vivió ciento treinta y tres años. 6:19 Los hijos de Merari fueron: Mahlí y Musí. Estas son las familias de los levitas, según sus descendientes. 6:20 Amram se casó con su tía Jocabed, y ella dio a luz a Aarón y a Moisés. Amram vivió ciento treinta y siete años. 6:21 Los hijos de Izhar fueron: Coré, Néfeg y Zicrí. 6:22 Los hijos de Uziel fueron: Misael, Elzafán y Sitrí. 6:23 Aarón se casó con Eliseba, hija de Aminadab y hermana de Naasón, y ella dio a luz a Nadab, a Abiú, a Eleazar y a Itamar. 6:24 Los hijos de Coré fueron: Asir, Elcaná y Abiasaf. Estas son las familias de los coreítas. 6:25 Eleazar, hijo de Aarón, se casó con una de las hijas de Putiel, y ella dio a luz a Finees. Estos son los jefes de las familias patriarcales de los levitas. 6:26 Estos son los mismos Aarón y Moisés a quienes Yehová les ordenó: “Saquen de Egipto a los hijos de Israel, ordenados por escuadrones.” 6:27 Ellos fueron los que hablaron con el faraón, rey de Egipto, para sacar de allí a los israelitas. Fueron Moisés y Aarón. 6:28 El día que Yehová le habló a Moisés en Egipto,

Aliá 3 · Éxodo 6:29–7:7

6:29 le dijo: “Yo soy Yehová. Dile al faraón, rey de Egipto, todo lo que yo te diga”. 6:30 Pero Moisés le respondió a Yehová: “Mira, a mí me cuesta mucho expresarme, ¿cómo me va a hacer caso el faraón?” 7:1 Yehová le dijo a Moisés: “Mira, te voy a hacer como un Dios ante el faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. 7:2 Tú le dirás a Aarón todo lo que yo te ordene, y él le hablará al faraón para que deje salir de su país a los hijos de Israel. 7:3 Pero yo voy a hacer que el faraón se ponga terco, para multiplicar mis señales y maravillas en Egipto. 7:4 El faraón no les va a hacer caso; entonces descargaré mi poder sobre Egipto y, mediante grandes castigos, sacaré de allí a mis escuadrones, a mi pueblo, los hijos de Israel. 7:5 Y cuando yo extienda mi mano contra Egipto y saque de allí a los israelitas, los egipcios sabrán que yo soy Yehová.” 7:6 Moisés y Aarón hicieron todo exactamente como Yehová se lo había ordenado. 7:7 Moisés tenía ochenta años y Aarón ochenta y tres cuando hablaron con el faraón.

