Devocional mesiánico

Ekev

עֵקֶב

Shabat · 21 de agosto de 2027

Torá: Deuteronomio 7:12–11:25 · Haftará: Isaías 49:14–51:3 · Brit Hadashah: Hebreos 11:8-13; Romanos 8:31-39

Escucha la porción

Aliá 1

La porción esta semana

Resumen de la porción

Ekev retoma el discurso de Moisés en la llanura de Moab, advirtiendo a Israel que la conquista y la abundancia de la tierra no vienen por mérito propio sino por el pacto jurado a los padres. Moisés recuerda los cuarenta años de desierto, el maná, la ropa que no envejeció, como disciplina que probó el corazón del pueblo. Relata también el pecado del becerro de oro y su propia intercesión de cuarenta días para que Dios no destruyera a la nación. La porción cierra con el llamado central: amar, temer y aferrarse a Yehová con todo el corazón.

El hilo de la parashá

El nombre de la porción —ekev, "porque" o "a causa de"— señala la lógica que la recorre: hay una consecuencia entre escuchar y recibir, pero esa consecuencia no debe confundirse con mérito. Deuteronomio 9:4-6 lo dice sin rodeos: no es por tu justicia que entras a poseer la tierra, sino por la maldad de las naciones y por la palabra jurada a Abraham, Isaac y Jacob. El peligro que Moisés anticipa no es el fracaso sino el éxito: "cuando hayas comido y te sacies... tu corazón se enaltezca, y te olvides de Yehová" (Deuteronomio 8:12-14). Por eso el desierto —el hambre, el maná desconocido, la sed— no fue castigo sino pedagogía: "para humillarte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón" (Deuteronomio 8:2).

El becerro de oro es el ejemplo vivo de ese olvido: apenas Israel recibió las tablas, las rompió con su idolatría. Y sin embargo Dios no lo destruyó, porque Moisés intercedió invocando no la justicia del pueblo sino el nombre de los padres: "Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob" (Deuteronomio 9:27). El pacto sobrevive no porque Israel sea fiel, sino porque Dios recuerda.

La haftará

Isaías retoma exactamente esa tensión desde el lado del exilio. Sión dice: "Yehová me ha abandonado; el Señor se ha olvidado de mí" (Isaías 49:14) — el mismo olvido que Moisés temía, ahora vivido como abandono real. La respuesta de Dios no apela al mérito de Sión sino a su propia memoria: "aun cuando ella lo olvide, ¡yo nunca me olvidaré de ti!" (Isaías 49:15). Y cuando el profeta busca fundamento para la esperanza, no señala la obediencia del pueblo sino la roca de origen: "Miren a su padre Abraham, y a Sara" (Isaías 51:2) — el mismo padre invocado por Moisés en su intercesión.

El Mesías en la porción

Hebreos retoma esa misma roca: Abraham, que "salió sin saber a dónde iba" y vivió como extranjero "esperando la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios" (Hebreos 11:8-10). Es el eco preciso de Ekev: la tierra prometida nunca fue el punto final, sino una señal hacia algo que ni Abraham ni Israel poseyeron por completo mientras vivían. Murieron "sin haber recibido lo prometido... confesando que eran extranjeros y peregrinos" (Hebreos 11:13) — la misma condición que Moisés describe cuando dice que Israel entra a una tierra que no cultivó ni ganó, sino que recibió.

Y donde Moisés intercedió cuarenta días postrado, rogando que Dios no destruyera al pueblo de dura cerviz, Pablo señala a uno que intercede de manera definitiva: "Cristo... que también intercede por nosotros" (Romanos 8:34). La pregunta de Moisés — "¿cómo podré despojarlas?" (Deuteronomio 7:17) — encuentra su respuesta final en otra pregunta: "Si Dios está a favor de nosotros, ¿quién puede estar en contra?" (Romanos 8:31). Y la promesa que Isaías puso en boca de una madre que no olvida se convierte en certeza inquebrantable: "ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús" (Romanos 8:39).

