Devocional mesiánico

Lej Lejá

לֶךְ־לְךָ

Shabat · 24 de octubre de 2026

Torá: Génesis 12:1–17:27 · Haftará: Isaías 40:27–41:16 · Brit Hadashah: Romanos 4:1-25

Escucha la porción

Aliá 1

La porción esta semana

Resumen de la porción

Dios llama a Abram a salir de Jarán hacia una tierra que aún no conoce, con la promesa de convertirlo en una nación grande. Abram atraviesa Canaán, baja a Egipto por hambre, se separa de Lot, y libra guerra para rescatarlo, encontrándose con Melquisedec en el camino. Yehová le confirma el pacto de la tierra y la descendencia en visión nocturna, y Abram cree la promesa de un hijo propio. La porción cierra con el cambio de nombre a Abraham y Sara, y la señal de la circuncisión sellando el pacto.

El hilo de la parashá

Lej lejá —vete, o más literalmente, «anda hacia ti»— no es solo una orden geográfica sino existencial: Abram debe soltar lo conocido (tierra, parentela, casa) para recibir lo prometido. Todo lo que sigue en la parashá es una prueba de esa salida: el hambre que lo lleva a Egipto y la mentira sobre Saray, la generosidad hacia Lot que le cuesta la mejor tierra, la guerra por rescatar a un sobrino ingrato. En cada episodio, Abram avanza sin poseer nada de lo prometido —ni tierra propia, ni hijo, ni nombre nuevo— salvo la palabra de Dios.

El punto de quiebre es Génesis 15:6: «Abram le creyó a Yehová, y el Señor se lo reconoció como justicia». Esto ocurre años antes de la circuncisión de Génesis 17. La fe precede a la señal; la señal no crea la fe, la confirma. Por eso, cuando Dios finalmente cambia su nombre y establece el pacto en la carne, ya hace mucho que Abraham es «justo» delante de Dios por haber creído contra toda evidencia visible —un cuerpo viejo, un vientre estéril, una tierra ajena.

La haftará

Isaías 41:8 llama a Israel «descendencia de mi amigo Abraham», y le recuerda que fue tomado «de los confines de la tierra» —el mismo movimiento de lej lejá, un llamado que sacó a alguien de donde estaba para hacerlo instrumento de la promesa. La palabra a un pueblo cansado y disperso («no temas», «yo te ayudo», Isaías 41:10) es la misma que sostuvo a Abram cuando salió sin mapa: Dios no se cansa (Isaías 40:28) y sostiene a quien no tiene fuerzas propias para completar lo que empezó por fe.

El Mesías en la porción

Pablo va directo a Génesis 15:6 para desmontar cualquier idea de que la justicia se gana por obras o se recibe por la circuncisión: «no en la circuncisión, sino en la incircuncisión» (Romanos 4:10). Pero la tipología más filosa está en Romanos 4:19-21: Abraham «no tuvo en cuenta su propio cuerpo, ya desgastado» ni «la esterilidad del vientre de Sara», sino que creyó en el Dios que «da vida a los muertos» (Romanos 4:17). Ese mismo Dios que llamó vida donde había esterilidad es el que resucitó a Yeshúa de entre los muertos (Romanos 4:24). La fe de Abraham en un hijo imposible es la sombra; la fe del creyente en un Mesías resucitado de la tumba es el cumplimiento. Ambas fes miran hacia lo que no existe todavía y lo reciben como si ya fuera, porque el que promete es el mismo que resucita.

Para la semana

Antes de pedir una señal, revisa si ya creíste la palabra. Practica esta semana identificar una promesa de Dios que aún no ves cumplida y, como Abraham, actúa un paso concreto de obediencia sin exigir primero la evidencia.

Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.

Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo

Aliá 1 · Génesis 12:1-13

12:1 Yehová le dijo a Abram: “Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. 12:2 Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. 12:3 Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán benditas todas las familias de la tierra!” 12:4 Abram partió, tal como Yehová se lo había ordenado, y Lot se fue con él. Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán. 12:5 Tomó a su esposa Saray, a su nieto Lot, y todos los bienes y las personas que habían adquirido en Jarán, y se pusieron en camino hacia la tierra de Canaán. Cuando llegaron a Canaán, 12:6 Abram atravesó la tierra hasta llegar al lugar de Siquén, donde está la encina de Moré. En aquel tiempo, los cananeos vivían en esa región. 12:7 Allí Yehová se le apareció a Abram y le dijo: “Yo le daré esta tierra a tu descendencia”. Entonces Abram construyó allí un altar a Yehová, quien se le había aparecido. 12:8 De allí pasó a la región montañosa que está al oriente de Betel, donde plantó su tienda, entre Betel al occidente y Ay al oriente. También allí construyó un altar a Yehová e invocó su nombre. 12:9 Después Abram siguió su camino por etapas hacia el Néguev. 12:10 Hubo entonces una gran escasez de comida en la tierra, por lo que Abram bajó a Egipto para vivir allí por un tiempo, pues el hambre era terrible. 12:11 Cuando estaba por entrar en Egipto, le dijo a su esposa Saray: “Escúchame; yo sé muy bien que eres una mujer hermosa. 12:12 Cuando los egipcios te vean, dirán: ‘Ésta es su esposa’, y a mí me matarán, pero a ti te dejarán con vida. 12:13 Por favor, di que eres mi hermana, para que me traten bien por tu culpa y me dejen vivir gracias a ti”.

Aliá 2 · Génesis 12:14–13:4

12:14 En efecto, cuando Abram entró en Egipto, los egipcios vieron que Saray era muy hermosa. 12:15 También la vieron los funcionarios del faraón y le hablaron de ella a su soberano, por lo que Saray fue llevada al palacio. 12:16 Gracias a ella, el faraón trató muy bien a Abram, quien llegó a tener ovejas, vacas, burros y burras, siervos y siervas, y camellos. 12:17 Pero por causa de Saray, la esposa de Abram, Yehová envió terribles plagas sobre el faraón y su familia. 12:18 Entonces el faraón llamó a Abram y le reclamó: “¿Qué es lo que me has hecho? ¿Por qué no me dijiste que era tu esposa? 12:19 ¿Por qué dijiste: ‘Es mi hermana’? ¡Yo pude haberla tomado por esposa! ¡Aquí tienes a tu mujer; tómala y vete!” 12:20 Entonces el faraón les dio órdenes a sus hombres acerca de Abram, y ellos lo despidieron junto con su mujer y todo lo que tenía. 13:1 Abram salió de Egipto y se fue al Néguev, junto con su mujer y todo lo que tenía. Lot también iba con él. 13:2 Abram ya era muy rico en ganado, plata y oro. 13:3 Del Néguev, Abram volvió por etapas hasta llegar a Betel, al lugar donde antes había plantado su tienda, entre Betel y Ay. 13:4 Allí estaba el altar que antes había construido, y allí Abram invocó el nombre de Yehová.