Aliá 4 · Éxodo 7:8–8:6

7:8 Yehová les dijo a Moisés y a Aarón: 7:9 “Cuando el faraón les pida que hagan un milagro, tú le dirás a Aarón: ‘Toma tu vara y tírala al piso delante del faraón’, y la vara se convertirá en una serpiente”. 7:10 Moisés y Aarón se presentaron ante el faraón e hicieron lo que Yehová les había ordenado. Aarón tiró su vara delante del faraón y de sus funcionarios, y la vara se convirtió en una serpiente. 7:11 Pero el faraón mandó llamar a sus sabios y hechiceros; y los magos de Egipto hicieron lo mismo con sus trucos de magia. 7:12 Cada uno de ellos tiró su vara, y estas se convirtieron en serpientes; pero la vara de Aarón se tragó a las de ellos. 7:13 A pesar de esto, el faraón se puso terco y no les hizo caso, tal como Yehová lo había advertido. 7:14 Entonces Yehová le dijo a Moisés: “El faraón está terco de corazón y se niega a dejar ir al pueblo. 7:15 Búscalo por la mañana, cuando él baje al río. Espéralo en la orilla y lleva contigo la vara que se convirtió en serpiente. 7:16 Y dile: ‘Yehová, el Dios de los hebreos, me ha enviado para decirte: Deja ir a mi pueblo para que me adore en el desierto. Pero como hasta ahora no has querido obedecer, 7:17 Yehová dice: Con esto sabrás que yo soy Yehová. Mira, voy a golpear el agua del río con la vara que tengo en la mano, y el agua se convertirá en sangre. 7:18 Los peces del río morirán, el río apestará, y a los egipcios les dará asco beber de su agua’”. 7:19 Yehová también le dijo a Moisés: “Dile a Aarón: ‘Toma tu vara y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, canales, lagunas y todos sus depósitos de agua, para que se conviertan en sangre. Habrá sangre por todo Egipto, ¡incluso en los recipientes de madera y de piedra!’” 7:20 Moisés y Aarón hicieron exactamente lo que Yehová les mandó. A la vista del faraón y de sus funcionarios, Aarón levantó la vara, golpeó el agua del río, ¡y toda el agua se convirtió en sangre! 7:21 Los peces del río murieron y el río apestaba tanto que los egipcios no podían beber de él. Había sangre por todo el país de Egipto. 7:22 Pero los magos egipcios hicieron lo mismo con sus trucos de magia. Así que el faraón siguió terco y no les hizo caso a Moisés y Aarón, tal como Yehová había dicho. 7:23 El faraón dio media vuelta, regresó a su palacio y no le dio ninguna importancia al asunto. 7:24 Mientras tanto, como los egipcios no podían beber agua del río, tuvieron que cavar pozos a las orillas para conseguir agua. 7:25 Pasaron siete días completos desde que Yehová golpeó el río. 8:1 Yehová le dijo a Moisés: “Ve a ver al faraón y dile: ‘Así dice Yehová: Deja ir a mi pueblo para que me adore. 8:2 Si te niegas a dejarlos ir, voy a plagar de ranas todo tu territorio. 8:3 El río se va a llenar de ranas; saldrán del agua y se meterán a tu palacio, a tu recámara, a tu cama, a las casas de tus funcionarios y a las de tu pueblo. ¡Se meterán hasta en tus hornos y en donde amasas el pan! 8:4 Las ranas se treparán sobre ti, sobre tu pueblo y sobre todos tus funcionarios’”. 8:5 Yehová le añadió a Moisés: “Dile a Aarón: ‘Extiende la mano con tu vara sobre los ríos, canales y lagunas, y haz que salgan ranas por todo Egipto’”. 8:6 Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y las ranas salieron y cubrieron todo el país.

Aliá 5 · Éxodo 8:7-18

8:7 Pero los magos hicieron lo mismo con sus trucos de magia, y también hicieron que salieran ranas sobre Egipto. 8:8 Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: “Rueguen a Yehová que nos quite las ranas a mí y a mi pueblo, y dejaré ir al pueblo para que le ofrezca sacrificios a Yehová.” 8:9 Moisés le contestó al faraón: “Te doy el honor de elegir cuándo quieres que ore por ti, por tus funcionarios y por tu pueblo, para que las ranas desaparezcan de sus casas y solo queden en el río.” 8:10 “Mañana mismo”, respondió el faraón. Moisés le dijo: “Se hará como tú dices, para que sepas que no hay nadie como Yehová, nuestro Dios. 8:11 Las ranas se irán de tu presencia, de tus casas, de tus funcionarios y de tu pueblo. Solamente quedarán en el río”. 8:12 Moisés y Aarón salieron de la presencia del faraón, y Moisés le rogó a Yehová que quitara las ranas que había mandado contra el faraón. 8:13 Yehová hizo lo que Moisés le pidió, y las ranas se murieron en las casas, en los patios y en los campos. 8:14 Las juntaron e hicieron grandes montones con ellas, y todo el país apestaba. 8:15 Pero cuando el faraón vio que la situación había mejorado, volvió a ponerse terco y no les hizo caso, tal como Yehová lo había advertido. 8:16 Yehová le dijo a Moisés: “Dile a Aarón: ‘Extiende tu vara y golpea el polvo del piso, para que se convierta en piojos por todo Egipto’”. 8:17 Así lo hicieron. Aarón extendió la mano, golpeó el polvo del piso con su vara, ¡y todo el polvo de Egipto se convirtió en piojos que atacaron a la gente y a los animales! 8:18 Los magos intentaron producir piojos con sus trucos de magia, pero esta vez no pudieron. Y los piojos seguían atacando a la gente y a los animales.

