Devocional mesiánico
Beshalaj
בְּשַׁלַּח
Shabat · 23 de enero de 2027
Torá: Éxodo 13:17–17:16 · Haftará: Jueces 4:4–5:31 · Brit Hadashah: Juan 6:15-71
Escucha la porción
Aliá 1
✦ La porción esta semana
Resumen de la porción
Beshalaj narra la salida final de Egipto: el pueblo cruza el Mar Rojo en tierra seca mientras las aguas se cierran sobre el ejército del faraón. Israel canta el Cántico del Mar celebrando la victoria de Yehová, pero pronto empieza a quejarse por falta de agua y comida. Dios responde con agua dulce en Mara, maná del cielo y agua de la roca en Refidim, y establece el shabat como parte de esta provisión. La porción cierra con la guerra contra Amalec, donde Israel vence mientras Moisés mantiene las manos en alto.
El hilo de la parashá
Lo que atraviesa toda la parashá es una pregunta que el pueblo repite en cada crisis: “¿Está Yehová entre nosotros, o no?” (Éxodo 17:7). En el mar, la respuesta es que ellos «solo tienen que quedarse tranquilos» (Éxodo 14:14); ante el hambre, la respuesta es un pan que no pueden producir ni acumular, solo recoger cada día (Éxodo 16:4); ante la sed, la respuesta brota de una roca golpeada. En cada caso, la salvación no depende de la fuerza ni de la planificación de Israel —salieron «armados y organizados como un ejército» (Éxodo 13:18), pero ese ejército no pelea en el mar ni en Mara ni en Refidim. Incluso en Amalec, la victoria depende de que Moisés mantenga los brazos en alto, no de la espada de Josué solamente (Éxodo 17:11-13). El maná mismo enseña esto con precisión matemática: «ni le sobró al que recogió mucho, ni le faltó al que recogió poco» (Éxodo 16:18). Es una provisión diaria, no una reserva que el hombre controla.
La haftará
El relato de Débora y Barac replica esta misma estructura: un pueblo acosado, novecientos carros de hierro enemigos —tan formidables como la caballería del faraón—, y una victoria que Yehová entrega no por la fuerza militar de Israel sino, explícitamente, «en mano de mujer» (Jueces 4:9). Como después del mar, la respuesta es un cántico (Jueces 5:1), y ese cántico recuerda que «desde los cielos pelearon las estrellas» (Jueces 5:20) — no la lanza humana. La misma pregunta del desierto resuena aquí: ¿quién pelea realmente esta guerra?
El Mesías en la porción
En Juan 6, los discípulos cruzan un mar agitado de noche, y ven a alguien caminar sobre el agua que Yehová mismo partió y dominó en Éxodo 14. El miedo de los discípulos recibe la misma respuesta que Moisés dio a Israel junto al Mar Rojo: «Soy yo. No tengan miedo» (Juan 6:20) — un eco directo de «¡No tengan miedo!» (Éxodo 14:13). El que partió el mar ahora camina sobre él.
Pero el cumplimiento más denso está en el maná. La multitud invoca a sus padres que «comieron el maná en el desierto» (Juan 6:31), y Jesús responde señalando que aquel pan, por milagroso que fuera, no impidió la muerte: «Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron» (Juan 6:49). El maná se recogía cada día, no se podía guardar (Éxodo 16:20); Jesús se ofrece como el pan que, una vez recibido, no se agota ni se pudre: «el que come este pan vivirá para siempre» (Juan 6:58). El maná sostenía el cuerpo por un día; Él sostiene la vida eterna.
Para la semana
Esta semana, en lugar de acumular certezas o provisiones que crees necesitar para mañana, practica recibir lo que hoy te da lo justo: una porción de su Palabra, no la respuesta completa a todas tus preguntas futuras. Detente ante alguna dificultad concreta y, como Israel frente al mar, resiste la urgencia de resolverla tú mismo antes de ver qué hace Dios.
Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.
