Salmos

Salmos 28

1 A ti clamo, Yehová. Roca mía, no te niegues a escucharme; porque si guardas silencio, seré como los que bajan a la fosa. 2 Escucha la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando levanto mis manos hacia tu santuario. 3 No me arrastres junto con los malvados, con los que hacen el mal, que hablan de paz con su prójimo, pero tienen la maldad en su corazón. 4 Págales conforme a sus obras y a la maldad de sus acciones; dales según la obra de sus manos. Devuélveles lo que se merecen. 5 Ya que no prestan atención a las obras de Yehová, ni a lo que hacen sus manos, él los derribará y no volverá a levantarlos. 6 Bendito sea Yehová, porque ha escuchado la voz de mis ruegos. 7 Yehová es mi fuerza y mi escudo; mi corazón confió en él, y me ha ayudado. Por eso mi corazón se alegra mucho, y le daré gracias con mi canción. 8 Yehová es la fuerza de su pueblo; es un baluarte de salvación para su ungido. 9 Salva a tu pueblo, y bendice a tu herencia. Sé tú su pastor, y llévalos en tus brazos para siempre.