Para la semana

Practica esta semana el recordar activo que pide Deuteronomio: antes de atribuirte cualquier logro, nombra en voz alta de dónde viene. Cuando reconozcas abundancia —en la mesa, en el trabajo, en la salud— detente y bendice como manda Deuteronomio 8:10, no como reflejo sino como disciplina deliberada.

Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.

Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo

Aliá 1 · Deuteronomio 7:12–8:10

7:12 Sucederá que, porque escuchas estas ordenanzas y las guardas y las pones en práctica, el Señor, tu Dios, mantendrá contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. 7:13 Él te amará, te bendecirá y te multiplicará. También bendecirá el fruto de tu cuerpo y el fruto de tu tierra, tu grano y tu vino nuevo y tu aceite, el aumento de tu ganado y las crías de tu rebaño, en la tierra que juró a tus padres que te daría. 7:14 Serás bendecido sobre todos los pueblos. No habrá macho ni hembra estéril entre ustedes, ni entre sus ganados. 7:15 El Señor quitará de ti toda enfermedad; y no pondrá sobre ti ninguna de las malas enfermedades de Egipto, que tú conoces, sino que las pondrá sobre todos los que te odian. 7:16 Consumirás a todos los pueblos que el Señor, tu Dios, te entregue. Tu ojo no se compadecerá de ellos. No servirás a sus dioses, porque eso sería una trampa para ti. 7:17 Si dices en tu corazón: “Estas naciones son más que yo; ¿cómo podré despojarlas?” 7:18 no les tendrás miedo. Recordarás bien lo que Yehová tu Dios hizo al Faraón y a todo Egipto: 7:19 las grandes pruebas que vieron tus ojos, las señales, los prodigios, la mano poderosa y el brazo extendido con que Yehová tu Dios te sacó. Así hará Yehová tu Dios con todos los pueblos de los que tienes miedo. 7:20 Además, Yehová tu Dios enviará el avispero entre ellos, hasta que los que queden, y se escondan, perezcan ante ti. 7:21 No te asustarás de ellos, porque el Señor tu Dios está en medio de ti, un Dios grande y temible. 7:22 El Señor, tu Dios, expulsará a esas naciones ante ti poco a poco. No las consumirás de una sola vez, no sea que los animales del campo aumenten sobre ti. 7:23 Pero el Señor, tu Dios, las entregará delante de ti, y las confundirá con una gran confusión, hasta destruirlas. 7:24 Entregará a sus reyes en tu mano, y harás que su nombre desaparezca de debajo del cielo. Nadie podrá presentarse ante ti hasta que los hayas destruido. 7:25 Quemarás con fuego las imágenes grabadas de sus dioses. No codiciarás la plata ni el oro que hay en ellas, ni lo tomarás para ti, para que no quedes atrapado en él; porque es una abominación para Yehová tu Dios. 7:26 No meterás una abominación en tu casa para que no seas anatema como ella. La aborrecerás por completo. La detestarás por completo, porque es anatema. 8:1 Cuidarán de poner en práctica todos los mandamientos que hoy les ordeno, para que vivan y se multipliquen, y entren y posean la tierra que Yehová juró a sus padres. 8:2 Recordarás todo el camino que Yehová, tu Dios, te ha conducido estos cuarenta años en el desierto, para humillarte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si guardarías sus mandamientos o no. 8:3 Te humilló, permitió que tuvieras hambre y te alimentó con el maná, que tú no conocías, ni tus padres tampoco, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de toda palabra que sale de la boca de Yehová. 8:4 Tu ropa no envejeció sobre ti, ni tu pie se hinchó, en estos cuarenta años. 8:5 Considerarás en tu corazón que como un hombre disciplina a su hijo, así te disciplina Yehová, tu Dios. 8:6 Guardarás los mandamientos de Yehová tu Dios, para andar en sus caminos y para temerle. 8:7 Porque Yehová tu Dios te lleva a una buena tierra, una tierra de arroyos de agua, de manantiales y de aguas subterráneas que fluyen en los valles y en las colinas; 8:8 una tierra de trigo, cebada, vides, higueras y granadas; una tierra de olivos y de miel; 8:9 una tierra en la que comerás el pan sin escasez, no te faltará nada en ella; una tierra cuyas piedras son de hierro, y de cuyos montes podrás sacar cobre. 8:10 Comerás y te saciarás, y bendecirás al Señor tu Dios por la buena tierra que te ha dado.

