Devocional mesiánico
Behaalotjá
בְּהַעֲלֹתְךָ
Shabat · 26 de junio de 2027
Torá: Números 8:1–12:16 · Haftará: Zacarías 2:10–4:7 · Brit Hadashah: 1 Corintios 10:6-13; Apocalipsis 11:1-19
Escucha la porción
Aliá 1
✦ La porción esta semana
Resumen de la porción
Behaalotjá abre con la instrucción a Aarón para encender el candelabro (Números 8:2) y la purificación de los levitas para su servicio en la Tienda del Encuentro. Israel celebra la primera Pascua en el desierto, con provisión para los impuros que no pudieron guardarla a tiempo. La nube de Yehová gobierna cada marcha y cada descanso del campamento, y dos trompetas de plata ordenan sus movimientos. La porción cierra con el pueblo quejándose por la comida, Moisés agobiado por la carga, y Miriam castigada con lepra tras murmurar contra su hermano.
El hilo de la parashá
Hay una tensión que recorre toda la porción: la constancia de Dios frente a la inconstancia del pueblo. El candelabro debe alumbrar sin interrupción hacia adelante (Números 8:2-3); la nube cubre el tabernáculo de día y tiene apariencia de fuego de noche, sin fallar jamás (Números 9:16); Dios mismo ordena cada partida y cada campamento «al mandato de Yehová» (Números 9:23). Todo en la Torá de esta semana insiste en que la presencia de Dios es fiel, visible, ordenada.
Contra ese trasfondo estalla la queja: «¡Quién nos diera carne para comer!» (Números 11:4), y luego la murmuración de Miriam y Aarón contra el siervo que Dios mismo eligió (Números 12:2). El pueblo tiene luz constante, guía constante, provisión constante —y aun así se queja. Moisés, agotado, pide morir antes que seguir cargando solo con la ingratitud del pueblo (Números 11:15). La parashá no idealiza el desierto: lo retrata como el lugar donde la fidelidad de Dios se topa, una y otra vez, con el corazón inconforme del hombre.
La haftará
Zacarías ve exactamente el mismo candelabro de oro con siete lámparas (Zacarías 4:2), y junto a él dos olivos que alimentan su aceite. La visión llega acompañada de una purificación: Josué el sumo sacerdote, vestido de ropas sucias, recibe la palabra «he quitado tu pecado» (Zacarías 3:4) — el mismo movimiento que Números 8:7 describe para los levitas antes de servir. Pero el centro de la haftará no es la fuerza humana sino la palabra que desarma toda ansiedad de logro: «No será por la fuerza ni por el poder, sino por mi Espíritu» (Zacarías 4:6). Es la respuesta profética a la carga que aplastaba a Moisés: la obra de Dios no depende de que un hombre solo la sostenga.
El Mesías en la porción
Apocalipsis retoma la visión de Zacarías palabra por palabra: «Estos son los dos olivos y los dos candelabros que están ante el Señor de la tierra» (Apocalipsis 11:4). Los dos testigos llevan la misma luz del candelabro de Números y Zacarías hasta un extremo que ninguna de las dos imágenes anteriores mostraba: son muertos por su testimonio y luego se levantan por el aliento de vida de Dios (Apocalipsis 11:11). El candelabro que Aarón encendía cada tarde, que Zacarías vio arder sin manos humanas que lo alimentaran, se convierte en testimonio que ni la muerte apaga.
Y el reverso de la murmuración de Números 11 y 12 aparece en Pablo: «No murmuren, como también murmuraron algunos de ellos, y perecieron a manos del destructor» (1 Corintios 10:10). Pero inmediatamente después llega la promesa que Israel en el desierto no alcanzó a creer: «Fiel es Dios, que no permitirá que sean tentados por encima de sus posibilidades, sino que junto con la tentación les dará la vía de escape» (1 Corintios 10:13). Donde el pueblo antiguo vio solo carencia, el Mesías provee salida.
Para la semana
Toma un día de esta semana para notar, sin dramatizar, cuántas veces tu queja compite con la evidencia de la provisión que ya tienes delante — como la nube que Israel veía y aun así no confiaba. Antes de hablar una queja, nombra en voz baja una provisión concreta del día. No es sentimentalismo: es memoria disciplinada, la misma que Pablo pide en 1 Corintios 10:11.
Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.
✦ Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo
Aliá 1 · Números 8:1-14
8:1 Yehová habló a Moisés, diciendo: 8:2 “Habla a Aarón y dile: ‘Cuando instales las lámparas, las siete lámparas deberán alumbrar hacia adelante del candelabro’”. 8:3 Aarón lo hizo así. Instaló las lámparas para que alumbraran hacia adelante del candelabro, tal como Yehová le ordenó a Moisés. 8:4 Esta era la forma en que estaba hecho el candelabro: era obra de oro martillado. Desde su base hasta sus flores, era de oro martillado. Moisés hizo el candelabro exactamente según el modelo que Yehová le había mostrado. 8:5 Yehová habló a Moisés, diciendo: 8:6 “Toma a los levitas de entre los hijos de Israel y purifícalos. 8:7 Harás lo siguiente para purificarlos: rocía sobre ellos el agua de la purificación, haz que se rasuren todo el cuerpo con una navaja, que laven sus ropas y así se purifiquen. 8:8 Luego tomarán un becerro y su ofrenda de harina fina amasada con aceite; y tomarás otro becerro como ofrenda por el pecado. 8:9 Presentarás a los levitas frente a la Tienda del Encuentro, y reunirás a toda la congregación de los hijos de Israel. 8:10 Presentarás a los levitas delante de Yehová, y los hijos de Israel pondrán sus manos sobre ellos. 8:11 Aarón presentará a los levitas delante de Yehová como una ofrenda especial de parte de los hijos de Israel, para que se dediquen al servicio de Yehová. 8:12 “Los levitas pondrán sus manos sobre las cabezas de los becerros, y ustedes ofrecerán uno como ofrenda por el pecado y el otro como holocausto a Yehová, para hacer expiación por los levitas. 8:13 Pondrás a los levitas delante de Aarón y de sus hijos, y los presentarás como una ofrenda especial a Yehová. 8:14 Así separarás a los levitas de los demás hijos de Israel, y los levitas serán míos.
Aliá 2 · Números 8:15-26
8:15 “Después de eso, los levitas entrarán a hacer su servicio en la Tienda del Encuentro. Los purificarás y los presentarás como ofrenda especial. 8:16 Porque ellos me son entregados por completo de entre los hijos de Israel; los he tomado para mí en lugar de todos los primogénitos que abren el vientre entre los hijos de Israel. 8:17 Porque todos los primogénitos de los hijos de Israel son míos, tanto hombres como animales. El día en que herí de muerte a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, los consagré para mí. 8:18 He tomado a los levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel. 8:19 Y he dado a los levitas como un regalo para Aarón y sus hijos de parte de los hijos de Israel, para que hagan el servicio de los hijos de Israel en la Tienda del Encuentro, y para que hagan expiación por los hijos de Israel, para que no caiga ninguna plaga sobre ellos al acercarse al santuario”. 8:20 Así lo hicieron Moisés, Aarón y toda la congregación de los hijos de Israel con los levitas. Conforme a todo lo que Yehová le mandó a Moisés acerca de los levitas, así hicieron con ellos los hijos de Israel. 8:21 Los levitas se purificaron del pecado y lavaron sus ropas; Aarón los presentó como ofrenda especial delante de Yehová, e hizo expiación por ellos para purificarlos. 8:22 Después de eso, los levitas entraron a realizar su servicio en la Tienda del Encuentro, bajo la supervisión de Aarón y de sus hijos; tal como Yehová le había ordenado a Moisés acerca de los levitas, así hicieron con ellos. 8:23 Yehová habló a Moisés, diciendo: 8:24 “Esta es la regla para los levitas: a partir de los veinticinco años de edad entrarán a servir en el trabajo de la Tienda del Encuentro; 8:25 pero a los cincuenta años se retirarán del servicio activo, y no trabajarán más. 8:26 Solo ayudarán a sus hermanos en la Tienda del Encuentro a cumplir con sus deberes de guardia, pero no realizarán ningún trabajo pesado. Así organizarás a los levitas en cuanto a sus obligaciones”.