Aliá 6 · Éxodo 8:19–9:16

8:19 Entonces los magos le dijeron al faraón: “¡Este es el dedo de Dios!” Pero el faraón siguió terco y no los escuchó, tal como Yehová lo había dicho. 8:20 Yehová le dijo a Moisés: “Levántate muy temprano y espéralo. Cuando el faraón baje al agua, dile: ‘Así dice Yehová: Deja ir a mi pueblo para que me adore. 8:21 Porque si no los dejas ir, voy a mandar enjambres de moscas sobre ti, sobre tus funcionarios, sobre tu pueblo y sobre tus casas. Las casas de los egipcios se van a llenar de moscas, y hasta el suelo donde pisan estará cubierto de ellas. 8:22 Pero ese día haré una excepción con la región de Gosén, donde vive mi pueblo; allí no habrá ninguna mosca, para que sepas que yo, Yehová, estoy presente en esta tierra. 8:23 Haré una clara diferencia entre mi pueblo y el tuyo. Esta señal ocurrirá mañana’”. 8:24 Y así lo hizo Yehová. Llegaron densos enjambres de moscas al palacio del faraón y a las casas de sus funcionarios. ¡Todo el país de Egipto quedó arruinado por culpa de las moscas! 8:25 Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: “Vayan a ofrecerle sacrificios a su Dios, ¡pero aquí mismo en el país!” 8:26 Moisés le respondió: “Eso no está bien, porque los sacrificios que le ofrecemos a Yehová, nuestro Dios, resultan ofensivos para los egipcios. Si hacemos esos sacrificios delante de ellos, ¿acaso no nos agarrarán a pedradas? 8:27 Tenemos que ir a tres días de camino por el desierto para ofrecerle sacrificios a Yehová, nuestro Dios, tal como él nos lo ordene.” 8:28 El faraón cedió: “Los dejaré ir para que le ofrezcan sacrificios a Yehová, su Dios, en el desierto, siempre y cuando no se vayan muy lejos. Y rueguen por mí”. 8:29 Moisés le dijo: “En cuanto salga de aquí, voy a orar a Yehová para que mañana mismo las moscas se alejen del faraón, de sus funcionarios y de su pueblo. Pero no vuelvas a engañarnos negándote a dejar ir al pueblo a ofrecerle sacrificios a Yehová.” 8:30 Moisés salió de la presencia del faraón y oró a Yehová. 8:31 Yehová hizo lo que Moisés le pidió, y apartó los enjambres de moscas del faraón, de sus funcionarios y de su pueblo. ¡No quedó ni una sola mosca! 8:32 Pero una vez más, el faraón se puso terco y tampoco esta vez dejó ir al pueblo. 9:1 Entonces Yehová le dijo a Moisés: “Ve a ver al faraón y dile: ‘Esto es lo que dice Yehová, el Dios de los hebreos: Deja ir a mi pueblo para que me adore. 9:2 Porque si te niegas a dejarlos ir y los sigues reteniendo, 9:3 ten por seguro que la mano de Yehová caerá sobre tu ganado que está en el campo, sobre los caballos, sobre los burros, sobre los camellos, sobre las vacas y sobre las ovejas, con una plaga muy grave. 9:4 Pero Yehová hará una distinción entre el ganado de Israel y el de Egipto, de modo que no morirá ningún animal que pertenezca a los hijos de Israel’”. 9:5 Yehová fijó la fecha, diciendo: “Mañana mismo Yehová hará esto en el país”. 9:6 Y Yehová lo cumplió al día siguiente; todo el ganado de Egipto murió, pero del ganado de los hijos de Israel no murió ni un solo animal. 9:7 El faraón mandó a investigar, y resultó que no había muerto ni un solo animal de los israelitas. A pesar de esto, el faraón se puso terco y no dejó ir al pueblo. 9:8 Yehová les dijo a Moisés y a Aarón: “Tomen puñados de ceniza de un horno y que Moisés la arroje al aire delante del faraón. 9:9 Esa ceniza se convertirá en un polvo fino que cubrirá todo Egipto, y producirá llagas y úlceras en la piel de la gente y de los animales por todo el país.” 9:10 Ellos tomaron ceniza del horno y se pararon frente al faraón; Moisés la arrojó al aire, y salieron llagas y úlceras en la piel tanto de las personas como de los animales. 9:11 Los magos ni siquiera pudieron presentarse delante de Moisés debido a las úlceras, porque las úlceras afectaron a los magos y a todos los egipcios. 9:12 Pero Yehová hizo que el faraón se pusiera terco y no les hizo caso, tal como Yehová se lo había advertido a Moisés. 9:13 Yehová le dijo a Moisés: “Levántate muy temprano, preséntate ante el faraón y dile: ‘Así dice Yehová, el Dios de los hebreos: Deja ir a mi pueblo para que me adore. 9:14 Porque esta vez voy a enviar todas mis plagas contra ti mismo, contra tus funcionarios y contra tu pueblo, para que sepas que en toda la tierra no hay nadie como yo. 9:15 Si yo hubiera extendido mi mano y los hubiera castigado con enfermedades a ti y a tu pueblo, ya habrías desaparecido del mapa; 9:16 pero en realidad, te he dejado con vida para mostrarte mi poder y para que mi nombre sea famoso en toda la tierra,

