Devocional mesiánico
Shemot
שְׁמוֹת
Shabat · 2 de enero de 2027
Torá: Éxodo 1:1–6:1 · Haftará: Isaías 27:6–28:13; Isaías 29:22-23 · Brit Hadashah: Hechos 7:17-35; Marcos 12:18-27
Escucha la porción
Aliá 1
✦ La porción esta semana
Resumen de la porción
Israel se multiplica en Egipto hasta que un nuevo faraón, que "no conocía a José" (Éxodo 1:8), los esclaviza con dureza. En medio de la opresión nace Moisés, es salvado de las aguas por la hija del faraón, huye a Madián después de matar a un egipcio, y allí Dios se le revela en la zarza que arde sin consumirse. Dios le declara su nombre —Yo Soy el que Soy— y lo envía a liberar a su pueblo, aunque el faraón responde a la primera confrontación endureciendo aún más el yugo.
El hilo de la parashá
La parashá se llama Shemot, "nombres", y sin embargo comienza narrando cómo Israel se convierte en un pueblo sin nombre para el poder que lo gobierna: "se levantó un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía a José" (Éxodo 1:8). Ese olvido es la semilla de la esclavitud. Frente a ese olvido, el texto insiste en nombrar: Sifra y Fúa, las parteras que temieron a Dios antes que al faraón; Moisés, "porque lo saqué del agua" (Éxodo 2:10); y finalmente Dios mismo, que no responde con un título abstracto sino con un nombre propio: "YO SOY EL QUE SOY" (Éxodo 3:14).
El hilo que atraviesa las aliyot es este: Dios ve, oye y recuerda lo que los poderes humanos prefieren ignorar. "Dios escuchó sus gemidos y se acordó de su pacto" (Éxodo 2:24); "He visto el sufrimiento de mi pueblo... He escuchado sus gritos... conozco muy bien sus dolores" (Éxodo 3:7). La liberación no nace de la estrategia humana —Moisés mismo intenta liberar a su hermano con violencia y fracasa (Éxodo 2:11-14)— sino de la iniciativa de un Dios que baja, que se hace presente en fuego que no consume, y que envía a alguien débil de palabra precisamente para mostrar que la fuerza no está en el mensajero sino en el que lo envía.
La haftará
Isaías retoma la misma tensión: un pueblo disperso entre Egipto y Asiria que será "reunido uno por uno" (Isaías 27:12) cuando suene "una gran trompeta" (Isaías 27:13), el mismo Dios que sacó a Israel de Egipto. Pero el profeta no permite la nostalgia fácil: denuncia a los líderes de Efraín tambaleándose por el vino, incapaces de discernir la palabra de Dios (Isaías 28:7-8), tal como el faraón fue incapaz de reconocer a Yehová: "Yo no conozco a Yehová" (Éxodo 5:2). Y cierra con la misma promesa que sostiene a Moisés en la zarza: "Jacob ya no será avergonzado" (Isaías 29:22), porque el Dios que rescató a Abraham es el mismo que actúa en cada generación.
El Mesías en la porción
Hechos 7 narra la historia de Moisés como figura del rechazado: sus propios hermanos le dijeron "¿Quién te nombró jefe y juez?" (Hechos 7:27), y sin embargo "a este mismo Moisés... fue a quien Dios envió como gobernante y libertador" (Hechos 7:35). El libertador es primero desconocido y desestimado por los suyos antes de ser reconocido en su misión. Marcos ancla esto en la misma zarza: cuando Yeshúa responde a los saduceos citando "el libro de Moisés sobre la Zarza" (Marcos 12:26), afirma que el Dios que se reveló allí "no es el Dios de los muertos, sino de los vivos" (Marcos 12:27) — el mismo Dios que vio la aflicción de su pueblo sigue vivo para verla ahora, y su nombre eterno sostiene tanto la liberación de Egipto como la resurrección de los muertos.