Aliá 3 · Números 9:1-14
9:1 Yehová habló a Moisés en el desierto del Sinaí, en el primer mes del segundo año después de que salieron de la tierra de Egipto, diciendo: 9:2 “Que los hijos de Israel celebren la Pascua en el tiempo señalado. 9:3 El día catorce de este mes, al atardecer, la celebrarán a su tiempo. La celebrarán según todos sus estatutos y según todas sus ordenanzas”. 9:4 Moisés dijo a los hijos de Israel que debían celebrar la Pascua. 9:5 Celebraron la Pascua en el primer mes, el día catorce del mes por la tarde, en el desierto de Sinaí. Conforme a todo lo que Yehová le ordenó a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel. 9:6 Hubo algunos hombres que estaban impuros por haber tocado el cadáver de una persona, por lo que no pudieron celebrar la Pascua ese día, y se presentaron ante Moisés y Aarón ese mismo día. 9:7 Aquellos hombres le dijeron: “Estamos impuros por causa de un cadáver. ¿Por qué se nos impide presentar la ofrenda de Yehová en el tiempo señalado entre los hijos de Israel?”. 9:8 Moisés les respondió: “Esperen aquí, para que yo escuche lo que Yehová ordene respecto a ustedes”. 9:9 Yehová habló a Moisés, diciendo: 9:10 “Diles a los hijos de Israel: ‘Si alguno de ustedes o de sus descendientes está impuro por causa de un cadáver, o se encuentra de viaje lejos, aun así deberá celebrar la Pascua a Yehová. 9:11 En el segundo mes, el día catorce por la tarde, la celebrarán; la comerán con panes sin levadura y hierbas amargas. 9:12 No dejarán nada de la cena para la mañana siguiente, ni le quebrarán ningún hueso. Conforme a todo el estatuto de la Pascua la celebrarán. 9:13 Pero el hombre que esté limpio y no se encuentre de viaje, y no celebre la Pascua, esa persona será eliminada de su pueblo. Por no haber presentado la ofrenda a Yehová en su tiempo señalado, ese hombre cargará con su pecado. 9:14 “‘Si un extranjero vive entre ustedes y desea celebrar la Pascua a Yehová, lo hará según el estatuto de la Pascua y según su ordenanza. Tendrán un solo estatuto, tanto para el extranjero como para el nacido en el país’”.
Aliá 4 · Números 9:15–10:10
9:15 El día en que se levantó el tabernáculo, la nube cubrió el tabernáculo, la Tienda del Testimonio. Al atardecer, la nube sobre el tabernáculo tenía una apariencia de fuego que duraba hasta la mañana. 9:16 Así ocurría continuamente. La nube lo cubría de día, y de noche tenía apariencia de fuego. 9:17 Cada vez que la nube se levantaba de sobre la Tienda, los hijos de Israel se ponían en marcha; y en el lugar donde la nube se detenía, allí acampaban los hijos de Israel. 9:18 Por orden de Yehová, los hijos de Israel avanzaban, y por orden de Yehová acampaban. Mientras la nube permanecía sobre el tabernáculo, ellos se quedaban acampados. 9:19 Cuando la nube se quedaba sobre el tabernáculo muchos días, los hijos de Israel obedecían la orden de Yehová y no avanzaban. 9:20 A veces la nube estaba solo unos pocos días sobre el tabernáculo; entonces, según el mandato de Yehová, permanecían acampados, y según el mandato de Yehová, se ponían en marcha. 9:21 A veces la nube se quedaba desde la tarde hasta la mañana, y cuando se levantaba por la mañana, ellos avanzaban; ya fuera de día o de noche, cuando la nube se levantaba, ellos se ponían en marcha. 9:22 Ya fuera que la nube permaneciera dos días, un mes o un año sobre el tabernáculo, los hijos de Israel se quedaban acampados y no viajaban; pero cuando se levantaba, se ponían en marcha. 9:23 Al mandato de Yehová acampaban, y al mandato de Yehová viajaban. Cumplieron con las instrucciones de Yehová, según la orden que Yehová dio por medio de Moisés. 10:1 Yehová habló a Moisés, diciendo: 10:2 “Hazte dos trompetas de plata. Las harás de plata martillada. Las usarás para convocar a la congregación y para dar la orden de marcha a los campamentos. 10:3 Cuando toquen ambas trompetas, toda la congregación se reunirá contigo a la entrada de la Tienda del Encuentro. 10:4 Si tocan una sola, los líderes, los jefes de los millares de Israel, se reunirán contigo. 