Aliá 2 · Deuteronomio 8:11–9:3

8:11 Cuídate de no olvidarte de Yehová tu Dios, al no guardar sus mandamientos, sus ordenanzas y sus estatutos, que yo te ordeno hoy; 8:12 no sea que cuando hayas comido y te sacies, y hayas construido casas hermosas y vivas en ellas; 8:13 y cuando se multipliquen tus rebaños y tus manadas, y se multiplique tu plata y tu oro, y se multiplique todo lo que tienes; 8:14 entonces tu corazón se enaltezca, y te olvides de Yehová tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; 8:15 que te condujo por el desierto grande y terrible, con serpientes venenosas y escorpiones, y con tierra sedienta donde no había agua; que te derramó agua de la roca de pedernal; 8:16 que te alimentó en el desierto con el maná que tus padres no conocieron, para humillarte y probarte, para hacerte bien en tu final; 8:17 y para que no digas en tu corazón: “Mi poder y la fuerza de mi mano me han conseguido esta riqueza.” 8:18 Pero te acordarás de Yehová, tu Dios, porque es él quien te da el poder para conseguir riquezas, para que confirme su pacto que juró a tus padres, como es hoy. 8:19 Si te olvidas del Señor, tu Dios, y andas en pos de otros dioses, y los sirves y los adoras, yo testifico hoy contra ti que ciertamente perecerás. 8:20 Como las naciones que Yehová hace perecer delante de ti, así perecerás tú, porque no quisiste escuchar la voz de Yehová tu Dios. 9:1 ¡Escucha, Israel! Hoy vas a pasar el Jordán, para entrar a desposeer a naciones más grandes y poderosas que tú, ciudades grandes y fortificadas hasta el cielo, 9:2 un pueblo grande y alto, los hijos de los anaceos, a los que conoces y de los que has oído decir: “¿Quién podrá enfrentarse a los hijos de Anac?” 9:3 Sepan, pues, hoy que Yehová, su Dios, es el que pasa delante de ustedes como un fuego devorador. Él los destruirá y los hará caer ante ustedes. Así los expulsarán y los harán perecer rápidamente, como Yehová les ha dicho.