Aliá 3 · Génesis 13:5-18

13:5 También Lot, que acompañaba a Abram, tenía sus propias ovejas, vacas y tiendas. 13:6 Pero la región no bastaba para que los dos vivieran juntos, porque tenían demasiadas posesiones. 13:7 Por eso hubo pleitos entre los pastores de Abram y los de Lot. En aquel tiempo, los cananeos y los ferezeos también vivían en esa región. 13:8 Entonces Abram le dijo a Lot: “No debe haber pleitos entre nosotros, ni entre tus pastores y los míos, porque somos parientes. 13:9 ¿Acaso no tienes toda la tierra ante tus ojos? Por favor, sepárate de mí. Si te vas a la izquierda, yo me iré a la derecha; y si te vas a la derecha, yo me iré a la izquierda”. 13:10 Lot miró a su alrededor y vio que todo el valle del Jordán, hasta llegar a Zoar, era tierra de regadío, como el jardín de Yehová o como la tierra de Egipto. Esto fue antes de que Yehová destruyera a Sodoma y Gomorra. 13:11 Entonces Lot escogió para sí todo el valle del Jordán y partió hacia el oriente. Así fue como se separaron el uno del otro. 13:12 Abram se quedó a vivir en la tierra de Canaán, mientras que Lot se estableció entre las ciudades del valle y fue plantando sus tiendas cerca de Sodoma. 13:13 Pero los habitantes de Sodoma eran muy malos y cometían grandes pecados contra Yehová. 13:14 Después de que Lot se separó de él, Yehová le dijo a Abram: “Levanta los ojos y, desde donde estás, mira hacia el norte y el sur, hacia el oriente y el occidente. 13:15 Yo te daré a ti y a tu descendencia, para siempre, toda la tierra que alcanzas a ver. 13:16 Haré que tu descendencia sea como el polvo de la tierra; ¡si alguien puede contar el polvo de la tierra, también podrá contar a tus descendientes! 13:17 ¡Levántate y recorre la tierra a lo largo y a lo ancho, porque yo te la doy a ti!” 13:18 Entonces Abram levantó su campamento y se fue a vivir cerca del encinar de Mamre, en Hebrón, donde construyó un altar a Yehová.

Aliá 4 · Génesis 14:1-20

14:1 En aquel tiempo, Amrafel era rey de Sinar; Arioc, rey de Elasar; Quedorlaomer, rey de Elam; y Tidal, rey de Goyín. 14:2 Estos reyes le declararon la guerra a Bera, rey de Sodoma; a Birsá, rey de Gomorra; a Sinab, rey de Admá; a Semeber, rey de Zeboín; y al rey de Bela, que es Zoar. 14:3 Todos estos últimos se aliaron en el valle de Sidín, donde ahora está el Mar Muerto. 14:4 Durante doce años habían estado bajo el dominio de Quedorlaomer, pero en el año trece se rebelaron. 14:5 Al año siguiente, Quedorlaomer y los reyes que estaban con él marcharon y derrotaron a los refaítas en Asterot Carnayín, a los zuzitas en Jan, a los emitas en Savé Quiriataín 14:6 y a los horeos en los montes de Seir, hasta El Parán, que está cerca del desierto. 14:7 De regreso, pasaron por En Mispat, que es Cades, y conquistaron todo el territorio de los amalecitas, y también derrotaron a los amorreos que vivían en Jazezón Tamar. 14:8 Entonces salieron los reyes de Sodoma, de Gomorra, de Admá, de Zeboín y de Bela (que es Zoar), y en el valle de Sidín presentaron batalla 14:9 contra Quedorlaomer, rey de Elam; Tidal, rey de Goyín; Amrafel, rey de Sinar; y Arioc, rey de Elasar. Eran cuatro reyes contra cinco. 14:10 Como el valle de Sidín estaba lleno de pozos de asfalto, cuando los reyes de Sodoma y de Gomorra huyeron, cayeron en ellos, y los demás escaparon hacia los montes. 14:11 Los vencedores se llevaron todas las riquezas de Sodoma y de Gomorra, y todas sus provisiones. 14:12 También se llevaron a Lot, el sobrino de Abram, junto con todas sus posesiones, ya que él vivía en Sodoma. 14:13 Uno de los que escaparon fue a contarle todo esto a Abram el hebreo, que vivía cerca del encinar de Mamre el amorreo. Mamre era hermano de Escol y de Aner, los cuales eran aliados de Abram. 14:14 Cuando Abram se enteró de que su sobrino estaba cautivo, organizó a trescientos dieciocho hombres de confianza, nacidos en su casa, y persiguió a los reyes hasta Dan. 14:15 Durante la noche, Abram y sus hombres se dividieron para atacarlos, y los derrotaron y persiguieron hasta Hobá, que está al norte de Damasco. 14:16 Así recuperó todas las riquezas, y también a su sobrino Lot con sus posesiones, y a las mujeres y a la demás gente. 14:17 Cuando Abram volvía de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que lo acompañaban, el rey de Sodoma salió a recibirlo al valle de Savé, que es el Valle del Rey. 14:18 Entonces Melquisedec, rey de Salén y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; 14:19 bendijo a Abram con estas palabras: “¡Que te bendiga el Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra! 14:20 ¡Y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos!” Entonces Abram le dio a Melquisedec la décima parte de todo lo que había recuperado.