✦ Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo
Aliá 1 · Éxodo 13:17–14:8
13:17 Cuando el faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, aunque era el más corto, porque Dios pensó: “Si el pueblo se enfrenta a una guerra, podrían arrepentirse y regresarse a Egipto”. 13:18 En lugar de eso, Dios hizo que el pueblo diera un rodeo por el camino del desierto, rumbo al Mar Rojo. Y los israelitas salieron de Egipto armados y organizados como un ejército. 13:19 Moisés se llevó los huesos de José, porque José les había hecho jurar a los israelitas diciéndoles: “Dios ciertamente vendrá a ayudarlos; cuando eso pase, llévense mis huesos con ustedes”. 13:20 Partieron de Sucot y acamparon en Etam, justo donde empieza el desierto. 13:21 Yehová iba delante de ellos: de día iba en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, y así podían viajar de día o de noche. 13:22 La columna de nube no se apartaba de ellos durante el día, ni la columna de fuego durante la noche. 14:1 Yehová le habló a Moisés y le dijo: 14:2 “Diles a los israelitas que den la vuelta y acampen frente a Pi-hahirot, entre Migdol y el mar, frente a Baal-zefón. Acamparán allí, a la orilla del mar. 14:3 Así el faraón pensará: ‘Los israelitas andan perdidos en el país; el desierto los tiene acorralados’. 14:4 Yo haré que el faraón se ponga terco y los persiga. Entonces mostraré mi gloria al derrotar al faraón y a todo su ejército, y los egipcios sabrán que yo soy Yehová.” Y los israelitas hicieron lo que Dios ordenó. 14:5 Cuando le avisaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, el faraón y sus funcionarios cambiaron de parecer y dijeron: “¿Qué hemos hecho? ¡Dejamos ir a los israelitas y perdimos a nuestros esclavos!” 14:6 Entonces el faraón mandó preparar su carro de guerra y se llevó a su ejército con él. 14:7 Se llevó seiscientos de los mejores carros, y todos los demás carros de guerra de Egipto, todos al mando de sus capitanes. 14:8 Yehová hizo que el faraón, rey de Egipto, se pusiera terco y persiguiera a los israelitas, a pesar de que ellos habían salido libres y con la frente en alto.
Aliá 2 · Éxodo 14:9-14
14:9 Los egipcios, con todos los caballos, los carros de guerra y la caballería del faraón, persiguieron a los israelitas y los alcanzaron mientras acampaban junto al mar, cerca de Pi-hahirot, frente a Baal-zefón. 14:10 Al ver que el faraón y los egipcios se acercaban, los israelitas se murieron de miedo y empezaron a pedirle ayuda a Yehová a gritos. 14:11 Y le reclamaron a Moisés: “¿Acaso no había tumbas en Egipto, que nos trajiste a morir al desierto? ¿Por qué nos hiciste esto? ¿Para qué nos sacaste de Egipto? 14:12 ¿No te decíamos cuando estábamos allá: ‘Déjanos en paz, preferimos ser esclavos de los egipcios’? ¡Hubiera sido mejor seguir de esclavos que morir aquí en el desierto!” 14:13 Moisés le respondió al pueblo: “¡No tengan miedo! Quédense quietos y vean cómo Yehová los va a salvar hoy. A estos egipcios que ven ahora, no los volverán a ver nunca más. 14:14 Yehová peleará por ustedes, y ustedes solo tienen que quedarse tranquilos”.
Aliá 3 · Éxodo 14:15-25
14:15 Entonces Yehová le dijo a Moisés: “¿Por qué me pides ayuda a gritos? ¡Diles a los israelitas que sigan avanzando! 14:16 Y tú, levanta tu vara, extiende tu mano sobre el mar y ábrelo en dos, para que los israelitas crucen por en medio del mar sobre tierra seca. 14:17 Yo haré que los egipcios se pongan tercos y entren al mar persiguiéndolos. Entonces mostraré mi gloria al derrotar al faraón, a todo su ejército, a sus carros y a su caballería. 14:18 Y cuando yo haya mostrado mi gloria contra el faraón y sus tropas, los egipcios sabrán que yo soy Yehová.” 14:19 El ángel de Dios, que iba guiando el campamento de Israel, cambió de lugar y se puso detrás de ellos. La columna de nube también se movió y se puso a sus espaldas, 14:20 quedando exactamente entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel. Del lado de los egipcios, la nube trajo oscuridad, pero del lado de los israelitas alumbraba la noche. Así que en toda la noche los egipcios no pudieron acercarse a los israelitas. 14:21 Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yehová mandó un fuerte viento del este que sopló toda la noche y partió el mar en dos. Las aguas se dividieron y el fondo del mar quedó seco. 14:22 Los israelitas cruzaron por en medio del mar caminando sobre tierra seca, mientras las aguas formaban dos grandes muros, uno a la derecha y otro a la izquierda. 14:23 Los egipcios se lanzaron a perseguirlos, y todos los caballos del faraón, junto con sus carros y su caballería, entraron tras ellos hasta la mitad del mar. 14:24 En la madrugada, Yehová miró al ejército egipcio desde la columna de fuego y nube, y los llenó de confusión y pánico. 14:25 Hizo que se les trabaran las ruedas a sus carros de guerra, para que no pudieran avanzar. Entonces los egipcios gritaron: “¡Huyamos de los israelitas, porque Yehová está peleando a favor de ellos y contra nosotros!”