Para la semana
Practica esta semana el ejercicio de nombrar: ora citando por nombre a alguien cuyo sufrimiento otros prefieren no ver, tal como Dios nombró a Sifra, a Fúa y a Moisés antes de nombrarse a sí mismo. No pidas ver resultados inmediatos; el faraón endureció el yugo antes de soltarlo, y la fe consiste en seguir clamando aun cuando el alivio no es visible todavía.
Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.
✦ Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo
Aliá 1 · Éxodo 1:1-17
1:1 Estos son los nombres de los hijos de Israel que llegaron a Egipto (cada hombre y su familia llegaron con Jacob): 1:2 Rubén, Simeón, Leví y Judá, 1:3 Isacar, Zabulón y Benjamín, 1:4 Dan y Neftalí, Gad y Aser. 1:5 Todas las personas que descendieron de Jacob fueron setenta en total, y José ya estaba en Egipto. 1:6 José murió, al igual que todos sus hermanos y toda aquella generación. 1:7 Los hijos de Israel fructificaron, se multiplicaron y se hicieron muy poderosos, y la tierra se llenó de ellos. 1:8 Se levantó un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía a José. 1:9 Le dijo a su pueblo: “Miren, el pueblo de los hijos de Israel es cada vez más poderoso que nosotros. 1:10 Vengan, seamos astutos con ellos, no sea que se multipliquen, y suceda que cuando estalle alguna guerra, ellos también se unan a nuestros enemigos, luchen contra nosotros y escapen del país.” 1:11 Por lo tanto, les pusieron capataces para que los oprimieran con trabajos pesados. Construyeron ciudades de almacenamiento para el faraón: Pitón y Ramsés. 1:12 Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y más se extendían. Los egipcios comenzaron a temer a los hijos de Israel, 1:13 y los hicieron trabajar sin piedad. 1:14 Les amargaron la vida con un duro servicio haciendo barro y ladrillos, y con todo tipo de trabajo en el campo; en todos sus trabajos los hacían servir con crueldad. 1:15 El rey de Egipto habló con las parteras hebreas, de las cuales una se llamaba Sifra y la otra Fúa, 1:16 y les dijo: “Cuando atiendan los partos de las mujeres hebreas y las vean en la silla de dar a luz, si es un niño, lo matarán; pero si es una niña, la dejarán vivir.” 1:17 Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron lo que el rey de Egipto les ordenó, sino que dejaron vivir a los niños.
Aliá 2 · Éxodo 1:18–2:10
1:18 El rey de Egipto llamó a las parteras y les dijo: “¿Por qué han hecho esto y han dejado vivir a los niños?” 1:19 Las parteras le dijeron al faraón: “Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias; son vigorosas y dan a luz antes de que la partera llegue a atenderlas.” 1:20 Dios trató bien a las parteras, y el pueblo se multiplicó y se hizo muy fuerte. 1:21 Como las parteras temieron a Dios, él les concedió tener sus propias familias. 1:22 Entonces el faraón le ordenó a todo su pueblo: “Echarán al río a todo niño hebreo que nazca, pero a toda niña la dejarán vivir.” 2:1 Un hombre de la tribu de Leví fue y se casó con una mujer de su misma tribu. 2:2 La mujer quedó embarazada y dio a luz un hijo. Al ver que era un niño hermoso, lo escondió durante tres meses. 2:3 Cuando ya no pudo esconderlo más, tomó una canasta de papiro para él y la recubrió con asfalto y brea. Puso al niño adentro y dejó la canasta entre los juncos a la orilla del río. 2:4 La hermana del niño se quedó a lo lejos para ver qué pasaba con él. 2:5 La hija del faraón bajó a bañarse al río, mientras sus doncellas caminaban por la orilla. Al ver la canasta entre los juncos, mandó a su sirvienta a buscarla. 2:6 La abrió y vio al niño, y resulta que el pequeño estaba llorando. Se compadeció de él y dijo: “Este es uno de los niños hebreos”. 2:7 Entonces la hermana del niño le dijo a la hija del faraón: “¿Quiere que vaya a llamar a una nodriza hebrea para que le amamante al niño?” 2:8 La hija del faraón le contestó: “Ve”. La joven fue y llamó a la madre del niño. 2:9 La hija del faraón le dijo: “Llévate a este niño y críalo por mí, y yo te pagaré por tu trabajo”. La mujer tomó al niño y lo amamantó. 2:10 Cuando el niño creció, se lo llevó a la hija del faraón, y él se convirtió en su hijo. Ella le puso por nombre Moisés, y dijo: “Porque lo saqué del agua”.