10:5 Cuando toquen un toque de alarma, los campamentos que están en el lado este se pondrán en marcha. 10:6 Cuando toquen la alarma por segunda vez, los campamentos que están en el lado sur avanzarán. Tocarán la alarma para indicar que deben moverse. 10:7 Pero cuando se deba reunir la asamblea, tocarán las trompetas, pero no darán el toque de alarma. 10:8 “Los hijos de Aarón, los sacerdotes, tocarán las trompetas. Esto les servirá como un estatuto perpetuo por todas sus generaciones. 10:9 Cuando vayan a la guerra en su propia tierra contra el enemigo que los oprime, tocarán la alarma con las trompetas. Entonces serán recordados delante de Yehová, su Dios, y serán salvados de sus enemigos. 10:10 “También en sus días de alegría, en sus fiestas señaladas y al principio de cada mes, tocarán las trompetas al ofrecer sus holocaustos y sus sacrificios de comunión; esto les servirá de recordatorio delante de su Dios. Yo soy Yehová, su Dios”.
Aliá 5 · Números 10:11-34
10:11 En el segundo año, en el segundo mes, a los veinte días del mes, la nube se levantó de encima del tabernáculo del Testimonio. 10:12 Los hijos de Israel partieron del desierto de Sinaí, y la nube se detuvo en el desierto de Parán. 10:13 Esta fue la primera vez que avanzaron según el mandato que Yehová dio por medio de Moisés. 10:14 En primer lugar, avanzó la bandera del campamento de los hijos de Judá, según sus divisiones. Naasón, hijo de Aminadab, estaba al frente de su división. 10:15 Netanel, hijo de Zuar, estaba al frente de la división de la tribu de los hijos de Isacar. 10:16 Eliab, hijo de Helón, estaba al frente de la división de la tribu de los hijos de Zabulón. 10:17 Luego desarmaron el tabernáculo, y los hijos de Gersón y los hijos de Merari, que lo transportaban, se pusieron en marcha. 10:18 La bandera del campamento de Rubén avanzó según sus divisiones. Elizur, hijo de Sedeur, estaba al frente de su división. 10:19 Selumiel, hijo de Zurisadai, estaba al frente de la división de la tribu de los hijos de Simeón. 10:20 Eliasaf, hijo de Deuel, estaba al frente de la división de la tribu de los hijos de Gad. 10:21 Después avanzaron los coatitas llevando las cosas sagradas. El tabernáculo debía estar armado antes de que ellos llegaran. 10:22 La bandera del campamento de los hijos de Efraín avanzó según sus divisiones. Elisama, hijo de Amiud, estaba al frente de su división. 10:23 Gamaliel, hijo de Pedasur, estaba al frente de la división de la tribu de los hijos de Manasés. 10:24 Abidán, hijo de Gideoni, estaba al frente de la división de la tribu de los hijos de Benjamín. 10:25 La bandera del campamento de los hijos de Dan, que servía de retaguardia para todos los campamentos, avanzó según sus divisiones. Ahiezer, hijo de Amisadai, estaba al frente de su división. 10:26 Pagiel, hijo de Ocrán, estaba al frente de la división de la tribu de los hijos de Aser. 10:27 Ahira, hijo de Enán, estaba al frente de la división de la tribu de los hijos de Neftalí. 10:28 Así era el orden de marcha de los hijos de Israel según sus divisiones cuando avanzaban. 10:29 Moisés le dijo a Hobab, hijo de Reuel el madianita, suegro de Moisés: “Nos dirigimos al lugar del que Yehová dijo: ‘Se lo daré a ustedes’. Ven con nosotros y te trataremos bien, porque Yehová ha prometido cosas buenas para Israel”. 10:30 Él le respondió: “No iré, prefiero regresar a mi tierra y con mi familia”. 10:31 Moisés insistió: “No nos dejes, por favor; porque tú conoces los lugares donde debemos acampar en el desierto, y puedes ser nuestro guía. 10:32 Sucederá que, si vienes con nosotros, ten por seguro, que todo lo bueno que Yehová haga con nosotros, nosotros lo compartiremos contigo”. 10:33 Partieron del monte de Yehová e hicieron un viaje de tres días. El arca del pacto de Yehová iba delante de ellos durante los tres días de viaje, para buscarles un lugar donde descansar. 10:34 La nube de Yehová estaba sobre ellos durante el día, cuando levantaban el campamento.