Aliá 4 · Éxodo 14:26–15:26
14:26 Yehová le dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar para que las aguas se regresen y cubran a los egipcios, a sus carros y a su caballería.” 14:27 Moisés extendió su mano sobre el mar, y al amanecer el mar volvió a su lugar normal. Los egipcios intentaron huir, pero se toparon de frente con las aguas, y Yehová los hundió en medio del mar. 14:28 Las aguas regresaron y cubrieron los carros, la caballería y a todo el ejército del faraón que había entrado al mar para perseguir a los israelitas. ¡No quedó ni uno solo de ellos con vida! 14:29 En cambio, los israelitas cruzaron el mar caminando sobre tierra seca, con las aguas formando un muro a su derecha y otro a su izquierda. 14:30 Así fue como Yehová salvó a Israel del poder de los egipcios en aquel día; y los israelitas vieron los cadáveres de los egipcios tirados a la orilla del mar. 14:31 Al ver el tremendo poder que Yehová había usado contra los egipcios, el pueblo le tuvo un profundo respeto a Yehová, y creyeron en él y en su siervo Moisés. 15:1 Entonces Moisés y los israelitas le cantaron esta canción a Yehová: “Le cantaré a Yehová, porque ha tenido una victoria gloriosa. Ha arrojado al mar a los caballos y a sus jinetes. 15:2 Yehová es mi fuerza y mi canción, él ha sido mi salvación. Él es mi Dios, y yo lo alabaré; es el Dios de mi padre, y yo lo exaltaré. 15:3 Yehová es un guerrero invencible. ¡Yehová es su nombre! 15:4 Hundió en el mar los carros del faraón y a su ejército. Sus mejores capitanes se ahogaron en el Mar Rojo. 15:5 Las aguas profundas los cubrieron; cayeron hasta el fondo como si fueran piedras. 15:6 Tu mano derecha, Yehová, es grandiosa en poder. Tu mano derecha, Yehová, hace pedazos al enemigo. 15:7 Con tu inmensa grandeza derribas a los que te atacan. Desatas tu furia y los consumes como a paja seca. 15:8 Con el soplo de tu aliento, se amontonaron las aguas; las corrientes se levantaron y formaron un muro; el fondo del mar quedó al descubierto. 15:9 El enemigo pensó: ‘Los perseguiré y los alcanzaré; les quitaré todo lo que tienen. Cumpliré mis deseos con ellos. Sacaré mi espada y los mataré con mis propias manos’. 15:10 Pero soplaste con tu viento y el mar los cubrió por completo. Se hundieron como plomo en las aguas violentas. 15:11 ¿Qué dios se compara a ti, Yehová? ¿Quién como tú, grandioso y santo, digno de profundo respeto, hacedor de milagros? 15:12 Extendiste tu mano derecha, y la tierra se los tragó. 15:13 Con tu amor fiel has guiado a este pueblo que rescataste; con tu poder los llevas hacia tu santa morada. 15:14 Las naciones escucharon y temblaron de miedo; los habitantes de Filistea se llenaron de angustia. 15:15 Los líderes de Edom se asustaron; los hombres fuertes de Moab se pusieron a temblar. Todos los habitantes de Canaán perdieron el valor. 15:16 El terror y el pánico cayeron sobre ellos; por el poder de tu brazo, se quedaron paralizados como piedras, hasta que pasó tu pueblo, Yehová, hasta que terminó de pasar el pueblo que tú compraste. 15:17 Tú los traerás y los plantarás en el monte que te pertenece, en el lugar que preparaste para vivir, Yehová, en el santuario, Señor, que tus propias manos construyeron. 15:18 ¡Yehová reinará por siempre y para siempre!” 15:19 Cuando los caballos del faraón, con sus carros de guerra y su caballería, entraron al mar, Yehová hizo que las aguas se les vinieran encima; pero los israelitas cruzaron el mar caminando sobre tierra seca. 15:20 Entonces la profetisa Miriam, que era hermana de Aarón, tomó una pandereta, y todas las mujeres la siguieron tocando panderetas y bailando. 15:21 Y Miriam les cantaba: “Cántenle a Yehová, porque ha tenido una victoria gloriosa. Ha arrojado al mar a los caballos y a sus jinetes”. 15:22 Moisés guio a los israelitas desde el Mar Rojo hacia el desierto de Shur. Caminaron por el desierto durante tres días sin encontrar agua. 15:23 Cuando llegaron a un lugar llamado Mara, no pudieron tomar el agua de ahí porque era muy amarga. (Por eso el lugar se llama Mara, que significa “amargo”). 15:24 Entonces el pueblo se empezó a quejar con Moisés y le dijeron: “¿Pues qué vamos a tomar?” 15:25 Moisés le pidió ayuda a Yehová, y Yehová le mostró un pedazo de madera; Moisés lo echó al agua, y el agua se volvió dulce. Allí en Mara, Yehová les dio leyes y normas, y allí los puso a prueba. 15:26 Les dijo: “Si ustedes escuchan con atención mi voz, y hacen lo que a mí me agrada, y si obedecen mis mandamientos y cumplen todas mis leyes, no les mandaré ninguna de las enfermedades que les mandé a los egipcios; porque yo soy Yehová, el que los sana.”