Aliá 3 · Éxodo 2:11-25
2:11 En aquellos días, cuando Moisés ya era adulto, salió a ver a su propia gente y vio sus duros trabajos. Vio que un egipcio estaba golpeando a un hebreo, uno de los suyos. 2:12 Miró a un lado y a otro, y al ver que no había nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. 2:13 Al día siguiente salió de nuevo, y vio a dos hebreos que estaban peleando. Le dijo al que tenía la culpa: “¿Por qué golpeas a tu compañero?”. 2:14 El hombre le respondió: “¿Quién te puso como jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso piensas matarme, como mataste al egipcio?” Moisés tuvo miedo y pensó: “Seguramente ya se sabe lo que hice”. 2:15 Cuando el faraón se enteró de esto, intentó matar a Moisés. Pero Moisés huyó del faraón y se fue a vivir a la región de Madián, y se sentó junto a un pozo. 2:16 El sacerdote de Madián tenía siete hijas. Ellas fueron a sacar agua y llenaron los bebederos para darle agua al rebaño de su padre. 2:17 En eso llegaron unos pastores y las echaron de allí; pero Moisés se levantó, las defendió y le dio agua a su rebaño. 2:18 Cuando ellas regresaron a donde estaba Reuel, su padre, él les preguntó: “¿Cómo es que hoy regresaron tan temprano?” 2:19 Ellas respondieron: “Un egipcio nos defendió de los pastores; además, nos sacó agua y le dio de beber al rebaño.” 2:20 Él les dijo a sus hijas: “¿Y dónde está? ¿Por qué dejaron a ese hombre allá? Llámenlo para que venga a comer con nosotros”. 2:21 Moisés aceptó quedarse a vivir con aquel hombre, y él le dio por esposa a su hija Séfora. 2:22 Ella dio a luz un hijo, y Moisés le puso por nombre Gersón, porque dijo: “He sido un extranjero en tierra extraña”. 2:23 Pasó mucho tiempo y el rey de Egipto murió. Los hijos de Israel gemían a causa de su esclavitud y clamaban pidiendo ayuda, y sus gritos llegaron hasta Dios. 2:24 Dios escuchó sus gemidos y se acordó de su pacto con Abraham, con Isaac y con Jacob. 2:25 Dios miró a los hijos de Israel y comprendió su situación.