Aliá 5 · Génesis 14:21–15:6

14:21 El rey de Sodoma le dijo a Abram: “Dame a las personas y quédate con las riquezas”. 14:22 Pero Abram le respondió al rey de Sodoma: “He jurado por Yehová, el Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra, 14:23 que no tomaré nada de lo que es tuyo, ni siquiera un hilo o la correa de una sandalia, para que no digas: ‘Yo enriquecí a Abram’. 14:24 No quiero nada para mí, fuera de lo que mis hombres ya han comido. En cuanto a la parte que les corresponde a los hombres que me acompañaron, es decir, Aner, Escol y Mamre, que se queden ellos con su parte”. 15:1 Después de esto, la palabra de Yehová vino a Abram en una visión: “No tengas miedo, Abram. Yo soy tu escudo; tu recompensa será muy grande”. 15:2 Pero Abram le respondió: “Señor Yehová, ¿qué me puedes dar, si no tengo hijos, y el heredero de mis bienes será Eliezer de Damasco?” 15:3 Y Abram añadió: “Como no me has dado ningún hijo, el heredero de todo será un siervo nacido en mi casa”. 15:4 Entonces la palabra de Yehová vino a él y le dijo: “Ese hombre no será tu heredero; tu heredero será tu propio hijo”. 15:5 Luego Yehová lo llevó afuera y le dijo: “Mira al cielo y cuenta las estrellas, a ver si puedes contarlas”. Y añadió: “Así de numerosa será tu descendencia”. 15:6 Abram le creyó a Yehová, y el Señor se lo reconoció como justicia.