Aliá 5 · Éxodo 15:27–16:10
15:27 Después llegaron a Elim, un lugar donde había doce manantiales de agua y setenta palmeras, y acamparon allí, junto al agua. 16:1 Toda la comunidad de los israelitas salió de Elim y llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí. Llegaron allí el día quince del segundo mes, después de haber salido de Egipto. 16:2 Allí en el desierto, toda la comunidad de los israelitas empezó a quejarse de Moisés y de Aarón; 16:3 y les decían: “¡Ojalá Yehová nos hubiera quitado la vida en Egipto! Allá nos sentábamos a comer carne de las ollas y comíamos pan hasta llenarnos. ¡Pero ustedes nos trajeron a este desierto para matarnos de hambre a todos!” 16:4 Entonces Yehová le dijo a Moisés: “Mira, voy a hacer que les llueva pan del cielo. La gente saldrá todos los días a recoger solo lo necesario para ese día. De esta manera los pondré a prueba para ver si obedecen mis instrucciones o no. 16:5 El sexto día, cuando preparen lo que lleven, recogerán el doble de lo que recogen los demás días.” 16:6 Moisés y Aarón les dijeron a todos los israelitas: “Hoy en la tarde se darán cuenta de que fue Yehová quien los sacó de Egipto. 16:7 Y mañana en la mañana verán la gloria de Yehová, porque él ya escuchó cómo se andan quejando de él. Al fin y al cabo, ¿quiénes somos nosotros para que se anden quejando de nosotros?” 16:8 Moisés también les dijo: “Yehová les va a dar carne para comer en la tarde, y pan en la mañana para que se llenen, porque ya escuchó las quejas que tienen contra él. ¿Acaso nosotros somos alguien? ¡Sus quejas no son contra nosotros, son contra Yehová!” 16:9 Luego Moisés le dijo a Aarón: “Diles a todos los israelitas que se acerquen a la presencia de Yehová, porque él ya escuchó sus quejas”. 16:10 Y mientras Aarón le hablaba a toda la comunidad de los israelitas, ellos voltearon hacia el desierto, ¡y vieron que la gloria de Yehová apareció en la nube!
Aliá 6 · Éxodo 16:11-36
16:11 Yehová le habló a Moisés y le dijo: 16:12 “He escuchado las quejas de los israelitas. Diles esto: ‘Al atardecer comerán carne, y por la mañana se llenarán de pan. Así sabrán que yo soy Yehová, su Dios’”. 16:13 Esa misma tarde llegaron muchísimas codornices que cubrieron todo el campamento, y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de las carpas. 16:14 Cuando el rocío se evaporó, vieron que sobre la superficie del desierto había quedado algo fino y con forma de escamas, tan fino como la escarcha en el suelo. 16:15 Al verlo, los israelitas se preguntaban unos a otros: “¿Y esto qué es?” Porque no sabían lo que era. Moisés les explicó: “Es el pan que Yehová les ha dado para comer. 16:16 Y esta es la orden de Yehová: ‘Cada uno debe recoger lo que necesite para comer. Recojan unos dos kilos por persona, según la cantidad de gente que viva en cada carpa’”. 16:17 Los israelitas lo hicieron así. Unos recogieron más y otros menos. 16:18 Pero al medirlo, ni le sobró al que recogió mucho, ni le faltó al que recogió poco. Cada uno había recogido exactamente lo que necesitaba para comer. 16:19 Y Moisés les advirtió: “Nadie debe guardar nada para el día siguiente”. 16:20 Pero algunos no le hicieron caso a Moisés y guardaron un poco para el otro día; pero la comida se llenó de gusanos y empezó a apestar. Moisés se enojó mucho con ellos. 16:21 Así que todas las mañanas cada uno recogía lo que iba a comer, porque en cuanto el sol calentaba, aquello se derretía. 16:22 El sexto día recogieron el doble de comida, o sea, unos cuatro kilos para cada persona. Entonces todos los líderes de la comunidad fueron a avisarle a Moisés. 16:23 Moisés les dijo: “Esto es lo que Yehová ordenó: ‘Mañana es un día de descanso, un sábado consagrado a Yehová. Así que cocinen hoy lo que tengan que cocinar, y hiervan lo que tengan que hervir. Todo lo que sobre guárdenlo para mañana’”. 16:24 Ellos guardaron las sobras para el día siguiente, tal como Moisés les dijo, y la comida no se echó a perder ni se agusanó. 