Devocional mesiánico
Balak
בָּלָק
Torá: Números 22:2–25:9 · Haftará: Miqueas 5:7–6:8 · Brit Hadashah: Romanos 11:25-32; 2 Pedro 2:15-16
Escucha la porción
Aliá 1
✦ La porción esta semana
Resumen de la porción
Balac, rey de Moab, aterrado por Israel, contrata al vidente Balaam para maldecirlo. Dios se le aparece a Balaam y le prohíbe ir, luego le permite ir con una condición: solo hablará lo que Yehová le ponga en la boca. En el camino, una burra ve al ángel de Yehová antes que el propio profeta y le salva la vida. Balaam intenta maldecir a Israel en cuatro ocasiones, y en las cuatro pronuncia bendición, culminando en la profecía de la estrella que saldrá de Jacob. La porción cierra con Israel cayendo en la idolatría de Baal-peor y el celo de Finees deteniendo la plaga.
El hilo de la parashá
Lo que recorre toda la parashá es el contraste entre la palabra de los hombres y la palabra de Dios. Balac quiere comprar una maldición; Balaam, hombre de intereses mezclados, quiere complacer al rey y al mismo tiempo consultar a Yehová. Pero una y otra vez el texto insiste: «Solo podré decir las palabras que Dios ponga en mi boca» (Números 22:38), «Tengo que tener mucho cuidado de decir exactamente lo que Yehová ponga en mi boca» (Números 23:12). Ni el oro de Balac, ni la adivinación, ni la brujería tienen poder sobre lo que Dios ya ha declarado bendito: «No hay brujería que valga contra Jacob, ni adivinación que funcione contra Israel» (Números 23:23).
El episodio de la burra funciona como espejo irónico de todo el relato: el vidente profesional está ciego, y el animal sin entendimiento ve al ángel de Yehová. Balaam, que se jacta de ser «el hombre que ve con claridad» (Números 24:3), necesita que Dios le abra los ojos (Números 22:31). La ironía se completa cuando, después de bendecir a Israel cuatro veces con su boca, Balaam termina —según el desenlace de Sitim— siendo la causa indirecta de la caída del pueblo por medio de las mujeres moabitas. La bendición pronunciada no impide la prueba que viene después; Dios protege a Israel de la maldición externa, pero Israel mismo debe responder a la idolatría interna.
La haftará
Miqueas retoma explícitamente este episodio: «recuerda ahora lo que planeó Balac, rey de Moab, y lo que le respondió Balaam hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que reconozcas las victorias de Yehová» (Miqueas 6:5). El profeta usa la memoria de Balaam como evidencia del pleito de Dios contra un pueblo que ha olvidado sus rescates. Pero el pasaje no se queda en el recuerdo: pregunta qué es lo que Dios realmente pide, y responde que no son sacrificios abundantes sino «que actúes con justicia, que ames la fidelidad y que te humilles ante tu Dios» (Miqueas 6:8). Es la misma tensión de la parashá: Dios no puede ser manipulado por rituales —ni las siete veces siete altares de Balaam, ni «diez mil ríos de aceite»— sino que busca una respuesta del corazón.
El Mesías en la porción
La profecía más densa de Balaam —«Una estrella surgirá de Jacob; un rey se levantará en Israel» (Números 24:17)— apunta hacia adelante, hacia un gobernante que Balaam mismo confiesa no ver «cerca» ni «ahora» (Números 24:17). Pablo, en Romanos, cita precisamente esta clase de promesa cuando habla del Libertador que «saldrá de Sión» y «apartará la impiedad de Jacob» (Romanos 11:26), la certeza de que «los dones y el llamado de Dios son irrevocables» (Romanos 11:29). La bendición que Balac no pudo revertir con oro ni con adivinación es la misma bendición que Pablo declara inquebrantable sobre Israel siglos después.
Pero el Brit Hadashah también toma a Balaam como advertencia, no solo como vehículo de profecía. Pedro describe a los que «han abandonado el camino recto y se han extraviado para seguir el camino de Balaam, hijo de Beor, que amó el dinero ganado con la maldad» (2 Pedro 2:15), recordando que «un burro mudo habló con voz humana y frenó la locura del profeta» (2 Pedro 2:16). El mismo hombre que pronunció la palabra mesiánica más clara de la Torá es recordado como ejemplo de corrupción: la boca puede bendecir correctamente mientras el corazón sigue calculando ganancia.