Aliá 4 · Éxodo 3:1-15
3:1 Moisés cuidaba las ovejas de su suegro Jetro, el sacerdote de Madián. Un día llevó el rebaño más allá del desierto y llegó a Horeb, el monte de Dios. 3:2 Allí se le apareció el ángel de Yehová en una llama de fuego en medio de una zarza. Moisés miró y vio que la zarza ardía en llamas, pero no se consumía. 3:3 Entonces Moisés pensó: “Voy a acercarme para ver esta maravilla y descubrir por qué la zarza no se quema”. 3:4 Cuando Yehová vio que Moisés se acercaba para mirar, Dios lo llamó desde la zarza: “¡Moisés! ¡Moisés!” Y él respondió: “Aquí estoy”. 3:5 Dios le dijo: “No te acerques más. Quítate las sandalias, porque el lugar donde estás parado es tierra santa”. 3:6 Y añadió: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de mirar a Dios. 3:7 Yehová le dijo: “He visto el sufrimiento de mi pueblo en Egipto. He escuchado sus gritos de angustia por culpa de sus capataces, y conozco muy bien sus dolores. 3:8 He bajado para rescatarlos del poder de los egipcios y para sacarlos de ese país, a fin de llevarlos a una tierra buena y espaciosa, una tierra donde abundan la leche y la miel; es la tierra donde viven los cananeos, los hititas, los amorreos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos. 3:9 El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí, y también he visto cómo los oprimen los egipcios. 3:10 Así que prepárate, porque te voy a enviar al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel”. 3:11 Pero Moisés le dijo a Dios: “¿Y quién soy yo para presentarme ante el faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?” 3:12 Dios le contestó: “Yo estaré contigo. Y esta será la señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, ustedes adorarán a Dios en este mismo monte.” 3:13 Moisés le dijo a Dios: “Supongamos que me presento ante los hijos de Israel y les digo: El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes. Si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les voy a responder?” 3:14 Dios le contestó a Moisés: “YO SOY EL QUE SOY”. Y agregó: “A los hijos de Israel les dirás esto: YO SOY me ha enviado a ustedes”. 3:15 Dios también le dijo a Moisés: “Diles a los hijos de Israel: Yehová, el Dios de sus antepasados, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes. Este es mi nombre para siempre; con este nombre seré recordado por todas las generaciones.
Aliá 5 · Éxodo 3:16–4:17
3:16 Ve y reúne a los líderes de Israel, y diles: Yehová, el Dios de sus antepasados, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me ha aparecido y me ha dicho: Ciertamente he venido a verlos y he visto lo que les están haciendo en Egipto. 3:17 Y he decidido sacarlos de la opresión de Egipto para llevarlos a la tierra de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los ferezeos, de los heveos y de los jebuseos, a una tierra donde abundan la leche y la miel. 3:18 Los líderes escucharán tu voz. Luego tú y los líderes de Israel se presentarán ante el rey de Egipto y le dirán: Yehová, el Dios de los hebreos, ha venido a nuestro encuentro. Ahora, por favor, déjanos hacer un viaje de tres días hacia el desierto, para ofrecerle sacrificios a Yehová, nuestro Dios. 3:19 Yo sé muy bien que el rey de Egipto no los dejará ir, a menos que una mano poderosa lo obligue. 3:20 Por eso, extenderé mi mano y castigaré a Egipto con todas las maravillas que haré en ese país, y después de eso el rey los dejará ir. 3:21 Yo haré que los egipcios vean con buenos ojos a este pueblo, de modo que cuando ustedes se vayan, no se irán con las manos vacías. 3:22 Cada mujer les pedirá a sus vecinas y a las mujeres que vivan en su casa, objetos de plata y de oro, y ropa. Todo eso se lo pondrán a sus hijos y a sus hijas. Así despojarán a los egipcios”. 4:1 Moisés respondió: “¿Y qué pasa si no me creen ni me hacen caso, y me dicen: Yehová no se te ha aparecido?” 4:2 Yehová le preguntó: “¿Qué tienes en la mano?” Él respondió: “Una vara”. 