Aliá 7 · Éxodo 9:17-35

9:17 ya que todavía te crees superior a mi pueblo y no lo dejas ir. 9:18 Por eso, mañana a esta hora voy a mandar la peor tormenta de granizo que haya caído en Egipto desde que el país fue fundado. 9:19 Así que manda a refugiar tu ganado y todo lo que tengas en el campo. El granizo caerá sobre cualquier persona o animal que se quede afuera y no sea llevado a un lugar seguro, y morirán’”. 9:20 Los funcionarios del faraón que le tuvieron miedo a la advertencia de Yehová metieron de prisa a sus esclavos y a sus animales en las casas. 9:21 Pero los que no le dieron importancia a la advertencia de Yehová, dejaron a sus esclavos y a sus animales en el campo. 9:22 Yehová le dijo a Moisés: “Levanta la mano hacia el cielo para que caiga granizo en todo Egipto, sobre la gente, sobre los animales y sobre todas las plantas del campo en todo el país.” 9:23 Moisés levantó su vara hacia el cielo, y Yehová mandó truenos y granizo, y cayeron rayos sobre la tierra. Yehová hizo que lloviera granizo sobre Egipto. 9:24 Fue una tormenta de granizo terrible, con rayos que caían sin parar, algo que jamás se había visto en Egipto desde que se formó como nación. 9:25 En todo Egipto, el granizo destruyó todo lo que estaba a la intemperie, tanto personas como animales. El granizo también hizo pedazos todas las plantas y destrozó todos los árboles del campo. 9:26 El único lugar donde no cayó granizo fue en la región de Gosén, donde vivían los israelitas. 9:27 Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: “Esta vez reconozco que he pecado. Yehová tiene la razón, y mi pueblo y yo somos los culpables. 9:28 Ruéguenle a Yehová por nosotros, porque ya no aguantamos más estos truenos y este granizo. Los dejaré ir, ya no tendrán que quedarse más tiempo”. 9:29 Moisés le respondió: “En cuanto yo salga de la ciudad, levantaré mis manos para orarle a Yehová. Los truenos se detendrán y ya no caerá más granizo, para que sepas que la tierra le pertenece a Yehová. 9:30 Pero sé muy bien que tú y tus funcionarios todavía no le tienen respeto a Yehová Dios”. 9:31 Los cultivos de lino y de cebada quedaron arruinados, porque la cebada ya había espigado y el lino estaba floreciendo. 9:32 Pero el trigo y el centeno no sufrieron daños porque maduran más tarde. 9:33 Moisés salió de la ciudad, se alejó del faraón y levantó sus manos hacia Yehová. Al instante se calmaron los truenos y el granizo, y dejó de llover. 9:34 Pero cuando el faraón vio que la lluvia, el granizo y los truenos se habían detenido, volvió a pecar; él y sus funcionarios se pusieron tercos otra vez. 9:35 Y con el corazón endurecido, el faraón no dejó ir a los israelitas, tal como Yehová lo había advertido por medio de Moisés.

Haftará (Profetas)