Para la semana
Examina esta semana si tus palabras de fe están separadas de tus intereses, como le pasó a Balaam: se puede hablar la verdad de Dios y aun así caminar por un sendero torcido. Practica reconocer, como la burra ante el ángel, aquello que tu propio juicio no alcanza a ver, y pide a Dios que te abra los ojos antes de insistir en tu camino.
Reflexión devocional mesiánica generada con IA sobre los textos de la porción, revisable contra las lecturas citadas.
✦ Torácada número de versículo abre su interlineal hebreo
Aliá 1 · Números 22:2-12
22:2 Cuando Balac, hijo de Zipor, se enteró de todo lo que Israel les había hecho a los amorreos, 22:3 los de Moab se llenaron de miedo, porque el pueblo de Israel era muy grande. Estaban aterrorizados por culpa de los israelitas. 22:4 Entonces Moab les dijo a los ancianos de Madián: “Esa multitud va a arrasar con todo lo que tenemos alrededor, como un toro se come el pasto del campo”. Balac, hijo de Zipor, era el rey de Moab en ese tiempo. 22:5 Mandó mensajeros a buscar a Balaam, hijo de Beor, que vivía en Petor, junto al río Éufrates, en su tierra natal. El mensaje decía: “Presta atención: un pueblo entero ha salido de Egipto. Son tantos que cubren toda la tierra y han acampado justo enfrente de mí. 22:6 Por favor, ven y maldice a este pueblo por mí, porque son más fuertes que nosotros. Tal vez así pueda derrotarlos y echarlos del país. Yo sé muy bien que a quien tú bendices le va bien, y a quien tú maldices le va mal”. 22:7 Los ancianos de Moab y de Madián se fueron llevando dinero para pagarle por la adivinación. Cuando llegaron a donde estaba Balaam, le dieron el mensaje de Balac. 22:8 Balaam les respondió: “Quédense aquí esta noche, y les daré una respuesta mañana, según lo que Yehová me diga”. Y los líderes de Moab se quedaron con Balaam. 22:9 Dios se le apareció a Balaam y le preguntó: “¿Quiénes son estos hombres que están contigo?”. 22:10 Balaam le contestó a Dios: “Balac, hijo de Zipor, rey de Moab, me mandó este mensaje: 22:11 ‘Un pueblo que salió de Egipto ha cubierto toda la tierra. Ven y maldícelos por mí; a lo mejor así logro pelear contra ellos y expulsarlos’”. 22:12 Pero Dios le dijo a Balaam: “No vayas con ellos. Tampoco maldigas a ese pueblo, porque es un pueblo bendito”.
Aliá 2 · Números 22:13-20
22:13 A la mañana siguiente, Balaam se levantó y les dijo a los líderes enviados por Balac: “Regresen a su país, porque Yehová no me da permiso para ir con ustedes”. 22:14 Los líderes moabitas regresaron a Balac y le informaron: “Balaam no quiso venir con nosotros”. 22:15 Balac insistió y envió a otro grupo de líderes, un grupo más numeroso y más importante que el primero. 22:16 Cuando llegaron, le dijeron a Balaam: “Esto es lo que dice Balac, hijo de Zipor: ‘Por favor, no dejes que nada te impida venir a ayudarme. 22:17 Te pagaré muy bien y haré todo lo que me pidas. ¡Por favor, ven y maldice a este pueblo por mí!’”. 22:18 Pero Balaam les respondió a los sirvientes de Balac: “Aunque Balac me regalara su palacio lleno de plata y de oro, yo no podría desobedecer a Yehová mi Dios en nada, ni en lo más mínimo. 22:19 De todos modos, quédense aquí esta noche, para ver qué otra cosa me dice Yehová”. 22:20 Esa noche, Dios se le apareció a Balaam y le dijo: “Ya que estos hombres han venido a buscarte, levántate y ve con ellos; pero solo harás lo que yo te indique”.