Aliá 3 · Deuteronomio 9:4-29

9:4 No digas en tu corazón, después de que Yehová tu Dios los haya expulsado de delante de ti, “Por mi justicia Yehová me ha hecho entrar a poseer esta tierra”; porque Yehová los expulsa delante de ti por la maldad de estas naciones. 9:5 No por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer su tierra, sino por la maldad de estas naciones que Yehová, tu Dios, expulsa de delante de ti, y para confirmar la palabra que Yehová juró a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob. 9:6 Sepan, pues, que el Señor, su Dios, no les da esta buena tierra para que la posean por su justicia, porque son un pueblo de cuello duro. 9:7 Acuérdate, y no olvides, cómo provocaste la ira del Señor, tu Dios, en el desierto. Desde el día en que saliste de la tierra de Egipto hasta que llegaste a este lugar, te has rebelado contra Yehová. 9:8 También en Horeb provocaron la ira de Yehová, y este se enojó con ustedes para destruirlos. 9:9 Cuando subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Yehová hizo con ustedes, me quedé en el monte cuarenta días y cuarenta noches. No comí pan ni bebí agua. 9:10 El Señor me entregó las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios. En ellas estaban todas las palabras que Yehová habló con ustedes en la montaña, en medio del fuego, el día de la asamblea. 9:11 Al cabo de cuarenta días y cuarenta noches, Yehová me dio las dos tablas de piedra, las tablas de la alianza. 9:12 El Señor me dijo: “Levántate, baja pronto de aquí, porque tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido. Se han alejado rápidamente del camino que les ordené. Se han hecho una imagen de fundición”. 9:13 Además, el Señor me habló diciendo: “He visto a este pueblo, y he aquí que es un pueblo de dura cerviz. 9:14 Déjame, para que los destruya y borre su nombre de debajo del cielo; y haré de ti una nación más poderosa y más grande que ellos.” 9:15 Me volví y bajé del monte, y el monte ardía en llamas. Las dos tablas de la alianza estaban en mis dos manos. 9:16 Miré, y he aquí que habían pecado contra el Señor, su Dios. Se habían hecho un becerro moldeado. Se habían alejado rápidamente del camino que Yehová les había ordenado. 9:17 Tomé las dos tablas, las arrojé de mis dos manos y las rompí ante sus ojos. 9:18 Me postré ante el Señor, como al principio, durante cuarenta días y cuarenta noches. No comí pan ni bebí agua, a causa de todo el pecado que cometieron, al hacer lo que era malo a los ojos de Yehová, para provocarlo a la ira. 9:19 Porque tuve miedo de la cólera y del ardor con que Yehová se enojó contra ustedes para destruirlos. Pero Yehová me escuchó también aquella vez. 9:20 Yehová se enojó lo suficiente con Aarón como para destruirlo. También oré por Aarón en ese momento. 9:21 Tomé su pecado, el becerro que habían hecho, y lo quemé con fuego, y lo quebré, moliéndolo muy pequeño, hasta que quedó tan fino como el polvo. Arrojé su polvo al arroyo que descendía de la montaña. 9:22 En Taberá, en Masá y en Kibrot Hataavá provocaron la ira del Señor. 9:23 Cuando Yehová los envió desde Cades Barnea, diciendo: “Suban y tomen la tierra que les he dado”, se rebelaron contra el mandamiento de Yehová su Dios, y no le creyeron ni escucharon su voz. 9:24 Han sido rebeldes contra el Señor desde el día en que los conocí. 9:25 Por eso me postré ante Yehová los cuarenta días y las cuarenta noches que estuve postrado, porque Yehová había dicho que los destruiría. 9:26 Oré a Yehová y le dije: “Señor Yehová, no destruyas a tu pueblo y a tu herencia que has redimido con tu grandeza, que has sacado de Egipto con mano poderosa. 9:27 Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob. No mires la terquedad de este pueblo, ni su maldad, ni su pecado, 9:28 no sea que en la tierra de donde nos sacaste digan: ‘Porque Yehová no pudo llevarlos a la tierra que les prometió, y porque los odiaba, los ha sacado para matarlos en el desierto.’ 9:29 Sin embargo, ellos son tu pueblo y tu herencia, que sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido.”

Aliá 4 · Deuteronomio 10:1-11

10:1 En aquel tiempo Yehová me dijo: “Corta dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y haz un arca de madera. 10:2 Yo escribiré en las tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que rompiste, y las pondrás en el arca.” 10:3 Hice, pues, un arca de madera de acacia y corté dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en la mano. 10:4 En las tablas escribió, según la primera escritura, los diez mandamientos que Yehová les había hablado en la montaña, en medio del fuego, el día de la asamblea; y Yehová me los dio. 10:5 Me volví y bajé del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, tal como Yehová me lo ordenó. 10:6 (Los hijos de Israel viajaron desde Beerot Bene Jaacán hasta Moserah. Allí murió Aarón, y allí fue enterrado; y su hijo Eleazar ejerció el ministerio sacerdotal en su lugar. 10:7 De allí viajaron a Gudgodá, y de Gudgodá a Jotbata, tierra de arroyos de agua. 10:8 En aquel tiempo Yehová apartó a la tribu de Leví para que llevara el arca del pacto de Yehová, para que estuviera delante de Yehová para servirle y para bendecir en su nombre, hasta el día de hoy. 10:9 Por lo tanto, Leví no tiene parte ni herencia con sus hermanos; Yehová es su herencia, según le habló Yehová tu Dios). 10:10 Me quedé en el monte, como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches, y el Señor me escuchó también esa vez. El Señor no quiso destruirlos. 10:11 Yehová me dijo: “Levántate y ponte en camino delante del pueblo; entrarán y poseerán la tierra que juré a sus padres que les daría”.