28:25 “‘Así dice el Señor Yehová: Cuando yo reúna a la casa de Israel de entre las naciones donde están dispersos, y manifieste mi santidad en ellos a la vista de las naciones, entonces vivirán en su propia tierra, la que le di a mi siervo Jacob. 28:26 Vivirán allí seguros. Sí, construirán casas, plantarán viñedos y vivirán tranquilos cuando yo haya ejecutado mis juicios sobre todos los vecinos que los desprecian. Entonces sabrán que yo soy Yehová, su Dios’”. 29:1 En el décimo año, el día doce del décimo mes, la palabra de Yehová vino a mí y me dijo: 29:2 “Hijo de hombre, pon tu rostro contra el faraón, rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto. 29:3 Habla y diles: ‘Así dice el Señor Yehová: “Miren, yo estoy contra ti, faraón rey de Egipto, gran monstruo marino que yace en medio de sus ríos, que ha dicho: ‘El río es mío, yo mismo lo hice’. 29:4 Pero pondré ganchos en tus mandíbulas, y haré que los peces de tus ríos se queden pegados a tus escamas. Te sacaré de en medio de tus ríos, con todos los peces de tus ríos pegados a tus escamas. 29:5 Te arrojaré al desierto, a ti y a todos los peces de tus ríos. Caerás en campo abierto; no serás recogido ni enterrado. Te he dado como alimento a las fieras de la tierra y a las aves del cielo. 29:6 “‘Y todos los habitantes de Egipto sabrán que yo soy Yehová, porque fueron un bastón de caña para la casa de Israel. 29:7 Cuando te agarraron con la mano, te quebraste y les desgarraste el hombro; y cuando se apoyaron en ti, te quebraste y les hiciste temblar la espalda”. 29:8 “‘Por eso, así dice el Señor Yehová: Mira que voy a traer una espada contra ti, y eliminaré de ti a hombres y animales. 29:9 La tierra de Egipto quedará desolada y en ruinas. Entonces sabrán que yo soy Yehová. “‘Por cuanto él dijo: El río es mío, y yo lo hice; 29:10 por eso, aquí estoy contra ti y contra tus ríos. Convertiré la tierra de Egipto en una ruina total y en un desierto, desde Migdol hasta Asuán, y hasta la frontera con Etiopía. 29:11 No pasará por ella pie de hombre, ni pie de animal, ni será habitada durante cuarenta años. 29:12 Haré que la tierra de Egipto sea una desolación en medio de los países devastados; y sus ciudades, entre las ciudades en ruinas, quedarán desoladas durante cuarenta años. Esparciré a los egipcios entre las naciones y los dispersaré por los países. 29:13 “‘Porque así dice el Señor Yehová: Al cabo de cuarenta años reuniré a los egipcios de entre los pueblos donde fueron dispersados. 29:14 Haré volver a los exiliados de Egipto y los llevaré de regreso a la tierra de Patros, a su tierra natal. Y allí serán un reino humilde. 29:15 Será el más insignificante de los reinos y ya no se alzará por encima de las naciones. Los reduciré de tal manera que no volverán a dominar a las naciones. 29:16 Egipto ya no será más el motivo de confianza para la casa de Israel, sino que les recordará su pecado por haberse vuelto a buscar su ayuda. Entonces sabrán que yo soy el Señor Yehová’”. 29:17 En el año veintisiete, el día primero del primer mes, la palabra de Yehová vino a mí y me dijo: 29:18 “Hijo de hombre, Nabucodonosor, rey de Babilonia, hizo que su ejército realizara un gran esfuerzo contra Tiro. Todas las cabezas quedaron calvas y todos los hombros se despellejaron; sin embargo, ni él ni su ejército recibieron de Tiro ninguna paga por el esfuerzo realizado contra ella. 29:19 Por eso, así dice el Señor Yehová: Miren, yo le entrego la tierra de Egipto a Nabucodonosor, rey de Babilonia. Él se llevará sus riquezas, saqueará sus despojos y tomará su botín; ese será el sueldo para su ejército. 29:20 Le he dado la tierra de Egipto como pago por su labor, porque trabajaron para mí, dice el Señor Yehová. 29:21 “En aquel día haré que renazca la fuerza de la casa de Israel, y a ti te daré libertad para hablar en medio de ellos. Entonces sabrán que yo soy Yehová”.

Brit Hadashah (Pacto Renovado)