Aliá 3 · Números 22:21-38
22:21 A la mañana siguiente, Balaam se levantó, le puso la silla a su burra y se fue con los líderes de Moab. 22:22 Pero Dios se enojó mucho porque él iba con ellos. Mientras Balaam iba montado en su burra, acompañado por dos de sus sirvientes, el ángel de Yehová se paró en el camino para cerrarle el paso. 22:23 Cuando la burra vio al ángel de Yehová parado en el camino con la espada desenvainada, se salió del camino y se metió al campo. Balaam agarró a golpes a la burra para que volviera al camino. 22:24 Más adelante, el ángel de Yehová se paró en un callejón estrecho entre dos viñedos, que tenía muros de piedra a ambos lados. 22:25 Al ver la burra al ángel de Yehová, se pegó contra la pared, aplastándole el pie a Balaam; así que él la volvió a golpear. 22:26 El ángel de Yehová se adelantó otra vez y se paró en un paso tan estrecho que no había forma de hacerse ni a la derecha ni a la izquierda. 22:27 Cuando la burra volvió a ver al ángel de Yehová, se echó al suelo debajo de Balaam. Balaam se enfureció y agarró a la burra a bastonazos. 22:28 Entonces Yehová hizo que la burra hablara, y ella le dijo a Balaam: “¿Qué te he hecho para que me golpees por tercera vez?”. 22:29 Balaam le contestó a la burra: “¡Te estás burlando de mí! ¡Si tuviera una espada a la mano, te mataría ahora mismo!”. 22:30 La burra le dijo a Balaam: “¿Acaso no soy tu burra? ¡Toda tu vida me has montado! ¿Alguna vez te había hecho algo así?”. “No, nunca”, respondió él. 22:31 En ese momento, Yehová le abrió los ojos a Balaam y pudo ver al ángel de Yehová parado en el camino, con la espada desenvainada. Balaam bajó la cabeza y se postró rostro en tierra. 22:32 El ángel de Yehová le preguntó: “¿Por qué golpeaste a tu burra estas tres veces? Yo soy el que te está cerrando el paso, porque el camino que llevas me desagrada. 22:33 La burra me vio y se apartó de mí estas tres veces. Si no se hubiera apartado, a ti ya te habría matado, y a ella la habría dejado viva”. 22:34 Balaam le dijo al ángel de Yehová: “He pecado, no sabía que estabas bloqueando el camino. Pero si te parece mal que yo vaya, me regresaré ahora mismo”. 22:35 El ángel de Yehová le dijo: “Puedes ir con ellos, pero tendrás que decir únicamente las palabras que yo te diga”. Y Balaam continuó su viaje con los líderes enviados por Balac. 22:36 Cuando Balac supo que Balaam estaba por llegar, salió a recibirlo a una ciudad moabita que está en la frontera del río Arnón, justo en el límite de su territorio. 22:37 Balac le dijo a Balaam: “¿Por qué no veniste cuando te mandé llamar? ¿Acaso crees que no tengo poder para pagarte bien y darte honores?”. 22:38 Balaam le contestó: “Pues aquí me tienes, ya llegué. Pero no te hagas ilusiones, porque yo no puedo decir lo que se me antoje. Solo podré decir las palabras que Dios ponga en mi boca”.
Aliá 4 · Números 22:39–23:12
22:39 Balaam se fue con Balac y llegaron a Quiriat-huzot. 22:40 Allí Balac sacrificó vacas y ovejas, y les mandó porciones de carne a Balaam y a los líderes que lo acompañaban. 22:41 A la mañana siguiente, Balac llevó a Balaam a los cerros consagrados a Baal, desde donde pudo ver a una parte del pueblo de Israel. 23:1 Balaam le dijo a Balac: “Constrúyeme aquí siete altares, y prepárame siete toros y siete carneros”. 23:2 Balac hizo lo que Balaam le pidió, y juntos ofrecieron un toro y un carnero en cada uno de los altares. 23:3 Entonces Balaam le dijo a Balac: “Quédate aquí junto a tu ofrenda mientras yo me alejo un poco. A lo mejor Yehová viene a encontrarse conmigo, y yo te informaré todo lo que él me muestre”. Balaam se fue solo a un cerro desierto. 23:4 Y Dios se le apareció a Balaam. Balaam le dijo: “He preparado siete altares, y en cada uno he ofrecido un toro y un carnero”. 23:5 Yehová le dio a Balaam el mensaje que debía entregar, diciéndole: “Regresa a donde está Balac y dile esto”. 23:6 Balaam regresó y encontró a Balac todavía de pie junto a su ofrenda, acompañado por todos los líderes de Moab. 23:7 Entonces Balaam pronunció esta profecía: “Desde Aram me hizo venir Balac; el rey de Moab me trajo desde los montes del este. Me dijo: ‘Ven, maldice a Jacob por mí; ven, condena a Israel’. 23:8 Pero, ¿cómo puedo maldecir a quien Dios no ha maldecido? ¿Cómo puedo condenar a quien Yehová no ha condenado? 23:9 Desde lo alto de las rocas los veo, desde las colinas los observo. Son un pueblo que vive apartado, que no se considera como las demás naciones. 23:10 ¿Quién puede contar el polvo que es Jacob, o calcular siquiera a una cuarta parte de Israel? ¡Ojalá yo muera como mueren los hombres justos! ¡Ojalá mi fin sea como el de ellos!”. 23:11 Balac le reclamó a Balaam: “¿Qué me has hecho? Te traje para que maldijeras a mis enemigos, ¡y resulta que los has llenado de bendiciones!”. 23:12 Pero Balaam le respondió: “Tengo que tener mucho cuidado de decir exactamente lo que Yehová ponga en mi boca”.