Aliá 6 · Números 10:35–11:29
10:35 Cuando el arca se ponía en movimiento, Moisés decía: “¡Levántate, Yehová, y que se dispersen tus enemigos! Que huyan de tu presencia los que te odian”. 10:36 Y cuando el arca se detenía, decía: “Regresa, Yehová, a las incontables multitudes de Israel”. 11:1 El pueblo comenzó a quejarse amargamente a oídos de Yehová. Cuando Yehová lo escuchó, se encendió su enojo; y el fuego de Yehová ardió entre ellos, y consumió una parte de las afueras del campamento. 11:2 El pueblo le suplicó a Moisés; Moisés oró a Yehová, y el fuego se apagó. 11:3 A ese lugar se le llamó Taberá, porque el fuego de Yehová había ardido entre ellos. 11:4 La multitud de extranjeros que iba con ellos sintió un antojo insaciable; y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: “¡Quién nos diera carne para comer! 11:5 Recordamos el pescado que comíamos gratis en Egipto; los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; 11:6 pero ahora ya no tenemos apetito. No vemos nada más que este maná”. 11:7 El maná era parecido a la semilla de cilantro, y su color era como el del bedelio. 11:8 La gente salía a recogerlo, lo molía en molinos de mano o lo trituraba en morteros, lo cocinaba en ollas y hacía tortas con él. Sabía a pan amasado con aceite fresco. 11:9 Cuando el rocío caía sobre el campamento por la noche, también caía el maná. 11:10 Moisés escuchó al pueblo llorando, cada familia a la entrada de su tienda; y el enojo de Yehová se encendió muchísimo, lo cual le pareció muy mal a Moisés. 11:11 Moisés le dijo a Yehová: “¿Por qué tratas tan mal a tu siervo? ¿Por qué no he hallado favor ante tus ojos, para que hayas puesto sobre mí la carga de todo este pueblo? 11:12 ¿Acaso yo concebí a todo este pueblo? ¿Acaso yo los di a luz, para que me pidas: ‘Llévalos en tus brazos, como una niñera lleva a un bebé, hacia la tierra que prometiste a sus antepasados’? 11:13 ¿De dónde voy a sacar carne para darle a todo este pueblo? Porque vienen a llorarme, diciendo: ‘Danos carne para comer’. 11:14 Yo solo no puedo soportar el peso de todo este pueblo; es una carga demasiado pesada para mí. 11:15 Si me vas a tratar así, te ruego que me mates ahora mismo, si he hallado favor ante tus ojos; y no me dejes ver mi propia desgracia”. 11:16 Yehová le respondió a Moisés: “Reúne a setenta de los ancianos de Israel, hombres que sepas que son líderes y oficiales del pueblo, y llévalos a la Tienda del Encuentro para que se queden allí contigo. 11:17 Yo bajaré y hablaré allí contigo. Tomaré una parte del Espíritu que está sobre ti y la pondré sobre ellos; así compartirán contigo la carga del pueblo, y no tendrás que llevarla tú solo. 11:18 “Y dile al pueblo: ‘Santifíquense para mañana, y comerán carne; porque han estado llorando a oídos de Yehová, diciendo: “¡Quién nos diera carne para comer! ¡Estábamos mucho mejor en Egipto!”. Por lo tanto, Yehová les dará carne, y comerán. 11:19 No la comerán solo un día, ni dos, ni cinco, ni diez, ni veinte días, 11:20 sino un mes entero, hasta que les salga por las narices y les dé asco; porque han rechazado a Yehová, que está en medio de ustedes, y han llorado delante de él, diciendo: “¿Por qué tuvimos que salir de Egipto?”’”. 11:21 Moisés respondió: “El pueblo en el que me encuentro tiene seiscientos mil hombres de a pie, ¡y tú dices: ‘Les daré carne para que coman durante un mes entero’! 11:22 ¿Acaso se matarán suficientes ovejas y vacas para alimentarlos a todos? ¿O se pescarán todos los peces del mar para que les alcance?”. 11:23 Yehová le dijo a Moisés: “¿Acaso el poder de Yehová tiene límites? Ahora verás si mi palabra se cumple o no”. 11:24 Moisés salió y le comunicó al pueblo las palabras de Yehová. Luego reunió a setenta hombres de los ancianos del pueblo y los colocó alrededor de la Tienda. 