Aliá 6 · Génesis 15:7–17:6

15:7 Además, le dijo: “Yo soy Yehová, que te saqué de Ur de los caldeos para darte esta tierra como herencia”. 15:8 Pero Abram le preguntó: “Señor Yehová, ¿cómo sabré que esta tierra va a ser mía?” 15:9 Yehová le respondió: “Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos de tres años, y también una tórtola y un pichón de paloma”. 15:10 Abram le trajo todos estos animales, los partió por la mitad y puso cada mitad frente a la otra, pero no partió las aves. 15:11 Cuando las aves de rapiña bajaron sobre los animales muertos, Abram las espantó. 15:12 Al atardecer, Abram cayó en un sueño profundo, y lo invadió un temor y una gran oscuridad. 15:13 Entonces Yehová le dijo: “Ten por seguro que tus descendientes vivirán como extranjeros en un país que no será el suyo. Allí serán esclavos, y los maltratarán durante cuatrocientos años. 15:14 Pero yo también castigaré a la nación de la que serán esclavos, y después saldrán de allí con grandes riquezas. 15:15 Tú, por tu parte, morirás en paz y serás enterrado a una edad muy avanzada. 15:16 En la cuarta generación tus descendientes volverán a este lugar, porque la maldad de los amorreos aún no ha llegado a su límite”. 15:17 Cuando el sol se puso y todo quedó a oscuras, aparecieron un horno humeante y una antorcha encendida, los cuales pasaron por en medio de los animales descuartizados. 15:18 Aquel día Yehová hizo un pacto con Abram, diciendo: “A tu descendencia le he dado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río Éufrates: 15:19 la tierra de los quenitas, de los quenizitas, de los cadmonitas, 15:20 de los hititas, de los ferezeos, de los refaítas, 15:21 de los amorreos, de los cananeos, de los gergeseos y de los jebuseos”. 16:1 Sarai, la esposa de Abram, no le había dado hijos. Pero tenía una esclava egipcia que se llamaba Agar. 16:2 Entonces Sarai le dijo a Abram: “Mira, Yehová no me ha permitido tener hijos. Por favor, ten relaciones con mi esclava; tal vez pueda formar una familia por medio de ella”. Y Abram aceptó la propuesta de Sarai. 16:3 Así que Sarai, la esposa de Abram, tomó a su esclava Agar la egipcia y se la dio a su esposo por mujer. Esto ocurrió cuando Abram ya llevaba diez años viviendo en la tierra de Canaán. 16:4 Abram tuvo relaciones con Agar, y ella quedó embarazada. Al darse cuenta de que estaba embarazada, Agar comenzó a mirar a su señora con desprecio. 16:5 Entonces Sarai le reclamó a Abram: “¡Tú tienes la culpa de este problema! Yo misma te entregué a mi esclava, pero desde que se dio cuenta de que está embarazada, me mira con desprecio. ¡Que Yehová juzgue entre tú y yo!” 16:6 Abram le respondió a Sarai: “Tu esclava está en tus manos; haz con ella lo que mejor te parezca”. Entonces Sarai la trató tan mal que Agar huyó de ella. 16:7 El ángel de Yehová la encontró en el desierto, junto a un manantial de agua; es el manantial que está en el camino a Shur. 16:8 Y le preguntó: “Agar, esclava de Sarai, ¿de dónde vienes y a dónde vas?” Ella le respondió: “Estoy huyendo de mi señora Sarai”. 16:9 El ángel de Yehová le ordenó: “Regresa con tu señora y sométete a su autoridad”. 16:10 El ángel de Yehová también le dijo: “Multiplicaré tanto tu descendencia que será imposible contarla”. 16:11 Además, el ángel de Yehová le dijo: “Estás embarazada y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Ismael, porque Yehová ha escuchado tu aflicción. 16:12 Será un hombre indomable como un burro salvaje. Luchará contra todos, y todos lucharán contra él; y vivirá en conflicto con todos sus hermanos”. 16:13 Como Yehová le había hablado, ella lo llamó: “Tú eres el Dios que me ve”, pues se dijo: “¿Acaso he visto a Dios y sigo con vida?” 16:14 Por eso el pozo fue llamado Beer Lahai Roi. Este pozo se encuentra entre Cades y Bered. 16:15 Agar le dio un hijo a Abram, y Abram le puso por nombre Ismael al hijo que ella le dio. 16:16 Abram tenía ochenta y seis años cuando Agar dio a luz a Ismael. 17:1 Cuando Abram tenía noventa y nueve años, Yehová se le apareció y le dijo: “Yo soy el Dios Todopoderoso. Vive en mi presencia y sé intachable. 17:2 Estableceré mi pacto contigo, y multiplicaré tu descendencia en gran manera”. 17:3 Abram se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y Dios le dijo: 17:4 “Éste es mi pacto contigo: Serás el padre de muchas naciones. 17:5 Ya no te llamarás Abram, sino que tu nombre será Abraham, porque te he constituido en padre de muchas naciones. 17:6 Te haré muy fecundo; de ti formaré naciones, y de ti saldrán reyes.