Aliá 5 · Deuteronomio 10:12–11:9

10:12 Ahora bien, Israel, ¿qué exige de ti el Señor tu Dios, sino que temas al Señor tu Dios, que andes en todos sus caminos, que lo ames y que sirvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, 10:13 que guardes los mandamientos y los estatutos del Señor que hoy te ordeno para tu bien? 10:14 He aquí que a Yehová su Dios pertenecen los cielos, el cielo de los cielos y la tierra con todo lo que hay en ella. 10:15 Sólo que Yehová se deleitó en sus padres para amarlos, y eligió a su descendencia después de ellos, a ustedes sobre todos los pueblos, como sucede hoy. 10:16 Circunciden, pues, el prepucio de su corazón, y no sean más rígidos de cuello. 10:17 Porque Yehová, su Dios, es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, el Dios grande, el poderoso y el imponente, que no hace acepción de personas ni acepta sobornos. 10:18 Él hace justicia al huérfano y a la viuda y ama al extranjero dándole comida y ropa. 10:19 Amen, pues, al extranjero, porque ustedes fueron extranjeros en la tierra de Egipto. 10:20 Temerás al Señor, tu Dios. Le servirás. Te aferrarás a él y jurarás por su nombre. 10:21 Él es tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho por ti estas cosas grandes y asombrosas que tus ojos han visto. 10:22 Tus padres bajaron a Egipto con setenta personas, y ahora Yehová, tu Dios, te ha hecho como las estrellas del cielo por la multitud. 11:1 Por eso amarás a Yehová tu Dios, y guardarás siempre sus instrucciones, sus estatutos, sus ordenanzas y sus mandamientos. 11:2 Conozcan hoy, pues no hablo con sus hijos que no han conocido y no han visto el castigo de Yehová su Dios, su grandeza, su mano poderosa, su brazo extendido, 11:3 sus señales y sus obras, que hizo en medio de Egipto al faraón, rey de Egipto, y a toda su tierra; 11:4 y lo que hizo al ejército de Egipto, a sus caballos y a sus carros; cómo hizo que las aguas del Mar Rojo se desbordaran mientras los perseguían, y cómo Yehová los ha destruido hasta el día de hoy; 11:5 y lo que ha hecho con ustedes en el desierto hasta que han llegado a este lugar 11:6 y lo que hizo con Datán y Abiram, hijos de Eliab, hijo de Rubén; cómo la tierra abrió su boca y se los tragó, con sus casas, sus tiendas y todo ser viviente que los seguía, en medio de todo Israel; 11:7 pero sus ojos han visto toda la gran obra de Yehová que hizo. 11:8 Por lo tanto, guarden todo el mandamiento que hoy les ordeno, para que sean fuertes, entren y posean la tierra a la que pasan a poseer; 11:9 y para que prolonguen sus días en la tierra que Yehová juró a sus padres que les daría a ellos y a su descendencia, una tierra que fluye leche y miel.