11:25 Yehová bajó en la nube y habló con él; tomó una parte del Espíritu que estaba sobre Moisés y la puso sobre los setenta ancianos. Cuando el Espíritu reposó sobre ellos, comenzaron a profetizar, pero esto no volvió a suceder. 11:26 Sin embargo, dos hombres se habían quedado en el campamento. Uno se llamaba Eldad y el otro Medad. El Espíritu también reposó sobre ellos, pues estaban en la lista de los elegidos, aunque no habían ido a la Tienda; y comenzaron a profetizar en el campamento. 11:27 Un joven corrió a avisarle a Moisés: “¡Eldad y Medad están profetizando en el campamento!”. 11:28 Josué, hijo de Nun, que era ayudante de Moisés desde su juventud, intervino diciendo: “¡Moisés, mi señor, detenlos!”. 11:29 Moisés le respondió: “¿Estás celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo de Yehová fuera profeta, y que Yehová pusiera su Espíritu sobre todos ellos!”.
Aliá 7 · Números 11:30–12:16
11:30 Después, Moisés y los ancianos de Israel regresaron al campamento. 11:31 Entonces se levantó un viento enviado por Yehová que trajo codornices desde el mar, y las dejó caer alrededor del campamento. Había codornices esparcidas a un día de camino en todas direcciones, amontonadas a casi dos codos sobre el suelo. 11:32 El pueblo se pasó todo ese día, toda la noche y todo el día siguiente recogiendo codornices. Nadie recogió menos de diez ómeres; y las pusieron a secar al sol alrededor del campamento. 11:33 Pero mientras la carne todavía estaba entre sus dientes, antes de que pudieran tragarla, el enojo de Yehová se encendió contra el pueblo, y los hirió con una plaga terrible. 11:34 Por eso llamaron a ese lugar Kibrot-hataava, porque allí enterraron a las personas que se dejaron llevar por la gula. 11:35 Desde Kibrot-hataava el pueblo avanzó hacia Jaserot; y allí se quedaron. 12:1 Miriam y Aarón comenzaron a murmurar contra Moisés por causa de su esposa cusita, ya que él se había casado con una mujer de Cus. 12:2 Decían: “¿Acaso Yehová ha hablado únicamente por medio de Moisés? ¿No ha hablado también por medio de nosotros?”. Y Yehová lo escuchó. 12:3 (A decir verdad, Moisés era un hombre muy humilde, más que cualquier otra persona sobre la tierra). 12:4 De repente, Yehová les dijo a Moisés, a Aarón y a Miriam: “¡Vengan ustedes tres a la Tienda del Encuentro!”. Y los tres fueron. 12:5 Yehová bajó en una columna de nube, se paró a la entrada de la Tienda y llamó a Aarón y a Miriam. Cuando ambos se acercaron, 12:6 él les dijo: “Escuchen bien mis palabras. Si hay un profeta entre ustedes, yo, Yehová, me revelaré a él en visiones y le hablaré en sueños. 12:7 Pero no hago lo mismo con mi siervo Moisés, a quien he confiado toda mi casa. 12:8 Con él hablo cara a cara, claramente y no con acertijos, y él puede contemplar la forma de Yehová. ¿Cómo es que no tuvieron miedo de hablar en contra de mi siervo Moisés?”. 12:9 El enojo de Yehová se encendió contra ellos, y él se marchó. 12:10 Cuando la nube se alejó de la Tienda, resultó que Miriam tenía lepra, y su piel estaba blanca como la nieve. Al volverse Aarón hacia Miriam, vio que estaba leprosa. 12:11 Entonces Aarón le suplicó a Moisés: “¡Ay, señor mío! Por favor, no nos hagas pagar por este pecado que hemos cometido tan tontamente. 12:12 Te ruego que ella no quede como un bebé que nace muerto, que sale del vientre de su madre con la carne medio consumida”. 12:13 Moisés clamó a Yehová, diciendo: “¡Oh Dios, te ruego que la sanes!”. 12:14 Yehová le respondió a Moisés: “Si su padre le hubiera escupido en la cara, ¿no estaría avergonzada durante siete días? Que sea expulsada del campamento durante siete días, y después de eso podrá regresar”. 12:15 Así que Miriam fue apartada del campamento durante siete días, y el pueblo no levantó el campamento hasta que ella regresó. 12:16 Después de esto, el pueblo partió de Jaserot y acampó en el desierto de Parán.