4:3 Dios le dijo: “Tírala al suelo”. Moisés la tiró al suelo, y la vara se convirtió en una serpiente; y Moisés se alejó de ella huyendo. 4:4 Pero Yehová le dijo: “Extiende la mano y agárrala por la cola”. Moisés extendió la mano, la agarró, y la serpiente volvió a ser una vara en su mano. 4:5 “Esto es para que crean que se te ha aparecido Yehová, el Dios de sus antepasados, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. 4:6 Luego Yehová le dijo: “Mete la mano dentro de tu ropa”. Moisés metió la mano dentro de su ropa, y cuando la sacó, su mano estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve. 4:7 Dios le ordenó: “Vuelve a meter la mano dentro de tu ropa”. Él la volvió a meter, y cuando la sacó, vio que estaba sana de nuevo, como el resto de su piel. 4:8 “Si no te creen ni te hacen caso con la primera señal, te creerán con la segunda. 4:9 Y si a pesar de estas dos señales no te creen ni te hacen caso, sacarás agua del río y la derramarás sobre la tierra seca. Esa agua del río se convertirá en sangre al tocar el suelo”. 4:10 Moisés le dijo a Yehová: “Ay, Señor, yo nunca he tenido facilidad de palabra, ni antes ni ahora que le hablas a tu siervo. Soy muy lento para hablar y me cuesta expresarme”. 4:11 Yehová le respondió: “¿Quién le dio la boca al ser humano? ¿Acaso no soy yo, Yehová, quien lo hace mudo o sordo, o quien le da la vista o lo hace ciego? 4:12 Así que ve, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que tienes que decir”. 4:13 Pero Moisés insistió: “Ay, Señor, te ruego que envíes a otra persona”. 4:14 Entonces Yehová se enojó con Moisés y le dijo: “¿Qué hay de tu hermano Aarón, el levita? Yo sé que él habla muy bien. Además, ya viene en camino a buscarte, y se alegrará mucho al verte. 4:15 Tú le hablarás y le pondrás las palabras en la boca. Yo estaré con ustedes cuando hablen, y les enseñaré lo que tienen que hacer. 4:16 Él hablará por ti ante el pueblo. Él será como tu boca, y tú serás para él como Dios. 4:17 Lleva en tu mano esta vara, porque con ella harás las señales”.
Aliá 6 · Éxodo 4:18-31
4:18 Moisés se fue y regresó a donde estaba su suegro Jetro, y le dijo: “Por favor, déjame volver a Egipto para ver si mis hermanos todavía están vivos.” Jetro le respondió: “Vete en paz”. 4:19 Yehová le había dicho a Moisés en Madián: “Regresa a Egipto, porque ya han muerto todos los que querían quitarte la vida”. 4:20 Moisés tomó a su esposa y a sus hijos, los montó en un burro y emprendió el regreso a Egipto. Moisés llevaba en la mano la vara de Dios. 4:21 Yehová le dijo a Moisés: “Cuando regreses a Egipto, asegúrate de hacer ante el faraón todos los milagros que te he dado el poder de realizar. Pero yo haré que él se ponga terco, y no dejará ir al pueblo. 4:22 Entonces le dirás al faraón: Así dice Yehová: Israel es mi hijo, mi primogénito, 4:23 y yo te he ordenado que dejes ir a mi hijo para que me adore. Pero como te has negado a dejarlo ir, voy a quitarle la vida a tu hijo primogénito”. 4:24 En el camino, en el lugar donde pasaban la noche, Yehová salió al encuentro de Moisés y quiso matarlo. 4:25 Entonces Séfora agarró un cuchillo de pedernal, le cortó el prepucio a su hijo y lo arrojó a los pies de Moisés, diciendo: “Eres para mí un esposo de sangre”. 4:26 Así que Dios lo dejó vivir. Ella le dijo “esposo de sangre” por causa de la circuncisión. 4:27 Yehová le dijo a Aarón: “Ve al desierto a encontrarte con Moisés”. Aarón fue, se encontró con él en el monte de Dios y lo besó. 4:28 Moisés le contó a Aarón todo lo que Yehová le había encargado decir, y le habló de todas las señales milagrosas que le había mandado hacer. 4:29 Moisés y Aarón se fueron y reunieron a todos los líderes de los hijos de Israel. 4:30 Aarón repitió todo lo que Yehová le había dicho a Moisés, y realizó las señales delante del pueblo. 4:31 El pueblo creyó, y al escuchar que Yehová había venido a ver a los hijos de Israel y que había visto su sufrimiento, se inclinaron y adoraron.