Aliá 5 · Números 23:13-26
23:13 Balac le dijo: “Por favor, ven conmigo a otro lugar desde donde puedas verlos. Solo podrás ver a una parte del pueblo, no a todos. Maldícelos desde allí por mí”. 23:14 Así que lo llevó al campo de Zofim, a la cumbre del monte Pisga. Allí volvió a construir siete altares y ofreció un toro y un carnero en cada altar. 23:15 Balaam le dijo a Balac: “Quédate aquí junto a tu ofrenda mientras yo voy a encontrarme con Dios allá”. 23:16 Yehová se encontró con Balaam, le dio un mensaje y le ordenó: “Regresa a donde está Balac y dile esto”. 23:17 Balaam regresó y encontró a Balac de pie junto a su ofrenda, rodeado de los líderes de Moab. Balac le preguntó: “¿Qué dijo Yehová?”. 23:18 Entonces Balaam pronunció su profecía: “¡Pon atención, Balac, y escucha! ¡Escúchame bien, hijo de Zipor! 23:19 Dios no es un simple humano para andar mintiendo, ni cambia de opinión como los mortales. ¿Acaso él promete algo y no lo cumple? ¿Acaso habla y no lo hace realidad? 23:20 Escucha: he recibido la orden de bendecir; él los ha bendecido, y yo no puedo cambiar eso. 23:21 Dios no le ha encontrado faltas a Jacob, ni ha visto maldad en Israel. Yehová su Dios está con ellos, y lo aclaman como a su Rey. 23:22 Dios los sacó de Egipto; son tan fuertes como un toro salvaje. 23:23 No hay brujería que valga contra Jacob, ni adivinación que funcione contra Israel. De Jacob y de Israel ahora se dirá: ‘¡Miren las maravillas que ha hecho Dios!’. 23:24 Es un pueblo que se levanta como leona; que se yergue como un león. No descansa hasta tragarse a su presa, hasta beber la sangre de sus víctimas”. 23:25 Entonces Balac le dijo a Balaam: “¡Si no los vas a maldecir, por lo menos no los bendigas!”. 23:26 Y Balaam le respondió: “¿No te advertí ya que tengo que hacer todo lo que Yehová me ordene?”.