✦ Haftará (Profetas)
2:10 ¡Canta y alégrate, hija de Sión! Porque yo vengo a habitar en medio de ti”, dice Yehová. 2:11 En aquel día, muchas naciones se unirán a Yehová y serán mi pueblo. “Yo habitaré en medio de ustedes, y entonces sabrán que Yehová de los Ejércitos me ha enviado a ustedes. 2:12 Yehová tomará posesión de Judá como su heredad en la tierra santa, y volverá a elegir a Jerusalén”. 2:13 ¡Que toda la humanidad guarde silencio ante Yehová, porque él ya se ha levantado de su santa morada!”. 3:1 Luego me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba de pie ante el ángel de Yehová; y Satanás estaba a su mano derecha para acusarlo. 3:2 Yehová le dijo a Satanás: “¡Que Yehová te reprenda, Satanás! ¡Que Yehová, quien ha elegido a Jerusalén, te reprenda! ¿No es este hombre un tizón rescatado del fuego?”. 3:3 Josué, que estaba ante el ángel, vestía ropas muy sucias. 3:4 El ángel les dijo a los que estaban allí para servirle: “Quítenle esas ropas sucias”. Y a Josué le dijo: “Mira, he quitado tu pecado, y ahora voy a vestirte con ropas de gala”. 3:5 Entonces yo dije: “Pónganle también un turbante limpio en la cabeza”. Así que le pusieron el turbante limpio y lo vistieron, mientras el ángel de Yehová permanecía allí de pie. 3:6 Entonces el ángel de Yehová le advirtió a Josué: 3:7 “Así dice Yehová de los Ejércitos: ‘Si caminas por mis sendas y cumples con mis mandatos, tú gobernarás mi templo y cuidarás mis atrios, y te daré un lugar entre estos que están aquí’. 3:8 Escucha bien, Josué, sumo sacerdote, tú y tus compañeros que se sientan frente a ti, porque todos ustedes son un símbolo de lo que vendrá: ¡Voy a traer a mi siervo, el Renuevo! 3:9 Miren la piedra que he puesto delante de Josué; en esta única piedra hay siete ojos. Yo mismo grabaré su inscripción — dice el Señor de los Ejércitos — y en un solo día borraré el pecado de esta tierra. 3:10 En aquel día — dice el Señor de los Ejércitos — cada uno de ustedes invitará a su prójimo a sentarse a la sombra de su vid y de su higuera’”. 4:1 El ángel que hablaba conmigo regresó y me despertó, como quien despierta a alguien de su sueño. 4:2 Me preguntó: “¿Qué ves?”. Yo respondí: “He estado mirando, y veo un candelabro de oro puro con un tazón en la parte superior. Tiene siete lámparas, y cada una de las lámparas tiene siete tubos. 4:3 También hay dos olivos junto al candelabro, uno a la derecha del tazón y el otro a su izquierda”. 4:4 Entonces le pregunté al ángel que hablaba conmigo: “¿Qué significa esto, mi señor?”. 4:5 El ángel me respondió: “¿Acaso no sabes lo que son estas cosas?”. “No, mi señor”, le contesté. 4:6 Entonces él me explicó: “Este es el mensaje de Yehová para Zorobabel: ‘No será por la fuerza ni por el poder, sino por mi Espíritu’, dice Yehová de los Ejércitos. 4:7 ¿Quién te crees tú, gran montaña? ¡Ante Zorobabel te convertirás en una llanura! Y él sacará la piedra principal entre gritos de: ‘¡Qué belleza! ¡Qué belleza!’”.