Aliá 7 · Éxodo 5:1–6:1
5:1 Después vinieron Moisés y Aarón y le dijeron al faraón: “Esto es lo que dice Yehová, el Dios de Israel: ‘Deja ir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto’”. 5:2 El faraón respondió: “¿Quién es Yehová, para que yo escuche su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Yehová, y tampoco voy a dejar ir a Israel”. 5:3 Ellos le dijeron: “El Dios de los hebreos ha venido a nuestro encuentro. Por favor, déjanos ir tres días de camino al desierto para ofrecerle sacrificios a Yehová, nuestro Dios, no sea que nos castigue con enfermedades o con la espada.” 5:4 El rey de Egipto les reclamó: “¿Por qué ustedes, Moisés y Aarón, distraen al pueblo de su trabajo? ¡Vuelvan a sus obligaciones!” 5:5 Y el faraón añadió: “Miren, ahora el pueblo es muy numeroso en la tierra, y ustedes hacen que dejen de trabajar”. 5:6 Ese mismo día el faraón les dio esta orden a los capataces del pueblo y a sus supervisores: 5:7 “Ya no le darán al pueblo paja para hacer ladrillos, como hacían antes. ¡Que vayan ellos mismos a juntar la paja! 5:8 Pero les exigirán la misma cantidad de ladrillos que hacían antes. No les rebajarán nada, porque son unos flojos. Por eso andan gritando: ‘Vamos a ofrecerle sacrificios a nuestro Dios’. 5:9 Auméntenles el trabajo pesado a estos hombres, para que se mantengan ocupados y no anden creyendo en mentiras”. 5:10 Los capataces y los supervisores salieron y le dijeron al pueblo: “Esto es lo que dice el faraón: ‘Ya no les voy a dar paja. 5:11 Vayan ustedes mismos y consigan paja donde puedan encontrarla, porque no se les va a rebajar nada de su trabajo’”. 5:12 Así que el pueblo se dispersó por todo Egipto para recoger rastrojos en lugar de paja. 5:13 Los capataces los presionaban diciendo: “¡Tienen que terminar su cuota de trabajo diaria, igual que cuando se les daba paja!” 5:14 Además, a los supervisores israelitas que los capataces del faraón habían puesto a cargo, los golpeaban y les reclamaban: “¿Por qué no cumplieron con su cuota de ladrillos ni ayer ni hoy, como lo hacían antes?” 5:15 Entonces los supervisores israelitas fueron a quejarse con el faraón: “¿Por qué tratas así a tus siervos? 5:16 No nos dan paja, y encima nos exigen: ‘¡Hagan ladrillos!’ Y mira, a tus siervos nos agarran a golpes, cuando la culpa es de tu propia gente.” 5:17 Pero el faraón les contestó: “¡Son unos flojos! ¡Eso es lo que son! Por eso andan diciendo: ‘Queremos ir a ofrecerle sacrificios a Yehová’. 5:18 ¡Así que vayan a trabajar ahora mismo! No se les va a dar paja, pero tendrán que entregar la misma cantidad de ladrillos.” 5:19 Los supervisores israelitas se dieron cuenta de que estaban en graves problemas cuando se les dijo: “¡No se les rebajará ni un solo ladrillo de su cuota diaria!” 5:20 Al salir de hablar con el faraón, se encontraron con Moisés y Aarón, que los estaban esperando en el camino. 5:21 Y les dijeron: “¡Que Yehová los vea y los juzgue! Ustedes nos han hecho quedar muy mal ante el faraón y sus funcionarios; ¡prácticamente les pusieron una espada en la mano para que nos maten!” 5:22 Moisés regresó a donde estaba Yehová y le dijo: “Señor, ¿por qué le has traído tantos problemas a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? 5:23 Porque desde que fui a hablar con el faraón en tu nombre, él no ha hecho más que maltratar a este pueblo, y tú no has hecho nada para rescatarlos”. 6:1 Yehová le respondió a Moisés: “Ahora vas a ver lo que le haré al faraón. Una mano poderosa lo obligará a dejarlos ir; es más, ¡esa misma mano poderosa hará que los eche de su país!”