Aliá 6 · Números 23:27–24:13
23:27 Balac insistió: “Ven, vamos a intentar en otro lugar. A lo mejor a Dios le parece bien que los maldigas desde allí”. 23:28 Balac se llevó a Balaam a la cumbre del monte Peor, que tiene vista hacia el desierto. 23:29 Y Balaam volvió a pedirle: “Constrúyeme aquí siete altares, y prepárame siete toros y siete carneros”. 23:30 Balac hizo lo que Balaam le pidió, y ofreció un toro y un carnero en cada altar. 24:1 Al ver Balaam que a Yehová le agradaba bendecir a Israel, ya no fue a buscar presagios mágicos como las otras veces. En lugar de eso, dirigió su mirada hacia el desierto. 24:2 Al alzar la vista y ver al pueblo de Israel acampado, ordenado por tribus, el Espíritu de Dios vino sobre él, 24:3 y pronunció esta profecía: “Mensaje de Balaam, hijo de Beor; mensaje del hombre que ve con claridad. 24:4 Mensaje del que escucha las palabras de Dios, del que tiene visiones del Todopoderoso, del que cae al suelo pero tiene los ojos bien abiertos: 24:5 ¡Qué hermosas son tus tiendas, Jacob! ¡Qué bellos son tus campamentos, Israel! 24:6 Se extienden como valles, como jardines junto a un río; son como áloes plantados por Yehová, como cedros junto al agua. 24:7 De sus cántaros el agua se desborda; su semilla tendrá agua en abundancia. Su rey será más poderoso que Agag, y su reino será muy respetado. 24:8 Dios los sacó de Egipto; son tan fuertes como un toro salvaje. Israel devorará a las naciones enemigas; les romperá los huesos y los atravesará con sus flechas. 24:9 Se acuesta a descansar como un león; como una leona, ¿quién se atreve a despertarlo? ¡Benditos sean los que te bendigan, y malditos los que te maldigan!”. 24:10 Balac se enfureció tanto con Balaam que golpeó las manos de rabia y le dijo: “Te mandé llamar para que maldijeras a mis enemigos, ¡y resulta que ya los has bendecido tres veces! 24:11 ¡Lárgate ya a tu casa! Pensaba darte grandes honores, pero ya ves que Yehová te ha dejado sin nada”. 24:12 Balaam le contestó a Balac: “Yo se lo advertí muy bien a los mensajeros que me enviaste. Les dije: 24:13 ‘Aunque Balac me regalara su palacio lleno de plata y oro, yo no podría desobedecer la orden de Yehová haciendo algo bueno o malo por mi propia cuenta. Solo puedo decir lo que Yehová me ordene decir’.
Aliá 7 · Números 24:14–25:9
24:14 Así que ahora me regreso a mi tierra. Pero antes de irme, te voy a anunciar lo que este pueblo le hará al tuyo en el futuro”. 24:15 Y pronunció esta profecía: “Mensaje de Balaam, hijo de Beor; mensaje del hombre que ve con claridad. 24:16 Mensaje del que escucha las palabras de Dios, del que conoce la sabiduría del Altísimo, del que tiene visiones del Todopoderoso, del que cae al suelo pero tiene los ojos bien abiertos: 24:17 Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no está cerca. Una estrella surgirá de Jacob; un rey se levantará en Israel. Le aplastará la cabeza a Moab, y acabará con todos los descendientes de Set. 24:18 Conquistará a Edom; se adueñará de Seir, su enemigo, mientras que Israel se fortalecerá. 24:19 De Jacob saldrá un líder que destruirá a los que queden en la ciudad”. 24:20 Luego Balaam vio a los amalecitas y pronunció esta profecía: “Amalec fue la primera entre las naciones, pero al final será destruida por completo”. 24:21 Después vio a los quenitas y pronunció esta profecía: “Tu casa es muy segura; has puesto tu nido en las rocas. 24:22 Pero los quenitas serán destruidos, hasta que Asiria se los lleve prisioneros”. 24:23 Finalmente, pronunció esta otra profecía: “¡Ay! ¿Quién podrá sobrevivir cuando Dios haga esto? 24:24 Llegarán barcos desde las costas de Quitim; oprimirán a Asiria y a Heber, pero al final, ellos también serán destruidos”. 24:25 Después de esto, Balaam se levantó y se regresó a su tierra; y Balac también se fue por su lado. 25:1 Mientras Israel estaba acampado en Sitim, el pueblo comenzó a prostituirse con las mujeres de Moab; 25:2 pues ellas invitaban a los hombres a los sacrificios de sus dioses. El pueblo comió de los sacrificios y se inclinó ante esos dioses. 25:3 De esta manera, Israel se unió a la adoración de Baal de Peor, y el enojo de Yehová se encendió contra Israel. 25:4 Yehová le dijo a Moisés: “Reúne a todos los líderes del pueblo y ahórquenlos delante de Yehová a plena luz del día, para que el ardiente enojo de Yehová se aparte de Israel”. 25:5 Entonces Moisés les dijo a los jueces de Israel: “Cada uno de ustedes debe matar a aquellos de sus hombres que se hayan unido a Baal de Peor”. 25:6 En ese momento, un hombre de Israel llegó al campamento trayendo a una mujer madianita para presentarla a sus familiares. Lo hizo a la vista de Moisés y de toda la comunidad israelita, mientras ellos lloraban a la entrada de la Tienda del Encuentro. 25:7 Cuando Finees, hijo de Eleazar y nieto del sacerdote Aarón, vio esto, se levantó de en medio de la asamblea, tomó una lanza en su mano, 25:8 y siguió al israelita hasta el interior de la tienda. Allí los atravesó a los dos por el vientre, tanto al hombre de Israel como a la mujer. Con esto se detuvo la plaga que estaba matando a los israelitas. 25:9 Sin embargo, veinticuatro mil personas murieron a causa de esa plaga.