✦ Brit Hadashah (Pacto Renovado)
10:6 Estos fueron nuestros ejemplos, para que no codiciemos cosas malas como ellos también codiciaron. 10:7 No sean idólatras, como lo fueron algunos de ellos. Como está escrito: “El pueblo se sentaba a comer y beber, y se levantaba a jugar”. 10:8 No cometamos inmoralidad sexual, como algunos de ellos, y en un día cayeron veintitrés mil. 10:9 No pongamos a prueba a Cristo, como algunos de ellos lo hicieron, y perecieron a causa de las serpientes. 10:10 No murmuren, como también murmuraron algunos de ellos, y perecieron a manos del destructor. 10:11 Ahora bien, todas estas cosas les sucedieron a modo de ejemplo, y fueron escritas para nuestra amonestación, sobre la cual ha llegado el fin de los tiempos. 10:12 Por lo tanto, el que piensa que está en pie, tenga cuidado de no caer. 10:13 Ninguna tentación les ha sobrevenido sino la que es común al hombre. Fiel es Dios, que no permitirá que sean tentados por encima de sus posibilidades, sino que junto con la tentación les dará la vía de escape, para que puedan soportarla.
11:1 Se me dio una caña como una vara. Alguien dijo: “Levántate y mide el templo de Dios, el altar y a los que adoran en él. 11:2 Deja fuera el patio que está fuera del templo y no lo midas, porque ha sido entregado a las naciones. Ellos pisotearán la ciudad santa durante cuarenta y dos meses. 11:3 Daré poder a mis dos testigos, y ellos profetizarán durante mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.” 11:4 Estos son los dos olivos y los dos candelabros que están ante el Señor de la tierra. 11:5 Si alguien quiere hacerles daño, el fuego sale de su boca y devora a sus enemigos. Si alguien desea hacerles daño, debe ser muerto de esta manera. 11:6 Estos tienen el poder de cerrar el cielo, para que no llueva durante los días de su profecía. Tienen poder sobre las aguas, para convertirlas en sangre, y para golpear la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran. 11:7 Cuando hayan terminado su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará. 11:8 Sus cadáveres estarán en la calle de la gran ciudad, que espiritualmente se llama Sodoma y Egipto, donde también fue crucificado su Señor. 11:9 De entre los pueblos, tribus, lenguas y naciones, la gente mirará sus cadáveres durante tres días y medio, y no permitirán que sus cadáveres sean depositados en una tumba. 11:10 Los habitantes de la tierra se regocijarán por ellos y se alegrarán. Se darán regalos unos a otros, porque estos dos profetas atormentaron a los que habitan la tierra. 11:11 Después de los tres días y medio, el aliento de vida de Dios entró en ellos, y se pusieron de pie. Un gran temor cayó sobre los que los vieron. 11:12 Oí una fuerte voz del cielo que les decía: “¡Subid aquí!”. Subieron al cielo en una nube, y sus enemigos los vieron. 11:13 Aquel día hubo un gran terremoto y cayó la décima parte de la ciudad. Siete mil personas murieron en el terremoto, y el resto se aterrorizó y dio gloria al Dios del cielo. 11:14 El segundo ay ha pasado. He aquí que el tercer ay viene pronto. 11:15 El séptimo ángel tocó la trompeta, y en el cielo se oyeron grandes voces que decían: “El reino del mundo se ha convertido en el reino de nuestro Señor y de su Cristo. Él reinará por los siglos de los siglos”. 11:16 Los veinticuatro ancianos, sentados en sus tronos ante el trono de Dios, se postraron sobre sus rostros y adoraron a Dios, 11:17 diciendo: “Te damos gracias, Señor Dios, el Todopoderoso, el que es y el que era, porque has tomado tu gran poder y has reinado. 11:18 Las naciones se enfurecieron y llegó tu ira, así como el momento de juzgar a los muertos y de dar su recompensa a tus siervos los profetas, así como a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.” 11:19 El templo de Dios que está en el cielo se abrió, y el arca de la alianza del Señor se vio en su templo. Siguieron relámpagos, estruendos, truenos, un terremoto y granizo.