✦ Haftará (Profetas)
27:6 En los días por venir, Jacob echará raíces; Israel florecerá y dará renuevos, y llenarán de frutos la faz del mundo. 27:7 ¿Acaso Yehová los ha golpeado como golpeó a los que los atacaban a ellos? ¿O los ha matado como mató a los que los asesinaban? 27:8 Al expulsarlos, tú los castigaste con medida; los eliminaste con tu viento fuerte en el día del viento del este. 27:9 Por eso, con esto se perdonará la maldad de Jacob, y este será el resultado de quitar su pecado: que él convierta todas las piedras del altar en trozos de tiza pulverizada, de modo que los postes de Asera y los altares de incienso no vuelvan a levantarse. 27:10 Porque la ciudad fortificada ha quedado sola, es una morada desierta y abandonada como el desierto; allí pastará el becerro, allí se echará y se comerá las ramas. 27:11 Cuando las ramas se marchiten, se quebrarán; vendrán mujeres y las usarán para el fuego, porque este es un pueblo que no entiende. Por eso, su Creador no les tendrá compasión, y el que los formó no les mostrará ningún favor. 27:12 En aquel día, Yehová trillará el grano desde la corriente del Éufrates hasta el arroyo de Egipto; y ustedes, hijos de Israel, serán reunidos uno por uno. 27:13 En aquel día, se tocará una gran trompeta; y vendrán los que estaban a punto de morir en la tierra de Asiria y los que estaban desterrados en Egipto, y adorarán a Yehová en el monte santo, en Jerusalén. 28:1 ¡Ay de la corona de orgullo de los borrachos de Efraín! ¡Ay de la flor marchita de su gloriosa belleza, que está sobre la cabeza del fértil valle de los que se dejan vencer por el vino! 28:2 Miren, el Señor tiene a uno que es poderoso y fuerte. Como una tormenta de granizo, como una tempestad destructora y como una inundación de aguas caudalosas, los arrojará a tierra con el poder de su mano. 28:3 La corona de orgullo de los borrachos de Efraín será pisoteada. 28:4 La flor marchita de su gloriosa belleza, situada en la cabecera del valle fértil, será como un higo maduro antes del verano: en cuanto alguien lo ve, lo arranca y se lo come. 28:5 En aquel día, Yehová de los Ejércitos se convertirá en una corona de gloria y en una diadema de hermosura para el resto de su pueblo. 28:6 Él será un espíritu de justicia para el que se sienta a juzgar, y dará fuerzas a los que rechazan el ataque enemigo a las puertas de la ciudad. 28:7 Pero también estos se tambalean por el vino y pierden el equilibrio por las bebidas fuertes. El sacerdote y el profeta se tambalean por el alcohol; el vino se los tragó. Están aturdidos por la bebida, se equivocan en sus visiones y tropiezan al dictar sentencia. 28:8 Todas las mesas están cubiertas de vómito y suciedad; no queda ni un solo lugar limpio. 28:9 ¿A quién quiere enseñar Dios? ¿A quiénes les explicará su mensaje? ¿A niños recién destetados que acaban de dejar el pecho? 28:10 Porque ellos dicen: “Regla tras regla, regla sobre regla; línea tras línea, línea sobre línea; un poquito aquí, otro poquito allá”. 28:11 Por eso, Dios hablará a este pueblo con labios tartamudos y en una lengua extraña. 28:12 A ellos les dijo: “Este es el lugar de descanso, den descanso al cansado; este es el lugar de alivio”; pero ustedes no quisieron escuchar. 28:13 Por lo tanto, la palabra de Yehová para ellos será: “Regla tras regla, regla sobre regla; línea tras línea, línea sobre línea; un poquito aquí, otro poquito allá”; para que cuando caminen, caigan de espaldas y acaben heridos, atrapados y prisioneros.
29:22 Por eso Yehová, el que rescató a Abraham, dice esto a la familia de Jacob: “Jacob ya no será avergonzado, ni su rostro volverá a palidecer. 29:23 Porque cuando vea a sus hijos, la obra de mis manos en medio de él, ellos santificarán mi nombre. Santificarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel.