16:25 Moisés les dijo: “Cómanse eso hoy, porque hoy es sábado, día de descanso en honor a Yehová. Hoy no van a encontrar nada allá afuera. 16:26 Tienen seis días a la semana para recogerlo, pero el séptimo día es de descanso; ese día no habrá nada”. 16:27 Aun así, el séptimo día algunos salieron a recoger, pero no encontraron nada. 16:28 Entonces Yehová le reclamó a Moisés: “¿Hasta cuándo se van a negar a obedecer mis mandamientos y mis instrucciones? 16:29 Entiendan que yo les di el sábado como día de descanso; por eso el sexto día les doy comida suficiente para dos días. El séptimo día todos deben quedarse donde están y no salir a buscar nada”. 16:30 Así que el pueblo descansó el séptimo día. 16:31 Los israelitas llamaron “maná” a ese alimento. Era blanco como la semilla de cilantro y sabía a galletas con miel. 16:32 Luego Moisés dijo: “Esto es lo que Yehová ha ordenado: ‘Guarden unos dos kilos de maná para las futuras generaciones, para que vean el pan con el que los alimenté en el desierto cuando los saqué de Egipto’”. 16:33 Y Moisés le dijo a Aarón: “Consigue un frasco, pon adentro unos dos kilos de maná y ponlo en la presencia de Yehová, para que se conserve para las futuras generaciones.” 16:34 Aarón hizo lo que Yehová le ordenó a Moisés, y puso el frasco con el maná frente al arca del pacto para que se conservara allí. 16:35 Los israelitas comieron maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a una tierra donde había gente; comieron maná hasta que llegaron a la frontera de Canaán. 16:36 (La medida que usaban para recoger el maná era de unos dos litros).
Aliá 7 · Éxodo 17:1-16
17:1 Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin, viajando por etapas según el mandato de Yehová, y acamparon en Refidim; pero no había agua para que la gente bebiera. 17:2 Por eso el pueblo le reclamó a Moisés y le exigió: “Danos agua para beber”. Moisés les contestó: “¿Por qué pelean conmigo? ¿Por qué ponen a prueba a Yehová?” 17:3 Pero la gente estaba muerta de sed; por eso murmuraron contra Moisés y dijeron: “¿Para qué nos sacaste de Egipto? ¿Solo para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?” 17:4 Moisés le suplicó a Yehová: “¿Qué hago con este pueblo? ¡Falta poco para que me agarren a pedradas!” 17:5 Yehová le dijo a Moisés: “Pasa al frente del pueblo, lleva contigo a algunos de los líderes de Israel, toma la vara con la que golpeaste el río Nilo, y vete para allá. 17:6 Yo estaré esperándote sobre la roca que está en Horeb. Golpearás la roca, y saldrá agua de ella para que el pueblo beba”. Moisés lo hizo así, a la vista de los líderes de Israel. 17:7 Y Moisés llamó a aquel lugar Masah, y también Meribá, por el pleito de los israelitas, y porque pusieron a prueba a Yehová al decir: “¿Está Yehová entre nosotros, o no?” 17:8 En ese tiempo, los amalecitas vinieron y atacaron a Israel en Refidim. 17:9 Moisés le dijo a Josué: “Escoge a algunos hombres y sal a pelear contra los amalecitas. Mañana yo estaré en la cima del cerro con la vara de Dios en mi mano”. 17:10 Josué hizo lo que Moisés le ordenó y salió a pelear contra los amalecitas, mientras que Moisés, Aarón y Hur subieron a la cima del cerro. 17:11 Y resulta que, mientras Moisés mantenía los brazos en alto, los israelitas ganaban la batalla; pero cuando los bajaba, ganaban los amalecitas. 17:12 Como los brazos de Moisés se cansaron, Aarón y Hur le consiguieron una piedra para que se sentara. Luego, uno de cada lado, le sostuvieron los brazos en alto, y así se mantuvieron firmes hasta que se puso el sol. 17:13 De esta manera, Josué derrotó a los amalecitas a filo de espada. 17:14 Entonces Yehová le dijo a Moisés: “Escribe esto en un libro para que quede como un recuerdo, y léeselo a Josué: Voy a borrar por completo el recuerdo de los amalecitas de la faz de la tierra.” 17:15 Moisés construyó un altar y lo llamó “Yehová es mi bandera”. 17:16 Y exclamó: “¡Levantemos las manos hacia el trono de Yehová! Yehová estará en guerra contra los amalecitas de generación en generación.”