Aliá 6 · Deuteronomio 11:10-21

11:10 Porque la tierra que vas a poseer no es como la tierra de Egipto de la que saliste, en la que sembraste tu semilla y la regaste con tu pie, como un jardín de hierbas; 11:11 sino que la tierra que van a poseer es una tierra de colinas y valles que bebe agua de la lluvia del cielo, 11:12 una tierra que Yehová su Dios cuida. Los ojos del Señor, su Dios, están siempre sobre ella, desde el principio del año hasta el final del año. 11:13 Si escuchan atentamente mis mandamientos que hoy les ordeno, de amar a Yehová su Dios y de servirle con todo su corazón y con toda su alma, 11:14 yo daré la lluvia para su tierra en su tiempo, la lluvia temprana y la lluvia tardía, para que recojan su grano, su vino nuevo y su aceite. 11:15 Daré hierba en sus campos para su ganado, y comerán y se saciarán. 11:16 Tengan cuidado, no sea que su corazón se engañe y se aparten para servir a otros dioses y los adoren; 11:17 y se encienda la ira de Yehová contra ustedes, y cierre el cielo para que no haya lluvia, y la tierra no dé su fruto; y perezcan rápidamente de la buena tierra que Yehová les da. 11:18 Por lo tanto, guardarán estas palabras mías en su corazón y en su alma. Las atarán como señal en su mano, y serán como frontales entre sus ojos. 11:19 Se las enseñarán a sus hijos, hablando de ellas cuando se sienten en su casa, cuando anden por el camino, cuando se acuesten y cuando se levanten. 11:20 Las escribirán en los postes de su casa y en sus puertas; 11:21 para que sus días y los de sus hijos se multipliquen en la tierra que Yehová juró darles a sus padres, como los días de los cielos sobre la tierra.

Aliá 7 · Deuteronomio 11:22-25

11:22 Porque si guardan con diligencia todos estos mandamientos que les ordeno, de amar a Yehová su Dios, de andar por todos sus caminos y de aferrarse a él, 11:23 entonces Yehová expulsará a todas estas naciones de delante de ustedes, y desposeerán a naciones más grandes y poderosas que ustedes. 11:24 Todo lugar que pise la planta de su pie será suyo: desde el desierto y el Líbano, desde el río Éufrates hasta el mar occidental será su frontera. 11:25 Ningún hombre podrá hacer frente a ustedes. El Señor, su Dios, infundirá su temor y su miedo en toda la tierra que pisen, como les ha dicho.

Haftará (Profetas)