✦ Haftará (Profetas)
5:7 El resto de Jacob estará en medio de muchos pueblos como el rocío que manda Yehová, como la lluvia sobre el pasto, que no depende del hombre ni espera nada de los seres humanos. 5:8 El resto de Jacob estará entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como un león entre los animales del bosque, como un león joven entre las manadas de ovejas, que al pasar, pisotea y despedaza, y no hay nadie que pueda rescatarlas. 5:9 Tu mano se levantará contra tus adversarios, y todos tus enemigos serán destruidos. 5:10 “En aquel día”, dice Yehová, “les quitaré a ustedes sus caballos y destruiré sus carros de guerra. 5:11 Destruiré las ciudades de su país y derribaré todas sus fortalezas. 5:12 Acabaré con la brujería que ustedes practican, y no tendrán más adivinos. 5:13 Destruiré sus ídolos y sus estatuas sagradas, y no volverán ustedes a adorar lo que hicieron con sus manos. 5:14 Arrancaré de entre ustedes sus imágenes de Asera y destruiré sus ciudades. 5:15 Con terrible ira ejecutaré mi venganza sobre las naciones que no me obedecieron”. 6:1 Escuchen ahora lo que dice Yehová: “Levántate, presenta tu caso ante las montañas, y que las colinas oigan lo que tienes que decir. 6:2 Escuchen, montañas, la acusación de Yehová, y ustedes, cimientos eternos de la tierra; porque Yehová tiene un pleito contra su pueblo, y va a entrar en juicio con Israel. 6:3 Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he cansado? ¡Contéstame! 6:4 Yo te saqué de la tierra de Egipto, y te rescaté de la casa de la esclavitud. Envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a Miriam. 6:5 Pueblo mío, recuerda ahora lo que planeó Balac, rey de Moab, y lo que le respondió Balaam hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que reconozcas las victorias de Yehová”. 6:6 ¿Con qué me presentaré ante Yehová? ¿Cómo me inclinaré ante el Dios Altísimo? ¿Debo presentarme ante él con holocaustos, con terneros de un año? 6:7 ¿Se complacerá Yehová con miles de carneros, o con diez mil ríos de aceite? ¿Debo dar a mi hijo mayor por mi rebeldía? ¿Al fruto de mi vientre por el pecado de mi alma? 6:8 Él ya te ha dicho, oh hombre, lo que es bueno. ¿Qué es lo que Yehová pide de ti? Solamente que actúes con justicia, que ames la fidelidad y que te humilles ante tu Dios.
✦ Brit Hadashah (Pacto Renovado)
11:25 Porque no quiero que ignoren, hermanos, este misterio, para que no sean sabios en su propia opinión, de que a Israel le ha sucedido un endurecimiento parcial, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles, 11:26 y así se salve todo Israel. Como está escrito, “Saldrá de Sión el Libertador, y apartará la impiedad de Jacob. 11:27 Este es mi pacto con ellos, cuando les quite sus pecados”. 11:28 En cuanto a las buenas noticias, son enemigos por causa de ustedes. Pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. 11:29 Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables. 11:30 Porque así como ustedes en el pasado fueron desobedientes a Dios, pero ahora han obtenido misericordia por su desobediencia, 11:31 así también éstos han sido ahora desobedientes, para que por la misericordia que se les ha mostrado, obtengan también misericordia. 11:32 Porque Dios ha obligado a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos.
2:15 Han abandonado el camino recto y se han extraviado para seguir el camino de Balaam, hijo de Beor, que amó el dinero ganado con la maldad, 2:16 pero fue reprendido por su desobediencia: un burro mudo habló con voz humana y frenó la locura del profeta.