✦ Haftará (Profetas)
4:4 Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, esposa de Lapidot; 4:5 la cual se sentaba debajo de la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a juicio. 4:6 Y ella envió a llamar a Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo: “¿No te ha mandado Yehová Dios de Israel, diciendo: ‘Ve, reúne a tu gente en el monte Tabor, y toma contigo diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón; 4:7 y yo atraeré hacia ti al torrente de Cisón a Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros y su multitud, y lo entregaré en tu mano’?”. 4:8 Barac le respondió: “Si tú vas conmigo, yo iré; pero si no vas conmigo, no iré”. 4:9 Ella dijo: “Iré contigo; pero no será tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en mano de mujer venderá Yehová a Sísara”. Y levantándose Débora, fue con Barac a Cedes. 4:10 Y juntó Barac a Zabulón y a Neftalí en Cedes, y subió con diez mil hombres a su mando; y Débora subió con él. 4:11 Y Heber ceneo, de los hijos de Hobab suegro de Moisés, se había apartado de los ceneos, y había plantado sus tiendas hasta la encina de Zaanaim, que está junto a Cedes. 4:12 Dieron aviso a Sísara de que Barac hijo de Abinoam había subido al monte Tabor. 4:13 Y reunió Sísara todos sus carros, novecientos carros de hierro, y a todo el pueblo que con él estaba, desde Haroset-goim hasta el torrente de Cisón. 4:14 Entonces Débora dijo a Barac: “¡Levántate!, porque este es el día en que Yehová ha entregado a Sísara en tu mano. ¿No ha salido Yehová delante de ti?”. Y Barac descendió del monte Tabor, y diez mil hombres en pos de él. 4:15 Y Yehová desbarató a Sísara, a todos sus carros y a todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara descendió del carro, y huyó a pie. 4:16 Mas Barac siguió los carros y el ejército hasta Haroset-goim, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada, hasta no quedar ni uno. 4:17 Y Sísara huyó a pie a la tienda de Jael esposa de Heber ceneo; porque había paz entre Jabín rey de Hazor y la casa de Heber ceneo. 4:18 Y saliendo Jael a recibir a Sísara, le dijo: “Pase, señor mío, pase por aquí, no tenga temor”. Y él vino a ella a la tienda, y ella lo cubrió con una manta. 4:19 Y él le dijo: “Te ruego me des de beber un poco de agua, pues tengo sed”. Y ella abrió un recipiente de leche y le dio de beber, y le volvió a cubrir. 4:20 Y él le dijo: “Quédate a la puerta de la tienda, y si alguien viene y te pregunta, diciendo: ‘¿Hay alguien aquí?’, tú responderás que no”. 4:21 Pero Jael esposa de Heber tomó una estaca de la carpa, y poniendo un martillo en su mano, se acercó a él calladamente y le metió la estaca por la sien, y la enclavó en la tierra, pues él estaba cargado de sueño y cansado; y así murió. 4:22 Y siguiendo Barac a Sísara, Jael salió a recibirlo, y le dijo: “Ven, y te mostraré al hombre que tú buscas”. Y él entró donde ella estaba, y aquí tienen a Sísara que yacía muerto con la estaca por sus sienes. 4:23 Así abatió Dios aquel día a Jabín, rey de Canaán, delante de los hijos de Israel. 4:24 Y la mano de los hijos de Israel fue endureciéndose más y más contra Jabín rey de Canaán, hasta que lo destruyeron. 5:1 Aquel día cantaron Débora y Barac hijo de Abinoam, diciendo: 5:2 “Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel, por haberse ofrecido el pueblo voluntariamente, ¡bendigan a Yehová! 5:3 “¡Oigan, reyes! ¡Atiendan, príncipes! Yo cantaré a Yehová; cantaré salmos a Yehová, el Dios de Israel. 5:4 “Yehová, cuando saliste de Seír, cuando te marchaste de los campos de Edom, la tierra tembló y los cielos destilaron; también las nubes gotearon aguas. 