Aliá 7 · Génesis 17:7-27

17:7 Estableceré mi pacto contigo y con tu descendencia por todas las generaciones venideras. Será un pacto eterno; yo seré tu Dios y el Dios de tus descendientes. 17:8 A ti y a tu descendencia les daré en posesión eterna toda la tierra de Canaán, donde ahora viven como extranjeros. Y yo seré su Dios”. 17:9 Dios también le dijo a Abraham: “Tú, por tu parte, cumplirás mi pacto, tú y tus descendientes por todas las generaciones. 17:10 Éste es el pacto que ustedes deberán cumplir, el pacto entre mí y ustedes y sus descendientes: Todos los varones entre ustedes deberán ser circuncidados. 17:11 Se circuncidarán la carne del prepucio, y esto servirá como señal del pacto entre nosotros. 17:12 Todo varón entre ustedes que tenga ocho días de nacido deberá ser circuncidado a lo largo de sus generaciones, ya sea que haya nacido en la casa o que haya sido comprado con dinero a cualquier extranjero que no sea de su sangre. 17:13 Tanto el nacido en tu casa como el comprado con tu dinero debe ser circuncidado. Así mi pacto quedará marcado en su carne como un pacto eterno. 17:14 El varón incircunciso, el que no haya sido circuncidado en la carne de su prepucio, será eliminado de su pueblo por haber roto mi pacto”. 17:15 Dios también le dijo a Abraham: “A tu esposa Sarai ya no la llamarás Sarai, sino que su nombre será Sara. 17:16 Yo la bendeciré y, por medio de ella, te daré un hijo. Sí, la bendeciré y será madre de naciones; de ella saldrán reyes de pueblos”. 17:17 Entonces Abraham se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, se rió y pensó: “¿Acaso puede un hombre de cien años tener un hijo? ¿Y podrá Sara dar a luz a los noventa años?” 17:18 Y le dijo a Dios: “¡Ojalá que Ismael pueda vivir bajo tu bendición!” 17:19 Pero Dios le respondió: “No, tu esposa Sara te dará un hijo, y lo llamarás Isaac. Yo estableceré mi pacto con él y con su descendencia, como un pacto eterno. 17:20 En cuanto a Ismael, también te he escuchado. Yo lo bendeciré, lo haré muy fecundo y multiplicaré en gran manera su descendencia. Será el padre de doce príncipes, y haré de él una gran nación. 17:21 Pero mi pacto lo estableceré con Isaac, el hijo que Sara te dará a luz por esta misma época el año que viene”. 17:22 Cuando terminó de hablar con Abraham, Dios se retiró de él. 17:23 Ese mismo día, Abraham tomó a su hijo Ismael, a todos los nacidos en su casa y a todos los comprados con su dinero; a todos los varones de su casa, y les circuncidó la carne del prepucio, tal como Dios se lo había ordenado. 17:24 Abraham tenía noventa y nueve años cuando fue circuncidado. 17:25 Su hijo Ismael tenía trece años cuando fue circuncidado. 17:26 Ese mismo día fueron circuncidados Abraham y su hijo Ismael. 17:27 Y con él fueron circuncidados todos los varones de su casa, tanto los nacidos en ella como los que habían sido comprados a los extranjeros.

Haftará (Profetas)

40:27 ¿Por qué te quejas, Jacob? ¿Por qué dices, Israel: “Yehová no se fija en mi camino; mi Dios ignora mi derecho”? 40:28 ¿Acaso no lo sabes? ¿No lo has oído? Yehová es el Dios eterno, el Creador de los confines de la tierra. Él no se cansa ni se fatiga, y su inteligencia es insondable. 40:29 Él da fuerzas al cansado y vigor al que no tiene energías. 40:30 Aun los jóvenes se cansan y se fatigan, y los muchachos flaquean y caen; 40:31 pero los que confían en Yehová renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán. 41:1 “Guarden silencio ante mí, naciones de las costas, y que los pueblos recobren sus fuerzas; que se acerquen y entonces hablen; reunámonos para el juicio. 41:2 ¿Quién despertó a aquel que viene del oriente, a quien la victoria sale a recibir a cada paso? Dios entrega naciones ante él y humilla a los reyes; con su espada los vuelve polvo, y con su arco los dispersa como paja al viento. 41:3 Los persigue y pasa sin peligro por caminos donde sus pies nunca habían pisado. 41:4 ¿Quién hizo esto y lo llevó a cabo? El que llama a las generaciones desde el principio. Yo, Yehová, el primero, y yo mismo estaré con los últimos”. 41:5 Las islas lo vieron y tuvieron miedo; los confines de la tierra temblaron; todos se acercaron y vinieron. 41:6 Cada uno ayuda a su compañero y le dice a su hermano: “¡Sé fuerte!”. 41:7 El artesano anima al joyero, y el que aplana con el martillo anima al que golpea el yunque, diciendo de la soldadura: “Está bien hecha”; y asegura el ídolo con clavos para que no se mueva. 41:8 “Pero tú, Israel, siervo mío, tú, Jacob, a quien yo elegí, descendencia de mi amigo Abraham: 41:9 Te tomé de los confines de la tierra, de sus rincones más lejanos te llamé y te dije: “Tú eres mi siervo; te he elegido y no te he rechazado”. 41:10 No temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con la diestra de mi justicia. 41:11 Todos los que se enfurecen contra ti quedarán avergonzados y humillados; los que te faltan al respeto serán como nada y perecerán. 41:12 Buscarás a los que te atacan y no los hallarás; los que te hacen la guerra serán como nada, como si no existieran. 41:13 Porque yo soy Yehová, tu Dios, que te toma de la mano derecha y te dice: “No tengas miedo, yo te ayudo”. 41:14 No temas, pobre Jacob, pequeño resto de Israel; yo mismo te ayudo”, dice Yehová; “tu Redentor es el Santo de Israel. 41:15 Miren, yo los he convertido en un trillo nuevo, afilado y con muchos dientes; triturarán los montes y los harán polvo, y convertirán las colinas en paja. 41:16 Los lanzarán al aire y el viento se los llevará; el torbellino los dispersará. Pero tú te alegrarás en Yehová y te sentirás orgulloso del Santo de Israel.