✦ Brit Hadashah (Pacto Renovado)
7:17 “A medida que se acercaba el tiempo en que Dios cumpliría la promesa que le había hecho a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto. 7:18 Hasta que llegó al poder en Egipto un nuevo rey que no sabía nada de José. 7:19 Este rey actuó con astucia contra nuestro pueblo y maltrató a nuestros antepasados, obligándolos a abandonar a sus niños recién nacidos para que murieran. 7:20 En ese tiempo nació Moisés, un niño que fue agradable a los ojos de Dios. Lo criaron en la casa de su padre durante tres meses. 7:21 Cuando tuvieron que abandonarlo, la hija del faraón lo rescató y lo crió como a su propio hijo. 7:22 Moisés fue educado en toda la sabiduría de los egipcios, y era poderoso tanto en palabras como en hechos. 7:23 Cuando cumplió cuarenta años, sintió el deseo de ir a ver a sus hermanos, los israelitas. 7:24 Al ver que un egipcio maltrataba a uno de ellos, salió a defenderlo y lo vengó matando al egipcio. 7:25 Moisés pensaba que sus hermanos se darían cuenta de que Dios los iba a liberar por medio de él, pero no lo entendieron así. 7:26 “Al día siguiente, Moisés se encontró con dos israelitas que estaban peleando y trató de reconciliarlos, diciéndoles: ‘Amigos, ustedes son hermanos, ¿por qué se maltratan el uno al otro?’. 7:27 Pero el que estaba maltratando a su compañero empujó a Moisés y le dijo: ‘¿Quién te nombró nuestro jefe y juez? 7:28 ¿Acaso quieres matarme a mí como mataste ayer al egipcio?’. 7:29 Al oír esto, Moisés huyó y se fue a vivir como forastero a la tierra de Madián, donde tuvo dos hijos. 7:30 “Pasados cuarenta años, se le apareció un ángel en el desierto cercano al monte Sinaí, entre las llamas de una zarza que ardía. 7:31 Moisés se asombró al ver aquello. Al acercarse para mirar, escuchó la voz del Señor: 7:32 ‘Yo soy el Dios de tus antepasados, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob’. Moisés, temblando de miedo, no se atrevía a mirar. 7:33 Y el Señor le dijo: ‘Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás es tierra santa. 7:34 He visto muy bien el sufrimiento de mi pueblo en Egipto. He escuchado sus gemidos y he bajado para liberarlos. Así que ven, te voy a enviar a Egipto’. 7:35 “A este mismo Moisés, a quien habían rechazado diciéndole: ‘¿Quién te nombró jefe y juez?’, fue a quien Dios envió como gobernante y libertador, por medio del ángel que se le apareció en la zarza.
12:18 Algunos saduceos, que dicen que no hay resurrección, se acercaron a él. Le preguntaron, diciendo: 12:19 “Maestro, Moisés nos escribió: ‘Si el hermano de un hombre muere y deja esposa, y no deja hijos, que su hermano tome a su esposa y levante descendencia para su hermano’. 12:20 Había siete hermanos. El primero tomó una esposa, y al morir no dejó descendencia. 12:21 El segundo la tomó y murió sin dejar descendencia. El tercero hizo lo mismo; 12:22 y los siete la tomaron y no dejaron hijos. El último de todos murió también la mujer. 12:23 En la resurrección, cuando resuciten, ¿de quién será ella esposa? Porque los siete la tuvieron como esposa”. 12:24 Jesús les contestó: “¿No es porque están equivocados, al no conocer las Escrituras ni el poder de Dios? 12:25 Porque cuando resuciten de entre los muertos, ni se casan ni se dan en matrimonio, sino que son como ángeles en el cielo. 12:26 Pero sobre los muertos, que resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés sobre la Zarza, cómo Dios le habló diciendo: ‘Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob’? 12:27 No es el Dios de los muertos, sino de los vivos. Por tanto, están muy equivocados”.