5:5 Los montes se derritieron delante de Yehová, aquel Sinaí, delante de Yehová Dios de Israel. 5:6 “En los días de Samgar hijo de Anat, en los días de Jael, quedaron abandonados los caminos, y los que andaban por las sendas iban por desvíos tortuosos. 5:7 Las aldeas quedaron desiertas en Israel, cesaron, hasta que yo, Débora, me levanté; hasta que me levanté como madre en Israel. 5:8 Cuando escogían nuevos dioses, la guerra estaba a las puertas. ¿Se veía escudo o lanza entre cuarenta mil en Israel? 5:9 Mi corazón está con los jefes de Israel, con los que voluntariamente se ofrecieron entre el pueblo. ¡Bendigan a Yehová! 5:10 “Ustedes, los que cabalgan en burras blancas, los que se sientan sobre tapices, y los que viajan por el camino, mediten. 5:11 Lejos del ruido de los arqueros, en los abrevaderos, allí repetirán los actos de justicia de Yehová, las justicias de su gobierno en Israel. “Entonces el pueblo de Yehová descendió a las puertas. 5:12 “¡Despierta, despierta, Débora! ¡Despierta, despierta, entona un cántico! ¡Levántate, Barac, y lleva a tus cautivos, hijo de Abinoam! 5:13 “Entonces descendió un remanente de los nobles y del pueblo; Yehová descendió por mí contra los poderosos. 5:14 De Efraín vinieron los que tenían su raíz en Amalec, en pos de ti, Benjamín, entre tus pueblos. De Maquir descendieron caudillos, y de Zabulón los que manejan el bastón de mando. 5:15 Los príncipes de Isacar estuvieron con Débora; e Isacar, lo mismo que Barac, se lanzó al valle tras sus pasos. Entre las divisiones de Rubén hubo grandes resoluciones de corazón. 5:16 “¿Por qué te quedaste sentado entre los apriscos, para oír los balidos de los rebaños? Entre las divisiones de Rubén hubo grandes escrutinios del corazón. 5:17 Galaad se quedó al otro lado del Jordán; y Dan, ¿por qué se detuvo junto a las naves? Aser se mantuvo quieto en la ribera del mar, y se quedó en sus puertos. 5:18 Zabulón fue pueblo que expuso su vida a la muerte, y Neftalí también, en las alturas del campo. 5:19 “Vinieron reyes y pelearon; entonces pelearon los reyes de Canaán en Taanac, junto a las aguas de Meguido, mas no llevaron botín de plata. 5:20 Desde los cielos pelearon las estrellas; desde sus órbitas pelearon contra Sísara. 5:21 Los barrió el torrente de Cisón, el antiguo torrente, el torrente Cisón. ¡Marcha, alma mía, con poder! 5:22 “Entonces resonaron los cascos de los caballos por el galope, el galope de sus corceles. 5:23 ‘Maldigan a Meroz’, dijo el Ángel de Yehová; ‘maldigan amargamente a sus habitantes, porque no vinieron en ayuda de Yehová, en ayuda de Yehová contra los fuertes’. 5:24 “Bendita sea entre las mujeres Jael, mujer de Heber ceneo; entre las mujeres que habitan en tiendas sea bendita. 5:25 Él pidió agua, y ella le dio leche; en tazón de nobles le presentó cuajada. 5:26 Alargó su mano a la clavija, y su diestra al mazo de los trabajadores; y golpeó a Sísara, y machacó su cabeza, y horadó y atravesó sus sienes. 5:27 Se encogió a sus pies, cayó, quedó tendido; a sus pies se encogió, cayó; donde se encogió, allí cayó muerto. 5:28 “La madre de Sísara se asoma a la ventana, y a través de la celosía clama: ‘¿Por qué tarda su carro en venir? ¿Por qué se detienen las ruedas de sus carros?’. 5:29 Las más sabias de sus damas le respondían, y aun ella se repetía a sí misma: 5:30 ‘¿No habrán hallado botín, y lo estarán repartiendo? A cada uno una doncella, o dos; las vestiduras de colores para Sísara, un botín de telas teñidas y bordadas, dos telas bordadas para el cuello del vencedor’. 5:31 “¡Así perezcan todos tus enemigos, Yehová! Mas los que te aman sean como el sol cuando nace en su fuerza”. Y la tierra reposó cuarenta años.