Brit Hadashah (Pacto Renovado)

4:1 ¿Qué diremos, pues, que ha encontrado Abraham, nuestro antepasado, según la carne? 4:2 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué jactarse, pero no ante Dios. 4:3 Porque ¿qué dice la Escritura? “Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia”. 4:4 Ahora bien, al que trabaja, la recompensa no se le cuenta como gracia, sino como algo debido. 4:5 Pero al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. 4:6 Así como David también pronuncia la bendición sobre el hombre a quien Dios le cuenta la justicia aparte de las obras: 4:7 “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, cuyos pecados están cubiertos. 4:8 Dichoso el hombre al que el Señor no acusa de pecado”. 4:9 Entonces, ¿se pronuncia esta bendición sólo sobre los circuncisos, o también sobre los incircuncisos? Porque decimos que la fe le fue contada a Abraham por justicia. 4:10 ¿Cómo, pues, le fue contada? ¿En la circuncisión o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión. 4:11 Recibió la señal de la circuncisión, sello de la justicia de la fe que tenía mientras estaba en la incircuncisión, para ser padre de todos los que creen, aunque estén en la incircuncisión, a fin de que también les sea contada la justicia. 4:12 Él es el padre de la circuncisión para aquellos que no sólo son de la circuncisión, sino que también caminan en los pasos de esa fe de nuestro padre Abraham, que tuvo en la incircuncisión. 4:13 Porque la promesa hecha a Abraham y a su descendencia de que sería heredero del mundo no fue por la ley, sino por la justicia de la fe. 4:14 Porque si los que son de la ley son herederos, la fe queda anulada, y la promesa queda sin efecto. 4:15 Porque la ley produce ira; pues donde no hay ley, tampoco hay desobediencia. 4:16 Por eso es de fe, para que sea según la gracia, a fin de que la promesa sea segura para toda la descendencia, no sólo para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, que es el padre de todos nosotros. 4:17 Como está escrito: “Te he hecho padre de muchas naciones”. Esto es en presencia de aquel a quien creyó: Dios, que da vida a los muertos, y llama a las cosas que no son, como si fueran. 4:18 En contra de la esperanza, Abraham creyó con esperanza, a fin de llegar a ser padre de muchas naciones, según lo que se había dicho: “Así será tu descendencia.” 4:19 Sin debilitarse en la fe, no tuvo en cuenta su propio cuerpo, ya desgastado, (siendo él de unos cien años de edad), y la esterilidad del vientre de Sara. 4:20 Sin embargo, mirando la promesa de Dios, no vaciló por la incredulidad, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, 4:21 y estando plenamente seguro de que lo que había prometido, también podía cumplirlo. 4:22 Por eso también se le “acreditó por justicia”. 4:23 Ahora bien, no está escrito que se le haya atribuido sólo a él, 4:24 sino también a nosotros, a quienes se nos atribuirá, que creemos en el que resucitó a Jesús, nuestro Señor, de entre los muertos, 4:25 que fue entregado por nuestros delitos y resucitó para nuestra justificación.