49:14 Pero Sión decía: “Yehová me ha abandonado; el Señor se ha olvidado de mí”. 49:15 “¿Acaso puede una madre olvidar a su niño de pecho y dejar de sentir amor por el hijo de sus entrañas? Pues aun cuando ella lo olvide, ¡yo nunca me olvidaré de ti! 49:16 Mira, te llevo grabada en las palmas de mis manos; tus murallas están siempre presentes ante mí. 49:17 Tus hijos se apresuran a regresar, mientras que los que te destruyeron y devastaron se alejan de ti. 49:18 Levanta los ojos a tu alrededor y mira: todos ellos se reúnen y vienen hacia ti. Tan cierto como que yo vivo”, dice Yehová, “que a todos ellos te los pondrás como joyas, y te adornarás con ellos como una novia. 49:19 Porque tus ruinas, tus lugares desolados y tu tierra devastada, ahora serán demasiado estrechos para tus habitantes, y los que te devoraban estarán muy lejos. 49:20 Los hijos que dabas por perdidos dirán a tus oídos: ‘Este lugar es muy estrecho para mí; dame más espacio para vivir’. 49:21 Entonces dirás en tu corazón: ‘¿Quién me dio estos hijos? Yo no tenía hijos y estaba sola, exiliada y abandonada. ¿Quién los crió? Yo me había quedado sola; ¿de dónde salieron estos?’”. 49:22 Así dice el Señor Yehová: “Miren, yo daré una señal a las naciones y levantaré mi bandera ante los pueblos. Ellos traerán a tus hijos en sus brazos y cargarán a tus hijas sobre sus hombros. 49:23 Los reyes serán tus tutores y las reinas tus nodrizas. Se inclinarán ante ti rostro en tierra y lamerán el polvo de tus pies. Entonces sabrás que yo soy Yehová, y que los que confían en mí no quedarán defraudados”. 49:24 ¿Se le puede quitar el botín a un guerrero? ¿Puede el cautivo escapar de un tirano? 49:25 Pues así dice Yehová: “Aun al guerrero se le quitará el cautivo, y al tirano se le arrebatará el botín. Yo mismo me enfrentaré con los que te atacan, y yo mismo salvaré a tus hijos. 49:26 A los que te oprimen les haré comer su propia carne, y se emborracharán con su propia sangre como si fuera vino. Entonces toda la humanidad sabrá que yo, Yehová, soy tu Salvador y tu Redentor, el Poderoso de Jacob”. 50:1 Así dice Yehová: “¿Dónde está la carta de divorcio con la que repudié a la madre de ustedes? ¿O a cuál de mis acreedores los he vendido? Miren, por sus propias maldades fueron vendidos, y por sus rebeliones fue abandonada su madre. 50:2 ¿Por qué no había nadie cuando llegué? ¿Por qué nadie respondió cuando llamé? ¿Acaso es mi mano tan corta que no puede rescatar? ¿No tengo yo poder para librar? Con solo una orden mía seco el mar y convierto los ríos en desierto; sus peces se pudren por falta de agua y mueren de sed. 50:3 Yo visto los cielos de negro y los cubro con ropa de luto”. 50:4 El Señor Yehová me ha dado lengua de discípulo para saber consolar con mis palabras al que está agotado. Cada mañana me despierta, despierta mi oído para que escuche como los que aprenden. 50:5 El Señor Yehová me ha abierto el oído, y yo no he sido rebelde ni he vuelto atrás. 50:6 Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no escondí mi rostro de los insultos ni de los escupitajos. 50:7 Porque el Señor Yehová me ayuda, no seré humillado; por eso puse mi rostro duro como la piedra, y sé que no quedaré avergonzado. 50:8 El que me declara inocente está cerca; ¿quién se atreverá a presentar cargos contra mí? ¡Comparezcamos juntos! ¿Quién es mi acusador? ¡Que se acerque a mí! 50:9 ¡Miren! El Señor Yehová es quien me ayuda; ¿quién podrá condenarme? Todos ellos se gastarán como un vestido viejo; se los comerá la polilla. 50:10 ¿Quién de ustedes teme a Yehová y obedece la voz de su siervo? El que camina en la oscuridad y no tiene luz, confíe en el nombre de Yehová y apóyese en su Dios. 50:11 Pero miren, todos ustedes que encienden fuegos y se arman con antorchas, caminen a la luz de su propio fuego y entre las antorchas que han encendido. Esto es lo que recibirán de mi mano: en medio de tormentos se acostarán. 51:1 “Escúchenme, ustedes que siguen la justicia y que buscan a Yehová. Miren a la roca de donde fueron cortados, y a la cantera de donde fueron extraídos. 51:2 Miren a su padre Abraham, y a Sara, que los dio a luz. Cuando yo lo llamé, él era uno solo, pero lo bendije y lo multipliqué. 51:3 Ciertamente Yehová consolará a Sión; consolará todas sus ruinas. Convertirá su desierto en un Edén y su tierra seca en el jardín de Yehová. En ella se hallará felicidad y gozo, canciones de gratitud y música de alabanza.

Brit Hadashah (Pacto Renovado)

11:8 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que iba a recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. 11:9 Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, viviendo en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; 11:10 porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. 11:11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque consideró fiel al que lo había prometido. 11:12 Por lo cual también, de uno, y ese ya casi muerto, salieron descendientes como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. 11:13 Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, creyéndolo y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.

8:31 ¿Qué diremos, pues, de estas cosas? Si Dios está a favor de nosotros, ¿quién puede estar en contra? 8:32 El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a darnos también con él todas las cosas? 8:33 ¿Quién podría acusar a los elegidos de Dios? Es Dios quien justifica. 8:34 ¿Quién es el que condena? Es Cristo que murió, más aún, que resucitó de entre los muertos, que está a la derecha de Dios, que también intercede por nosotros. 8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Podrá la opresión, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada? 8:36 Como está escrito, “Por tu causa nos matan todo el día. Fuimos contados como ovejas para el matadero”. 8:37 No, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 8:38 Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las potencias, 8:39 ni la altura, ni la profundidad, ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús, nuestro Señor.