✦ Brit Hadashah (Pacto Renovado)
6:15 Jesús, pues, percibiendo que iban a venir a prenderle por la fuerza para hacerle rey, se retiró de nuevo al monte, a solas. 6:16 Al atardecer, sus discípulos bajaron al mar. 6:17 Entraron en la barca y atravesaron el mar hacia Capernaum. Ya había oscurecido, y Jesús no había venido a ellos. 6:18 El mar estaba agitado por un gran viento que soplaba. 6:19 Por lo tanto, cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. 6:20 Pero él les dijo: “Soy yo. No tengan miedo”. 6:21 Por lo tanto, estaban dispuestos a recibirlo en la barca. En seguida la barca llegó a la tierra a la que se dirigían. 6:22 Al día siguiente, la multitud que estaba al otro lado del mar vio que no había allí ninguna otra barca, sino aquella en la que se habían embarcado sus discípulos, y que Jesús no había entrado con sus discípulos en la barca, sino que sus discípulos se habían ido solos. 6:23 Sin embargo, unas barcas procedentes de Tiberíades se acercaron al lugar donde comieron el pan después de que el Señor diera las gracias. 6:24 Al ver, pues, la multitud que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, subieron ellos mismos a las barcas y vinieron a Capernaum, buscando a Jesús. 6:25 Cuando lo encontraron al otro lado del mar, le preguntaron: “Rabí, ¿cuándo has venido aquí?” 6:26 Jesús les respondió: “Les aseguro que me buscan, no porque hayan visto señales, sino porque comieron de los panes y se saciaron. 6:27 No trabajen por el alimento que perece, sino por el que permanece para la vida eterna, que les dará el Hijo del Hombre. Porque Dios el Padre lo ha sellado”. 6:28 Entonces le dijeron: “¿Qué debemos hacer, para que podamos obrar las obras de Dios?” 6:29 Jesús les respondió: “Esta es la obra de Dios, que crean en el que él ha enviado”. 6:30 Por eso le dijeron: “¿Qué señal haces, pues, para que te veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? 6:31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto. Como está escrito: ‘Les dio a comer pan del cielo’”. 6:32 Entonces Jesús les dijo: “Les aseguro que no fue Moisés quien les dio el pan del cielo, sino que mi Padre les da el verdadero pan del cielo. 6:33 Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo”. 6:34 Por eso le dijeron: “Señor, danos siempre este pan”. 6:35 Jesús les dijo: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. 6:36 Pero les he dicho que me han visto, y sin embargo no creen. 6:37 Todos los que el Padre me dé vendrán a mí. Al que venga a mí no lo echaré de ninguna manera. 6:38 Porque he bajado del cielo, no para hacer mi propia voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. 6:39 Esta es la voluntad de mi Padre que me ha enviado: que de todo lo que me ha dado no pierda nada, sino que lo resucite en el último día. 6:40 Esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo el que vea al Hijo y crea en él tenga vida eterna; y yo lo resucitaré en el último día”. 6:41 Los judíos, pues, murmuraban de él, porque decía: “Yo soy el pan bajado del cielo”. 6:42 Dijeron: “¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo, pues, dice: ‘He bajado del cielo’?” 6:43 Por eso Jesús les respondió: “No murmuren entre ustedes. 6:44 Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió no lo atrae; y yo lo resucitaré en el último día. 6:45 Está escrito en los profetas: ‘Todos serán enseñados por Dios’. Por eso, todo el que oye del Padre y ha aprendido, viene a mí. 6:46 No es que alguien haya visto al Padre, sino el que viene de Dios. Él ha visto al Padre. 6:47 De cierto les digo que el que cree en mí tiene vida eterna. 6:48 Yo soy el pan de vida. 6:49 Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron. 6:50 Este es el pan que baja del cielo, para que cualquiera coma de él y no muera. 6:51 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguien come de este pan, vivirá para siempre. Sí, el pan que daré para la vida del mundo es mi carne”. 6:52 Los judíos, pues, discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?” 6:53 Por eso Jesús les dijo: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes mismos. 6:54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 6:55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. 6:56 El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí, y yo en él. 6:57 Como el Padre viviente me envió, y yo vivo por el Padre, así el que se alimenta de mí también vivirá por mí. 6:58 Este es el pan que bajó del cielo, no como sus padres que comieron el maná y murieron. El que come este pan vivirá para siempre”. 6:59 Estas cosas las decía en la sinagoga, mientras enseñaba en Capernaum. 6:60 Por eso, muchos de sus discípulos, al oír esto, dijeron: “¡Qué dura es esta palabra! ¿Quién puede escucharla?” 6:61 Pero Jesús, sabiendo en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: “¿Esto los hace tropezar? 6:62 ¿Y si vieran al Hijo del Hombre subir adonde estaba antes? 6:63 El espíritu es el que da la vida. La carne no aprovecha nada. Las palabras que yo les digo son espíritu y son vida. 6:64 Pero hay algunos de ustedes que no creen”. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quiénes eran los que lo iban a traicionar. 6:65 Dijo: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si no le es dado por mi Padre”. 6:66 Al oír esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él. 6:67 Entonces Jesús dijo a los doce: “¿Acaso quieren irse también ustedes?” 6:68 Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna. 6:69 Hemos creído y hemos conocido que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. 6:70 Jesús les respondió: “¿No los he elegido a ustedes, los doce, y uno de ustedes es un demonio?” 6:71 Ahora bien, hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque era él quien lo iba a traicionar, siendo uno de los doce.