9:14 ¿Qué diremos entonces? ¿Hay injusticia con Dios? ¡Que nunca la haya! 9:15 Porque dijo a Moisés: “Tendré misericordia del que tenga misericordia, y me compadeceré del que me compadezca”. 9:16 Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 9:17 Porque la Escritura dice al Faraón: “Para esto mismo te hice levantar, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea proclamado en toda la tierra.” 9:18 Así, pues, tiene misericordia de quien quiere, y endurece a quien quiere. 9:19 Me dirán entonces: “¿Por qué sigue encontrando fallos? Porque ¿quién resiste su voluntad?” 9:20 Pero en verdad, oh hombre, ¿quién eres tú para replicar contra Dios? ¿Acaso la cosa formada le preguntará a quien la formó: “Por qué me hiciste así”? 9:21 ¿O acaso el alfarero no tiene derecho sobre el barro, para hacer de la misma masa una parte para la honra y otra para la deshonra? 9:22 ¿Y si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia vasos de ira preparados para la destrucción, 9:23 y para dar a conocer las riquezas de su gloria en vasos de misericordia, que preparó de antemano para la gloria, 9:24 nosotros, a quienes también llamó, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles? 9:25 Como dice también en Oseas, “Los llamaré ‘mi pueblo’, que no era mi pueblo; y su “amado”, que no era amado”. 9:26 “Será que en el lugar donde se les dijo: ‘Ustedes no son mi pueblo’ allí serán llamados ‘hijos del Dios vivo’”. 9:27 Isaías clama por Israel, “Si el número de los hijos de Israel es como la arena del mar, es el remanente el que se salvará; 9:28 porque él terminará la obra y la cortará en justicia, porque el Señor hará una obra corta sobre la tierra”. 9:29 Como ya dijo Isaías, “A menos que el Señor de los Ejércitos nos haya dejado una semilla, nos habríamos vuelto como Sodoma, y se hubiera hecho como Gomorra”. 9:30 ¿Qué diremos entonces? Que los gentiles, que no seguían la justicia, alcanzaron la justicia, la justicia que es de la fe; 9:31 pero Israel, siguiendo una ley de justicia, no llegó a la ley de justicia. 9:32 ¿Por qué? Porque no la buscaron por la fe, sino como por las obras de la ley. Tropezaron con la piedra de tropiezo, 9:33 como está escrito, “He aquí que pongo en Sión una piedra de tropiezo y una roca de ofensa; y nadie que crea en él quedará decepcionado”.

16:1 Oí una fuerte voz que salía del templo y decía a los siete ángeles: “¡Vayan y derramen las siete copas de la ira de Dios sobre la tierra!” 16:2 El primero fue y derramó su copa en la tierra, y brotó una úlcera dañina y maligna para el pueblo que tenía la marca de la bestia y que adoraba su imagen. 16:3 El segundo ángel derramó su copa en el mar, y éste se convirtió en sangre como de un muerto. Todo ser vivo en el mar murió. 16:4 El tercero derramó su copa en los ríos y manantiales de agua, y se convirtieron en sangre. 16:5 Oí al ángel de las aguas decir: “Tú eres justo, que eres y que eras, oh Santo, porque has juzgado estas cosas. 16:6 Porque han derramado la sangre de los santos y de los profetas, y tú les has dado de beber sangre. Ellos merecen esto”. 16:7 Oí decir al altar: “Sí, Señor Dios, el Todopoderoso, verdaderos y justos son tus juicios”. 16:8 El cuarto derramó su copa sobre el sol, y le fue dado quemar a los hombres con fuego. 16:9 La gente se quemó con gran calor, y la gente blasfemó el nombre de Dios que tiene el poder sobre estas plagas. No se arrepintieron ni le dieron gloria. 16:10 El quinto derramó su copa sobre el trono de la bestia, y su reino se oscureció. Se mordieron la lengua a causa del dolor, 16:11 y blasfemaron del Dios del cielo a causa de sus dolores y de sus llagas. Todavía no se arrepintieron de sus obras. 16:12 El sexto derramó su copa sobre el gran río Éufrates. Sus aguas se secaron, para que se preparara el camino a los reyes que vienen del amanecer. 16:13 Vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos, semejantes a ranas; 16:14 porque son espíritus de demonios, que hacen señales, y que van a los reyes de toda la tierra habitada, para reunirlos para la guerra de aquel gran día del Dios Todopoderoso. 16:15 “He aquí que vengo como un ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda su ropa, para que no ande desnudo y vean su vergüenza.” 16:16 Los reunió en el lugar que en hebreo se llama “Harmagedón”. 16:17 El séptimo derramó su copa en el aire. Una fuerte voz salió del templo del cielo, del trono, diciendo: “¡Está hecho!” 16:18 Hubo relámpagos, estruendos y truenos, y se produjo un gran terremoto como no se había producido desde que hay hombres en la tierra: un terremoto tan grande y tan poderoso. 16:19 La gran ciudad se dividió en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron. La gran Babilonia fue recordada ante los ojos de Dios, para darle la copa del vino del furor de su ira. 16:20 Todas las islas huyeron, y los montes no se encontraron. 16:21 Grandes piedras de granizo, del peso de un talento, cayeron del cielo sobre la gente. La gente blasfemaba contra Dios a causa de la plaga del granizo, pues esta plaga era sumamente grave.